Manejo de Emociones en la Adultez Mayor: Claves para el Bienestar Emocional

El proceso de envejecimiento es una etapa natural de la vida que puede estar acompañada de diversos cambios emocionales y psicológicos. La gestión de las emociones en el envejecimiento es esencial para lograr un envejecimiento saludable y satisfactorio. A través de la conciencia emocional, el apoyo social y la adopción de estrategias prácticas, podemos abordar los desafíos emocionales que surgen en esta etapa de la vida y mejorar nuestro bienestar general.

La salud mental en personas mayores es un pilar fundamental para garantizar su bienestar general y calidad de vida. A medida que envejecemos, nos enfrentamos a cambios emocionales y físicos que pueden impactar profundamente en nuestra estabilidad psicológica. Comprender el papel de las emociones en adultos mayores y cómo estas afectan su salud mental resulta esencial para abordar las necesidades específicas de esta etapa vital.

Podemos decidir qué dejamos que nos afecte para bien o para mal. En la actualidad, el tema del manejo de emociones es más común y recibe mayor importancia que en décadas pasadas, ya que en general se permite más que las personas expresen sus sentimientos y decidan sobre lo que quieren o no quieren.

Foto de adultos mayores en un entorno feliz y relajado

Contexto Histórico y Brecha Generacional en la Expresión Emocional

Si nos remontamos al año de 1950 y hacia atrás, no era bien visto que hombres y mujeres expresaran sus emociones. A los hombres les era permitido expresar alegría y enojo o ira, pero era mal visto que expresaran miedo, dolor o tristeza. A las mujeres también se les reprimía y en general eran educadas para ser sumisas y callar lo que sentían o querían.

Por su parte, los hijos convivían muy poco con el padre, ya que lo veían únicamente un momento breve cuando regresaba del trabajo. La mamá tampoco convivía de manera cercana con sus hijos, se dedicaba a las labores del hogar y a cuidar a los hijos más pequeños. Por lo tanto, las generaciones de nuestros padres o abuelos aprendieron a no hablar, a reprimir sus emociones (dándoles poca importancia) y a tener poca cercanía con otros en el ámbito personal. Sin embargo, actualmente con los nietos han aprendido a expresar un poco más emociones como la alegría o el cariño.

Las nuevas generaciones han sido más atendidas por sus padres. De hecho, estudios indican que en la actualidad las mujeres conviven un 30% más con sus hijos y los hombres hasta un 60% más con respecto a generaciones pasadas.

El Propósito Fundamental de las Emociones

El número de emociones que se manejan en la literatura es muy variado. A veces se habla de un número de emociones básicas (5 o 7), aunque existen autores que manejan gamas mucho más amplias (hasta más de 300). Lo importante aquí es mencionar que todas las emociones, así las experimentemos como negativas o positivas, tienen un propósito y deben expresarse en su momento.

Las emociones son complejas colecciones de respuestas químicas y neuronales que regulan al organismo para actuar frente a un fenómeno determinado. Se desencadenan de forma automática y son fundamentales para la supervivencia.

Algunas de las emociones básicas más relevantes son la alegría, el miedo y el enojo. La alegría se refleja en el momento en que experimentamos bienestar, que disfrutamos un momento o situación. El enojo tiene como objetivo el poner límites o romper alguna barrera; por ejemplo, cuando no permitimos que se nos falte el respeto, se nos agreda o se nos imponga algo. El miedo es necesario para reconocer peligros y saber reaccionar positivamente a ese peligro; así, si vemos un perro en la calle que se acerca de manera agresiva, el miedo hace que nos alejemos o busquemos dónde guarecernos.

No obstante, aunque las emociones suelen presentarse ante determinadas circunstancias, tenemos la capacidad de aprender a autogestionar nuestras emociones y de buscar la emoción que queramos o controlarla en determinado momento para adaptarnos mejor a una situación.

Infografía: Las emociones básicas y su función

Desafíos Emocionales en la Vejez

La vejez es una etapa de la vida en la que las personas enfrentan diversos desafíos, desde cambios en sus relaciones sociales hasta problemas de salud que afectan su bienestar general. Las pérdidas, los cambios en la rutina diaria o la disminución de la independencia pueden generar emociones intensas que, a veces, no se gestionan de la mejor manera. La soledad o la falta de apoyo emocional son elementos comunes en esta etapa, lo que puede llevar a que el malestar psicológico se agrave si no se trata de manera adecuada.

