La población mundial, y en particular la de Latinoamérica, está experimentando un proceso de envejecimiento significativo. Las personas mayores, tanto las autovalentes como las dependientes, ya están ejerciendo una influencia notable en la economía global. Es ampliamente reconocido que el envejecimiento poblacional no solo presenta desafíos, sino que también abre puertas a nuevas oportunidades de emprendimiento y empleo, lo cual se asocia directamente con el desarrollo económico.
En Chile, se observa el desarrollo de la denominada Economía Plateada, que abarca sectores como la salud, el turismo, la tecnología y los servicios financieros. Se proyecta una demanda creciente de estos y otros sectores en el futuro, impulsada por las necesidades específicas de una población mayor.
El incremento en el costo de mantener una población cada vez más envejecida ejerce presión sobre los sistemas de protección social, tanto públicos como privados, aunque de maneras distintas. Este fenómeno plantea nuevas realidades sociales que constituyen importantes desafíos para dichos sistemas.
Tendencias y Proyecciones del Envejecimiento Poblacional
Actualmente, se estima que existen alrededor de 703 millones de personas mayores de 65 años a nivel mundial, con una esperanza de vida al nacer de 73 años. Se proyecta que esta cifra continúe en aumento, pudiendo alcanzar el 30% de la población total para el año 2050, lo que equivaldría a 2.000 millones de personas mayores de 65 años.
Las cifras de envejecimiento en países en desarrollo y en naciones desarrolladas fuera de Europa son aún más elevadas. Se estima que para 2050, la población adulta mayor representará aproximadamente el 25% en América, el 17% en Asia y el 38% en América Latina. Las tasas de envejecimiento en estas regiones son entre 9 y 20 veces superiores a las registradas en Europa durante la segunda mitad del siglo XX.
A pesar de las diferencias regionales, la vejez sigue siendo un factor determinante clave para el desarrollo de los países, presentando múltiples retos económicos y sociales en el siglo XXI. En 2019, uno de cada once habitantes tenía 65 años o más; se espera que esta proporción aumente a uno de cada seis ciudadanos para 2030, según estudios de las Naciones Unidas.
La CEPAL indica que el 13% de la población en Latinoamérica y el Caribe es mayor de 65 años, con proyecciones que apuntan a que este porcentaje alcance el 30% para 2050. A nivel mundial, el fenómeno del envejecimiento muestra un ritmo ascendente. La proporción de europeos, latinoamericanos y asiáticos mayores de 60 años pasó del 62%, 8% y 4% en 1950, respectivamente, a un estimado del 80% y 28% para 2020.
Definición y Conceptos Clave
Aunque la mayoría de los países utiliza la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, que establece los 60 años como referente para el inicio de la vejez, la línea entre la edad adulta y la vejez se ha vuelto más difusa. Esto da lugar a una mayor diversidad en las experiencias del envejecimiento gerontológico.
Desde una perspectiva gerontológica, el envejecimiento puede ser estudiado en el contexto del ciclo vital humano, las trayectorias históricas de las sociedades, prácticas y relaciones. El envejecimiento, como parte del ciclo vital, ofrece una riqueza teórica en sus conexiones con diversos ámbitos sociales y culturales.
La vejez, entendida como fenómeno sociocultural, se integra en tramas más amplias que incluyen el discurso sobre el desarrollo de las sociedades, la reflexión sobre el devenir de la historia humana, la metafísica sobre la temporalidad, la construcción biológica y social del sujeto dentro de un grupo generacional, el trabajo de la memoria colectiva y el papel de las jerarquías en la valoración de las distintas edades. En estas tramas se tejen las experiencias vividas por las generaciones adultas.
La población de 60 años y más, por su tamaño, oportunidad o interés, ha captado la atención de los estados nacionales. A estos se les ha encomendado la responsabilidad de planificar y atender de manera integral a la población durante su última etapa de vida, aunque a menudo carecen de la voluntad política y la capacidad técnica necesarias para afrontar estos retos.
Factores Demográficos y Socioeconómicos
Las Naciones Unidas (2013) señalan tendencias demográficas fundamentales, como el crecimiento de la población mundial (7.091 millones en 2013 frente a 5.062 millones en 1985), el acelerado crecimiento poblacional en países africanos, el incremento en América Latina, Asia y Oceanía, y finalmente, el envejecimiento y la disminución relativa de la población en países europeos y Oceanía.
Los diversos fenómenos de cambio demográfico del siglo XXI (transición demográfica, urbanización, crecimiento demográfico, envejecimiento, disminución de la fertilidad, mortalidad infantil y procesos migratorios) son el resultado de la evolución de las sociedades humanas en el contexto del desarrollo económico. Un equilibrio entre mortalidad y natalidad mantiene la población de una región constante, pero estas cifras han variado a lo largo del tiempo.
En México, por ejemplo, el establecimiento de un sistema educativo nacional a fines del siglo XIX permitió una coexistencia de diversidad social controlada bajo un ejercicio de cohesión nacional. Posteriormente, la progresiva implementación de políticas neoliberales, apoyadas en un discurso economicista dominante, reconfiguró las estrategias de escolarización y la comprensión oficial de la diversidad cultural dentro de un proyecto de nación.
