La demencia es un problema de salud pública de magnitud creciente a nivel mundial. Actualmente, más de 35 millones de pacientes presentan demencia tipo Alzheimer, y se espera que superen los 135 millones en 2050. Este trastorno neurocognitivo, conocido coloquialmente como deterioro cognitivo, afecta el correcto funcionamiento de funciones como la memoria, la atención, el lenguaje y la cognición social. Si se lograra retrasar el desarrollo de la demencia por 5 años, se reduciría su prevalencia en un 50%.
La enfermedad de Alzheimer (EA) es la forma más frecuente de deterioro cognitivo, representando el 70% de todos los casos y siendo la cuarta causa de muerte en occidente. Su origen es neurodegenerativo, progresivo e irreversible, debido a la acumulación de proteínas (b-amiloide y tau) que generan daño cerebral. Cuando este declive de las funciones cognitivas afecta la autonomía, se diagnostica demencia.
La Relación entre Nutrición y Deterioro Cognitivo
La demencia está estrechamente ligada a factores predisponentes ambientales, como la dieta. A nivel global, la demencia se debe más a factores ambientales (potencialmente modificables) que a factores genéticos. Aunque la ciencia aún no ofrece un tratamiento curativo, ha habido avances significativos en la prevención y en la mejora de la calidad de vida de los pacientes. En este sentido, el ejercicio físico y la intervención nutricional son dos grandes estrategias.
Una correcta alimentación en los adultos mayores es fundamental para mejorar su calidad de vida. El impacto de la malnutrición en este grupo de la población se evidencia en un mayor riesgo de contraer enfermedades e incluso en un aumento del porcentaje de mortalidad. La aparición de deterioro cognitivo, anemias, enfermedades preexistentes y la aceleración de enfermedades degenerativas pueden aumentar la probabilidad de desencadenar un cuadro de malnutrición. Sin embargo, en el otro extremo nutricional, la obesidad también afecta la capacidad cognitiva.

Déficits Nutricionales en Pacientes con Demencia
Los pacientes con deterioro cognitivo, al inicio de la enfermedad, pueden aumentar sus ingestas, priorizando el consumo de dulces. No obstante, a medida que la demencia progresa, tienden a reducir su alimentación de forma excesiva, especialmente el consumo de proteínas. Se han reportado déficits, entre otros, de: ácido fólico, vitaminas B12, B6, C, E, A, D, K, betacarotenos y ácidos grasos omega-3. Estos déficits deben ser resueltos con una dieta adecuada y, en algunos casos, con aportes extra.
Cualquier déficit nutricional detectado en un paciente con deterioro cognitivo debe tratarse. Sin embargo, para reducir la prevalencia de la demencia, la intervención debe realizarse en el sujeto sano, ya que una vez que se diagnostica clínicamente una demencia, es tarde para actuar de manera preventiva en su desarrollo.
Causas de la Pérdida de Peso y Apetito en el Adulto Mayor con Alzheimer
Es frecuente que las personas con Alzheimer experimenten una pérdida de peso desde las fases iniciales de la enfermedad. Aunque existen evidencias de que la propia enfermedad puede causar, en parte, esta pérdida de peso debido a alteraciones en zonas del cerebro que regulan el metabolismo, también puede estar relacionada con cambios en el apetito y la conducta alimentaria.
Las razones por las que una persona con Alzheimer puede mostrarse desganada o no ingerir suficiente líquido son variadas y pueden estar relacionadas tanto con los síntomas del deterioro cognitivo como con otros problemas de salud que no puede expresar adecuadamente:
- Aparición de una nueva enfermedad o afección de salud.
- Efectos secundarios de los medicamentos o cambios en la medicación: Algunos fármacos, como el donepezilo, la rivastigmina o la galantamina, pueden provocar molestias digestivas o pérdida del apetito.
- Estado de ánimo ansioso o depresivo.
- Problemas bucales: Dificultades con los dientes, encías o dentadura postiza.
- Cambios relevantes en las costumbres relacionadas con la alimentación.
- Disminución de los sentidos del olfato y del gusto: Estos sentidos son clave en la sensación de apetencia por los alimentos, y el propio envejecimiento conlleva cambios en ellos. La enfermedad de Alzheimer también puede producir un cambio en el gusto, desarrollando una tendencia por platos picantes o dulces.
- No reconocer los alimentos o los utensilios: Debido a problemas cognitivos como la agnosia, la persona puede no identificar los alimentos como cosas que se comen.
- Bajo nivel de actividad física.
- Dificultades de comunicación: Las personas con demencia suelen tener problemas para comunicar sus sensaciones y emociones. No pueden transmitir su sensación de hambre o saciedad, o que la comida no es de su agrado. La conducta suele ser una forma de comunicación.