A pesar de sus muchas contribuciones a la sociedad durante décadas, muchos adultos mayores son objeto de discriminación por motivos de edad, un fenómeno conocido como edadismo. El aislamiento social y la soledad pueden considerarse graves factores de riesgo para padecer afecciones de salud mental en etapas posteriores de la vida. Algunos adultos mayores corren un mayor riesgo de sufrir depresión y ansiedad debido a las pésimas condiciones de vida, la mala salud física o la falta de acceso a apoyo y servicios de calidad.

El malestar psicológico, esa sensación de angustia que puede tomar muchas formas -como ansiedad, depresión, estrés o simplemente una sensación de vacío- es algo que afecta a muchas personas mayores. Las pérdidas son uno de los factores de riesgo más significativos, incluyendo la muerte de amigos, familiares o la pérdida de la autonomía personal, como la incapacidad de realizar tareas cotidianas que antes eran sencillas. El aislamiento social, derivado de la distancia emocional o física de la familia o de la comunidad, también es otro factor que agrava este malestar. En muchos casos, los adultos mayores se sienten desconectados de su entorno, lo que alimenta sentimientos de desesperanza y tristeza.

Además, los problemas de salud física son otro factor importante en el malestar psicológico de los mayores. La pérdida de movilidad, las enfermedades crónicas o el dolor constante pueden hacer que los adultos mayores sientan que su calidad de vida se ha visto comprometida. El impacto del malestar psicológico en la calidad de vida de los adultos mayores es profundo, afectando sus relaciones personales, su capacidad para disfrutar de actividades cotidianas e incluso su disposición a recibir apoyo emocional.

El Contagio Emocional en la Vejez

Otro factor que no siempre se toma en cuenta es el contagio emocional. Este fenómeno es muy relevante en los adultos mayores y ocurre cuando las emociones de las personas que nos rodean afectan nuestras propias emociones, a menudo sin darnos cuenta. Puede ser un abrazo lleno de cariño o una conversación donde se expresan preocupaciones, pero también puede ser una sobrecarga de negatividad que, sin darnos cuenta, vamos absorbiendo.

En el caso de los adultos mayores, que muchas veces dependen de sus familiares o cuidadores para su bienestar, este contagio puede ser particularmente fuerte. Si las personas que les rodean están viviendo momentos de estrés o tristeza, estas emociones pueden trasladarse, ampliándose y generando un malestar emocional adicional. Las personas mayores son más vulnerables a este fenómeno debido a los cambios que ocurren en su capacidad de empatía y regulación emocional con la edad.

A medida que envejecemos, la forma en que procesamos las emociones, tanto las nuestras como las ajenas, puede verse modificada. Los adultos mayores, que a menudo han vivido experiencias de pérdida o cambios significativos en su vida, pueden estar más predispuestos a sentirse afectados por el estado emocional de quienes los rodean. Si bien algunas personas mayores pueden volverse más sabias y adaptarse mejor a las situaciones difíciles, otras pueden experimentar mayores dificultades para manejar la sobrecarga emocional que el contagio emocional genera.

Esta dinámica de contagio emocional se intensifica cuando los adultos mayores ya están lidiando con un malestar psicológico previo. El contagio emocional no es solo un fenómeno pasajero; en muchos casos, tiene el poder de amplificar las emociones negativas, intensificando sentimientos de tristeza, ansiedad o estrés, especialmente en los adultos mayores. La vulnerabilidad emocional en la vejez se refiere a una mayor sensibilidad ante las emociones que provienen del entorno social y familiar. Si un adulto mayor está rodeado de personas que experimentan estrés, ira o tristeza, es probable que absorba estas emociones, lo que puede hacer que su propio malestar psicológico se intensifique.

El Contagio Emocional: Por Qué Sientes lo que Otros Sienten | Impulso Neural 🫂🧠

La Inteligencia Emocional y la Resiliencia en Adultos Mayores

El envejecimiento implica importantes cambios adaptativos para los sujetos. La inteligencia emocional (IE) puede ser un factor clave para el desarrollo de estrategias adaptativas. La IE propone una visión funcionalista de las emociones y une dos interesantes ámbitos de investigación: los procesos afectivos y los cognitivos. Esta conjunción implicaría una mejor adaptación y resolución de los conflictos cotidianos no solo mediante el uso de las capacidades intelectuales, sino a través de la información adicional que proporcionan los estados afectivos.