Proyecciones Futuras
Las proyecciones de la ONU (2013) son de tipo mediano, centrándose en las cohortes de edad adulta mayor o próximas a serlo. Estas proyecciones se complementan con análisis a largo plazo sobre la dinámica poblacional y la transición demográfica como soporte histórico de políticas y eventos económicos y sociales.
El criterio del envejecimiento es claro a la luz de estas proyecciones, pero subyacen aspectos relacionados que deben ser abordados oportunamente. La ilustración de estos aspectos a través de gráficos de la estructura poblacional y su variación a lo largo de la historia reciente de México, permite concluir la sección, abordando variables como el envejecimiento (proporción de adultos mayores), la senectud (proporción de vejez extrema) y la ancianidad (proporción de vejez no específica).

Impacto Económico del Envejecimiento de la Población
El envejecimiento de la población tiene un impacto económico relevante en las tasas nacionales de población promedio, la vivienda y el porcentaje de viviendas por localidad. En el ámbito urbano, se observa una alta proporción de viviendas y una tasa de viviendas por localidad significativa. En las localidades, una parte considerable de las viviendas son rurales, y la densidad poblacional es baja, excepto en áreas específicas. Esto favorece una alta tasa de empresas rurales en la región.
En el ámbito rural, la conversión de la densidad de empresas urbanas a rurales es de 0,6 a 2 km por cada 100 km². Además, existe un porcentaje de mujeres no remuneradas por alfabetización en actividades de ocio dentro de las viviendas. La población promedio por vivienda es del 44,8% en el área rural.
En países como Austria y Argentina, el peso de los adultos mayores sobre la población menor se duplica. En ambos casos, las condiciones de vida de la población adulta mayor son financiadas por la población económicamente activa (PEA), lo que triplica la relación de peso de los adultos mayores sobre la PEA, a través de distintos tipos de transferencias.
Mercado Laboral y Productividad
Chile, con una tasa de natalidad de 1,5 nacimientos por mujer y una expectativa de vida de 80 años, es uno de los países más afectados por el envejecimiento poblacional. Se proyecta que antes de que termine el siglo XXI, la población mundial podría encogerse debido a una severa disminución de los nacimientos, comparable a la época de la Peste Negra.
Las consecuencias económicas del envejecimiento serán significativas, redefiniendo los mercados laborales y aumentando la presión sobre los gastos en salud y pensiones. La tasa de natalidad mundial ha disminuido drásticamente, pasando de cinco nacimientos por mujer en 1950 a un 2,3 en la actualidad. Factores como el acceso a métodos anticonceptivos, la incorporación de la mujer al mercado laboral, el aumento del costo de vida y cambios en las preferencias familiares explican esta tendencia, que, combinada con el aumento de la expectativa de vida, genera un envejecimiento acelerado de la población.
El primer efecto económico de este envejecimiento acelerado es una disminución de la capacidad de crecimiento. Los países crecen en base a su fuerza de trabajo, el capital y la productividad. Menos trabajadores implican una menor capacidad de crecimiento a largo plazo. Para el período 2023-2032, el Banco Central de Chile estima un PIB tendencial de solo un 2,1%. La agenda laboral actual carece de medidas para mitigar estos efectos, como alinear competencias, flexibilizar el código laboral, incentivar el trabajo formal de adultos mayores o crear programas de reconversión laboral.
El efecto del envejecimiento en variables como la productividad es más complejo. La teoría de la "inteligencia fluida" (capacidad de resolver problemas nuevos) en jóvenes y la "inteligencia cristalizada" (conocimiento acumulado) en adultos mayores sugiere que el envejecimiento poblacional podría afectar negativamente la capacidad de innovación, dado que estudios recientes, como el uso de patentes, demuestran que las personas jóvenes desarrollan más ideas innovadoras.
Una población que envejece también incrementa la presión del gasto fiscal en salud y pensiones. En Chile, el gasto público en estos rubros aumentó un 27% en la última década (2013-2022), pasando de 7,7 a 10 puntos del PIB, y se espera que siga creciendo. La discusión se centra en la eficiencia de la red pública de salud y mecanismos de compensación de riesgos, mientras se observan conflictos en el sistema de Isapres.
En cuanto a las pensiones, a pesar del creciente número de adultos mayores y los desafíos económicos, las reformas necesarias para enfrentar esta disrupción demográfica no se vislumbran. Los adultos mayores desempeñan un papel crucial en el crecimiento económico de muchas naciones: la esperanza de vida ha aumentado, haciendo a este grupo más activo y productivo. Su creciente proporción en la población los hace cada vez más importantes en el mercado laboral, los servicios de salud y el consumo general.
El consumo de productos y servicios orientados a adultos mayores (atención médica, tecnología adaptada, vivienda asistida, cuidado a domicilio) ha generado nuevas oportunidades de negocio. Los adultos mayores no solo dependen de la economía, sino que también la impulsan activamente. Su creciente participación laboral, capacidad de consumo y demanda de servicios personalizados están moldeando una nueva economía.
