Bebé que habla y representaciones artísticas de la infancia de Jesús

El fenómeno del "bebé anciano" en la India

Prácticamente a diario nos quedamos sorprendidos con noticias que están protagonizadas por bebés. Así nos sucedió con la de un recién nacido al que le habían cortado el pene pensando que era el ombligo. Y hoy nos hemos levantado con otra que nos ha dejado boquiabiertos. Nos estamos refiriendo a la del nacimiento de un niño anciano. Sí, como lo estás leyendo. A continuación te lo explicamos.

Como hemos mencionado anteriormente, lo que ha acontecido es que en India, concretamente en Maharashtra, se ha producido un singular parto, el de un niño que parece un anciano. Y todo debido a que sufre lo que se conoce como progeria. Esta es una enfermedad de tipo genético que está calificada como muy rara y que se identifica por el hecho de que la persona que la sufre muestra un envejecimiento repentino y brusco.

Así, el bebé indio tiene un aspecto marcado por una piel muy arrugada y seca, una notable debilidad, un cráneo de gran tamaño, problemas de alopecia e incluso una palpable rigidez de lo que son las articulaciones. En concreto, su imagen parece la de un anciano de 100 años.

La noticia ha causado gran impacto en todo el mundo, ya que sólo se produce un caso de esta patología entre siete millones de nacimientos. Pero si sorprendente es la llegada al mundo de un bebé con estas características, más lo es aún que su propia madre lo esté rechazando. Así, según se ha dado a conocer, esta mujer se ha negado en rotundo a prestarle cuidados como puede ser su alimentación a través del amamantamiento. No hay tratamiento ni cura posible a esta patología.

Bebé con síntomas de progeria, mostrando piel arrugada y rasgos faciales envejecidos.

El Niño Jesús en el arte medieval: una figura envejecida

No hace falta ser un erudito, ni tener un ojo adiestrado en el estudio del arte medieval. A poco que estés familiarizado con la iconografía cristiana de los siglos XIII, XIV y XV o hayas visto alguno de los retablos religiosos que se pintaban en Europa en aquella época es probable que te hayas hecho una pregunta: ¿Por qué muestran al niño Jesús así, feo, envejecido, adusto? Allí donde debería haber un niño en su más tierna infancia encontramos una criatura con arrugas, calvicie incipiente y la expresión de un filósofo sumergido en sesudas reflexiones.

Lo más curioso es que son así no por falta de pericia de los artistas. Retratos del ¿niño? Jesús. Ejemplos hay para aburrir. Se suponía que debían representar a una mujer joven con su hijo recién nacido o de solo unos años, pero lo que salía de sus pinceles era bien distinto: "niños viejos", criaturas de aspecto no muy saludable que parecen sexagenarios a punto de firmar la jubilación. Y para muestra un botón. O varios. Llega con echar un vistazo al niño Jesús de 'Crevole Madonna' (1283-1284), de Duccio di Buoninsegna que te mira desde el lado derecho de la imagen de la portada.

Detalle de una pintura medieval del Niño Jesús con aspecto envejecido y rasgos maduros.

¿Falta de pericia o convenciones artísticas?

Esa es la primera explicación que se viene a la mente: si pintaban al niño Jesús de esa guisa tal vez fuese por la falta de habilidad de quien manejaba los pinceles. La realidad es bastante más compleja… y fascinante.

Fuesen más o menos habilidosos, al trazar el rostro de Jesús los pintores se guiaban por convenciones, un código asimilado y compartido y un bagaje cultural que en este caso afectaba tanto a la idea de la infancia como muy especialmente la del propio niño Jesús. De hecho una de las claves que nos ayudan a entender estas piezas es que los artistas medievales no buscaban captar fielmente la realidad. Importa el mensaje, no la fidelidad.

"La extrañeza que vemos en el arte medieval se debe a la falta de interés por el naturalismo. Se inclinaban más por las convenciones expresionistas", relata Matthew Averett, profesor de la Universidad de Creighton. Cada pintor manejaba sus propios pinceles y pinturas, cierto; pero en un contexto que influía en sus obras. Ellos eran los creadores, pero recurrían a un lenguaje y unos convencionalismos claros.