El modelo de Mayer y Salovey plantea subcapacidades a las que denominaron «atención a las emociones», «claridad emocional» y «regulación de las emociones». Estas dimensiones se organizan como capacidades jerárquicas:

  • La atención a las emociones hace referencia a la conciencia sobre las propias emociones, así como la capacidad para reconocer los sentimientos y su significado.
  • La claridad emocional implica la facultad para conocer y comprender las propias emociones, sabiendo distinguir entre ellas, entendiendo cómo evolucionan e integrándolas en el pensamiento.
  • La regulación o manejo de las emociones es la capacidad de regular y controlar las emociones tanto positivas como negativas y utilizarlas para conseguir el nivel e intensidad emocional más adaptativos para cada situación.

Las evidencias indican que la IE juega un papel muy importante en el autocontrol emocional y la capacidad adaptativa del individuo para soportar situaciones estresantes, potenciando la utilización de estrategias que atenúan las emociones negativas y mantienen las positivas. De este modo, las personas emocionalmente inteligentes disponen de más estrategias de adaptación a las que recurrir en situaciones de crisis, actuando como factor protector. Los sujetos con buenas habilidades de regulación y claridad emocional se benefician de estrategias más adaptativas, basadas en la reflexión y el afrontamiento activo y positivo.

En el área del envejecimiento, se ha constatado que la IE juega un papel muy relevante en la salud mental de los adultos mayores, siendo un importante predictor de variables como el estado de ánimo negativo y el afrontamiento; del mismo modo, se ha comprobado su relación directa con el bienestar psicológico y la satisfacción vital.

La Resiliencia como Adaptación Positiva

La resiliencia es una variable que proporciona estrategias para afrontar de forma positiva y adaptada las situaciones estresantes. Se define como un proceso dinámico en el que se produce una adaptación positiva en el contexto de la adversidad significativa. Implica una inferencia basada en las diferencias individuales en respuesta al estrés o a la adversidad; por tanto, es un factor significativo en el envejecimiento, ya que este es un período de la vida en el que los sujetos deben enfrentarse a múltiples eventos estresantes, como la falta de autonomía personal, la disminución de las funciones cognitivas y una mayor probabilidad de enfrentar la muerte de seres queridos, así como la propia.

La investigación en resiliencia en adultos mayores sugiere una posible asociación con ciertas características psicológicas y físicas que proporcionan resultados óptimos en el envejecimiento. De hecho, la resiliencia ha sido positivamente asociada al bienestar. Tener una alta capacidad de resiliencia puede ayudar a los adultos mayores a lograr una mejor calidad de vida, una mejor salud mental y bienestar, un envejecimiento satisfactorio, longevidad y menor riesgo de mortalidad, a pesar de las adversidades a las que deben enfrentarse. Además, se ha identificado una asociación entre mayor resiliencia y menos sintomatología depresiva.

La investigación señala que cultivar emociones positivas puede ser particularmente útil para desarrollar resiliencia, ya que contribuyen a la capacidad de los individuos resilientes para recuperarse psicológicamente de la activación emocional negativa. Si a medida que avanza la edad la persona pierde recursos, roles, habilidades y tiene que hacer frente a cambios importantes en diferentes dominios de su vida, el manejo efectivo de las emociones debería facilitar la respuesta resiliente. Percibirse como ineficaz hace a la persona mayor más vulnerable, y por eso es importante destacar la relevancia de la resiliencia y la IE durante el envejecimiento. Se ha comprobado que la claridad y la regulación emocional predicen significativa y positivamente la resiliencia, facilitando la adaptación en el envejecimiento.

Diagrama: Conexión entre Inteligencia Emocional, Resiliencia y Bienestar

Estrategias para un Manejo Emocional Saludable y Apoyo

La regulación emocional en adultos es una habilidad fundamental que puede desarrollarse y fortalecerse a lo largo de la vida. En el contexto terapéutico, no solo permite comprender las emociones, sino también transformarlas en respuestas más adaptativas. En la adultez, las emociones suelen estar más vinculadas a experiencias acumuladas, creencias arraigadas y patrones aprendidos durante años. Algunas señales de dificultad incluyen reacciones impulsivas, dificultad para manejar el estrés, conflictos interpersonales frecuentes o incapacidad para identificar lo que se siente. También pueden aparecer conductas evitativas o respuestas desproporcionadas. Regular las emociones en la vida adulta es una competencia clínica y humana que se entrena. La regulación emocional no es autocontrol rígido, sino flexibilidad para responder con coherencia al contexto. Implica reconocer señales corporales, significarlas y elegir acciones alineadas con los valores del paciente. Desde la clínica, la meta no es “sentirse bien” todo el tiempo, sino ampliar la ventana de tolerancia.

