La Iglesia Adventista del Séptimo Día, como toda organización divina, opera bajo principios de estructura y liderazgo que se remontan a los modelos bíblicos. La iglesia de hoy es como el arca en los días de Noé, construida según el plan de Dios, y aunque está formada por seres humanos, es el objeto en la tierra al cual Él concede su suprema consideración. Cristo es la cabeza de la iglesia, y Él ama a su novia, la iglesia, entregándose a sí mismo por ella. Una iglesia es un grupo de personas cristianas, un organismo al cual Cristo mismo da vida espiritual, y no puede ser definida meramente en términos humanos. Es una religión de relaciones, no solo de doctrinas, y su enfoque principal no es el edificio, sino sus miembros, a quienes ayuda a ser cada día más semejantes a Cristo.
Cada miembro de la iglesia está llamado a ser un ministro, y el objetivo primordial es amar a Dios y al prójimo. La iglesia es un taller de cambios, no un museo para exhibirse, donde siempre está ocurriendo algo nuevo. Dios llama a su iglesia del mundo, para estar en el mundo, pero no pertenecer a él, aprendiendo a amar a Dios y a los demás.

El Modelo de Organización Eclesiástica
La organización es indispensable para que la obra de la iglesia pueda realizarse. Sin ella, habría gran confusión, y la obra no se realizaría con éxito. Desde el principio, Dios ha actuado a través de una organización. Su primera organización fue el hogar y la familia, lo que llamamos el sistema patriarcal. Más tarde, la nación de Israel sirvió como un modelo detallado de organización eclesiástica. El modelo del cuerpo, donde cada parte tiene una función esencial, nos enseña que todos nos necesitamos unos de otros, sin distinción de raza, tribu o género. La cabeza que dirige al cuerpo es Cristo, y el cuerpo es una extensión de su voluntad, realizando en la tierra lo que Él haría si estuviera aquí.
El modelo del Nuevo Testamento muestra que la organización se desarrolló a medida que surgían las necesidades, como la elección de diáconos para atender tareas administrativas que los apóstoles no podían hacer adecuadamente. La tarea de predicar el evangelio al mundo es abrumadora y requiere una iglesia organizada con un énfasis dominante en su misión mundial, como la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Esta organización debe ser eficiente y permitir una distribución mundial equitativa de los recursos humanos y financieros. La autoridad de la Asociación General es clave en la administración de la obra mundial, y los planes deben sostenerse con humildad, entregándose a la decisión del cuerpo general.
El Liderazgo en la Iglesia Local: El Rol del Anciano
En el liderazgo de la iglesia, Cristo es su Rey. Los ancianos constituyen el más importante nivel de liderazgo en la iglesia local, un concepto basado en la Biblia y los escritos de Elena de White. La obra de un anciano es una "buena obra" y no implica simplemente madurez y experiencia, sino un llamado divino al ministerio. Los ancianos, también llamados "obispos" en el Nuevo Testamento, son elegidos por la congregación, guiados por Dios. Su influencia y autoridad personal no se basan en su posición social o en grandes contribuciones financieras, sino en su testimonio y servicio.
Historia y Contexto del Ancianato Adventista
En la iglesia cristiana primitiva, los ancianos eran guardianes espirituales de la congregación. En el año 44 d.C. en Jerusalén, los primeros dirigentes encomendaron a los ancianos la administración de la iglesia. La historia de los ancianos adventistas del séptimo día muestra que, aunque al principio no se les consideraba "ancianos" como hoy, su rol evolucionó para dar liderazgo, apoyo y entrenamiento. Hoy, la iglesia depende de los ancianos, especialmente en congregaciones con menos de 100 miembros donde la necesidad de un pastor es aguda, o en lugares con pocos pastores disponibles. Los ancianos son elegidos regularmente por un año y deben estar preparados para desempeñar su ministerio.

