Una universidad es más inclusiva y acogedora en la medida en que se hace cargo de la diversidad de sus estudiantes, asegurando su aprendizaje. Así, la diversidad no se considera un problema, sino un desafío, un valor y una realidad que enriquece el proceso de enseñanza-aprendizaje.
La Inclusión en la Educación Superior: Contexto y Desafíos
La integración plena de las personas con discapacidad en la sociedad es urgente, lo que implica tener acceso igualitario a una educación de calidad. Sin embargo, los estudiantes, académicos e investigadores con discapacidad en la enseñanza superior siguen estando infrarrepresentados y se encuentran entre los grupos más marginados, vulnerables y excluidos del campus.
Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, la tasa mundial de alfabetización en adultos con discapacidad es tan solo del 3%, y apenas del 1% para las mujeres con discapacidad. Las 1.000 millones de personas con discapacidad son la minoría más grande del mundo, representando alrededor del 15% de la población mundial.
En Chile, se calcula que solo entre el 7 y el 10% de los jóvenes con algún tipo de discapacidad accede a la educación superior y un menor número logra la titulación. Estos individuos tienen dificultades para acceder a las instalaciones de aprendizaje y se enfrentan a diversas formas de estigmatización y discriminación, así como a barreras para ejercer sus derechos. La educación inclusiva es importante no solo para las personas con discapacidad, sino también para las sociedades en las que viven, ya que ayuda a combatir la discriminación y a promover tanto la diversidad como la participación.
Tipologías de Discapacidad y Adaptaciones Necesarias en el Entorno Universitario
Responder a las necesidades educativas, considerando la heterogeneidad de los estudiantes, es el gran desafío de las universidades. Las adaptaciones varían según el tipo de discapacidad:
Discapacidad Motora
Esta abarca limitaciones en la movilidad, fuerza o coordinación corporal, que pueden derivarse de condiciones congénitas, lesiones o enfermedades degenerativas. Los estudiantes requieren medidas de apoyo en accesibilidad y adaptaciones en la infraestructura de la institución.

Discapacidad Sensorial
Incluye deficiencias visuales, auditivas y, en menor medida, aquellas que afectan el tacto y el equilibrio. Las adaptaciones pueden ir desde materiales en Braille o formatos accesibles, hasta sistemas de apoyo auditivo.
Discapacidad Neurocognitiva
Se presenta en estudiantes con dificultades específicas en procesos que incluyen la relación con sus pares, la integración y atención, memoria, lenguaje y la resolución de problemas. Estas condiciones incluyen el espectro autista, dislexia, y trastornos de déficit de atención e hiperactividad.
Discapacidad Intelectual
Implica limitaciones significativas en el funcionamiento intelectual y en la conducta adaptativa. El apoyo incluye la adaptación curricular, mentoría entre pares y programas de autocuidado y vida independiente.
Estrategias Pedagógicas y Tecnológicas para la Inclusión
Existen múltiples acciones desarrolladas en el sistema universitario, aunque aún persisten desafíos pendientes para una acogida integral de los estudiantes.
Apoyos Pedagógicos y Curriculares
Se destaca la importancia del aprendizaje cooperativo y la mentoría entre pares, lo que fortalece la interacción social y el apoyo académico mutuo, mejorando la retención. El apoyo también incluye la adaptación curricular y programas de autocuidado y vida independiente.
El Rol Transformador de la Tecnología
Desde la pandemia, la implementación de clases híbridas y materiales digitales, que combinan sesiones presenciales y virtuales, ha permitido a los estudiantes con limitaciones físicas o sensoriales acceder al contenido desde distintos entornos. Las metodologías con inteligencia artificial permiten personalizar contenidos según las necesidades cognitivas de cada estudiante, incluyendo a quienes presentan discapacidad intelectual o cognitiva.
Tecnologías para la Educación Inclusiva
Perspectivas y Desafíos Tecnológicos desde la Experiencia Académica
En la serie de entrevistas de Impacto Académico de las Naciones Unidas (UNAI) sobre discapacidad y educación superior, se destacan las contribuciones de los intelectuales con discapacidad en el mundo académico y se exploran formas para construir un entorno de aprendizaje verdaderamente inclusivo. El primer artículo analiza la relación entre la discapacidad y la tecnología en lo que respecta a la academia, especialmente relevante en el contexto de la pandemia de COVID-19.
La Experiencia de Rosemarie Garland-Thomson
Como dijo Sófocles, "nada vasto entra en el mundo de los mortales sin una maldición". Esto puede aplicarse a los avances tecnológicos, que a menudo se lanzan para mejorar vidas, pero sin prestar suficiente atención a sus limitaciones inadvertidas o a quienes quedan fuera. Rosemarie Garland-Thomson, profesora emérita de inglés y bioética en la Universidad de Emory en los Estados Unidos, ha experimentado cómo los requisitos laborales para los profesores cambian a medida que la tecnología evoluciona, a menudo sin adaptarse a las necesidades de las personas con discapacidades. Esto requiere de su ingenio y creatividad para satisfacer las demandas profesionales y mantenerse al día con este mundo que cambia rápidamente.
