Discapacidad Intelectual Moderada: Definición, Características y Abordaje

La discapacidad intelectual es una condición que se caracteriza por limitaciones tanto en el funcionamiento intelectual como en las habilidades adaptativas, que cubren muchos comportamientos sociales y prácticos diarios. Comienza a manifestarse en cualquier momento antes de que el niño cumpla 18 años. Es importante recordar que una discapacidad intelectual no es una enfermedad y no se puede curar, pero esto no significa que las personas con discapacidad intelectual no puedan aprender y desarrollarse. Con el apoyo adecuado, todas las personas con discapacidad intelectual pueden llevar vidas satisfactorias y significativas.

La discapacidad intelectual o trastorno del desarrollo intelectual, también llamada deficiencia mental, es una alteración incluida en la clasificación del trastorno del desarrollo neurológico que recoge el DSM-5. Se define cuantitativamente como un valor de cociente intelectual (CI) menor a 70, aunque este no es un criterio determinante. Genera anomalías en el proceso de aprendizaje, entendidas como la adquisición lenta e incompleta de las habilidades cognitivas durante el desarrollo, que conduce finalmente a limitaciones sustanciales en la persona.

El término discapacidad intelectual reemplazó el de retraso mental, y otros términos utilizados para referirse al mismo concepto incluyen retraso del desarrollo (usado en pediatría), trastorno del desarrollo intelectual, trastorno del neurodesarrollo y alteración del desarrollo cognitivo.

Esquema de las definiciones y tipos de discapacidad intelectual

¿Qué son las Discapacidades Intelectuales y del Desarrollo (IDD)?

Las IDD son trastornos que suelen estar presentes al momento de nacer y que afectan de manera negativa el proceso de desarrollo físico, intelectual y/o emocional de una persona. Muchas de estas enfermedades afectan múltiples partes del cuerpo o sistemas. "IDD" es el término que suele usarse para describir situaciones en las que existe una discapacidad intelectual y otras discapacidades. La definición exacta de IDD, así como las diversas categorías, varían según la fuente de información.

Puede ser útil pensar en las IDD en términos de cuáles son las partes o sistemas del cuerpo afectados y cómo se presentan. Por ejemplo:

Tipos de trastornos según los sistemas afectados

  • Sistema nervioso: Estos trastornos afectan el funcionamiento del cerebro, la médula espinal y el sistema nervioso, lo que puede afectar la inteligencia y el aprendizaje. También pueden causar otros problemas como trastornos del comportamiento, dificultades del habla o el lenguaje, convulsiones y problemas con el movimiento. La parálisis cerebral, el síndrome de Down, el síndrome del X frágil y los trastornos del espectro del autismo (ASD por sus siglas en inglés) son ejemplos de IDD vinculadas a problemas del sistema nervioso.
  • Sistema sensorial: Estos trastornos afectan los sentidos (vista, audición, tacto, gusto y olfato) o cómo el cerebro procesa o interpreta la información de los sentidos. Los bebés prematuros y los niños pequeños expuestos a infecciones, como el citomegalovirus, pueden tener problemas de visión y/o audición. Además, puede ser difícil que las personas con un ASD se dejen abrazar o tocar.
  • Metabolismo: Estos trastornos afectan cómo el cuerpo utiliza los alimentos y otros materiales para obtener energía y crecer. Por ejemplo, la forma en que el cuerpo descompone los alimentos durante la digestión se llama proceso metabólico. Los problemas con estos procesos pueden perturbar el equilibrio de los materiales disponibles para que el cuerpo funcione de manera adecuada. Demasiado de una cosa, o demasiado poco de otra, pueden causar problemas en todo el funcionamiento del cuerpo y el cerebro. La fenilcetonuria (PKU por sus siglas en inglés) y el hipotiroidismo congénito son ejemplos de enfermedades metabólicas que pueden causar IDD.
  • Degenerativos: Las personas con trastornos degenerativos pueden parecer o ser normales al nacer y desarrollarse de manera normal por un tiempo, pero luego comienzan a perder destrezas, habilidades y funciones debido a la enfermedad. En algunos casos, el problema puede no ser detectado hasta que el niño es adolescente, o incluso adulto, y comienza a mostrar signos de pérdida de funciones. Algunos trastornos degenerativos son consecuencia de otras enfermedades como problemas metabólicos no tratados.
Infografía sobre los sistemas del cuerpo afectados por las IDD