- Problemas de deglución.
- Cansancio y falta de concentración: La fatiga puede hacer que las personas con Alzheimer pierdan el apetito o abandonen la comida a mitad de camino.
- Cambios en el entorno durante las comidas.
- Olvido de haber comido o bebido: El paciente puede perder la noción del tiempo y olvidar que tiene que comer o, al no tener hambre, creer que ya ha comido. También puede ocurrir lo contrario: olvidar que ha comido y no sentirse lleno, picando constantemente.
- Olvido de cómo se cocina o dificultades para hacer la compra.
Consecuencias de la Pérdida de Apetito y Desnutrición
La pérdida de apetito y la ingesta insuficiente en personas con Alzheimer pueden tener consecuencias significativas para su salud y bienestar general. La falta de una nutrición adecuada puede llevar a:
- Pérdida de peso no deseada, debilidad muscular y disminución de la masa ósea, lo que aumenta el riesgo de caídas y fracturas.
- Malnutrición que compromete el sistema inmunológico, haciendo a la persona más susceptible a infecciones y enfermedades.
- Deshidratación, que puede causar confusión, mareos y problemas renales.
- En casos graves, la desnutrición puede acelerar el deterioro cognitivo y funcional, empeorando los síntomas de la enfermedad de Alzheimer.
Si el cambio de apetito es repentino o se produce un cambio rápido y/o acusado del peso, es probable que se deba a algún problema de salud general o que esté relacionado con algún medicamento. Es crucial consultar con el equipo médico de referencia para plantear la acción oportuna, especialmente si el problema parece estar relacionado con una alteración del estado de ánimo.
Estrategias Nutricionales y Recomendaciones para Adultos Mayores con Alzheimer Enflaquecido
En el siglo XXI, en los países industrializados, la alimentación ha pasado de ser una necesidad a un placer, lo que ha llevado a un porcentaje importante de la población sobrealimentada y malnutrida. Sin embargo, una intervención temprana en la dieta de pacientes con Alzheimer busca prevenir déficits nutricionales que pueden acelerar la progresión de la enfermedad.
La dieta para protegernos de Alzheimer y demencias
Recomendaciones Generales para una Dieta Adecuada
Es importante adaptar las estrategias a las necesidades y preferencias específicas de cada persona. Para ello, se deben tomar en cuenta factores como la edad, el sexo, la actividad física, las patologías, el estado emocional y de salud mental, el apetito, la capacidad digestiva y el estado nutricional actual. Una dieta adecuada debe ser:
- Suficiente: Que contenga la cantidad adecuada de energía y nutrientes para el requerimiento individual.
- Equilibrada: Que asegure un aporte adecuado de todos los macro y micronutrientes.
- Variada: Que incluya toda la diversidad de colores en frutas y verduras.
Algunos estudios recomiendan llevar una dieta correcta para proteger el cerebro y el organismo, ya que muchos estudios sugieren que la dieta afecta la capacidad del cerebro para pensar y recordar. Una correcta alimentación permite ingerir nutrientes que pueden proteger al cerebro del estrés oxidativo y la inflamación, procesos relacionados con el Alzheimer.
Pautas Específicas para Mejorar la Ingesta y el Estado Nutricional
En personas con Alzheimer, es crucial implementar estrategias que faciliten la alimentación y hagan de las comidas un momento agradable:
Modificaciones en el Entorno y Hábitos Alimentarios
- Presentación atractiva y simplificada: Utilizar platos de un color bien distinto al alimento que contiene para facilitar su reconocimiento. Evitar manteles y platos estampados. Simplificar el entorno, evitando poner más cubiertos o elementos de los que se van a utilizar.
- Adaptación de utensilios: En ortopedias y tiendas especializadas, se pueden encontrar utensilios adaptados que faciliten la autonomía durante las comidas.
- Flexibilidad en las normas: Permitir que coma con las manos, presentando los alimentos troceados para que le resulte fácil cogerlos. No dar importancia si se le caen las cosas.
- Respetar gustos y preferencias: Dejar que la persona elija los alimentos que quiere comer y dónde, así como las cantidades. Es posible que sus gustos hayan cambiado.
- Rutina y tiempo suficiente: Establecer un horario y comer siempre a las mismas horas. Dejar suficiente tiempo para comer, sin atosigar, permitiendo que lleve su propio ritmo. Si deja de comer, no asumir que ha terminado; puede haber perdido la concentración. Comer menos y con más frecuencia puede funcionar.
- Hacer de la comida un acto social: Evitar que la persona con Alzheimer coma sola. Comer en compañía favorece un ambiente más agradable y la imitación de otras personas puede estimular su voluntad de comer. Puede ser una oportunidad para hablar sobre alimentos que relacionen con recuerdos de su vida o infancia.
