De las muchas desdichas que pueden golpear al ser humano, en su paso por la tierra, una de las más profundas y duras es la del retraso mental, ya que produce su impacto sobre aquella capacidad por la cual, el hombre más se ha definido a sí mismo como tal: la inteligencia. Aunque esta visión clásica enfatiza el déficit, la evolución del concepto social de la discapacidad intelectual ha sido constante, marcando un camino desde la ignorancia y el estigma hacia una comprensión más humanista e integral.
Introducción al Cambio Conceptual
La discapacidad intelectual es un problema social complejo, visto de diversas formas, y según el período socio-cultural analizado. Históricamente, el retraso mental no ha sido ni solo, ni exclusiva, ni prioritariamente un problema médico o científico; sino, también, y sobre todo, un problema social. Esto se debe a que cada sociedad determina quiénes son sus individuos con minusvalía, por qué se les establece su condición y cómo deben ser tratados. Por eso, el enfoque general del proceso que conlleva la deficiencia mental es relativo en cada sociedad y varía dentro de ella con el tiempo.
Actualmente, después de la última conceptualización de la Asociación Americana de Retraso Mental (1992), esta visión está progresando discretamente, de manera general, aunque dependiendo del contexto político y social de cada país. La conciencia y las facultades psíquicas del individuo se forman en el proceso de su vida en sociedad, determinadas por condiciones sociales concretas. De hecho, el cerebro humano se convierte en órgano de la conciencia solo cuando el hombre se ve inmerso en la vorágine de la vida social, actuando en condiciones que lo nutren con los jugos de la cultura y lo obligan a funcionar en una dirección determinada por las demandas de la vida social.
Basados en estos principios, se puede argumentar desde una posición materialista la evolución del concepto social de discapacidad intelectual, así como su estado actual en América Latina y Cuba.

Evolución Histórica del Concepto y Atención
Estudiar la evolución del pensamiento científico en relación con la discapacidad intelectual revela que la información disponible es escasa en algunos períodos, dificultando encontrar un punto de partida sin abordar las enfermedades mentales en general.
Primeros Peldaños y la Antigüedad
- El médico griego Alcmaeon de Crotón (aprox. 500 a.n.e.) planteó que el cerebro era el órgano donde se captaban las sensaciones y se generaban las ideas.
- Esta idea fue desarrollada por Hipócrates (460-377 a.n.e.), quien consideraba los desórdenes mentales como consecuencia de enfermedades del cerebro, mencionando la anencefalia y otras malformaciones craneales asociadas al retraso mental severo.
- En Esparta y la Antigua Roma, las leyes incluían medidas sobre el exterminio infantil de niños severamente retrasados.
- En contraste, líderes religiosos asiáticos como Zoroastro (628-551 a.n.e.) y Confucio (551-479 a.n.e.) abogaban por un trato humano hacia estas personas.
La Edad Media: Oscurantismo y Estancamiento
Las incesantes guerras, la caída del Imperio Romano y la destrucción de centros culturales antiguos condujeron al estancamiento de la ciencia y al florecimiento del oscurantismo y la superstición. Los enfermos mentales eran considerados criaturas poseídas por el demonio, y los medios de "curación" eran la tortura y la hoguera. Solo eran "afortunados" si se les veía como "bufones" o "abortos de la naturaleza". Sin embargo, Avicena (980-1037), el médico árabe más célebre, incluyó el término amencia en su clasificación de enfermedades mentales para designar el retraso mental.
Renacimiento y Siglo XVII: Hacia la Distinción y Clasificación
Hacia finales del siglo XIV y principios del XV, el comercio, el humanismo, la imprenta, el descubrimiento de nuevos continentes y la Reforma brindaron nuevos horizontes para la ciencia, con el ser humano como objeto de estudio. En esta época:
- Félix Platter (1536-1614) aplicó medidas precisas de observación y clasificó las enfermedades mentales, introduciendo el término de imbecilidad mental.