Clasificación y grados de Discapacidad Intelectual

La discapacidad intelectual puede ser leve, moderada, severa o profunda. La Asociación Americana de Discapacidad Intelectual (AADID) ha sido un referente mundial en su comprensión y clasificación, adoptando desde 2002 un enfoque multidimensional que considera aspectos psicológicos, emocionales, físicos, de salud y el ambiente en el que se desenvuelve la persona.

El DSM-V incluye, como funciones intelectuales, el razonamiento, la resolución de problemas, la planificación, el pensamiento abstracto, el juicio, el aprendizaje académico y el aprendizaje a partir de la experiencia. La inteligencia es la capacidad, la habilidad o la función que permite la adaptación activa (capacidad de modificar) y la pasiva (capacidad de asimilar) a algún entorno particular.

Discapacidad Intelectual Leve

También conocida como déficit cognitivo leve, se distingue con un CI entre 50 y 70 puntos. Afecta las habilidades mentales superiores de una persona, limitando su capacidad para procesar, almacenar y recuperar información. Se observan déficits o alteraciones en la actividad adaptativa en al menos dos de las siguientes áreas: comunicación, cuidado personal, vida doméstica, habilidades sociales/interpersonales, utilización de recursos comunitarios, autocontrol, habilidades académicas funcionales, trabajo, ocio, salud y seguridad.

Las personas con discapacidad intelectual leve suelen desarrollar habilidades sociales y de comunicación durante los años preescolares, presentando alteraciones mínimas en las áreas perceptivas y motóricas. Son alrededor del 85% de las personas afectadas por el trastorno, tienen insuficiencias mínimas en las áreas sensorio motoras y con frecuencia no se diferencian de otros niños sin discapacidad cognitiva hasta edades posteriores.

Adquieren habilidades sociales y laborales adecuadas para una autonomía mínima, pero pueden necesitar supervisión, orientación y asistencia, especialmente en situaciones de estrés social o económico desusado.

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Discapacidad Intelectual Moderada

La discapacidad intelectual moderada se caracteriza por limitaciones significativas tanto en el funcionamiento intelectual como en las habilidades adaptativas, que se manifiestan durante el periodo de desarrollo. Según la Asociación Española de Pediatría, se sitúa en un rango de coeficiente intelectual entre 35-40 y 50-55. Equivale aproximadamente a la categoría pedagógica de «adiestrable» y constituye alrededor del 10% de toda la población con discapacidad cognitiva.

En cuanto a las habilidades sociales, las personas con discapacidad intelectual moderada pueden tener dificultades para regular sus emociones y comportamientos en situaciones sociales. Adquieren habilidades de comunicación durante los primeros años de la niñez y una formación laboral. Con supervisión moderada, pueden adquirir destrezas para su propio cuidado personal.

También pueden beneficiarse de adiestramiento en habilidades sociales y laborales, pero es improbable que progresen más allá de un segundo nivel en materias escolares. Pueden aprender a trasladarse independientemente por lugares que les son familiares. En su mayoría son capaces de realizar trabajos no cualificados o semicualificados, siempre con supervisión, en talleres protegidos o en el mercado general del trabajo.

Las malformaciones y los trastornos motores son más marcados que en el caso leve. El lenguaje es lento, pero con enseñanza paciente pueden aprender hábitos de higiene y protección. Su pensamiento es concreto, la atención y la memoria son pobres, y los trastornos en la esfera emotivo-volitiva son marcados, lo que dificulta las relaciones con sus coetáneos.

Discapacidad Intelectual Severa

Incluye el 3-4% de los individuos con discapacidad cognitiva, con un CI entre 20 y 35 puntos. Durante los primeros años de la niñez, la adquisición de un lenguaje comunicativo es escasa o nula. Pueden aprender a hablar y ser adiestrados en habilidades elementales de cuidado personal durante la edad escolar. Se benefician solo limitadamente de la enseñanza de materias pre-académicas, pero pueden dominar ciertas habilidades como el aprendizaje de la lectura global de algunas palabras imprescindibles para su autonomía e independencia.