"El arte no estaba interesado en el naturalismo, sino más bien en la expresión teológica", recalca en The Conversation Angela McCarthy, de la Universidad de Notre Dame Australia. Y eso no se nota solo en el aspecto con el que se retrataba al niño Jesús. En el arte occidental la teología influyó también en las composiciones: Jesús suele aparecer sentado con una postura madura o envuelto en pañales.

El concepto del "homúnculo" en la representación de Jesús

Si hay una palabra que ayude a entender esos inquietantes "niños-hombre" que descansan en el regazo de María y nos miran desde las tablas medievales es esa: homúnculo, que significa "hombre pequeño".

McCarthy recuerda que su representación artística junto a María empezó a expandirse tras el Concilio de Éfeso, en 431, y no mucho más tarde, en 451, se celebró otro concilio en Calcedonia que resultaría clave para las representaciones del niño Jesús: "Parte de la interpretación que la iglesia hizo del concilio fue que Jesús era plenamente humano y divino. "Perfectamente formado".

Lo que observamos en los retablos de la Edad Media no es por lo tanto una simple representación (más o menos realista) de un pequeño con su madre. No. El mensaje es más complejo... y rico. Nos muestra una idea del Jesús niño influida por la teología cristiana y ciertas convenciones. Y en la que sobrevuela ese concepto, el "homúnculo".

"Existe la idea de que Jesús estaba perfectamente formado y sin cambios", recuerda Averett, "y si combinas eso con la pintura bizantina, se convirtió en una forma estándar de representar a Jesús. Buen ejemplo es el niño que te observa desde el lado izquierdo de la composición que abre este reportaje. La imagen está tomada de 'Madonna della Pace', un icono que, como recuerdan desde la propia Basílica Santi Giovanni e Paolo, fue donado a los dominicos por un senador que lo tomó de Constantinopla a mediados del XIV.

El propósito de la representación del "bebé anciano"

Con su peculiar apuesta por los retratos de niños envejecidos, de bebés-hombres, los artistas lograban algo más que incidir en el concepto de "homúnculo". Sus peculiares niños Jesús influían también en quién miraba.

"La idea detrás de esta representación es eliminar la respuesta emocional que uno tiene hacia el bebé y, en cambio, atraer al espectador hacia una comprensión más importante de la acción de Dios al hacerse humano", explica McCarthy. Dicho de otra forma, por más que se representase en su más tierna infancia, un niño Jesús no debía ser adorable. Sabiduría mejor que ternura.

Al pintar a Jesús o cualquier otra figura religiosa en su infancia, el pincel del artista no debía de mostrar a personajes vulnerables ni mucho menos débiles. Incluso aunque el personaje en cuestión fuese un bebé que no llegara incluso al año. El mensaje que debía transmitirse era otro distinto: sabiduría, poder.

"En aquella época los cuadros los encargaban sobre todo las iglesias.

Del bebé anciano al bebé adorable: la evolución en el arte

No hay convención que dure eternamente. Y la de los homúnculos medievales no fue una excepción. Durante el Renacimiento floreció una nueva clase social que demandó retratos, pero con una vocación distinta: lo que querían era representaciones reconocibles y adorables de sus hijos, no imágenes empapadas de teología, recuerdan desde Vox Magazine.

"En el Renacimiento existe un nuevo interés por observar la naturaleza y representar las cosas tal como se ven en realidad", señala Averett. A su modo, cambia también la idea de la infancia y la actitud de los adultos hacia los más pequeños del hogar. "Más adelante tenemos la idea de que los niños son inocentes. Buscando bebés más realistas.

"Con la llegada del Renacimiento a Italia a partir del siglo XIV, la representación del bebé se volvió mucho más realista. Esta imagen del bambino de gran belleza ha seguido a lo largo de los siglos posteriores", concuerda McCharthy. "En Italia, una clase media al alza quería retratos familiares con sus bebés de aspecto natural y bello. El auge del naturalismo y el realismo en el arte también cambió las representaciones del niño Jesús".

Comparación de arte medieval y renacentista del Niño Jesús, mostrando la evolución hacia representaciones más realistas y tiernas.

