La Capacidad Funcional Más Afectada en el Adulto Mayor

La disminución de la tasa de mortalidad y el incremento de la esperanza de vida son responsables del progresivo envejecimiento que experimenta la mayoría de los países. Este fenómeno conlleva importantes consecuencias sociosanitarias y resalta la necesidad de una adecuada valoración de los ancianos para adecuar servicios y establecer prioridades de intervención.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha señalado que «la salud del anciano como mejor se mide es en términos de función», siendo la capacidad funcional un indicador de salud más eficaz que la prevalencia de enfermedades. Su valoración busca cualificar y cuantificar la habilidad para la realización de las actividades de la vida diaria (AVD), que incluyen tanto tareas básicas (ABVD) como instrumentales (AIVD).

La prevalencia de la incapacidad funcional aumenta con la edad, siendo más elevada en mayores de 75 años, en mujeres, en personas viudas y en aquellas con menor nivel de escolarización. Promover un envejecimiento exitoso requiere un entorno y oportunidades que permitan a la persona ser y hacer aquello que valora a lo largo de su vida.

Concepto y Evaluación de la Capacidad Funcional

Definición y Componentes

La OMS define el envejecimiento saludable como “el desarrollo y mantención de una capacidad funcional que permita el bienestar en la edad avanzada”. La capacidad funcional abarca la habilidad de una persona para satisfacer sus necesidades básicas, aprender, crecer, tomar decisiones, tener movilidad, relacionarse y contribuir a la sociedad.

Este concepto se divide en:

  • Capacidad intrínseca: Comprende la capacidad física y mental, incluyendo funciones como caminar, pensar, ver, oír y recordar. Está influenciada por la presencia de enfermedades, lesiones y cambios asociados a la edad.
  • Entorno: Incluye el hogar, la comunidad y la sociedad, así como las relaciones personales, actitudes, valores y políticas de salud y sociales.

Las Actividades de la Vida Diaria (AVD) se clasifican en:

  • Actividades Básicas de la Vida Diaria (ABVD): Tareas esenciales para el autocuidado personal, como comer, vestirse, asearse o afeitarse, salir de la cama, lavarse o ducharse y la continencia.
  • Actividades Instrumentales de la Vida Diaria (AIVD): Tareas más complejas que implican interacción con el entorno y la comunidad, como usar el teléfono, utilizar transportes públicos, hacer compras, preparar la comida, realizar tareas del hogar, tomar medicamentos y administrar el dinero.

Herramientas de Valoración

La valoración de la capacidad funcional es un componente clave de la Evaluación Geriátrica (EG), un proceso diagnóstico multidimensional e interdisciplinar. Se utilizan instrumentos estandarizados como el cuestionario OARS-MFAQ (Olders Americans Resources and Services Multidimensional Functional Assessment Questionnaire), el Índice de Katz para ABVD y la Escala de Lawton para AIVD. Estas herramientas permiten cualificar y cuantificar el nivel de independencia o dependencia para cada tarea, clasificando a los individuos como capaces de realizar la tarea sin ayuda, con ayuda de otra persona o totalmente incapaces.

Las Actividades Instrumentales de la Vida Diaria (AIVD): Las Más Vulnerables al Deterioro

Los estudios indican consistentemente que las Actividades Instrumentales de la Vida Diaria (AIVD) son las primeras en deteriorarse y las que con mayor frecuencia requieren ayuda en los adultos mayores, antes que las Actividades Básicas de la Vida Diaria (ABVD).

Un estudio realizado en la ciudad de Córdoba, España, sobre personas mayores de 60 años, reveló que un 27,6% de ellos declaró precisar ayuda para realizar al menos una de las AIVD. Las actividades que requirieron asistencia con mayor frecuencia fueron:

  • Realizar las cosas de la casa (23,3%)
  • Utilizar los medios de locomoción (21,3%)

En este mismo estudio, un 15,9% de los ancianos dijo ser incapaz de realizar al menos una AIVD, siendo la incapacidad para realizar las cosas de la casa la más frecuentemente declarada (12,2%), seguida de la incapacidad para preparar la comida (8,4%).

En contraste, en el ámbito de las ABVD, solo un 10,2% de los ancianos en el estudio de Córdoba declaró precisar ayuda para al menos una de estas actividades, destacando la necesidad de asistencia para lavarse o ducharse (8,2%). La incapacidad total en ABVD fue aún menor, con solo un 4% de los entrevistados considerándose completamente incapaz de realizar alguna de ellas, siendo la imposibilidad para lavarse o ducharse la más común (3,7%), y la incapacidad para comer la menos declarada (0,5%).