La profesora Garland-Thomson trabaja como académica, educadora, investigadora y defensora en una nueva área de la educación conocida como estudios críticos de discapacidad, que tiene como objetivo promover el acceso, la inclusión y la identidad de las personas con discapacidad en una amplia gama de instituciones y comunidades. Un libro del que fue coautora, About Us, es una colección de ensayos escritos por personas con discapacidades sobre cómo navegan por el mundo. Ella afirma que el trabajo más significativo que ha realizado como profesora es "mostrar a todos en un entorno institucional educativo cuán fundamental es la experiencia de la discapacidad para la condición humana y el hecho de que las personas con discapacidad pueden tener una vida digna y productiva".
Como profesora con una discapacidad congénita, se describe a sí misma como una persona con restricción en la parte superior del cuerpo. Hacer su trabajo académico en un mundo cada vez más inclinado a la tecnología ha facilitado su labor en muchos casos, pero la ha dificultado en otros. “La mayoría de la gente usa la tecnología para comunicarse, hacer cosas y trabajar, pero para las personas con discapacidad, tenemos el desafío por delante de usar tecnología que no ha sido construida para nosotros”, dijo al hablar de la relación entre tecnología y discapacidades.
Como ejemplo de cómo la tecnología puede ser tanto inclusiva como exclusiva, la profesora Garland-Thomson utiliza la tecnología de voz a texto para escribir y tomar notas, ya que los teclados tradicionales no son compatibles con su discapacidad. En ese sentido, la tecnología ayuda a facilitar su trabajo. Sin embargo, cuando el aprendizaje se trasladó rápidamente en línea debido a la pandemia de COVID-19, la tecnología representó una barrera para una experiencia de enseñanza virtual fluida para ella. Al asistir a las videoconferencias, no pudo usar la función de chat ni tomar notas en la mayoría de las plataformas de videoconferencia, citando esto como uno de los casos en los que tiene que trabajar con tecnología no diseñada para personas con discapacidades.
Como resultado, esto la impulsó a colaborar con un colega con problemas de audición. Al usar la iluminación adecuada y anunciar sus palabras, puede facilitarle a su colega la lectura de labios, lo que a su vez le permite a su colega ayudarla a escribir notas. Las funciones de dictado y subtítulos automáticos de herramientas de videoconferencia como Skype también les ayudan a comunicarse eficazmente en línea. Para la profesora, la colaboración creativa entre profesores con discapacidad les permite apoyarse mutuamente y mantenerse al día con las cambiantes demandas de su trabajo, aunque sus tecnologías preferidas no siempre sean compatibles o estén diseñadas para usarse en conjunto.
La profesora Garland-Thomson señaló que el proceso de navegar en un entorno de enseñanza e investigación que no se construyó teniendo en cuenta a las personas con discapacidades ha enriquecido su enfoque del trabajo académico sobre la discapacidad, brindándole la oportunidad de volverse más analítica. Su experiencia es "un claro ejemplo de cómo el uso de la tecnología para todas las personas ha cambiado con el tiempo y cómo la tecnología aumentó nuestro acceso [de personas con discapacidades] al mundo y actuó como una barrera para nuestro acceso al mundo al mismo tiempo".
Un Llamado a la Acción para las Instituciones
Cuando se le preguntó acerca de las implicaciones de la relación entre tecnología y academia para el futuro de la educación, la profesora hizo un llamado a todas las instituciones educativas para que lleven un paso más allá su compromiso con la diversidad y la inclusión. “Para lograr verdaderamente una cultura institucional de inclusión, deben reclutar a más personas con discapacidad y brindar no solo acceso a tecnologías, sino también apoyo”, explicó. “Esta es la única forma en que los estudiantes, profesores y administradores con discapacidades pueden sentirse cómodos para identificarse como personas con discapacidades y solicitar las adaptaciones que necesitan sin temor a ser entendidos como un gasto o una carga”.
La profesora Garland-Thomson espera un futuro en el mundo académico donde la discapacidad como asignatura esté incorporada en los planes de estudio y los cursos universitarios y "esté escrita en prosa que sea accesible para todos, sin importar la disciplina académica".
Marco Normativo y Políticas de Admisión
El ingreso de personas con discapacidad (PeSD) a la Educación Superior (ES) ha aumentado en el mundo y también en Chile. Debido a esta tendencia, diversos países han ido avanzando en normativas que permiten no solo el ingreso, sino también la permanencia y titulación de estudiantes con discapacidad.
En Chile, la Ley N.º 20.422, que establece normas sobre Igualdad de Oportunidades e Inclusión Social de las Personas con Discapacidad, plantea que “las instituciones de educación superior deberán contar con mecanismos que faciliten el acceso de las personas con discapacidad, así como adaptar los materiales de estudio y medios de enseñanza para que dichas personas puedan cursar las diferentes carreras”. Estas vías de admisión son administradas directamente por cada universidad, por lo que los plazos para postular, la documentación requerida y el proceso de selección varían entre cada institución.
Futuras Líneas de Investigación para la Inclusión
Las líneas emergentes de investigación se centran en la integración tecnológica, el análisis de experiencias estudiantiles, la efectividad de las políticas inclusivas y el impacto de las nuevas metodologías docentes. En resumen, la educación superior inclusiva para estudiantes con discapacidad es un desafío complejo que requiere la articulación de políticas, metodologías pedagógicas, tecnología y, en especial, una renovada cultura institucional.
