Capacidad Funcional y Salud: Orientaciones para el Cuidado del Adulto Mayor

En las últimas décadas, la pirámide poblacional ha experimentado cambios significativos, con una clara tendencia al incremento de la población adulta mayor. Estas transformaciones demográficas, resultado del aumento de la esperanza de vida y la disminución de la fecundidad, conllevan un incremento de personas con discapacidades crónicas y dependencia funcional, lo que demanda el cuidado de terceros.

El cuidado del adulto mayor, a menudo proporcionado en el hogar por familiares, es una forma de atención poco reconocida oficialmente en muchos países. Sin embargo, su relevancia es innegable para el bienestar de la comunidad. Los profesionales de enfermería tienen un papel fundamental en la capacitación de estos cuidadores familiares, dotándolos de las herramientas necesarias para valorar la capacidad funcional y el estado de salud integral de los ancianos, y así orientar un cuidado que fomente la autonomía e independencia.

Transformaciones en la Población Adulta Mayor

En el caso de Colombia, se proyecta un aumento considerable de la población mayor de sesenta años, alcanzando los 15,5 millones hacia el año 2050, según Rueda Plata. En España, las proyecciones para el año 2000 indicaban un 16,8% de la población mayor de 65 años. Estos cambios demográficos resaltan la urgencia de adaptar los servicios sociosanitarios y de cuidado para responder a las necesidades específicas de este segmento de la población.

infografía sobre el crecimiento de la población adulta mayor en América Latina

El Proceso de Envejecimiento y sus Implicaciones

El envejecimiento es un proceso que implica alteraciones en aspectos sociales, familiares, psicológicos y fisiológicos, influyendo sustancialmente en la vida del individuo. Estas transformaciones, interrelacionadas, pueden derivar en un deterioro funcional y, consecuentemente, en dependencia para la realización de las actividades de la vida diaria.

La variabilidad es un distintivo del envejecimiento normal, influenciada por factores genéticos, orgánicos, culturales y estilos de vida. Por ello, no es aconsejable realizar generalizaciones globales al planificar acciones de cuidado individuales. No obstante, el paso de los años conlleva cambios generales que, aunque varían en magnitud e intensidad entre individuos, dan cuenta de esta etapa vital.

Cambios Fisiológicos Asociados al Envejecimiento

El envejecimiento no afecta a todos los órganos por igual ni simultáneamente, pero envuelve a todo el organismo. Con base en la literatura revisada, se describen los cambios más significativos en los distintos sistemas y órganos del ser humano:

  • Sistema Cardiovascular: Según Salom Terradez (9), se presentan alteraciones que pueden limitar la actividad física y causar hipotensión ortostática, afectando la capacidad funcional.
  • Sistema Músculo-esquelético: Los cambios pueden tener consecuencias sobre la funcionalidad, como deformidades, alteraciones en la talla y postura, osteoporosis, inestabilidad en la marcha y rigidez articular.
  • Sistema Nervioso: Ferrer (10) señala alteraciones sensitivas, motoras, de capacidad intelectual y de comportamiento.
  • Sistema Endocrino: Los trastornos se manifiestan por la disminución de la secreción de algunas hormonas y la atrofia de distintos órganos (7-8).
  • Sistema Respiratorio: Los ancianos son más susceptibles a patologías respiratorias debido a cambios que, según Roach y Swanson (11), ocasionan aumento de la frecuencia respiratoria, disminución de la oxigenación, reducción del intercambio de aire y dificultad para eliminar secreciones.
  • Órganos de los Sentidos: Las modificaciones favorecen la deprivación sensorial (7).
  • Sistema Gastrointestinal: Disminuye la producción de ácido clorhídrico, saliva y papilas gustativas; hay dificultad para la masticación y deglución, y se reduce la motilidad gastrointestinal (2).
  • Sistema Urinario: Staab y Hodges (12) indican una disminución de la función renal, de la filtración glomerular, del tono y de la capacidad vesical.

Cambios Psicosociales y su Impacto

Los cambios psicosociales en la vejez, a menudo, se corresponden con la imagen que una comunidad tiene de las personas mayores. Esta imagen está estrechamente relacionada con el estatus que disfrutan en esa comunidad. Culturas que mantienen valores tradicionales y donde los mayores desempeñan funciones rituales o de transmisión de conocimientos, los valoran más positivamente que las culturas nómadas o tecnológicas donde se les considera una carga.

