La vulnerabilidad social en la infancia es una compleja realidad que afecta a millones de niños en todo el mundo, moldeando profundamente su desarrollo, sus percepciones y su forma de interactuar con el entorno. Comprender cómo piensan estos niños implica adentrarse en las consecuencias de las experiencias traumáticas, la desigualdad y la falta de acceso a recursos básicos que marcan sus vidas.

Entendiendo la vulnerabilidad social en la infancia
La pobreza en la infancia es una realidad palpable en muchos países, y América Latina y el Caribe, en particular, sigue siendo una de las regiones más desiguales del mundo. El Fondo Internacional de Emergencia de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) estima que para finales de 2024, 16,4 millones de niños en estas localidades necesitarán apoyo humanitario debido a las crisis actuales.
Los niños nacidos en familias de bajos ingresos enfrentan un mayor riesgo de mortalidad infantil, retraso en el desarrollo y embarazo en la adolescencia. Un estudio de la Universidad Federal de Pelotas, publicado en la serie Optimising Child and Adolescent Health de la revista The Lancet, revela que los niños de familias más pobres tienen entre dos y tres veces más riesgo de morir antes de los cinco años, presentar retraso cognitivo y, entre las niñas, ser madres antes de los 20 años, en comparación con los niños nacidos en familias con mayores ingresos. Los análisis también muestran que cuanto mayores son las desigualdades socioeconómicas de un país, peores son los resultados en salud, nutrición y desarrollo de los niños de esa población.
Debido a estas condiciones, muchos niños pueden estar en una situación de vulnerabilidad con respecto a la violencia y a tratamientos inadecuados. La psicóloga Luciana Silva, especialista en terapia cognitivo-conductual, explica que la desigualdad social aumenta la vulnerabilidad de los niños. Silva destaca que: “Si encuentras a un niño desnutrido, ¿cómo estará el aspecto cognitivo de ese individuo? Si la alimentación no es adecuada, no hay un buen desarrollo de la inteligencia emocional, espacial, abstracta, etc., lo que desencadena una serie de otros problemas.”
Manifestaciones psicológicas y conductuales
La conducta, a menudo, es un reflejo de estados internos profundos, especialmente en niños que han experimentado vulnerabilidad. El caso de Simón, un adolescente de 15 años con severos problemas de aprendizaje y conducta, ilustra cómo las acciones "antisociales" pueden ser una defensa. Cuando Simón, con aparente prepotencia, intentó intimidar, en realidad estaba el asustado era él. Su temor se manifestaba en su apuro por avanzar, su necesidad de sentirse "machito", una forma de ocultar la angustia generada por experiencias como el cambio de apellido sin explicación o la sensación de no ser deseado.
A medida que avanza el tratamiento, el apuro de Simón por avanzar de casilleros cede, ya no lo mueve la noche, ni ir a trabajar o aprender a manejar un remise. Su discurso cambia y él cambia de posición en su discurso. Incluso la escuela lo nota inhibido, a diferencia de antes, lo que indica un cambio profundo en su estado emocional y conductual, un avance en la gestión de su vulnerabilidad. La historia de Simón resalta la necesidad de como analistas no olvidarnos de resituar la historia, el contexto, lo social, lo cultural para comprender la conducta de cuántos niños actúan como modo de defenderse de la angustia.

El impacto de la violencia en la identidad y la autoestima
Anita Leal, directora ejecutiva de Fundación Pléyades, hace énfasis en la importancia de los lazos que establecemos desde la infancia. “Lo más importante es comprender que, de alguna manera, toda la evidencia señala que el desarrollo humano, el desarrollo social y la salud mental están íntimamente ligados a la calidad de los vínculos que se construyen.” Cuando hay una relación de violencia, eso va generando en el niño una serie de rasgos que son complejos: afecta primeramente su propia relación de reconocimiento, su identidad, el desarrollo de su personalidad, lo que tendrá un impacto en su vida porque empezará a sentirse excluido y a sentir que no sirve, que no es querido. Se marca la soledad, la tristeza y la baja autoestima, aumentando la ansiedad y el miedo.
Jennifer Kellyn, abogada especialista en derecho educativo, revela que ha visto muchos casos de menores víctimas de abuso, y la mayoría de los que atendió se encontraban en una situación de vulnerabilidad económica. Ella conoce y participa en proyectos que atienden a niños y adolescentes que han sufrido violencia y que están en extrema pobreza. Kellyn enfatiza que: "La pobreza y la exclusión son factores que contribuyen al aumento de la violencia." La psicóloga clínica Alessandra Noronha añade que el desempleo puede ser un agravante. "La inactividad genera niveles de estrés y frustración que tienden a dirigirse hacia las personas más cercanas, lo que a menudo incluye a los niños."