Economía Plateada y sus oportunidades económicas | SILVER Summit 2024
En España y Portugal, se proyecta un aumento significativo de la esperanza de vida, superando los 80 años en 2040, atribuido en parte a la dieta mediterránea. Sin embargo, este aumento de la longevidad no vendrá acompañado de un incremento en la natalidad, lo que intensificará el envejecimiento poblacional. En los próximos 15 años, el peso de la población de edad avanzada aumentará notablemente, mientras que la población en edad de trabajar se mantendrá constante o disminuirá.
El principal factor que puede lastrar la producción económica en un contexto de envejecimiento es la reducción de la fuerza laboral. Si las tasas de empleo de la población mayor no cambian significativamente, una disminución de la población en edad de trabajar reducirá la fuerza laboral agregada y, por ende, el PIB total. Además, el desahorro de la población de mayor edad puede superar al ahorro de quienes aún no se han jubilado, lo que podría decrecer el stock de capital.
El envejecimiento aumenta la proporción de pensionistas frente a trabajadores, añadiendo tensiones a los sistemas de pensiones de reparto. Teóricamente, el envejecimiento podría reducir tanto el bienestar individual (PIB per cápita) como el agregado del país (PIB total), además de tener implicaciones para la sostenibilidad de la deuda pública y el sistema de pensiones.
Las consecuencias económicas del envejecimiento también dependerán de los cambios en el comportamiento de cada grupo de edad. Es posible que las personas decidan trabajar más, aumentando la participación laboral, las horas trabajadas o alargando la vida laboral. También podrían decidir ahorrar más para financiar un periodo más largo de inactividad. Si se implementan políticas adecuadas en educación y formación, se podría incrementar la inversión en capital humano para mejorar la productividad laboral.
Evidencia Empírica y Escenarios Futuros
La evidencia empírica hasta la fecha apunta a un menor crecimiento económico como resultado del envejecimiento poblacional. Estudios indican que la disminución de la población en edad laboral reducirá significativamente el crecimiento en países de la OCDE, afectando la tasa de crecimiento potencial y el PIB per cápita. El impacto no solo se debe a la menor fuerza laboral, sino también a la reducción de la productividad laboral asociada al envejecimiento.
En España y Portugal, se proyecta un aumento en la tasa de dependencia (proporción de población mayor de 65 años respecto a la población en edad de trabajar) de manera considerable en los próximos 15 años. Las proyecciones demográficas asumen flujos migratorios positivos, pero incluso con ellos, la tasa de dependencia aumentaría significativamente. Para mantener la tasa de dependencia actual, se requerirían cifras extraordinariamente elevadas de inmigrantes en edad laboral.
Los modelos de contabilidad del crecimiento a largo plazo para España y Portugal muestran que, en escenarios sin aumento de la tasa de empleo y sin flujos migratorios, la variación de la fuerza laboral pasaría de contribuir positivamente al crecimiento del PIB a reducirlo. En escenarios más plausibles, con flujos migratorios y cambios en el comportamiento laboral que aumenten la tasa de empleo, la contribución de la fuerza laboral sería positiva pero acotada.
En Portugal, la contribución de la fuerza laboral al crecimiento seguiría siendo negativa debido al mayor envejecimiento de la población nativa y un saldo migratorio menos favorable. Respecto al PIB per cápita, en España, el aumento de la fuerza laboral contribuyó positivamente al crecimiento en el pasado. Entre 2018 y 2033, en un escenario sin aumento de empleo ni inmigración, la fuerza laboral reduciría el PIB per cápita. En el escenario con flujos migratorios y aumentos de empleo, la contribución sería positiva pero pequeña.
Estos escenarios subrayan cómo el mayor peso de las franjas de edad avanzadas podría incidir negativamente sobre el crecimiento económico agregado en un horizonte de 10-15 años. Sin embargo, la implementación de medidas adecuadas, como cambios de comportamiento social (mentalidad más proclive a aprovechar las oportunidades de la longevidad) y políticas institucionales (flexibilización de la edad de jubilación, aprovechamiento del talento de empleados longevos), podría mitigar este efecto.
El envejecimiento representa un desafío estructural que afecta todas las esferas de la sociedad y la economía, impactando la capacidad de consumo, la generación de ingresos, los patrones de ahorro y el financiamiento de períodos de dependencia. El envejecimiento se ve exacerbado por las desigualdades socioeconómicas y refleja desventajas acumuladas en educación, salud y oportunidades laborales.
A mediano plazo, la reducción de la población activa y el aumento de la relación de dependencia demográfica pueden incidir negativamente en el crecimiento del PIB per cápita, amenazando el desarrollo regional. No obstante, el envejecimiento también abre nuevas oportunidades de crecimiento económico y generación de empleo. Es prioritario reformar y fortalecer los sistemas de pensiones, salud, cuidados de largo plazo y mercados laborales, complementándolos con programas de educación continua y alfabetización digital.
