La inclusión de personas con discapacidad es el proceso de integrar a individuos con discapacidades en las actividades cotidianas y animarlos a asumir roles similares a los de sus compañeros sin discapacidad. Esta inclusión les permite aprovechar los beneficios de las mismas actividades de prevención y promoción relacionadas con la salud en las que participan quienes no tienen una discapacidad.
De acuerdo con la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de las Naciones Unidas, "las personas con discapacidades incluyen a aquellas que tengan deficiencias físicas, mentales, intelectuales o sensoriales (como de audición o visión) a largo plazo que, al interactuar con diversas barreras, puedan impedir su participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones con los demás".
La Evolución de la Percepción: Del Modelo Rehabilitador al Modelo Social
En las últimas décadas, se ha observado un desarrollo importante en los cambios que se producen en las sociedades occidentales respecto a las personas con discapacidad. Estos cambios, que se notan en todos los ámbitos, han supuesto una transformación en el propio modelo en que se estructura la forma de percibir y tratar a las personas con discapacidad, pasándose de lo que se conoce como modelo rehabilitador al actual modelo social. Este modelo significa entender la cuestión de la discapacidad como una cuestión de derechos humanos, lo que supone un progreso frente a modelos anteriores como el de prescindencia y el de marginación.
La discapacidad ha sido considerada una construcción sociocultural dentro de un discurso basado en derechos, inspirada por los movimientos sociales de la década de los setenta. Los activistas de la discapacidad enfrentan la tarea de recrear la cultura de la diferencia, celebrando la diversidad.
En efecto, en la actualidad se está pasando de la percepción de las personas con discapacidad como personas enfermas, que debían superar carencias y deficiencias para adaptarse a la sociedad, recibiendo tratamiento médico o prestaciones económicas casi como beneficencia; a la percepción de estas personas como un colectivo que se encuentra en una especial situación de desventaja social. Esta desventaja se debe a que la sociedad ha construido un entorno preparado solo para un determinado estándar de personas, lo que genera la necesidad de reconocer los derechos de igualdad y no discriminación también para las personas con discapacidad. Se trata de lograr, por consiguiente, que sea la sociedad la que se adapte para dar espacios a toda clase de personas.

El Modelo Social de la Discapacidad: Un Paradigma Basado en Derechos
El modelo social de la discapacidad se presenta como un nuevo paradigma con un desarrollo teórico y normativo. Este modelo considera que las causas que originan la discapacidad no son religiosas ni científicas, sino que son, en gran medida, sociales. Desde esta nueva perspectiva, se pone énfasis en que las personas con discapacidad pueden contribuir a la sociedad en iguales circunstancias que las demás, siempre desde la valoración de la inclusión y el respeto a lo diverso.
Este modelo se relaciona con los valores esenciales que fundamentan los derechos humanos, como la dignidad humana, la libertad personal y la igualdad, que propician la disminución de barreras y dan lugar a la inclusión social. Pone en la base principios como la autonomía personal, la no discriminación, la accesibilidad universal y la normalización del entorno.
La premisa es que la discapacidad es una construcción social, no una deficiencia. Es la propia sociedad la que crea limitaciones e impide que las personas con discapacidad se incluyan, decidan o diseñen con autonomía su propio plan de vida en igualdad de oportunidades. El avance en la comprensión de la discapacidad y su teorización está interrelacionado e impulsado por los acontecimientos sociopolíticos, culturales y económicos de cada época histórica.
Desde las décadas de los años sesenta y setenta del siglo XX, especialmente en Estados Unidos, Gran Bretaña, países escandinavos y más recientemente España, aparecieron diversos movimientos sociales de colectivos "desfavorecidos" que denunciaron su marginación y pidieron el reconocimiento de sus derechos civiles como ciudadanos en igualdad social. En el caso de las personas con discapacidad, surgió el denominado Independent Living Movement (Movimiento de Vida Independiente), impulsado por los propios discapacitados y sus familias, quienes rechazaron la vida en instituciones y los programas de rehabilitación sin control sobre sus vidas. Manifestaron sentirse "oprimidas" y reclamaron tomar las riendas de sus vidas.
Desde esta perspectiva de las políticas emancipadoras, los derechos humanos se ubican como argumentos necesarios para integrar a la persona con discapacidad como un actor social. El problema de la discapacidad, por tanto, no radica en el individuo, sino en la sociedad que lo rodea, en el contexto que lo acoge o lo rechaza.
