Durante los últimos años, Chile ha enfrentado una profunda crisis institucional respecto a la protección de niños, niñas y adolescentes (NNA). Diversas investigaciones, incluyendo misiones de observación del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) y reportes de la Policía de Investigaciones (PDI), han evidenciado una violencia sistemática y vulneraciones graves de derechos al interior de los centros bajo la tutela del Servicio Nacional de Menores (SENAME).

El panorama de las vulneraciones de derechos
Un informe de la PDI, que analizó 240 hogares de menores, constató la existencia de 2.071 casos de vulneraciones graves de derechos. Entre estos hallazgos, se identificaron situaciones de maltrato por parte de adultos, agresiones entre pares y, de manera alarmante, casos de abuso sexual.
Incidencia de abuso sexual y violencia institucional
El estudio arrojó que los abusos sexuales son una realidad presente en el sistema. Se contabilizaron 310 casos con connotación sexual, de los cuales 123 fueron cometidos por adultos y 187 por otros menores. Es importante destacar que:
- 8 de cada 10 abusos sexuales son experimentados por niñas.
- En el 78% de los casos de abuso, el agresor sería otro menor de edad.
- El 66% de los NNA que reportaron abusos experimentaron estas situaciones antes de los 14 años.

Condiciones de vida y deficiencias del sistema
La precariedad en la atención residencial no es un hecho aislado, sino un problema transversal. Las observaciones técnicas han revelado deficiencias críticas:
- Sobrecupo: Muchos centros operan con un 21% de sobrecupo, llegando en casos específicos a superar el 75%.
- Alimentación y salud: En algunos establecimientos, los niños reportan pasar hambre, y se han detectado graves fallas en la administración de medicamentos y falta de personal capacitado en salud.
- Protocolos: Un porcentaje significativo de centros no cuenta con protocolos mínimos ante conductas suicidas o para la contención física, lo que expone a los menores a riesgos vitales.
El impacto en la salud mental
La situación de los NNA es crítica: el 69% de los jóvenes mayores de 14 años presenta sintomatología depresiva, mientras que una gran mayoría no accede a tratamientos psiquiátricos adecuados. La sobremedicación y el uso de fármacos como paliativos para contener conductas son prácticas denunciadas reiteradamente, las cuales, lejos de ayudar, pueden generar efectos adversos en los adolescentes.
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Hacia una reforma necesaria
La crisis del SENAME ha puesto de manifiesto la urgencia de transitar hacia un nuevo servicio que garantice la protección efectiva de la infancia. Las recomendaciones de organismos especializados coinciden en varios ejes fundamentales:
- Profesionalización: Es imprescindible que el personal de trato directo cuente con capacitación técnica y competencias para la escucha efectiva y el manejo de crisis.
- Derecho a ser oído: Se deben generar mecanismos seguros y constantes para que los niños puedan denunciar abusos sin temor a represalias.
- Re-vinculación familiar: Las políticas deben enfocarse en preservar la identidad del menor y facilitar el contacto con su entorno familiar, evitando el desarraigo.
- Fiscalización: Se requiere un sistema de supervisión riguroso, tanto por parte del Estado como del Poder Judicial, que no se limite a visitas coordinadas, sino que asegure el cumplimiento de estándares internacionales de derechos humanos.
La protección institucional de la infancia es un desafío complejo. Sin un proceso que permita reconocer cómo se ha normalizado la negligencia y el maltrato, es altamente probable que las formas de violencia institucional se sigan reproduciendo, independientemente de los cambios en la infraestructura o el aumento de recursos económicos.