Cocinar es una actividad que va mucho más allá de la mera preparación de alimentos. Para los adultos mayores, involucrarse en la cocina ofrece una amplia gama de beneficios que impactan positivamente su salud física, mental y emocional, e incluso su esperanza de vida.
Beneficios para la Salud Física y Nutricional
Tener habilidades para cocinar puede reducir el riesgo de mortalidad en adultos mayores que viven solos. Un bajo nivel de habilidades culinarias se relaciona con mayores probabilidades de tener hábitos alimentarios poco saludables y bajo peso, siendo esto último especialmente riesgoso en este grupo etario.
Una alimentación saludable es fundamental para el bienestar de las personas mayores y para evitar patologías frecuentes. La dieta mediterránea, por ejemplo, es la recomendación principal, caracterizada por un alto contenido en frutas, vegetales, cereales integrales y aceite de oliva. Los efectos de esta dieta en el cerebro se explican, sobre todo, gracias a las legumbres y al aceite de oliva, que contiene oligoelementos como el ácido oleico y biofenoles que actúan como antioxidantes, antiinflamatorios y con propiedades antiamiloidogénicas, contribuyendo al efecto neuroprotector.
Estimulación de la Destreza Manual y Agilidad Articular
Cocinar es una actividad donde se usan las manos en todo momento, lo que puede aumentar la agilidad de las articulaciones, uno de los problemas más comunes en personas mayores. Tareas como preparar los ingredientes, sujetar los cubiertos, manejar los platos, cortar, trocear y modelar una masa, pueden favorecer la articulación manual de manera extraordinaria.

Beneficios Cognitivos y Emocionales
A nivel mental y emocional, cocinar puede implicar la búsqueda de nuevos sabores, texturas y presentaciones, todo lo cual estimula la creatividad y la imaginación. Estudios demuestran que cocinar puede mejorar la autoestima e incentivar la socialización, aspectos clave para incrementar la esperanza de vida y el bienestar en los adultos mayores.
El acto de comer comporta una concepción mental que permite la activación de recuerdos y, al mismo tiempo, el desencadenamiento de emociones y sentimientos. Esta situación se exacerba en las personas mayores, ya que presentan una sensación de afecto o inclinación a etapas del pasado, con un efecto positivo desde una mirada psicológica y social, entre otros temas, por la manera en que se alimentaban y por la comparación que pueden realizar respecto a cómo consumen sus alimentos en la actualidad.
Como afirma el psicólogo Raúl Carvajal, creador de un taller de “cocinoterapia”: "Cocinar es una actividad terapéutica en sí misma. Es una experiencia que busca unir el acto de cocinar con un espacio de reflexión, vinculando varias temáticas con las acciones implicadas en la preparación de los alimentos".
Prevención de la Demencia
Cocinar puede ser mucho más que un simple tema culinario. Según el Instituto de Ciencias de Tokio, en Japón, preparar una comida casera al menos una vez por semana puede reducir un 30% el riesgo de demencia en personas mayores, y alcanzar un 70% menos de riesgo en cocineros principiantes de mayor edad con pocas habilidades culinarias.
Investigaciones han demostrado que una mayor frecuencia en la cocina se asocia con un menor riesgo de demencia tanto en hombres como en mujeres, y este beneficio varía según el grado de competencia culinaria. Específicamente, entre aquellos que tenían pocas habilidades culinarias, si preparaban un plato desde cero al menos una vez por semana, el riesgo de demencia se reducía en un 67%.
El Cerebro y la alimentación ¦ DW Documental
Los investigadores destacan que, en las últimas décadas, ha crecido el consumo de comida de restaurantes, alimentos congelados y comida para llevar, lo que ha desplazado el hábito de cocinar en casa. El planteamiento fue averiguar si la frecuencia con la que se cocina en casa podría estar relacionada con la incidencia de demencia y si esto podría depender del nivel de habilidades culinarias.
Un estudio con una muestra significativa de hombres y mujeres, incluyendo una quinta parte de más de ochenta años, analizó la frecuencia con la que cocinaban desde cero en casa y su nivel de competencia culinaria. Aproximadamente la mitad de los participantes cocinaba al menos cinco veces por semana, mientras que más de una cuarta parte no lo hacía. Las mujeres y quienes tenían experiencia en la cocina tendían a dedicar más tiempo a la cocina que los hombres y quienes no la tenían.