El "bebé más viejo del mundo" por adopción de embriones

Ha sido bautizado por la prensa como "el bebé más viejo del mundo". Un bebé varón nació en Ohio de un embrión que llevaba más de 30 años congelado, lo cual establece un nuevo récord mundial.

Lindsey y Tim Pierce, de 35 y 34 años, le dieron la bienvenida a su hijo Thaddeus Daniel Pierce, el pasado sábado. Lindsey le dijo a la revista MIT Technology Review que su familia pensaba que "fue algo como sacado de una película de ciencia ficción".

Se cree que es el embrión que más tiempo ha permanecido congelado antes de dar lugar a un nacimiento con vida. El récord anterior lo ostentaban unos gemelos que nacieron en 2022 a partir de embriones congelados en 1992.

Los Pierce intentaron tener un hijo durante siete años antes de decidir adoptar el embrión que Linda Archerd, de 62 años, concibió en 1994 con su entonces marido mediante fecundación in vitro. En aquel momento, Archerd congeló cuatro embriones. Uno se convirtió en su hija, que ahora tiene 30 años, y los otros tres quedaron almacenados.

A pesar de separarse de su marido, no quería deshacerse de los embriones, donarlos para investigación ni entregarlos a otra familia de forma anónima. Para ella era importante estar presente en la vida del bebé, ya que sería pariente de su hija adulta.

Archerd pagó miles de dólares al año por el almacenamiento hasta que encontró una agencia cristiana que busca padres que quieran adoptar embriones congelados, Nightlight Christian Adoptions. Muchas de estas agencias consideran que sus programas salvan vidas.

El programa al que recurrió Archerd permite a los donantes de embriones elegir una pareja, lo que significa que pueden especificar sus preferencias religiosas, raciales y de nacionalidad. Archerd prefería una pareja cristiana caucásica casada que viviera en Estados Unidos, ya que no quería "salir del país", según le explicó a MIT Technology Review. Finalmente, encontró a los Pierce.

La clínica de fecundación in vitro de Tennessee en la que la pareja se sometió al procedimiento, Rejoice Fertility, afirma que su objetivo es transferir cualquier embrión que reciba, independientemente de su edad o condiciones. Lindsey Pierce afirma que ella y su marido no se propusieron "batir ningún récord", sino que simplemente "querían tener un bebé". Archerd le dijo a MIT Technology Review que aún no ha conocido al bebé en persona, pero que ya le ve un parecido con su hija.

Representación gráfica del proceso de adopción de embriones congelados y su desarrollo.

La leyenda del "niño viejo" en México

En México, es muy común escuchar todo tipo de leyendas que, a pesar de los años, siguen contándose de boca en boca. Un ejemplo de esto es la leyenda de la llorona, una de las más conocidas entre los mexicanos que se remonta a la época prehispánica. Esto demuestra que las historias y leyendas pueden trascender con el paso de los siglos.

Otro ejemplo de esto, es la leyenda del “niño viejo”, un bebé que a los cuatro días de nacido, habló como si de un adulto se tratara. La leyenda cuenta que el bebé, nacido en el poblado de Santiago Papasquiaro, en el norteño estado de Durango, habló cuando apenas tenía cuatro días en el mundo. Corría el año de 1813 cuando una niña de apenas siete años, hermana mayor del mencionado niño, gritó asustada, luego de escuchar al bebé hablar de manera clara y con las palabras bien hiladas.

Las palabras que escuchó la menor de siete años, que salieron de la boca del bebé, fueron: “no des tan recio a la cuna que me duele la cabeza”, lo que provocó que la niña se asustara, pues le parecía increíble y hasta tenebroso que su hermano, que apenas era un bebé, pudiera hablar de esa manera. Espantada, la menor corrió con su madre, pidiendo auxilio.

Al escuchar la historia, la madre, sin creerlo, fue al cuarto con la niña con la intención de demostrarle que lo que había escuchado era solo producto de su imaginación. Al entrar al cuarto, y ver al bebé, meció la cuna, para, enseguida, escuchar ella misma las mismas palabras que había escuchado su pequeña hija de siete años: “no des tan recio a la cuna porque me duele la cabeza”.

