Autonomía Funcional en Adultos Mayores: Un Pilar para la Calidad de Vida

La población anciana es el grupo demográfico que con mayor rapidez está creciendo a nivel mundial, y esta tendencia no excluye a países como Cuba y Chile. El envejecimiento involucra una serie de cambios anatómicos, fisiológicos, psicológicos y sociales, lo que se traduce en una declinación de la función del organismo en su conjunto, aunque no todos los órganos envejecen simultáneamente. El proceso de envejecimiento es el resultado de la compleja interacción de diversos factores, que no solo afectan la salud, sino también el ámbito social, llevando en ocasiones a que los ancianos sean percibidos como "difíciles" por quienes los rodean.

A pesar de los cambios orgánicos, las modificaciones del aspecto físico y el empobrecimiento gradual de ciertas capacidades, el adulto mayor no está exento de potencialidades creativas y necesidades emocionales. La pérdida de ocupaciones en la familia, en el grupo social y en el trabajo puede conducir a la inadaptación social. Sin embargo, la vejez no es una etapa ineludiblemente pasiva; aun siendo difícil, es posible una vejez plena y productiva, dependiendo de virtudes como el coraje para enfrentar limitaciones, la simplicidad para "viajar ligero de equipaje" y la fuerza de espíritu.

infografía sobre cambios fisiológicos y sociales del envejecimiento

Comprendiendo la Autonomía y el Validismo

La gerontología preventiva tiene como objetivo primordial lograr un estado de salud que permita al anciano conservar al máximo su expectativa de vida activa y mantener un alto nivel funcional, preservándolo en su domicilio y en el medio social donde ha vivido, siempre que existan las condiciones requeridas. Este concepto se define como autonomía y validismo.

  • La autonomía es la capacidad del anciano de satisfacer las actividades básicas e instrumentadas de la vida diaria.
  • El validismo es la capacidad física y mental del anciano para desarrollar las actividades básicas e instrumentadas de la vida diaria.

La pérdida de capacidad funcional y la independencia constituyen el principal problema asociado con el envejecimiento. El ciclo vital humano atraviesa por cuatro periodos: infancia, adolescencia, adultez y vejez. A partir de los 60 años, se considera el inicio del ciclo de adulto mayor, donde el proceso fisiológico de envejecimiento se establece plenamente. Este es un proceso inevitable de deterioro gradual determinado por cambios que conducen a alteraciones funcionales a nivel biológico (genético, enfermedades crónicas y fisiológicos), psicológico (estilos de vida, actitud y sentimientos frente a los cambios) y social (desequilibrio gradual, fragilidad física, cambios de rol y disminución del contacto con familiares y amigos). En consecuencia, estos fenómenos pueden conllevar al adulto mayor a perder su autonomía funcional.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), un adulto mayor sano es aquel que es autónomo, considerándose la autonomía como el principal parámetro de salud en este grupo. En este concepto está comprendida la idea de funcionalidad, debiendo definirse el estado de salud entre los envejecidos no en términos de déficit, sino de mantenimiento de la capacidad funcional. De esta manera, el anciano sano es aquel que es capaz de enfrentar el proceso de cambios con un nivel adecuado de adaptabilidad funcional y satisfacción personal. La autonomía, como ejercicio de la plena voluntad, requiere la plenitud de las facultades y no puede entenderse como un "todo o nada". Así como los niños y adolescentes se hacen más autónomos a medida que crecen y maduran, los adultos mayores pueden perder gradualmente su autonomía.

No se trata de infantilizar al adulto mayor y reemplazarlo de plano en sus decisiones, sino de ayudarlo a decidir en la medida de su capacidad parcial. Aunque no pudiese decidir completamente, se respeta su autonomía si su tratamiento respeta sus valores y preferencias. Las decisiones compartidas, con la participación del adulto mayor y de todos quienes le conocen bien, permiten respetar su autonomía. Se propone el criterio de "autonomía con bastón," es decir, una autonomía apoyada y guiada para respetar sus valores y preferencias.

gráfico explicando la autonomía funcional y validismo

La Evaluación Geriátrica Integral como Herramienta Clave

La valoración de la capacidad funcional se incluye dentro del concepto más genérico de Evaluación Geriátrica (EG), entendida como un proceso diagnóstico multidimensional e interdisciplinario. Este proceso está dirigido a evaluar las capacidades funcionales, médicas y psicosociales de un anciano, con el fin de desarrollar un plan de tratamiento y seguimiento. Va más allá del examen médico de rutina, enfatizando los aspectos funcionales y la calidad de vida, su exhaustividad, el uso de instrumentos estandarizados de medida y la participación de equipos multidisciplinarios.