En la cultura occidental, predominan las imágenes negativas sobre la vejez, lo que puede conducir a la desintegración social y a la falta de participación en las oportunidades que la sociedad ofrece. La vejez también implica un cambio en los roles sociales, afectando las actividades y el sistema de interrelaciones del anciano.

La pérdida de seres queridos, sumada a los cambios sociales y orgánicos, puede generar trastornos afectivos, disminución de la autoestima y altos grados de depresión. Asimismo, existe una relación entre la salud de los ancianos, el declive funcional de su capacidad física y la presencia de depresión, según Oliveira y Villaverde (16).

Concepto de Capacidad Funcional

Para la valoración de la salud de los ancianos, los indicadores de morbilidad y mortalidad no son suficientes; es crucial conocer su capacidad funcional y autonomía. Conceptos como autonomía, independencia y capacidad funcional o funcionalidad son interdependientes, aunque algunos autores establecen diferencias.

Menéndez Jiménez y otros (18) valoran la autonomía considerando la salud mental, física, aspectos sociales, económicos y actividades de la vida diaria, no solo la capacidad funcional. Definen la autonomía como "la capacidad de una persona de poder elegir por sí misma las reglas de conducta y la orientación de sus actos".

La capacidad funcional o funcionalidad, en geriatría, se considera "la facultad presente en una persona para realizar las actividades de la vida diaria sin necesidad de supervisión, dirección o asistencia, es decir, la capacidad de ejecutar tareas y desempeñar roles sociales en la cotidianidad, dentro de un amplio rango de complejidad" (Gómez, Curcio y Gómez, 2).

Castellón se refiere a la función como la "capacidad de ejecutar de manera autónoma aquellas acciones más o menos complejas que componen nuestro quehacer cotidiano de una manera deseada a nivel individual y social" (19). La valoración funcional se enfoca en evaluar las capacidades físicas del anciano para determinar su autonomía e independencia, previniendo la incapacidad y estimulando la independencia.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), a través de la Clasificación Internacional del Funcionamiento de la Discapacidad y de la Salud (CIF), considera el funcionamiento como "una relación compleja o interacción entre las condiciones de salud y los factores contextuales (ambientales y personales)". Un adulto mayor sano es aquel capaz de enfrentar el proceso de cambio a un nivel adecuado de adaptabilidad funcional y satisfacción personal.

CIF: Clasificación Internacional del Funcionamiento

Importancia de la Capacidad Funcional en la Evaluación Geriátrica

La capacidad funcional en el anciano es el indicador más potente utilizado en la evaluación geriátrica, un proceso diagnóstico multidimensional e interdisciplinario dirigido a las capacidades funcionales, médicas y psicosociales. Su valoración busca mejorar la certeza diagnóstica, optimizar el tratamiento médico, mejorar los resultados evolutivos, mejorar la capacidad funcional y la calidad de vida, optimizar la ubicación y reducir la utilización innecesaria de servicios.

La dificultad o imposibilidad para realizar las actividades de la vida diaria tiene un impacto significativo en la calidad de vida y es un parámetro relevante de salud que incide en:

  • Mortalidad: El riesgo de mortalidad se eleva con el grado de discapacidad.
  • Consumo de recursos: La frecuentación hospitalaria, las visitas médicas y la utilización de fármacos se relacionan con el grado de discapacidad.
  • Institucionalización: El riesgo de utilizar una residencia se incrementa notablemente con el deterioro funcional.
  • Utilización de recursos sociales: Los costos de cuidado personal y ayuda doméstica aumentan con el nivel de dependencia.
  • Futura discapacidad: Aunque las posibilidades de mejora disminuyen con la edad, la discapacidad es un estado dinámico que puede mejorar, mantenerse estable o empeorar.

Clasificación de Adultos Mayores según Funcionalidad

En Chile, por ejemplo, la población adulta mayor se clasifica en:

  • Autovalentes sin enfermedad crónica (57%): Viven en sus viviendas, a menudo con familiares, y participan en organizaciones de la tercera edad.
  • Frágiles (30%): Sufren limitaciones que requieren ayuda profesional para mantener su estado de salud y apoyo de terceros para actividades diarias.
  • Dependientes (3-5%): Requieren ayuda para todas sus actividades diarias, su condición de invalidez los mantiene postrados, con un deterioro ostensible de su calidad de vida y la de su grupo familiar.