Cualidades y Responsabilidades del Anciano
Se espera que los ancianos tengan caracteres ejemplares. Pablo, al listar las cualidades del anciano, usa la palabra “irreprensible” (1 Tim. 3:2), lo que sugiere que no debería haber una diferencia esencial en la espiritualidad de los ancianos y otros siervos de la iglesia. Las responsabilidades de los ancianos del Nuevo Testamento incluían ser altamente respetados, tener habilidades administrativas y liderazgo espiritual, ser amables, apacibles y no avaros.
- Liderazgo Espiritual: Deben ser capaces de dirigir sus congregaciones y hablar bien, cultivando una capacidad para el liderazgo espiritual.
- Atención General y Evangelismo: Junto con el pastor, los ancianos tienen la atención general de la iglesia, supervisando cada actividad y departamento. Deberían dedicarse al evangelismo y a la dirección de la adoración.
- Alimentación Espiritual (Pastoreo): Los ancianos no solo son superintendentes, sino también pastores que trabajan bajo la dirección del pastor. Proveen atención y consejo personal a los miembros, visitan los hogares, cuidan de los desalentados y preparan a los nuevos miembros para el bautismo.
- Decisiones y Planes: Son parte de la junta de la iglesia o la junta administrativa, liderando en ausencia del pastor, planificando actividades y planes evangelísticos.
Para evitar frustración por demasiadas tareas, las iglesias con más de un anciano deben organizar un equipo, donde el primer anciano organiza y asigna tareas específicas. Nuestra iglesia no tiene lugar para ancianos honoríficos; el cargo implica mucho trabajo y exige un compromiso total.
CAPACITACIÓN ANCIANOS
El Proceso de Ordenación
La ordenación es un rito que impone solemnes responsabilidades sobre aquellos que han sido llamados por Dios y elegidos por una iglesia local. Aunque no disponemos de una descripción bíblica detallada acerca de la ordenación de los ancianos, se cree que todos los oficiales de la iglesia local fueron apartados solemnemente para su oficio. El primer paso para todo candidato a la ordenación es el autoexamen, donde las debilidades deben convertirse en virtudes a través de la dedicación de tiempo.
Preparación y Requisitos para la Ordenación
Elena de White advirtió sobre el descuido en la selección de líderes, señalando que los apóstoles no confiaban en su propio juicio, sino que llevaban a los hombres delante del Señor. Es crucial no imponer "con ligereza las manos a ninguno" (1 Tim. 5:22), y elegir a quienes no son neófitos y han sido sometidos a prueba primero. Todos los ancianos y diáconos, después de ser elegidos y antes de ser ordenados, deberían recibir enseñanza para ejercer correctamente sus funciones. Esta instrucción debe abarcar las bases bíblicas de la organización, el origen de la función, las doctrinas fundamentales, la historia del ancianato adventista, las cualidades espirituales y morales esperadas, y las habilidades necesarias para el ministerio.
Recursos como el Manual de la Iglesia y el Manual para Ancianos son fundamentales en esta preparación. Es importante no comparar las solemnes ceremonias de ordenación de pastores con las apresuradas ceremonias de oficiales locales, ya que esto refleja una falta de preocupación por lo sagrado y puede promover jerarquías. La ceremonia de ordenación de estos oficiales debería ser una experiencia de crecimiento para la iglesia local, mostrando la magnitud del cargo.
La Ceremonia de Ordenación
Los ancianos y diáconos que van a ser ordenados se ubicarán mirando a la congregación. Los que serán ordenados se arrodillarán individualmente delante del ministro que preside para que ore por ellos y les imponga las manos. El consistorio completo podrá unirse a la imposición de manos durante la oración, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Luego, los ancianos y diáconos de todo el consistorio extenderán la mano derecha en señal de hermandad a los nuevos ancianos y diáconos antes de que retornen a sus asientos. Los candidatos y sus familias deben ser instruidos sobre la vestimenta apropiada para la solemnidad de la ceremonia y se les debe invitar a ocupar los primeros bancos.
Las obligaciones eclesiásticas de los ancianos y diáconos han sido estipuladas en el Book of Church Order, y pueden ser reelegidos, pero no reordenados.
Compromiso y Responsabilidad del Anciano Ordenado
El anciano debe reflejar un compromiso total y una consagración diaria. El crecimiento cristiano no se produce naturalmente, sino a través de una íntima y cotidiana asociación con Jesús, mediante el estudio de la Biblia, la meditación y la oración. Es fundamental guardarse del orgullo espiritual y dedicar tiempo a la obra de la iglesia. Lo que Cristo enseñaba, lo vivía, y esa conducta consecuente hizo que su enseñanza fuera efectiva. Los ancianos deben ser un ejemplo a los miembros, no perfectos, pero sí personas de principios, reflejando el carácter de Cristo.

Ejemplo en Carácter y Relaciones
- Apoyar la doctrina de la iglesia: Deben estar de acuerdo con la sana doctrina y ser capaces de responder preguntas y dudas.
- Mantener saludables relaciones familiares: Si un anciano no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios? Su propia familia y la de la iglesia necesitan una relación feliz y ordenada.
- Pureza Sexual: El anciano debe ser ejemplo en pureza, mente fuerte y vencer los prejuicios raciales.
- Dador Ejemplar: Se espera que el anciano sea un buen mayordomo y que diezme fielmente.
- Admitir errores: El pecado que no se confiesa es el más peligroso. Admita sus errores, pues Dios perdona ampliamente todo pecado que confesamos.
La iglesia ha sufrido dificultades graves cuando el liderazgo no ejerce dominio propio y su influencia no es buena. El liderazgo es uno de los dones del Espíritu, y los ancianos deben amar a sus miembros. Es imposible conducirlos al amor de Cristo si no se les ama. Deben unir a sus miembros, ayudándolos a llevar la carga de la iglesia, y consultarlos en las decisiones importantes, para que la gente luche por alcanzar sus propios blancos. Además, deben seguir a sus dirigentes y ayudar a los miembros a descubrir y entrenar sus dones espirituales, organizando a la persona adecuada para cada cargo. El ministerio de los ancianos es un ministerio de amor y servicio a las congregaciones locales, ejerciendo funciones pastorales y orientando el trabajo benevolente a través del rito de la ordenación.
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