Mike Oliver, en la década de 1970, presentó un conjunto de líneas bajo la denominación de modelo social de la discapacidad. En este modelo, se estableció por primera vez una diferenciación entre la deficiencia y la discapacidad, explicando que esta última debía ser abordada holísticamente, ya que confluían en ella diversas dimensiones. El modelo social ha enfatizado las barreras económicas, medioambientales y culturales en el contexto, como la inaccesibilidad a la educación, los sistemas de comunicación e información, los entornos laborales, el transporte, las viviendas y los edificios públicos, o los servicios de apoyo social y sanitario no discriminatorio. También se refiere a la devaluación de las personas etiquetadas y su representación negativa en los medios de comunicación.
PUCP - ¿Qué es el modelo social de la discapacidad?
Marcos Normativos y Políticas Públicas para la Inclusión
Los derechos humanos de la población con discapacidad, en la moderna concepción, deben estar dirigidos a equilibrar el acceso al ejercicio pleno de sus derechos y oportunidades en una sociedad. Dentro de esta, pueden desarrollar libremente y con dignidad sus propios planes y proyectos de vida. La posibilidad de ubicar a estos grupos bajo la visión de los derechos humanos implica controlar las transgresiones por parte de instituciones públicas, así como actos de particulares y grupos privados.
El principio de universalidad de los derechos humanos debe aplicarse considerando la especificidad y la realidad social de esta población, lo que implica garantizar la igualdad real y el trato preferente. Las personas con discapacidad se presentan actualmente en el ámbito de los derechos humanos como titulares plenos de derechos. Por ello, es crucial redefinir los derechos, dotarlos de contenido material, hacerlos vinculantes, visibles y exigibles, y regular mecanismos sencillos y expeditos de protección que garanticen su efectividad. Debe producirse el tránsito de ciudadanos invisibles, debido a las enormes barreras a las que se enfrentan continuamente, a ciudadanos iguales y participativos, por su integración en la vida de la comunidad.
Los derechos humanos, además de ser pensados de manera que respondan a la diversidad cultural, deben considerar tres líneas de reflexión interrelacionadas:
- La capacidad de un grupo de conocerse a sí mismo sobre la base de elementos fundados en el desarrollo de su propia realidad, respondiendo a cuestionamientos como "¿quiénes somos?" y "¿cómo pensamos?".
- Una identificación social, según la cual nos reconocemos como miembros, pero también reconocemos al otro, definiendo y luchando por espacios donde participar y ser tenidos en cuenta. Resuelve el interrogante: "como grupo diferenciado por discapacidad, ¿cómo podemos ser tenidos en cuenta dentro de la mayoría?".
- La política pública que articula el conocimiento con la sociedad, implicando la posibilidad de exigir derechos y obtener su reconocimiento. Este reconocimiento involucra la participación en todos los ámbitos de la sociedad, determinando concepciones básicas relativas al disfrute de los derechos, como "¿qué derechos tienen las personas con discapacidad como minoría o grupo vulnerable?".
Desafíos y Avances en la Educación Inclusiva
En el siglo XXI, se impone a los sistemas educativos de los distintos países el reto de desarrollar propuestas pedagógicas que respondan a las demandas de los diferentes grupos sociales, incluyendo a las personas con discapacidad y necesidades educativas especiales. Las necesidades educativas se comprenden como aquellas dificultades mayores que presentan estudiantes para acceder a los aprendizajes en relación con sus pares de edad, requiriendo adaptaciones de acceso o curriculares. Esto exige mayores competencias profesionales del personal docente para ajustar las estrategias de enseñanza, metodológicas y de evaluación.
Hoy en día, este reto se extiende a la educación superior, siendo un desafío para las instituciones universitarias la atención a la diversidad, específicamente a estudiantes que presentan una condición de discapacidad o necesidades educativas que requieren apoyos pedagógicos. Aunque la educación inclusiva propone muchos aportes educativos y sociales, uno de los desafíos para su implementación es desarrollar estrategias pedagógicas que respondan a los principios de calidad, equidad e inclusión.
La conceptualización tradicional de la integración educativa ha cambiado para referirse a la inclusión social y laboral de las personas con discapacidad a partir de la igualdad de oportunidades. La conceptualización actual de educación inclusiva se postula desde el paradigma de los derechos humanos, perfilándose en términos de oportunidades para todas las personas. Opertti (2008) señala que se ha avanzado conceptualmente para referirse al derecho a una educación que contemple oportunidades equitativas para el aprendizaje sin menoscabo de las diferencias individuales en términos de capacidades, habilidades, condiciones sociales y culturales. La educación inclusiva implica cambios y modificaciones en el contenido y los enfoques, las estructuras y las estrategias bajo una visión común que abarca a todos los niños y niñas del rango de edad apropiado, con la convicción de que es responsabilidad del sistema regular educar a todos.