- En 1667, Thomas Willis (1621-1675) introdujo el término morosis para denominar el retraso mental.
- En 1689, John Locke (1632-1704) estableció por primera vez una clara distinción entre el retraso mental y otras enfermedades mentales, profundizando el conocimiento.
La Revolución Francesa y la Humanización
La Revolución Francesa (1789) y sus ideas de igualdad, libertad y fraternidad alcanzaron a los enfermos mentales. A partir de este momento, se comenzó a considerarlos como pacientes desde el punto de vista médico. Philipe Pinel (1745-1826) inició esta transformación en 1793 al liberar a pacientes del hospital de Bicetré, elevándolos a la categoría de enfermos. Aunque existen discrepancias sobre los primeros en iniciar un tratamiento humano (Valencia en 1409), la represión y segregación era lo generalizado en Europa hasta la época de Pinel.

Discapacidad Intelectual: Definición Actual y Áreas Afectadas
El término "retraso mental", utilizado anteriormente, ha adquirido un estigma social indeseable, por lo que los profesionales de la salud lo han reemplazado por el término "discapacidad intelectual" (DI). Esta no es un trastorno médico específico ni un trastorno de la salud mental, sino una condición que afecta las habilidades cognitivas y adaptativas, provocando limitaciones en el aprendizaje, razonamiento y habilidades sociales.
Según la Función Pública del Gobierno de Colombia, la discapacidad intelectual "se refiere a aquellas personas que presentan deficiencias en las capacidades mentales generales, como el razonamiento, la resolución de problemas, la planificación, el pensamiento abstracto, el juicio, el aprendizaje académico y el aprendizaje de la experiencia". En una definición más simple, se habla de discapacidad intelectual cuando las personas no tienen la capacidad de aprender a los niveles esperados o presentan un funcionamiento intelectual limitado. Asimismo, no pueden desarrollar habilidades conceptuales, sociales y de adaptación al entorno o funcionar normalmente en la vida cotidiana. Este trastorno ligado al neurodesarrollo limita la capacidad de un individuo para hacer frente a actividades de la vida diaria (habilidades adaptativas) y, por ello, requieren ayuda permanente.
Las habilidades adaptativas se pueden clasificar en varias áreas:
- Área conceptual: Relacionada con las habilidades de lectura, escritura, matemáticas, memoria, razonamiento y resolución de problemas.
- Área social: Incluye habilidades interpersonales, comunicación funcional, juicio social y conciencia de los pensamientos y sentimientos de otros.
- Área práctica: Abarca el cuidado personal, la organización de tareas (para el trabajo o la escuela), la administración del dinero, la salud y seguridad, y la independencia en la movilidad.
Es importante destacar que la discapacidad intelectual se expresa cuando una persona con limitaciones significativas interactúa con el entorno, dependiendo así tanto de la propia persona como de las barreras u obstáculos que presenta dicho entorno. Según este sea más o menos facilitador, la discapacidad se expresará de manera diferente. Así, la discapacidad intelectual de un individuo no es una entidad fija e imposible de cambiar.
Causas y Factores de Riesgo
Las causas de la discapacidad intelectual son muy variadas y pueden tener su origen en una amplia variedad de circunstancias médicas y ambientales. El factor común es que algo afecta el crecimiento y el desarrollo del cerebro. Incluso con los avances en genética, especialmente las técnicas de análisis de los cromosomas, a menudo no se puede identificar una causa específica de la discapacidad intelectual.
Causas antes o durante la concepción:
- Trastornos hereditarios: Como la fenilcetonuria, la enfermedad de Tay-Sachs, la neurofibromatosis, el hipotiroidismo o el síndrome del cromosoma X frágil.
- Anomalías cromosómicas: Como el síndrome de Down, que es la principal causa de discapacidad intelectual y la alteración genética humana más común, provocando un deterioro cognitivo de leve a moderado.