Al darse cuenta que la pequeña no mentía, y al no estar preparada para tal impresión, fue corriendo por el cura del pueblo para que le ayudara a comprender el extraño comportamiento del bebé de cuatro días. El religioso, al escuchar hablar al bebé, también se espantó. A él, el bebé le dijo: “señor cura me duele la cabeza, no mezca la cuna, ni tampoco que la mezca el alcalde ni nadie”.

Al enterarse del suceso, el alcalde de Santiago Papasquiaro y el juez de la región, acudieron a la casa donde estaba ocurriendo este insólito hecho, sacaron al bebé de su cuna para comprobar su verdadera edad o descubrir cualquier truco debajo de su ropa, sin embargo, no encontraron nada. Frente al bebé, al que consideraron un ser maligno, determinaron degollarlo para que por su conducto no ocurriera ninguna desgracia en el pueblo. Al escuchar esto, el bebé les respondió que “degollaron al cura Hidalgo que era más inocente que yo, y no será mucho que conmigo hagan lo mismo”, lo que provocó que los presentes se asustaran aún más de lo que ya estaban.

El poblado en el que sucedieron los hechos fue Santiago Papasquiaro, en Durango. Luego de esto, el alcalde de Santiago Papasquiaro y el juez hicieron saber el caso al gobernador del estado de Durango, quedando esto en un expediente que firmaron unos hombres de nombres José Antonio Berúmen y José del Clemente Díaz, de acuerdo con el cronista finado Everardo Gamiz Olivas.

La historia se perdió con los años, aunque se cree que ese bebé de días de nacido que pudo hablar como si de un adulto se tratara, también platicó algunos pasajes de la Independencia de México, haciendo creer a las personas que se trataba de una alma reencarnada, sin embargo, también existe la versión que afirma que, luego de un tiempo, fue mandado a asesinar por órdenes de las mismas autoridades del poblado en el que había nacido.

Ilustración representando la leyenda del

La infantilización de las personas mayores y el "elderspeak"

La infantilización de las personas mayores es un fenómeno social que implica tratarlas como si fueran niños, negándoles su autonomía, capacidades y dignidad. Este comportamiento refleja actitudes profundamente arraigadas en el edadismo, una forma de discriminación que se basa en la edad y que afecta, sobre todo, a las personas mayores.

El habla infantilizada es una de las formas en las que el edadismo se manifiesta, siendo algo recurrente cuando se habla de personas mayores. Elevar el tono de voz; usar frases simples, cortas y poco complejas; o emplear términos exageradamente cariñosos (cariño, cielo, amor, etc.) son características de este tipo de comunicación.

Consecuencias de la infantilización

Al infantilizar a las personas mayores, se les priva de su derecho a tomar decisiones propias, a expresar sus opiniones y a ser tratadas con el respeto que merecen como individuos adultos. Se les hace sentir incapaces o ineptos, incluso cuando, en muchos casos, siguen siendo plenamente competentes y con gran experiencia de vida. Este tipo de trato no solo es condescendiente, sino que también puede resultar perjudicial para su salud mental y emocional, ya que puede generarles una sensación de inutilidad y desesperanza.

El edadismo y su impacto en la sociedad

El edadismo, por otro lado, se manifiesta cuando se asume que todas las personas mayores son frágiles, dependientes y menos capaces, basándose solo en su edad y no en sus circunstancias personales. Es una forma de discriminación que reduce a las personas a un solo aspecto de su identidad: su edad. Esto no solo es injusto, sino que también oculta la realidad de que las personas mayores son seres humanos complejos, con intereses, deseos y habilidades diversas, que deben ser tratados con el mismo respeto y dignidad que cualquier otra persona.

Además, al infantilizar a las personas mayores, se refuerzan estereotipos negativos y limitantes sobre la vejez. La sociedad a menudo glorifica la juventud y la vitalidad, mientras que, al mismo tiempo, disminuye el valor de las personas mayores, considerándolas menos valiosas o productivas. Esto contribuye a la invisibilización de este grupo, que no solo es vital en términos de su contribución social, sino también en lo que respecta a su capacidad de enseñarnos sobre la vida, la sabiduría y las experiencias.

