La capacidad de los estudiantes para gestionar su propio aprendizaje, un concepto íntimamente ligado a la autovalencia académica, se ve significativamente potenciada por la práctica de la autoevaluación. Esta herramienta pedagógica, central en el proceso formativo, permite a los alumnos convertirse en participantes activos y reflexivos de su desarrollo educativo.
¿Qué es la Autoevaluación?
La Autoevaluación se produce cuando un sujeto evalúa sus propias actuaciones. Es un tipo de evaluación que toda persona realiza de forma permanente a lo largo de su vida. Autoevaluarse significa utilizar la habilidad de Evaluar para emitir juicios respecto de nosotros mismos. Es importante destacar que la autoevaluación no significa lo mismo que la autocalificación.
Dentro del proceso formativo, la autoevaluación es justamente una instancia donde podemos situar a nuestros estudiantes como parte activa de su aprendizaje. El Decreto N°67 sobre evaluación, calificación y promoción nos invita a evaluar con una mirada formativa, “es decir, cuando la evidencia del desempeño de éstos [estudiantes], se obtiene, interpreta y usa por profesionales de la educación y por los alumnos para tomar decisiones acerca de los siguientes pasos en el proceso de enseñanza-aprendizaje” (art. N°4).

La instancia autoevaluativa se inserta dentro del proceso de la evaluación formativa, y como tal debe comprenderse como una instancia de recogida de información que permita una posterior toma de decisiones sobre las acciones a seguir para avanzar en el aprendizaje. Mediante la autoevaluación, los alumnos pueden reflexionar y tomar conciencia acerca de sus propios aprendizajes y de los factores que en ellos intervienen. En la autoevaluación se contrasta el nivel de aprendizaje con los logros esperados en los diferentes criterios señalados en el currículo, detectando los avances y dificultades y tomando acciones para corregirlas.
La Importancia de la Autoevaluación en el Proceso Educativo
Esta instancia del proceso de enseñanza-aprendizaje ayuda a diversificar las fuentes de información que permiten al estudiante reflexionar respecto del aprendizaje que ha adquirido hasta ese momento. Además, lo ayuda a observar en qué lugar se encuentra respecto de la meta propuesta y también sirve como instancia para decidir los pasos a seguir desde ese punto.
La autoevaluación es necesaria porque fomenta la metacognición y la autorregulación, habilidades esenciales para la autonomía del estudiante. Como observamos en el Diseño Curricular, muchas de las competencias educativas implican que el alumno sea capaz de "valorar" el patrimonio artístico y cultural, la riqueza lingüística, las actitudes solidarias, etc., en las diferentes áreas. Para aprender a valorar, el único camino existente es practicar valoraciones en distintas circunstancias y en relación con diferentes ámbitos. Una forma de evaluación es la autoevaluación del propio trabajo y la propia actividad.
Claves para una Autoevaluación Efectiva en el Aula
Para que la autoevaluación sea una herramienta potente y no una mera formalidad, es crucial considerar ciertos aspectos:
- Propósito explícito: Debemos compartir y analizar con nuestros estudiantes la finalidad de esta instancia. Así, esta resultará significativa y no se transformará en una acción mecánica.
- Criterios claros: Estos orientarán la reflexión de los y las estudiantes. El proceso de evaluación requiere de la claridad que tengamos respecto de lo que estamos evaluando.
- Entorno seguro: Es fundamental construir un ambiente de confianza para promover la honestidad respecto del propio desempeño. En este sentido, la autocalificación siempre significará un elemento inseguro a la hora de autoevaluarse, ya que junto con la nota vienen las consecuencias.
- Realizarla oportunamente: Durante el proceso de enseñanza y aprendizaje, debe realizarse en algún punto que permita actuar, reelaborar y cerrar la brecha entre lo aprendido y la meta.

Enseñar la Habilidad de Autoevaluar
Finalmente, es necesario recordar que el Evaluar, como toda habilidad cognitiva, debe y puede ser enseñada. Nuestros estudiantes no son expertos evaluadores, por lo que el asignarles la tarea de evaluarse sin tener las herramientas para que puedan hacerlo podría resultar una tarea vacía. Al tratar la autoevaluación en el terreno educativo, hay que considerar la conveniencia de introducir su práctica de manera gradual hasta que el alumno se habitúe a ella.
Es importante orientar a los alumnos a realizar la autoevaluación con seriedad y con corrección. Debemos guiarlos de modo que se evite la excesiva influencia de la subjetividad en la propia evaluación. Como sabemos, la etapa adolescente se caracteriza por ser esencialmente evolutiva y cambiante con gran predominio de la subjetividad.
Ejemplo Práctico
José, docente de Educación Artística, decidió considerar la posibilidad que la autoevaluación sea una actividad realizada por sus alumnos para valorar sus productos. El uso de este registro de auto-observación le permitirá que cada alumno obtenga una valoración de sus trabajos en términos de cada uno de los criterios planteados y de esta manera identificar los aspectos el alumno considera que puede mejorar, y los aspectos en los que ha realizado un buen trabajo.
Un modelo de inicio para guiar la autoevaluación podría ser:
“Estimado alumno(a): Le solicito que se autoevalúe en las actividades desarrolladas en el curso. En primer lugar se le plantean indicadores respecto de su actitud frente al trabajo.
Autoevaluación como apoyo a la motivación del aprendizaje
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