Los adultos pueden ser capaces de realizar tareas simples estrechamente supervisadas en instituciones. Presentan malformaciones marcadas y los trastornos motores son grandes. El aprendizaje es muy pobre y se limita a desarrollar algún hábito sencillo, su validismo es muy rudimentario y sus relaciones se limitan solo al medio familiar.

Discapacidad Intelectual Profunda

Incluye aproximadamente entre el 1% y el 2% de las personas con discapacidad cognitiva, con un CI inferior a 20 puntos. La mayoría de los individuos con este diagnóstico presentan una enfermedad neurológica identificada que explica su discapacidad intelectual. Durante los primeros años desarrollan considerables alteraciones del funcionamiento sensoriomotor.

Puede predecirse un desarrollo óptimo en un ambiente altamente estructurado con ayudas y supervisión constantes, así como con una relación individualizada con el educador. El desarrollo motor y las habilidades para la comunicación y el cuidado personal pueden mejorar si se les somete a un adiestramiento adecuado. Son dependientes en todos los aspectos y existen grandes dificultades de comprensión, tanto verbal como gestual.

Causas de la Discapacidad Intelectual

La discapacidad intelectual puede tener muchas causas, y estas pueden darse durante el embarazo, en el nacimiento o posteriormente. A su vez, las causas genéticas pueden dividirse en sindrómicas y no sindrómicas, según se presenten o no otras alteraciones clínicas aparte de la discapacidad propiamente tal.

Causas prenatales

  • Infecciones: Las infecciones que afectan a la madre durante el embarazo, como la rubeola materna (la más frecuente y dañina, especialmente en las ocho primeras semanas), o infecciones causadas por espiroquetas como la sífilis, pueden causar discapacidad intelectual.
  • Daños cerebrales: El cerebro puede verse dañado por diversas razones durante el embarazo, como accidentes o falta de oxígeno.
  • Tóxicos: La exposición del feto a drogas como el alcohol y otras sustancias tóxicas aumenta las posibilidades de problemas posteriores en el desarrollo del bebé.

Causas perinatales y postnatales

  • Daños durante el parto: La falta de oxígeno o el uso de fórceps pueden causar daños cerebrales.
  • Infecciones postinfecciosas: Las meningitis y las encefalitis son las causas postinfecciosas más frecuentes de discapacidad intelectual en niños.
  • Entorno: Al existir una vulnerabilidad mayor en la infancia, el entorno en el que se cría el bebé, los estímulos que le rodean y el vínculo con personas de apego pueden afectar a su desarrollo intelectual y a sus funciones cognitivas.
  • Accidentes: También pueden aparecer deficiencias en la persona tras sufrir un accidente debido a una colisión, golpe, etc., que dañe el cerebro.

Condiciones genéticas específicas

  • Síndrome de Down: Es la causa más frecuente de discapacidad intelectual, que generalmente fluctúa entre leve y severo. Es una alteración genética del par 21 que presenta tres cromosomas (trisomía 21). Ocasiona un retraso mental que varía desde leve a grave y se asocia con características faciales y físicas propias.
  • Síndrome del X frágil (SXF): Conocido también como síndrome de Martín & Bell, es la primera causa de retraso mental hereditario.
  • Síndrome de Klinefelter: Exclusivo del sexo masculino y se manifiesta en la pubertad.
  • Síndrome de Turner: Propio del sexo femenino.
  • Oligofrenia: Es una forma de discapacidad intelectual en la que se presenta un insuficiente desarrollo de las funciones superiores de la actividad psíquica, principalmente la cognitiva. Rasgos psicológicos comunes incluyen lentitud y pobreza de lenguaje.
  • Microcefalia y Macrocefalia: La microcefalia implica una disminución de la circunferencia cefálica y del peso cerebral, mientras que la macrocefalia se caracteriza por un tamaño exagerado de la cabeza y un gran peso cerebral.
  • Hidrocefalia: Alteraciones producidas por un aumento del volumen del cerebro debido a un aumento del líquido cefalorraquídeo o a la obstrucción en sus vías de drenaje.
  • Síndrome de Prader-Willi: Un defecto congénito no hereditario que se caracteriza fundamentalmente por un apetito insaciable y problemas de conducta.
  • Síndrome de Dravet: La epilepsia mioclónica más severa, cursa con epilepsia incontrolable con retraso mental la mayoría de las veces.
  • Síndrome de PCDH19: Descubierto en 2008, es un tipo de epilepsia genética causado por una mutación en el Gen PCDH19. Las niñas muestran numerosas crisis epilépticas, y el 70% tiene algún tipo de discapacidad intelectual y problemas psicológicos, psiquiátricos o del desarrollo.
  • Síndrome de Rett: Un trastorno neurológico progresivo severo, ligado al Cromosoma X. Tras un desarrollo temprano normal, entre los 7 meses y los dos años hay una pérdida parcial o completa de capacidades manuales adquiridas y del habla, retraso en el crecimiento de la cabeza y grave invalidez mental.
Esquema de las causas de la discapacidad intelectual