Ejemplos de infantilización en la vida cotidiana

  • Uso de un tono excesivamente suave o condescendiente: Hablarles como si no pudieran entender o comprender lo que se les está diciendo, usando frases como «¿Cómo estás, mi amor?» o ‘Ay, pobrecito, te ayudo?», Este tipo de lenguaje puede hacer que la persona se sienta menos capaz.
  • Tomar decisiones por ellos sin consultarlos: Suposiciones sobre lo que una persona mayor necesita sin preguntar su opinión, como elegir por ellos la comida, las actividades, o decisiones importantes de su vida.
  • Exceso de discapacidad: Por ejemplo, cuando una persona mayor quiere hacer algo pero se le impide porque se supone que no puede hacerlo. Se les puede decir «No, tú no puedes salir solo» o «Deja que lo haga yo, es peligroso para ti».
  • Llamarlos «niños» o «abuelitos» de manera constante: Si bien no está mal referirse a los mayores con cariño, hacerlo de manera excesiva o en contextos donde se les quiere mostrar como menores puede ser una forma de infantilización.

El "elderspeak" o lenguaje para viejos

La manera de hablar a los ancianos como si fueran niños tiene su propio término en el mundo anglosajón: elderspeak, que podría traducirse como “lenguaje para viejos”. Cuando usamos este patrón comunicativo, elevamos la voz, hablamos más lentamente y marcando la pronunciación, usamos frases cortas y echamos mano de los diminutivos, ya que creemos que las personas mayores no van a poder seguir el hilo de la conversación.

Además, el elderspeak se caracteriza por un vocabulario más sencillo, con estructuras de frases más simples y trufadas de apelativos exageradamente cariñosos, preguntas cerradas, repetición de conceptos y un uso reiterado de la primera persona del plural. A la postre, no es muy diferente de la manera en que los adultos nos dirigimos a los bebés, conocida en inglés como motherese o infant directed speech.

Es verdad que el cambio de registro comunicativo puede ser beneficioso y facilitar la comprensión en casos de demencia o deterioro cognitivo, pero en contextos generales es capaz de acarrear consecuencias negativas, como una disminución de la autoestima o sentimientos de ser menospreciados, vergüenza y humillación. Cuando los ancianos son infantilizados de manera continuada, incluso tienen riesgo de caer en depresión.

Es importante que los profesionales sanitarios y cuidadores se conciencien y se formen para tratar adecuadamente a las personas mayores. Por ejemplo, el programa de capacitación Changing Talk (CHAT) -creado por un equipo multidisciplinar del que forma parte Kristine Williams, profesora de Enfermería de la Universidad de Kansas- enseña estrategias de comunicación en este ámbito. CHAT ha demostrado su eficacia para aumentar la confianza y la satisfacción de los profesionales que atienden a ancianos, promoviendo una relación más centrada en la persona que tienen delante.

Pautas para una comunicación respetuosa con personas mayores

  1. Respeto. Eludiremos términos excesivamente cariñosos cuando estén fuera de contexto como “cariño”, “cielo”, “querido”, etc.
  2. Empatía y comprensión. Hay que realizar una escucha activa, aunque a las personas mayores les cueste a veces expresar sus pensamientos o sea difícil entenderlos.
  3. Adaptación de la comunicación al individuo. Como cada persona es diferente, hay que ajustar el ritmo y el lenguaje a sus necesidades particulares. Siempre debemos estar atentos a las señales que puedan hacernos entrever que el interlocutor no se está sintiendo a gusto con nuestra forma de hablar.
  4. Hacerles partícipes de las decisiones. Un error muy frecuente, y que afecta a las emociones de los ancianos, es tomar decisiones por ellos como si no estuvieran presentes. Debemos preguntarles siempre su opinión y sus preferencias e intentar respetar siempre sus elecciones.
  5. Paciencia. Es la clave para conseguir una comunicación efectiva con la persona que tenemos delante y hacer que se sienta cómoda.

No olvidemos que las personas mayores tienen un papel fundamental en nuestra sociedad y que es muy importante poder escuchar y aprender de sus opiniones, valores e historias.

Infografía con consejos para una comunicación respetuosa y efectiva con personas mayores.

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