Causas durante el embarazo:
- Déficit grave en la nutrición materna.
- Infecciones virales (virus de la inmunodeficiencia humana, citomegalovirus, virus del herpes simple, toxoplasmosis, rubéola, virus Zika).
- Sustancias tóxicas (plomo, metilmercurio).
- Alcohol (trastorno del espectro alcohólico fetal).
- Fármacos (fenitoína, valproato, isotretinoína, antineoplásicos).
- Desarrollo anómalo del cerebro (quiste porencefálico, heterotopia de la sustancia gris, encefalocele).
- Preeclampsia y nacimientos múltiples (gemelos, trillizos).
Causas durante el nacimiento:
- Falta de oxígeno (hipoxia).
- Prematuridad extrema.
Causas después del nacimiento:
- Infecciones del encéfalo (meningitis, encefalitis).
- Traumatismo craneal grave.
- Desnutrición del niño.
- Abandono emocional grave o maltrato psicológico verbal o físico.
- Venenos (plomo, mercurio).
- Tumores cerebrales y sus tratamientos.
Síntomas y Manifestaciones
Los síntomas de la discapacidad intelectual varían según el grado y la causa subyacente. Si bien existen muchos signos que pueden dar pistas, la mayoría de los niños con discapacidad intelectual no desarrollan síntomas evidentes hasta alcanzar la edad preescolar.
Manifestaciones tempranas (primer año de vida):
- Anomalías físicas o neurológicas evidentes al nacer o poco después (características faciales inusuales, tamaño de la cabeza muy grande o muy pequeño, malformaciones en manos o pies).
- Otros signos de enfermedad grave (convulsiones, letargo, vómitos, olor anómalo de la orina, trastornos en la alimentación y el crecimiento).
- Desarrollo motor tardío (lentos para rodar sobre sí mismos, sentarse y levantarse).
Manifestaciones en la edad preescolar y escolar:
- Retraso en el desarrollo del lenguaje (lentos para usar palabras, unir palabras y hablar con frases completas).
- Poca capacidad para memorizar.
- Dificultad para entender y seguir las normas sociales.
- No saber medir ni entender las consecuencias de sus acciones.
- Dificultad para resolver problemas.
- Desarrollo social lento debido al deterioro cognitivo y las deficiencias del lenguaje.
- Lentitud para aprender a vestirse y alimentarse por sí mismos.
Problemas de comportamiento y comorbilidad:
- Mayor propensión a problemas de comportamiento, como crisis explosivas, rabietas y comportamiento físicamente agresivo o autolesivo, a menudo relacionados con la frustración por la incapacidad de comunicarse y controlar impulsos.
- Los niños mayores suelen ser ingenuos y crédulos, siendo víctimas fáciles de otros o de comportamientos improcedentes.
- Entre el 20 y el 35% de las personas con DI también presentan trastornos de la salud mental, siendo frecuentes la ansiedad y la depresión, especialmente en niños conscientes de ser diferentes o que sufren acoso.
El desarrollo del lenguaje en niños con discapacidad
Diagnóstico de la Discapacidad Intelectual
El diagnóstico de la discapacidad intelectual es un proceso exhaustivo que implica la evaluación por equipos multidisciplinarios. El cuidado prenatal adecuado reduce el riesgo de tener un hijo con discapacidad intelectual.
Evaluación Multidisciplinaria
Cuando los médicos sospechan una discapacidad intelectual, los niños son evaluados por equipos de profesionales, incluyendo personal de intervención temprana o escolar, un médico de atención primaria, un neurólogo pediátrico o un pediatra del desarrollo, un psicólogo, un logopeda, un terapeuta ocupacional o un fisioterapeuta, un educador especial, un trabajador social o un profesional de la enfermería. Estos profesionales evalúan al niño mediante pruebas de funcionamiento intelectual y búsqueda de una causa. Aunque la causa sea irreversible, identificarla permite predecir la evolución, evitar otras pérdidas de habilidades, planificar intervenciones y asesorar a los padres sobre riesgos genéticos.