Selección de Alimentos y Nutrientes Clave
- Aumentar el aporte de proteínas: Fundamental para evitar la pérdida muscular. Se recomienda variar entre proteínas de origen animal (pescado, pollo, pavo, huevo, lácteos) y vegetal (quinua, chochos, amaranto, fríjol, arveja, lenteja, garbanzo). Asegurar un consumo de al menos 1,2-1,4 gramos de proteínas por kg de peso al día.
- Incrementar el consumo de frutas y verduras: Consumir 5 raciones al día para un adecuado aporte de vitaminas, minerales y antioxidantes. Las verduras parecen ser las que más protegen.
- Pescados grasos: Salmón, sardinas, atún, trucha, bacalao son ricos en ácidos grasos omega-3. Se recomienda incrementar su consumo a tres veces por semana.
- Frutos secos y semillas: Nueces, almendras, chía, linaza, zambo, girasol, ricos en vitamina E, zinc y selenio, actúan como antioxidantes y aportan grasas saludables omega 3 y 6. Las nueces, en particular, se asocian con una mejor memoria a largo plazo.
- Leguminosas: Fríjol, arveja, lenteja, chochos, garbanzo, aportan proteínas, fibra, magnesio, calcio y vitaminas del complejo B.
- Cereales integrales: Quinua, arroz integral, pan integral, pasta integral, avena, centeno, amaranto. Existe una relación inversa entre la fracción calórica que proviene de los cereales y la prevalencia de EA.
- Aceite de oliva virgen extra: Componente fundamental de la dieta mediterránea, postulado como protector del deterioro cognitivo por sus monoinsaturados (MUFA) y polifenoles.
- Hidratación adecuada: Adoptar el hábito de tomar agua varias veces al día, aunque no sienta sed, ya que en esta etapa los mecanismos de compensación para regular el equilibrio hidroelectrolítico pueden verse alterados.
Alimentos a Limitar o Evitar
- Grasas trans y saturadas: Minimizar su consumo, presentes en alimentos fritos y procesados (galletas, donas, pasteles, snacks).
- Azúcar y carbohidratos refinados: Disminuir su consumo, ya que generan picos de glucosa en sangre, irritabilidad, fatiga y falta de concentración. El azúcar consume las reservas corporales de vitaminas y minerales.
- Alimentos con alto contenido de sodio.
Dietas Específicas para la Salud Cerebral
Se han obtenido mejores resultados al analizar dietas completas que al considerar nutrientes específicos, debido a los posibles efectos aditivos y potenciadores de las combinaciones de nutrientes. En este sentido, la dieta mediterránea y la dieta MIND son de especial interés:
- Dieta Mediterránea: Garantiza un aporte elevado de vegetales, frutas, frutos secos, legumbres, cereales, pescado y aceite de oliva, y moderado de carne, productos lácteos y alcohol. Se ha asociado su consumo intensivo con una mejor función cognitiva a edades avanzadas y protección contra el deterioro cognitivo.
- Dieta MIND (Mediterranean-DASH Intervention for Neurodegenerative Delay): Combina principios de la dieta mediterránea y la dieta DASH (Dietary Approaches to Stop Hypertension), poniendo énfasis en alimentos específicos para la salud cerebral, como las verduras de hojas verdes y los frutos rojos.
El consumo moderado de alcohol, especialmente vino tinto, ha sido asociado con mayor rendimiento cognitivo y reducción del riesgo de demencia. Sin embargo, dados los riesgos del alcohol, no se justifica iniciar su consumo a edades avanzadas como preventivo ni promoverlo entre los abstemios. En bebedores importantes que desarrollan deterioro cognitivo, se podría recomendar el consumo moderado.
Cuando las Estrategias Simples no son Suficientes
Si los problemas nutricionales no se pueden resolver mediante actuaciones sencillas o de modificación del entorno debido a la gravedad de la enfermedad, y la ingesta representa un riesgo elevado de atragantamiento o ahogo, será necesario plantear la necesidad de alimentación artificial. Esta es una decisión compleja que requiere asesoramiento profesional.
No debe forzarse o instar a las personas moribundas o con demencia avanzada a comer más de lo que quieren. A menudo, se sienten más cómodas cuando comen y beben lo que desean. Si no se espera una muerte inminente, se puede considerar el apoyo nutricional por un tiempo limitado para evaluar si mejora el estado general, la lucidez mental o la vitalidad, siempre con un acuerdo explícito entre la familia y el equipo médico.
Facilitar otros cuidados, como cepillarle los dientes, humedecerle la boca, dar cubitos de hielo y aplicar bálsamo labial, puede reconfortar física y psicológicamente a la persona moribunda y a sus familiares.