Principios Fundamentales del Manejo Emocional

  • Reconocer la necesidad de afecto y respeto: Todas las personas necesitan sentirse queridas y respetadas. Es crucial no solo sentir cariño, sino también expresarlo de maneras que la persona pueda percibir.
  • Permitir y expresar emociones: No olvidar que todas las emociones tienen un propósito; hay que permitirse sentirlas y expresarlas de forma adecuada.
  • Valorar el contacto físico: El contacto físico es más importante y gratificante que el contacto instrumental para el bienestar emocional.
  • Fomentar la actividad: Promover actividades que mantengan el cuerpo y la mente ocupados puede ser una gran forma de brindar apoyo emocional. Organizar actividades que les gusten, como juegos de memoria, rompecabezas, manualidades o paseos al aire libre.
  • Ejercicio físico regular: Mejora tanto la salud física como el estado de ánimo.
  • Conversar y expresar: Hablar sobre sentimientos, recuerdos y preocupaciones es terapéutico.
  • Estimulación mental: Mantenerse mentalmente activos fortalece las capacidades cognitivas y eleva el bienestar emocional.
  • Practicar la gratitud: Puede transformar la percepción de la vida en cualquier etapa.
  • Conexión social: Crear oportunidades para que los adultos mayores interactúen con otros puede marcar una gran diferencia y prevenir el aislamiento.

Cómo Ofrecer Apoyo a Adultos Mayores que no Buscan Ayuda

En ocasiones es difícil acercarnos a las personas para tratar un tema emocional. Esto puede ocurrir en personas de todas las edades, pero es común en adultos mayores. Lo primero es tener una estrategia, prever cómo pueden reaccionar las personas cuando tratamos de acercarnos, ya que esto nos permitirá persistir y tolerar mejor sus reacciones.

Es importante también que demos un espacio para que la persona entienda poco a poco la situación, deje que nos acerquemos y se adapte. Esto va de la mano con hacerles entender que nos queremos acercar porque nos importa y le respetamos. La contención emocional es el acto de brindar apoyo emocional a una persona en momentos de necesidad. Para los adultos mayores, el apoyo emocional es un abrazo necesario que les ayuda a enfrentar los sentimientos que pueden surgir en esta etapa de la vida, como el miedo a la soledad, la tristeza por la partida de seres queridos o la frustración por la pérdida de su independencia.

La contención emocional no es solo el acto de escuchar, sino de brindar un espacio seguro en el que la persona mayor pueda expresar sus emociones, sentirse comprendida y apoyada. Haz preguntas abiertas que fomenten la conversación y demuestren tu interés genuino. Validar sus sentimientos implica reconocerlos y aceptarlos, sin intentar minimizarlos; evita decir cosas como “No te preocupes” o “No es tan grave”.

Debemos entender también que en ocasiones, conductas que complican las relaciones cercanas, como cuando la persona que cuidamos o queremos ayudar miente mucho, reflejan muchas veces un recurso que usa la persona para acaparar mayor atención. Por ejemplo, es común en adultos mayores que refieran sentirse mal o enfermos (sin estarlo) cuando nos comunicamos con ellos, ya que así les prestamos mayores atenciones. En cambio, si nos refieren sentirse bien, solemos cometer el error de ya no estar al pendiente de ellos y de no comunicarnos tan seguido.

El Rol de los Entornos Positivos y el Apoyo Social

Proteger a los adultos mayores del impacto negativo del contagio emocional es una tarea fundamental para mejorar su bienestar psicológico. Una de las claves es crear entornos emocionales positivos. Es importante rodear a los adultos mayores de un ambiente que fomente la calma, la empatía y la serenidad. Esto puede implicar pequeños cambios en su día a día, como promover la convivencia con personas que ofrezcan apoyo emocional estable y afecto genuino. Fomentar un ambiente de respeto y comprensión dentro de las familias ayuda a prevenir la sobrecarga emocional.

Los adultos mayores que cuentan con una red de amigos, familiares o incluso grupos de apoyo tienen más recursos para enfrentar las dificultades emocionales. Establecer estas redes no solo previene el aislamiento, sino que también proporciona un refugio emocional frente a las tensiones externas. Es esencial intervenir en dinámicas familiares que puedan generar estrés, trabajando con las familias para resolver tensiones y mejorar la comunicación.