Aspectos cognitivos, de personalidad y sociales

Percepción y pensamiento

La percepción se caracteriza por su lentitud, lo que se conjuga con una estrecha limitación del volumen del material percibido, o sea, una escasa amplitud perceptual. Esto significa que ven los objetos y los fenómenos de un modo sucesivo y no de una vez, como lo hacen las personas neurotípicas. Al observar un lugar, perciben menos elementos que los sujetos neurotípicos. Otra característica es la falta de juicio crítico, con inconsecuencias en el razonamiento. En la comparación de conceptos, son capaces de encontrar la diferencia entre objetos sencillos, pero confrontan dificultades en las semejanzas. El pensamiento concreto, la memoria mecánica y la atención inestable son comunes en la discapacidad intelectual leve.

Memoria y razonamiento

  • Memoria: La capacidad del cerebro de retener información y recuperarla voluntariamente. Las personas con discapacidad intelectual pueden presentar una memoria pobre, especialmente la mecánica.
  • Razonamiento lógico: Es un proceso mental que implica la aplicación de la lógica. En la discapacidad intelectual, el razonamiento suele ser concreto y con dificultades para la abstracción.
  • Comprensión visual: Es la aptitud para comprender el significado de los símbolos, de las palabras escritas o de los dibujos. Implica la decodificación visual y la capacidad de asociar significados con el estímulo visual adecuado, eligiendo entre varias alternativas.
  • Tiempo de reacción: La cantidad de tiempo que transcurre desde que percibimos algo hasta que damos una respuesta en consecuencia, que puede ser más lento en personas con discapacidad intelectual.

Personalidad y habilidades sociales

Las convicciones de lo que es bueno o malo tienen un carácter superficial, son asimiladas bajo la influencia del maestro y la familia, pero no siempre pueden ser utilizadas en situaciones concretas. Una dificultad propia es la de no tener una adecuada autovaloración y autoconciencia, las cuales aparecen tardíamente y en forma imperfecta. La debilidad de la regulación intelectual es la responsable de que en ellos se formen, de manera incompleta, los sentimientos espirituales, como el sentimiento del deber, la solidaridad y la responsabilidad, ya que para que esto ocurra resulta indispensable la fusión del pensamiento con los sentimientos.

La madurez de la voluntad consiste en que la persona es capaz de actuar de acuerdo con sus principios y convicciones, lo cual puede verse afectado. Las personas con discapacidad intelectual moderada pueden tener dificultades para regular sus emociones y comportamientos en situaciones sociales, y presentan un lenguaje oral menos complejo que sus iguales, lo que puede causar dificultades en la interpretación del lenguaje.

El manejo de la ira, que se da como respuesta a una amenaza percibida, también puede ser un desafío. Es fundamental buscar ayuda especializada y premiar los éxitos con palabras y frases cariñosas que reconozcan los esfuerzos del niño.