Detección Prenatal
Se realizan pruebas de cribado antes del nacimiento para determinar si el feto presenta ciertas anomalías genéticas que pueden causar discapacidad intelectual:
- Ecografía, amniocentesis, biopsia de vellosidades coriónicas: Especialmente en embarazadas mayores de 35 años o con antecedentes familiares de trastornos metabólicos.
- Cribado cuádruple: Mide concentraciones de cuatro sustancias en la sangre materna para evaluar riesgo de síndrome de Down, trisomía 18 o defectos del tubo neural.
- Medida de alfafetoproteína en sangre materna: Para previsión de anomalías congénitas del tubo neural, síndrome de Down y otras alteraciones.
- Cribado prenatal no invasivo (NIPS): Detecta ADN fetal en la sangre materna para diagnosticar trastornos genéticos como síndrome de Down (trisomía 21), trisomía 13 o trisomía 18 y otros trastornos cromosómicos.
Pruebas de Cribado del Desarrollo
Los médicos realizan sistemáticamente pruebas de cribado del desarrollo durante las revisiones pediátricas de rutina. Se utilizan cuestionarios sencillos para padres o inventarios de hitos del desarrollo para evaluar rápidamente habilidades cognitivas, verbales y motoras. A los niños con un nivel bajo para su edad en estas pruebas se les aplican otras pruebas más formales y específicas.
Pruebas Formales Intelectuales y de Habilidades
La prueba formal consta de tres partes: entrevistas con los padres, observaciones del niño y cuestionarios. Algunas pruebas, como el Test de Inteligencia de Stanford-Binet y la Escala de Inteligencia de Wechsler para Niños-IV (WISC-IV), evalúan la capacidad intelectual. Otras, como las Escalas de Conductas Adaptativas de Vineland, valoran áreas como la comunicación funcional, habilidades de la vida diaria y destrezas sociales y motrices. Un diagnóstico de discapacidad intelectual es oportuno solo en los casos en que tanto la capacidad intelectual como la adaptativa están significativamente por debajo del promedio.
Identificación de la Causa
Los recién nacidos con anomalías físicas u otros síntomas sugestivos de una afección asociada a discapacidad intelectual a menudo necesitan pruebas específicas:
- Pruebas de diagnóstico por la imagen: Resonancia magnética nuclear (RMN) para detectar problemas estructurales en el cerebro.
- Electroencefalograma (EEG): Registra la actividad eléctrica del encéfalo para valorar la posibilidad de convulsiones.
- Pruebas genéticas: Análisis de micromatrices cromosómicas para identificar trastornos hereditarios, como la fenilcetonuria, la enfermedad de Tay-Sachs o el síndrome del cromosoma X frágil.
- Otros análisis: De orina, sangre y rayos X, según la causa sospechada por los médicos.
Es fundamental diferenciar la DI de otras condiciones, como problemas de audición (que afectan el desarrollo social y del lenguaje), problemas emocionales y trastornos del aprendizaje. La privación severa de cariño y atención también puede simular una discapacidad intelectual. Un retraso en habilidades motrices no siempre está asociado con DI.
Niveles y Grados de Discapacidad Intelectual
Las personas con discapacidad intelectual presentan diferentes grados de deterioro que pueden ir desde leves a profundos, en función del grado de la discapacidad. Este funcionamiento intelectual disminuido se mide generalmente por pruebas psicométricas, aunque el impacto sobre la vida de la persona depende más de la cantidad de apoyo que requiera. Los cuatro niveles de discapacidad, basados en el coeficiente intelectual (CI) y la necesidad de apoyo, son:
Discapacidad Intelectual Leve
- Coeficiente intelectual: Entre 50 y 70 (o 55 y 70). Comprende aproximadamente el 85% del total de casos.