Estos hallazgos son respaldados por un estudio en el sur de Brasil, donde se encontró que el 85% de los ancianos eran independientes para las AIVD y el 93,48% para las ABVD. Esto indica que, aunque la mayoría mantenía su independencia, la proporción de personas que necesitaban ayuda o presentaban algún grado de dependencia era mayor para las AIVD.

Infografía comparativa de las tasas de dependencia o necesidad de ayuda en ABVD e AIVD en adultos mayores, con porcentajes destacando las AIVD más afectadas

Factores Subyacentes al Deterioro Funcional

Deterioro Cognitivo: Un Impacto Crucial

El deterioro cognitivo es una condición que afecta a un gran porcentaje de la población de edad avanzada, impactando no solo en la memoria, sino también en habilidades como el lenguaje, la atención y las funciones ejecutivas o el razonamiento. En una fase leve (Deterioro Cognitivo Leve - DCL), la persona mayor puede realizar con normalidad e independencia sus tareas diarias, pero ya se observa una repercusión en el envejecimiento de las células cerebrales y en funciones como la memoria inmediata, el lenguaje o el pensamiento.

La demencia, una etapa más avanzada del deterioro, es una preocupación significativa, ya que su prevalencia aumenta considerablemente con la edad, afectando a un 25-30% de las personas mayores de 85 años. Una mayor incapacidad para realizar las AVD se asocia directamente con el deterioro cognitivo moderado-severo. El deterioro cognitivo puede generar consecuencias negativas a nivel personal, familiar, económico y asistencial.

¿Qué es el DETERIORO COGNITIVO leve? (en Adultos Mayores)

Cambios Biológicos en el Cerebro y el Cuerpo

El proceso de envejecimiento se acompaña de cambios significativos en el cerebro y el sistema motor que contribuyen al deterioro funcional:

  • Reducción del volumen cerebral: El cerebro, especialmente la corteza frontal, disminuye de volumen aproximadamente un 5% por década después de los 40 años. La sustancia gris se reduce por la disminución del volumen neuronal, y también se observan cambios en el árbol dendrítico, espinas y sinapsis, con pérdida de plasticidad sináptica.
  • Alteraciones cognitivas: Las alteraciones de memoria son los cambios cognitivos más frecuentes, en particular la memoria episódica, que comienza a disminuir a partir de la mediana edad. La memoria semántica, aunque aumenta en el anciano joven, decrece en edades muy avanzadas.
  • Neurotransmisores: Los niveles de dopamina y serotonina, neurotransmisores clave para el rendimiento motor y cognitivo, disminuyen aproximadamente un 10% por década desde la edad adulta temprana.
  • Factores vasculares: El envejecimiento de la vasculatura y el aumento de la presión arterial favorecen accidentes vasculares, isquemia y lesiones de la sustancia blanca, que se asocian con deterioro cognitivo y riesgo de demencia.
  • Sistema motor: La disminución de las funciones motoras puede ser de origen fisiológico o patológico, acelerándose después de los 60 años y llevando a atrofia, pérdida de fuerza muscular y acumulación de grasa que compromete la movilidad.
  • Sistema osteoarticular: La reducción en la producción de células óseas se asocia con el desarrollo de osteoporosis, aumentando el riesgo de fracturas y el síndrome post-caída, lo que restringe la realización de AVD.

Variables Sociodemográficas y de Salud

El deterioro de la capacidad funcional no solo está ligado a la edad cronológica, sino también a un conjunto de factores sociodemográficos y de salud:

  • Percepción de salud: Una peor autopercepción del estado de salud se asocia significativamente con la dependencia o incapacidad funcional.
  • Enfermedades crónicas: La existencia de enfermedades crónicas, sentimientos de invalidez por problemas de salud y episodios de enfermedad prolongada (más de un mes en el último semestre) están fuertemente vinculados a una peor situación funcional.
  • Salud mental: La presencia de síntomas psiquiátricos moderados/graves es un factor asociado al deterioro.
  • Características demográficas: Además de la edad avanzada, el sexo femenino, un bajo nivel de escolarización, bajos ingresos económicos y la viudez han mostrado asociación con una mayor incapacidad funcional.