El domicilio de una persona mayor debe estar adecuado a sus necesidades funcionales y de movilidad, sin barreras ni obstáculos, para que puedan disfrutar de su etapa vital con mayor independencia y autonomía. Además, aportar a los mayores de 65 años oportunidades para seguir siendo productivos y continuar aprendiendo es esencial para que el proceso de jubilación no tenga un impacto negativo en su salud mental.

Foto de grupo de adultos mayores participando en una actividad social

Técnicas Terapéuticas para la Regulación Emocional

Aunque la mayoría de actividades para trabajar las emociones están enfocadas a la infancia y la adolescencia, es esencial que los psicólogos dispongan de actividades adaptadas para adultos. Estas actividades son variadas y flexibles, lo cual permite que se adapten bien a cada tipo de paciente y de terapia que se esté siguiendo. Con la ayuda y directriz de profesionales, permiten a los adultos trabajar sus emociones, conocerse mejor a sí mismos y comprender y sanar muchos de los estados emocionales que necesitan ser tratados.

  • Arteterapia: Cualquier actividad artística (dibujo, pintura, manualidades, teatro, danza) enfocada a mejorar el estado de salud de un paciente. Permite desarrollar la imaginación y creatividad para exteriorizar emociones que resultan complicadas de identificar y expresar verbalmente.
  • Escribir un diario: Una herramienta que permite al paciente expresar sus sentimientos y emociones mediante la escritura, lo que en muchos casos resulta más efectivo que la palabra hablada para tratar determinados problemas psicológicos. Permite, además, un seguimiento sencillo de la evolución.
  • Escribir un cuento: Ofrece buenos resultados al tratar traumas no resueltos. El paciente crea una historia ficticia, pero con la que se siente identificado, observando su propia situación vital desde la perspectiva del espectador, facilitando la identificación de patrones de conducta destructivos y eventos traumáticos.
  • Crear una lista de fortalezas y debilidades: Se realiza de forma conjunta entre el psicólogo y el paciente. Permite reconocer aspectos a mejorar (debilidades) e identificar áreas de éxito para potenciar la autoestima y amor propio (fortalezas), fomentando un mayor autoconocimiento y empoderamiento.
  • Diccionario de las emociones: Una actividad que, dirigida por un terapeuta, ayuda a identificar, nombrar y comprender un rango más amplio de emociones.

La regulación emocional implica reconocer señales corporales, darles significado y elegir acciones alineadas con los valores. Los ejercicios de regulación pueden buscar activar la regulación autonómica (foco externo e interno), alternar entre sensaciones agradables y difíciles para ampliar la tolerancia, o usar la relación terapéutica como regulador externo. También es importante permitir pequeñas descargas de energía defensiva e integrar significado y cuerpo. Estimular el nervio vago ventral mediante prosodia, vibración y sincronía rítmica, y sentir el contorno corporal para establecer límites son otras estrategias. Los mejores ejercicios son los que amplían la seguridad sin desbordar: respiración consciente, orientación somática, pendulación, anclaje relacional y límites corporales.

La Importancia de la Intervención Profesional

Fomentar la regulación emocional es crucial. La psicoterapia, particularmente aquella que utiliza técnicas de regulación emocional, puede ser muy útil. La terapia cognitivo-conductual o el mindfulness, por ejemplo, pueden enseñar a reconocer y manejar las emociones de manera más efectiva. Practicar actividades como la meditación o ejercicios de respiración también puede ser una excelente manera de reducir el estrés y ayudar a encontrar un mayor equilibrio emocional.

El papel de los profesionales de la salud mental es fundamental. Los psicólogos y otros profesionales de la salud deben diseñar intervenciones específicas para abordar las necesidades emocionales de los adultos mayores. Estas intervenciones pueden incluir terapia individual, grupal o familiar, así como programas educativos que ayuden tanto a los adultos mayores como a sus cuidadores a identificar y manejar las emociones de manera más saludable.

En el ámbito de las residencias para personas mayores, los profesionales dedicados a la psicología velan por el bienestar psicosocial de los residentes en estrecha colaboración con el equipo de trabajo. La intervención individual comienza al ingresar el mayor en la residencia, acompañando tanto a la familia como al residente en el proceso de adaptación al nuevo entorno. Se trabaja con talleres de estimulación cognitiva para prevenir o ralentizar el deterioro. Los talleres de grupos de apoyo y reminiscencia fomentan el establecimiento de vínculos afectivos y sociales. Es imprescindible mantener el vínculo e involucrar a la familia en todos los procesos, asegurando una comunicación positiva, recíproca y bilateral.

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