Trastorno del Espectro del Autismo (TEA) y Discapacidad Intelectual

El trastorno del espectro del autismo (TEA) es un trastorno del neurodesarrollo que afecta al funcionamiento cerebral en tres áreas principales: la comunicación, la interacción social y el desarrollo de conductas repetitivas y restrictivas. Su etiología es desconocida y de carácter multifactorial, afectando cuatro veces más a hombres que a mujeres. Las conductas propias de este trastorno comienzan a manifestarse antes de los tres años de vida. Dentro del amplísimo espectro del autismo, hay características comunes a todos ellos, como ser aprendices visuales y presentar una excelente memoria. El autismo no necesariamente está asociado a discapacidad intelectual, dada la heterogeneidad del trastorno el coeficiente intelectual es variable.

En varios estudios se ha establecido que la prevalencia de discapacidad intelectual en el TEA va del 25% al 55%. Entre los factores de riesgo identificados se encuentran las alteraciones genéticas hereditarias, la edad avanzada de los progenitores al momento de la concepción, la presencia de antecedentes familiares de TEA u otros trastornos del desarrollo, complicaciones en el embarazo (como infecciones maternas, exposición a tóxicos ambientales o fármacos teratogénicos) y eventos perinatales que puedan afectar el sistema nervioso central.

Estrategias terapéuticas para el TEA

Aunque no existe un tratamiento curativo para el TEA, sí hay intervenciones que pueden mejorar significativamente la calidad de vida. El abordaje más efectivo es integral y personalizado, combinando la intervención conductual, educativa y, en algunos casos, farmacológica.

Entre las estrategias no farmacológicas más utilizadas destacan:

  • Análisis Conductual Aplicado (ABA)
  • Intervención temprana intensiva
  • Desarrollo de habilidades sociales
  • Terapia ocupacional para mejorar la motricidad fina y la integración sensorial
  • Terapia del lenguaje para estimular la comunicación verbal y no verbal

El uso de apoyos visuales y sistemas aumentativos o alternativos de comunicación también resulta de gran ayuda. En el ámbito farmacológico, aunque no existen fármacos que modifiquen los síntomas nucleares del TEA, pueden emplearse medicamentos para controlar comorbilidades como la hiperactividad, la ansiedad o las crisis epilépticas.

La importancia de la atención individualizada y la inclusión

La compilación de información realizada mostró coincidencia en la existencia de personas que presentan dificultades en la esfera intelectual y que deben recibir atención individualizada para lograr su inserción en la rutina diaria de la sociedad; con anterioridad estas personas generalmente eran relegadas por su discapacidad. La discapacidad intelectual, que aparece en la niñez y se manifiesta en las limitaciones adaptativas, se caracteriza por dificultades en la percepción, el pensamiento y la memoria, que inciden en la formación de su personalidad, en las emociones y en la voluntad.

En el ámbito educativo, el enfoque debe evolucionar hacia una mirada de diversidad funcional, superando nociones puramente médicas. En lo pedagógico, resalta la necesidad de adaptar tanto el currículo como las metodologías y los recursos del aula. En concreto, es especialmente la recomendación de combinar momentos de atención individual -para trabajar aspectos cognitivos y de autonomía- con momentos grupales que promuevan habilidades sociales. Esto evita aislar al alumno y permite un equilibrio en la intervención, enriqueciendo al aula en su conjunto.

Es de suma importancia un cambio de paradigma: del enfoque puramente médico, centrado en la etiología o en un número de coeficiente intelectual, hacia una visión más humana y multidimensional. Diagnosticar no es encasillar, sino abrir un mapa donde se cruzan dimensiones de salud, contextos vitales, niveles de participación y apoyos necesarios. Es un llamado a ver a la persona completa, no solo la suma de sus limitaciones. En ese reconocimiento profundo, la discapacidad deja de ser un muro y se transforma en un espacio de encuentro, donde la sociedad también asume su responsabilidad de allanar caminos y multiplicar oportunidades.

Las tasas de empleo y de actividad de las personas con discapacidad de tipo intelectual están por debajo de la media de las tasas del total de personas con discapacidad. Por tanto, quedan muchas barreras por derribar para mejorar en el propósito de la inclusión laboral de las personas con discapacidad intelectual.

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