Consecuencias del Deterioro de la Capacidad Funcional

La pérdida de la capacidad funcional tiene un impacto significativo y multifacético en la vida de los adultos mayores:

  • Mortalidad: El riesgo de mortalidad se eleva progresivamente conforme avanza el grado de discapacidad.
  • Consumo de recursos: Aumenta la frecuentación hospitalaria, el número de visitas médicas, las estancias medias, los reingresos y la utilización de fármacos y recursos sociales. Los costos del cuidado personal y de ayuda doméstica para individuos mayores de 75 años aumentan conforme lo hace el nivel de dependencia.
  • Institucionalización: El riesgo de necesitar y utilizar una residencia o centro de cuidado se incrementa notablemente con el deterioro funcional.
  • Calidad de vida: Un deterioro ostensible de la calidad de vida de la persona y de su grupo familiar, quienes a menudo carecen de preparación para asumir las tareas de cuidado, lo que genera mayores gastos y estrés.
  • Progreso de la discapacidad: Aunque la discapacidad es un estado dinámico que puede mejorar, estabilizarse o empeorar, las posibilidades de mejora disminuyen en función de la edad, aunque nunca desaparecen por completo.

Según el nivel de funcionalidad, los adultos mayores se pueden clasificar en:

  • Autovalentes: Independientes para realizar las actividades de la vida diaria, a menudo viviendo en sus viviendas y participando activamente en organizaciones sociales.
  • Frágiles: Experimentan ciertas limitaciones que requieren ayuda profesional para mantener su salud y asistencia de terceros para AVD, generalmente de familiares o centros de atención.
  • Dependientes: Necesitan ayuda para todas sus actividades de la vida diaria, su condición de invalidez puede mantenerlos postrados y con un deterioro significativo de su calidad de vida y la de sus cuidadores.

Estrategias de Prevención y Mantenimiento de la Capacidad Funcional

El Rol del Ejercicio Físico

El ejercicio físico ha demostrado ser una herramienta eficaz para prevenir, mitigar e incluso revertir los efectos negativos del envejecimiento en la capacidad funcional. Invertir en actividad física ofrece importantes beneficios económicos y de salud.

  • Modalidades efectivas: El entrenamiento multicomponente, que combina fuerza, ejercicio aeróbico y equilibrio, ha mostrado ser el más eficaz para mejorar la capacidad funcional. El entrenamiento de fuerza, por ejemplo, mejora la masa muscular y la fuerza.
  • Intensidad: Los programas de alta intensidad (>70% de 1RM) pueden producir mayores mejoras, aunque los programas de baja intensidad pueden tener una mayor adherencia en la población mayor.
  • Efectos residuales: El ejercicio físico previo a un periodo de cese de entrenamiento puede tener un efecto protector significativo sobre la capacidad funcional, manteniendo mejoras en agilidad, habilidad para caminar y capacidad para levantarse y subir escaleras.
  • Factores moderadores: Adultos mayores con mejor condición física inicial experimentan menos deterioro, mientras que los de mayor edad reportan menores beneficios residuales, destacando la importancia de la actividad física regular y la minimización de interrupciones.

Dieta y Estilo de Vida Saludable

Además del ejercicio, la dieta es un factor relevante para el envejecimiento biológico y el deterioro cognitivo. Las dietas hipercalóricas y bajas en antioxidantes son un factor de riesgo, mientras que la restricción energética puede prolongar la vida y proteger contra el deterioro cognitivo. La ingesta moderada de alcohol puede reducir el riesgo cardiovascular, aunque este efecto se invierte en los grandes bebedores.

Apoyo Sociosanitario y Enfoque Multidisciplinar

Para el mantenimiento de la funcionalidad, es crucial:

  • Detección temprana: Identificar anticipadamente las situaciones que pongan en riesgo la capacidad funcional del adulto mayor.
  • Programas educativos: Potenciar la funcionalidad a través de actividades que fortalezcan habilidades como la capacidad de crear, relacionarse, comunicar, aprender, autorrealizarse, dar y recibir afecto y cultivar la espiritualidad.
  • Rol del personal sanitario: Los profesionales de enfermería, con su orientación al cuidado, deben esforzarse por disminuir el nivel de dependencia y las oportunidades en que las personas precisen ayuda asistencial.
  • Sistemas de servicios adaptados: La planificación y distribución de los servicios para los ancianos debe responder a sus necesidades específicas, incluyendo servicios para el anciano sano e independiente, para aquellos con limitaciones y para quienes requieren cuidado institucionalizado.
  • Interacción social: Propiciar la interacción espontánea y cordial, estimulando la amistad y colaboración entre los adultos mayores.
Fotografía de adultos mayores participando en una clase de yoga o tai chi al aire libre, fomentando la actividad física y el bienestar social

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