Durante el período de seguimiento, 1.195 personas desarrollaron demencia (con una incidencia del 11%), 870 fallecieron y otras 157 se mudaron antes de desarrollar demencia. El análisis de los datos mostró la asociación mencionada. No obstante, los investigadores recuerdan que se trata de un estudio observacional, por lo que no se pueden extraer conclusiones definitivas sobre causa y efecto.
Hábitos Complementarios para la Salud Cognitiva
Más allá de cocinar, existen otros factores protectores que reducen el riesgo de padecer algún tipo de demencia, y todos tienen que ver con mantenerse activo física y mentalmente.
Actividad Física
El ejercicio físico repercute en las neuronas. Siempre se recomienda a los pacientes que hagan algo, aunque sea lo mínimo, preferiblemente lo que más les guste para asegurar la adherencia. Alcanzar los 10.000 pasos es una buena base, y más si es posible. La actividad física es clave en el neurodesarrollo y disminuye los factores de riesgo cardiovasculares, que también lo son para el cerebro. Por ejemplo, estudios en humanos han demostrado que el ejercicio durante el embarazo y previo a la gestación se asocia con mayor inteligencia y habilidades intelectuales en los niños.
Estimulación Mental y Social
La lectura, los sudokus, los crucigramas o el aprendizaje constante son fundamentales para desarrollar la reserva cognitiva. Sin embargo, no es lo único importante: mantener una vida social activa también juega un papel clave. Muchos estudios demuestran que tener un buen apoyo social y una buena estructura también ejercita nuestro cerebro.
Hacer un sudoku o cualquier pasatiempo es una actividad intelectual que implica una capacidad de atención durante un tiempo y, si la persona lo disfruta, genera una sensación de bienestar. Aunque es positivo y, seguramente, más beneficioso que ver la televisión cuatro horas, no es lo único que marca la diferencia.
Talleres de Cocina Terapéutica en Residencias
La cocina es un excelente entorno terapéutico si se plantea como tal, y muchas residencias de mayores lo han incorporado como parte de sus terapias alternativas.
Ejemplo del Taller en Residencia Emera Guadalajara
En la residencia de mayores Emera Guadalajara, los residentes participan en un taller de cocina terapéutica acompañados por su terapeuta ocupacional. La idea de este taller surgió de la necesidad de que los residentes volvieran a participar en actividades que, en otro momento de su vida, eran parte de su día a día. Cocinar siempre ha sido una actividad importante en su rutina personal antes de ingresar en la residencia.
Volver a cocinar en el centro está teniendo resultados muy positivos en su comportamiento y actitud ante el hecho de vivir en una residencia para personas mayores. Para su implementación, se habilitó un espacio tranquilo, preparado y equipado. En Emera Guadalajara, cuentan con la ventaja de disponer de apartamentos con cocina, adaptados para personas mayores autónomas.
El desarrollo de este taller apela a la participación y colaboración de todos los profesionales del centro: desde los cocineros que facilitan herramientas y conocimientos, hasta auxiliares y personal de limpieza.
Organización del Taller
Se crean grupos de trabajo considerando las capacidades y características de cada persona para componer grupos homogéneos en base a sus capacidades funcionales y cognitivas, generando así un sentimiento de igualdad en el grupo. Una vez creado el comité de "Maestros Reposteros" y tras analizar preferencias y gustos, se acuerdan las recetas a realizar a lo largo de los diferentes talleres, teniendo en cuenta festividades próximas y platos típicos de la zona.
Los talleres de cocina terapéutica tienen una estructura sencilla enfocada a generar una rutina y ofrecen la oportunidad de divertirse. Están dirigidos por el departamento de Terapia Ocupacional, con grupos de 4 o 5 "Maestros Reposteros", una vez por semana, normalmente los viernes por la mañana. La duración depende de la receta.
En primer lugar, se comenta la receta elegida, se enumeran los ingredientes y los pasos a seguir. Se lee la receta en voz alta para que todos estén al tanto y puedan comprobar que no falta ningún ingrediente. A continuación, se asigna a cada persona una tarea específica (cortar, picar, pelar, amasar, batir, exprimir, etc.) en función de sus habilidades y capacidades, evitando la frustración. Es muy importante garantizar la manipulación adecuada de los alimentos, cumpliendo con todos los protocolos de higiene (gorros, higiene de manos, guantes, etc.).