- Características: Retraso cognitivo pequeño, ciertas dificultades con el aprendizaje, pero pueden realizar una vida autónoma en actividades diarias y profesionales con aprendizaje tutorizado y adaptado. Las habilidades sociales y comunicativas suelen estar preservadas.
- Necesidad de apoyo: Intermitente (ocasional).
- Retos: Pueden tener impedimentos para mostrar sus emociones y tomar decisiones. Difícilmente distinguible en los primeros años de vida.
Discapacidad Intelectual Moderada
- Coeficiente intelectual: Por debajo de 50 (o entre 40 y 55). Prevalencia del 10%.
- Características: Pueden disfrutar de un cierto grado de autonomía para determinadas tareas domésticas y laborales con terapia y ayuda. Su capacidad lingüística puede ser limitada, pero son capaces de adquirir hábitos de autocuidado elementales.
- Necesidad de apoyo: Limitado (ej. programa diario en taller supervisado), requieren supervisión moderada.
Discapacidad Intelectual Grave
- Coeficiente intelectual: Entre 20 y 35 (o entre 25 y 40). Se da en el 3-4% de los casos totales.
- Características: Suelen tener daños neurológicos. Dificultades altas en comprensión lectora y numérica, así como en la comunicación. Pueden participar en actividades adaptadas.
- Necesidad de apoyo: Importante (continuo diario). No pueden tomar decisiones por sí mismos y suelen padecer otras alteraciones físicas y/o sensoriales.
Discapacidad Intelectual Profunda
- Coeficiente intelectual: Menor a 20 (o menor a 25). Lo presentan entre el 1 y el 2% de la población con DI.
- Características: Claras y graves dificultades motoras, sensoriales y cognitivas. Habilidades motoras escasas, comunicación poca o inexistente. Su tasa de supervivencia es baja.
- Necesidad de apoyo: Profundo (alto nivel de apoyo para todas las actividades diarias, incluyendo cuidados especializados exhaustivos). Deben recibir cuidados permanentes.
Sea cual sea el grado de discapacidad, en el ámbito educativo es necesario aplicar soluciones de enseñanza individualizadas que se adapten a cada caso, para satisfacer las necesidades del alumno y ayudarlo en su camino educativo y desarrollo personal dentro de sus limitaciones y capacidades.
Tratamiento y Apoyo
El apoyo por parte de muchos especialistas, la terapia y la educación especial ayudan a los niños a lograr el mayor nivel de funcionamiento posible. La mejor atención para un niño con discapacidad intelectual es la que proporciona un equipo multidisciplinario compuesto por el médico de atención primaria, trabajadores sociales, logopedas y audiólogos, entre otros.
Herramientas como la intervención psicoeducativa o la educación especial dentro del marco de la discapacidad intelectual son fundamentales para promover una inclusión real y efectiva, así como el desarrollo integral de las personas afectadas. En los últimos años, la atención al alumnado con discapacidad intelectual ha experimentado un cambio significativo. Esta área educativa está en constante evolución, contando con estudios específicos como maestrías en educación especial o psicopedagogía que ofrecen las herramientas necesarias para afrontar diferentes dificultades de aprendizaje del alumnado, mejorando su vida social y repercutiendo en su futuro laboral.
En países como Cuba, a pesar de las dificultades económicas, desde el triunfo de la Revolución los discapacitados tienen una realidad incomparable. Las prioridades establecidas por su gobierno y el sistema de salud existente han permitido la realización de estudios que llevan atención y confianza a los hogares más necesitados, así como beneficios y apoyos sin precedentes. En Colombia, el Ministerio de Salud, a través de la Resolución 1239 de 2022, recoge la discapacidad intelectual dentro de una clasificación de 7 tipos de discapacidades, reafirmando el compromiso con su reconocimiento y atención.
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