¿Qué es la vulnerabilidad?
El impacto de las desigualdades socioeconómicas en la salud y el desarrollo
La salud de los niños no solo está correlacionada con la educación, la profesión y los ingresos de los padres, como ya se sabía, sino también con otros factores socioeconómicos: la estructura de la familia, el origen geográfico de los progenitores, la situación o no de desempleo, y la cantidad y calidad de las redes sociales familiares. Uno de los condicionantes más importantes de la salud son los hábitos de vida y, en particular, los patrones de alimentación. Una red social de apoyo escasa es la variable más relevante respecto a problemas de salud, en especial cuando el aislamiento social de los padres persiste en el tiempo. Una acumulación de vulnerabilidades sociales aumenta el riesgo de estilos de vida poco saludables.
Independientemente de los indicadores socioeconómicos clásicos (educación, profesión, ingresos), también hay diferencias en salud asociadas a otras vulnerabilidades sociales. El 65,1% de los niños cuyos padres manifestaron tener una red social escasa seguían un patrón no saludable, frente al 38,7% de menores cuyos padres tenían una red social amplia. Este fenómeno se conoce como el gradiente socioeconómico de la salud, y discurre desde la cúspide hasta la base del espectro socioeconómico, afectando a toda la población.
Conocer las causas del gradiente socioeconómico es el primer paso para resolver las desigualdades de salud, planteando preguntas clave sobre la calidad de la educación y el grado inclusivo del sistema educativo. El poco acceso a servicios básicos limita la posibilidad de acceder a servicios de salud mental y a programas de apoyo social.
La percepción social de la infancia y la violación de sus derechos
La vulneración en la infancia tiene un impacto en el desarrollo vital de las personas que no es posible desatender. Una de las aristas para comprender el tema es la relativa a la percepción que se tiene de los Niños, Niñas y Adolescentes (NNA). Todavía persiste la visión del niño como un ser humano en potencia, y por lo tanto es un objeto que puede ser maltratado, o que se le limita la posibilidad de desarrollo. Pesa una actitud de menosprecio que ignora que los derechos humanos tienen que ver con el reconocimiento y respeto a la dignidad, y quebrantarlos es justamente negarse a reconocer al otro no solo como sujeto de derecho sino como persona.
Alessandra Noronha subraya que, para romper este ciclo, es necesario que el conocimiento y la información lleguen a todos los lugares. "La falta de acceso a la educación de calidad puede hacer que los padres con menos conocimientos sobre manejo de conflictos utilicen métodos disciplinarios abusivos." Es fundamental estar atentos: aunque las familias de clase baja están más expuestas al abuso, los crímenes ocurren en todas las clases sociales. Como aclara Alessandra, "el abuso sexual no discrimina y puede ocurrir en cualquier contexto socioeconómico. Sin embargo, la desigualdad resulta en un acceso limitado a la educación."
Hacia una sociedad de apoyo: Prevención e intervención
Ante esta realidad, es necesario actuar. La orientación y la información deben ser más accesibles y servir como una guía para todas las familias, especialmente para aquellas que se encuentran más vulnerables en la sociedad. Jeanete Lima, coordinadora sudamericana de un proyecto de prevención, explica que esta es una iniciativa importante de cuidado y prevención. "A través de la orientación a padres, alumnos y educadores, la campaña propone alertar sobre la necesidad de romper el silencio y buscar el apoyo necesario." Los materiales de la campaña se distribuyen de forma gratuita en escuelas y guarderías públicas. Lima advierte que para construir una sociedad mejor, todos deben combatir el abuso. "Las cifras son alarmantes, y es aún más desafiante pensar que están subestimadas. Los niños que conocen las medidas de seguridad tienen más poder para protegerse. No dude en denunciar cualquier sospecha o confirmación de abuso infantil."
Dimas Santibáñez enfatizó en la necesidad de un cambio cultural orientado desde el Estado. Por su parte, Ana Leal destaca que lo primero es el respeto a la infancia en tanto infancia. “Mi postura es que a los niños hay que cuidarlos por ser niños, no porque en el día de mañana puedan ser delincuentes. Más allá de esa mirada económica de que es más barato invertir en ellos que invertir después en reinserción social, es un deber garantizar los derechos a los NNA.” Sobre eso, recomendó al Estado la urgencia de una ley de protección integral, la inversión en recursos económicos y humanos, y la necesidad de un trabajo intersectorial.