Los objetivos de la EG incluyen: mejorar la certeza diagnóstica, optimizar el tratamiento médico, mejorar los resultados evolutivos, mejorar la capacidad funcional y la calidad de vida, optimizar la ubicación del anciano, reducir la utilización innecesaria de servicios y permitir la gestión de casos. La capacidad funcional es el indicador más potente utilizado en la evaluación geriátrica, con instrumentos de medición (como Kast y Barthel) que se han desarrollado y perfeccionado desde mediados del siglo XX.

Impacto de la Discapacidad en la Vejez

La dificultad o imposibilidad para llevar a cabo las acciones de los dominios de la actividad humana tiene un impacto significativo en la calidad de vida y se relaciona con varios factores críticos:

  • Mortalidad: El riesgo de mortalidad se eleva conforme avanza el grado de discapacidad.
  • Consumo de recursos: La frecuentación hospitalaria (ingresos, estancia media, reingresos), las visitas al médico y la utilización de fármacos se relacionan directamente con el grado de discapacidad.
  • Institucionalización: El riesgo de utilizar una residencia se incrementa notablemente con el deterioro funcional.
  • Utilización de recursos sociales: Los costos del cuidado personal y de ayuda doméstica para individuos mayores de 75 años aumentan conforme aumenta el nivel de dependencia.

La discapacidad es un estado dinámico que permite todas las variantes: puede mejorar y resolverse, mantenerse estable en el tiempo o empeorar. La pérdida de autonomía funcional es una condición frecuente en la geriatría; sin embargo, una persona adulta puede ser independiente para realizar las actividades de la vida diaria y carecer de autonomía para decidir.

Clasificación de Adultos Mayores según su Autonomía Funcional

De acuerdo con su nivel de funcionalidad o autovalencia, los adultos mayores pueden clasificarse en diferentes grupos:

  • Adultos Mayores Autovalentes sin enfermedad crónica: Este grupo representa, por ejemplo, el 57% del total de adultos mayores en Chile. Estas personas suelen vivir en sus viviendas (con familiares, solos o allegados); pocos viven en hogares o casas de reposo. Muchos están integrados en organizaciones de la tercera edad (clubes, talleres, parroquias) donde se reúnen para buscar compañía y esparcimiento, aprendiendo, compartiendo experiencias y expresando su deseo de vivir plenamente.
  • Adultos Mayores Frágiles: Constituyen aproximadamente el 30%. Experimentan ciertas limitaciones que, a pesar de los tratamientos, no mejoran su descompensación. Requieren ayuda profesional para mantener su estado de salud y necesitan la asistencia de terceros (generalmente familiares o centros de atención, no siempre especializados) para realizar actividades de la vida diaria.
  • Adultos Mayores Dependientes: Este segmento concentra entre el 3% y el 5% de la población adulta mayor. Son personas que necesitan ayuda para todas sus actividades de la vida diaria. Su condición de invalidez los mantiene postrados, con un deterioro ostensible de su calidad de vida y la de su grupo familiar, quienes ven agravarse los problemas médicos, sociales y, a veces, legales. En la mayoría de los casos, los familiares cuidadores carecen de preparación para asumir estas tareas, lo que genera mayores gastos y estrés. Dependen de servicios especializados que incluyan cuidados continuos y de larga estancia, paliativos o curativos. La mayoría de estas personas se encuentran en sus casas, independientemente de su condición social, y muy pocas en hogares o asilos.
  • diagrama de los niveles de dependencia en adultos mayores

Estrategias para Fomentar y Mantener la Autonomía Funcional

Para que una persona sea lo más independiente y activa posible durante su vejez, se requiere una preparación previa. No hay duda de que cuanto más autónomo sea el adulto mayor, mejor vivirá esta etapa de la vida. Diversos estudios señalan que aquellos individuos que se mantienen activos tienen más satisfacción vital, se enferman menos y están mejor física y afectivamente. Para lograr esto, se esperan ciertas actitudes previas, como un estilo de vida saludable, ejercicio físico, un propósito vital permanente, el establecimiento de metas y el mantenimiento de lazos con sus redes sociales.