Una vez finalizada la receta, se realiza una puesta en común de opiniones, se comentan posibles mejoras y se busca información para la elaboración de la receta del siguiente taller. Lo mejor de todo es la degustación, aprovechando la hora de la merienda. Con el tiempo, se alternan recetas sencillas con algunas más elaboradas.
Beneficios de la Cocina Terapéutica en Residencias
La cocina terapéutica en personas mayores conlleva muchos beneficios:
- Trabajar la memoria, tanto a corto como a largo plazo, al recordar recetas tradicionales y seguir los pasos de la receta elegida.
- Fomentar la comunicación y la relación entre los "Maestros Reposteros".
- Crear un sentimiento de unidad, ayudándose entre todos.
- Estimular diferentes funciones ejecutivas (actividades mentales complejas) como la planificación, la ejecución de la tarea y la creatividad.
- Además de la estimulación cognitiva, se trabaja la destreza manipulativa, la coordinación óculo-manual, la comprensión numérica, el lenguaje, etc.
- Mejorar la autoestima de los mayores al ofrecerles ser protagonistas del taller.
- Potenciar la recuperación de roles perdidos.
- Fomentar la iniciativa personal.
- Promover sentimientos de felicidad y emoción.
Desde el departamento de Terapia Ocupacional, se fomenta la participación activa de los mayores, de manera que puedan decidir libremente y así, fomentar su autonomía. Los talleres compensan dificultades funcionales a través de estrategias y, mediante esta actividad lúdica, mejoran las capacidades cognitivas de los residentes. Igualmente, observan cómo los mayores descubren nuevos gustos, capacidades e intereses.
Opiniones de los Residentes
Los participantes comentan con una sonrisa que los viernes por la mañana son uno de sus momentos favoritos de la semana, donde se sienten acompañados realizando una actividad que, hasta hace poco, no era frecuente. Algunos comentan sentirse a gusto con el taller porque les ayuda a olvidarse de algún problema, sentimiento o pensamiento negativo. Confesiones frecuentes incluyen: “Nos ayuda a recordar lo que parecía estar olvidado”, “Desde siempre me ha gustado cocinar, pero en mi casa ya no podía y el poder hacerlo en la residencia acompañada me da mucha alegría”. Otros hablan de un entorno donde poder relajarse: “Me relaja el oler a bizcocho recién hecho, estimula nuestros sentidos”.
También se expresan otros sentimientos: “Es un pasatiempo exquisito. Me ayuda a tener la mente activa además del cuerpo. Cuando trabajas en la cocina también trabajas con el corazón”. “Me ayuda a recordar cuando estaba en casa con mi marido”. “Además de cocinar, también contamos chistes y nos reímos mucho, sobre todo cuando nos manchamos”. “Me gusta cuando el bizcocho está en el horno y me acerco a oler”. “Mi parte favorita es cuando mis compañeros y los profesionales de la residencia me felicitan.”
Además, varias personas que hoy forman parte del equipo de "Maestros" no habían cocinado nunca y les agrada poder hacerlo: “Siempre había cocinado mi mujer, yo me dedicaba a otras cosas, pero me gusta poder hacerlo, aunque algunas veces me pongo nervioso. Siempre llamo a mi familia después de cada taller para contarles lo que hemos hecho”. Han compartido anécdotas como cuando una vez no subieron las magdalenas por un cálculo erróneo, lo que les hizo reír mucho. Una usuaria dice: “En Emera Guadalajara tenemos mucha suerte de tener un sitio donde cocinar”.

El Significado Emocional de la Alimentación Casera
El aislamiento y distanciamiento social, como los experimentados durante la pandemia, podrían haber condicionado la alimentación de las personas mayores de 60 años por las emociones y afectos que conlleva el comer. Sin embargo, estudios incipientes mencionan que los hábitos alimenticios en personas mayores no se habrían modificado mayormente en pandemia. En este contexto, la pandemia fomentó el reencuentro de comidas preparadas en las casas, realzando el significado que las personas mayores le atribuyen a las comidas caseras.