Valoración Funcional del Adulto Mayor

La funcionalidad es fundamental en la evaluación geriátrica para definir el nivel de dependencia y establecer objetivos de tratamiento y rehabilitación, así como medidas preventivas. La observación directa es el método más exacto, pero en la práctica clínica se utiliza el autoinforme y la corroboración por un informante o cuidador.

El estado funcional puede evaluarse en tres niveles:

  1. Actividades Básicas de la Vida Diaria (ABVD): Orientadas al cuidado del propio cuerpo (bañarse, vestirse, asearse, continencia, alimentación, transferencias).
  2. Actividades Instrumentales de la Vida Diaria (AIVD): Capacidad de mantener un hogar independiente (compras, transporte, uso del teléfono, preparación de comidas, tareas domésticas, lavandería, medicación, finanzas).
  3. Actividades Avanzadas de la Vida Diaria (AAVD): Capacidad para cumplir roles sociales, comunitarios y familiares (participación en recreación u ocupación).

Según Lazcano (2007), la clasificación habitual para la función es:

  • Funcional o independiente: Capaz de cuidar de sí mismo y mantener lazos sociales.
  • Inicialmente dependiente: Requiere ayuda.

Es crucial diferenciar el declive cognitivo normal del envejecimiento de un deterioro cognitivo de origen neuropatológico, siendo el estado cognitivo un factor clave en la discapacidad funcional del anciano.

Instrumentos de Valoración de la Capacidad Funcional

Para la evaluación de la capacidad funcional, se utilizan diversos instrumentos. Un estudio descriptivo transversal en Envigado, Colombia, con 40 personas mayores de 65 años con dependencia funcional, utilizó el índice de Katz y la escala de Lawton y Brody, ajustados según el grupo de Neurociencias de la Universidad de Antioquia. Los hallazgos mostraron que la población estudiada tenía una edad promedio de 84,08 años, siendo el 82,5% mujeres. Los sistemas orgánicos más afectados fueron el cardiovascular, osteomuscular y neurológico, con entre el 47,5% y el 27,5% de los ancianos comprometidos.

En este estudio, se identificó que los hombres y las personas de edad más avanzada presentaban mayores grados de dependencia en las actividades básicas e instrumentales. Entre el 67,5% y el 55% de los ancianos requería ayuda para las actividades básicas, y entre el 95% y el 75% eran totalmente dependientes en las actividades instrumentales.

Otro estudio en Córdoba, España, utilizó el cuestionario OARS-MFAQ (Olders Americans Resources and Services Multidimensional Functional Assessment Questionnaire), adaptado y validado. En esta muestra, un 4% de los mayores de 60 años eran incapaces de realizar al menos una ABVD, y el 16% eran incapaces de llevar a cabo al menos una AIVD. Las actividades que más frecuentemente precisaban ayuda fueron las tareas del hogar y la utilización de medios de locomoción. La incapacidad para lavarse o ducharse fue la ABVD más declarada.

El Papel de Enfermería en el Cuidado del Adulto Mayor

Enfermería debe considerar la valoración de la capacidad funcional articulada al estado de salud integral de los ancianos para orientar su cuidado y apoyar a los cuidadores familiares. Esto previene dependencias de cuidado innecesarias que irían en contra de las aspiraciones del adulto mayor como individuo autónomo e independiente. Es una tarea esencial de los profesionales de enfermería capacitar a los cuidadores familiares sobre la valoración de la capacidad funcional.

Los profesionales sanitarios, y en particular los de enfermería, deben esforzarse por disminuir el nivel de dependencia del adulto mayor y las oportunidades en que estas personas precisen ayuda asistencial. El Ministerio de Salud ha iniciado programas de capacitación para el mantenimiento de la funcionalidad, buscando propiciar la interacción espontánea y cordial, y estimular la amistad y colaboración.

Prevención y Mantenimiento de la Funcionalidad

Los cambios naturales y problemas de salud que experimenta el adulto mayor se manifiestan en la declinación de sus capacidades funcionales. Para aumentar los niveles de funcionalidad de los ancianos, es crucial detectar de forma anticipada aquellas situaciones que pongan en riesgo su mantenimiento.

Los programas educativos destinados a potenciar la funcionalidad en los ancianos deben incluir actividades que fortalezcan sus potencialidades en desuso, como la capacidad de crear, relacionarse, comunicar, aprender, autorrealizarse, dar y recibir afecto, preocuparse por otros, cultivar la espiritualidad y encontrar el sentido de la vida en esta etapa.

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