A nivel internacional, el Artículo 24 de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de la ONU (2006) establece que "Los Estados Partes asegurarán que las personas con discapacidad tengan acceso general a la educación superior… sin discriminación y en igualdad de condiciones con las demás. A tal fin, los Estados Partes asegurarán que se realicen ajustes razonables…". Investigaciones en Latinoamérica, como las de Lissi et al. (2009), señalan la importancia de propiciar condiciones de equidad para la población estudiantil con discapacidad en los entornos universitarios, dadas las múltiples barreras existentes que limitan la inclusión educativa. Estas barreras incluyen aspectos de infraestructura, espacios y acceso al currículo, que dificultan el ingreso al espacio de enseñanza-aprendizaje.

Investigación y Actitudes: La Percepción en el Ámbito Académico y Social
Desde las ciencias sociales, los estudios investigativos en discapacidad tuvieron un auge durante la segunda mitad del siglo XX y continúan en el siglo XXI. Cada perspectiva teórica se caracteriza por los supuestos que asume en su aproximación epistemológica, es decir, la forma de acercarse a la realidad y la relación entre la persona que conoce, el objeto de conocimiento y el conocimiento mismo. De cada una de estas posturas teóricas se derivan distintas "miradas", que son formas particulares de percibir, concebir y comprender la discapacidad, así como las necesidades educativas que de ellas se generen. Asimismo, según la posición teórica que se asuma, se construyen y explican las distintas conceptualizaciones y sus formas de apoyo.
Las percepciones y miradas acerca de las personas con discapacidad se han transformado a lo largo de la historia de la humanidad. Los cambios en las distintas formas de mirar y entender la discapacidad se han visto reflejados en diferentes modelos, los cuales varían según los autores; por ejemplo, Devenney (2005) y Finkelstein (1980) mencionan el de la caridad, el rehabilitador y el social, mientras Barnes (2007) señala el modelo individual y el social. Desde una postura construccionista social, se asume que los significados se construyen socialmente a partir de la interpretación que se haga de la realidad según el contexto histórico, social y cultural. Desde esta perspectiva, la discapacidad es una construcción social.
La formación de estructuras perceptuales se realiza a través del aprendizaje mediante la socialización del individuo en el grupo al que pertenece, de manera implícita y simbólica, donde median las pautas ideológicas y culturales de la sociedad. La ordenación, clasificación y elaboración de sistemas de categorías con los que se comparan los estímulos que el sujeto recibe, conforman los referentes perceptuales a través de los cuales se identifican las nuevas experiencias sensoriales, transformándolas en eventos reconocibles y comprensibles dentro de la concepción colectiva de la realidad.
Desde la psicología social, se han estudiado las actitudes en términos de conductas sociales originadas en procesos de interacción con otras personas, denominadas actitudes sociales. Desde este campo, se han analizado las actitudes hacia las Personas con Discapacidad (PcD), así como los estereotipos y prejuicios, también estudiados desde la perspectiva interpretativa en términos de representaciones sociales, es decir, interpretaciones de la realidad que permean el imaginario colectivo.
La temática de la inclusión de estudiantes con discapacidad en la educación superior es de interés actual debido a la tendencia creciente de esta población en las universidades y la necesidad de que la comunidad académica pueda atenderlos. También es imperativo que las universidades transformen sus entornos en pro de una educación inclusiva que propicie equidad y accesibilidad, reduciendo, entre otras, las barreras del entorno. Algunos trabajos se refieren a las percepciones del estudiantado y del profesorado, como la tesis doctoral de Chiner (2011) sobre las percepciones y actitudes del profesorado hacia la inclusión del alumnado con necesidades educativas especiales.
Otro estudio importante es "La accesibilidad del entorno universitario y su percepción por parte de los estudiantes con discapacidad" (Fundación ONCE, 2010), el cual articula la temática de accesibilidad en la educación superior con las percepciones de los estudiantes con discapacidad (EcD) sobre estas condiciones. Entre sus conclusiones, destaca la relación entre el nivel de accesibilidad y el grado de autonomía que posibilita a los EcD desenvolverse en el entorno universitario: a mayor y mejor accesibilidad al espacio físico, aplicación del diseño universal y plan de actuación, mayor es el grado de autonomía, incidiendo positivamente en la vida independiente del estudiantado.