Algunos consejos clave para fomentar la autonomía funcional:

  • Estilo de vida saludable y nutrición: Desde la infancia, es fundamental guiar a las personas para que coman sano y mantengan un peso adecuado para su edad y talla. Es crucial mantener hábitos saludables, ya que las malas prácticas son difíciles de erradicar en la adultez.
  • Actividad física regular: Se deben estimular los deportes semi-competitivos en las primeras etapas de la vida para desarrollar un estado físico competente. Está demostrado que los individuos que mantienen un estilo de vida saludable y practican deportes retrasan considerablemente su tiempo de discapacidad, siendo funcionalmente activos por más años que quienes no hacen ejercicio. La actividad física tiene efectos positivos en la autonomía funcional y el equilibrio.
  • Propósito vital y metas: Los individuos deben establecer propósitos y metas de acuerdo con sus capacidades y edad. Por ejemplo, una persona de 60 años puede tener un propósito a 20 años plazo, mientras que alguien cercano a los 80 podría establecer uno de 4 a 5 años. Estos propósitos pueden ser de todo tipo, y si bien los propósitos vitales deben ser permanentes, las metas pueden ser múltiples y cambiantes.
  • Redes sociales y participación familiar: Es muy significativo que el adulto mayor "salga de sí mismo" y piense en los demás, compartiendo con ellos. Por esta razón, es fundamental que cultive sus redes sociales y la relación con su familia, manteniendo contacto con hijos y nietos, y con sus amigos. Pertenecer a clubes o grupos sociales es muy positivo. Mantener la función cognitiva a través de las relaciones sociales también es clave.
  • Toma de decisiones: Lo ideal es que, mientras mantengan una capacidad cognitiva adecuada, continúen siendo ellos quienes tomen todas sus decisiones (económicas, familiares, de trabajo, viajes, etc.). Las decisiones compartidas, con la participación del adulto mayor y de quienes le conocen bien, permiten respetar su autonomía.
  • Viajar: Realizar viajes es una actividad muy positiva, ya que requiere un propósito vital y una meta. El adulto mayor planifica el viaje, toma decisiones, consulta agencias, elige hoteles, etc., lo que le permite gozar del viaje previamente.
  • Manejo del alcohol: Los adultos mayores no deberían tomar más de una copa de vino (100 cc.), una cerveza o un vaso de licor fuerte al día. Se enfatiza que, si beben, lo mejor es que sea vino.
  • Opciones de vivienda: Las casas de reposo son una opción para adultos mayores que no tienen quien los cuide. No obstante, los mayores de 80 años no deben vivir solos; lo ideal es que tengan a alguien que los cuide o que vivan con algún familiar.

El Ministerio de Salud ha iniciado programas de capacitación para el logro del mantenimiento de la funcionalidad, buscando la sensibilización masiva de los diferentes niveles asistenciales y equipos de salud. El ser humano, como ser social, intercambia experiencias y conocimientos con su medio en todas las etapas de su vida; por lo tanto, el aprendizaje no es algo relegado solo a los grupos jóvenes de la población.

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Contexto Demográfico y Políticas para el Adulto Mayor

El acelerado crecimiento de la población de adultos mayores no es un hecho ajeno a la realidad que viven muchos países, incluido Chile. En Chile, por ejemplo, se observa una progresiva disminución de la población de 15 años y menos (del 28,45% en 2001 al 22,16% en 2025) y un aumento del grupo de 60 años o más (del 10,6% en 2001 al 19% en 2025). Las personas que hoy tienen 60 años vivirán, en promedio, hasta los 78 años. Este aumento poblacional demanda más cuidados y preocupación de todos los sectores, quienes deben asumir esta responsabilidad de manera organizada, viéndola no como un problema sino como una oportunidad para actuar en beneficio de los demás.

El Plan de Acción Internacional de Madrid sobre el Envejecimiento 2002 describe y analiza los retos planteados por el envejecimiento mundial, proponiendo líneas de acción para las políticas sobre envejecimiento. Los programas imprescindibles para el apoyo integral del anciano son aquellos orientados a la salud y los servicios sociales. En 1996, la "Política Nacional del Adulto Mayor" en Chile planteaba como objetivo principal "lograr un cambio cultural que dé un mejor trato a la población adulta mayor", lo que implicaría una percepción distinta del envejecimiento y la necesidad de crear medios para facilitar el desarrollo integral del adulto mayor y mantener o recuperar su funcionalidad.

Los gerontólogos han acuñado el término "edaismo" para referirse peyorativamente a las personas de edad avanzada, implicando una visión tópica y despectiva que considera a las personas mayores como diferentes en opiniones, afectos y necesidades. La vejez es consecuencia de un proceso biológico, pero también una construcción cultural. En la interacción social, las reacciones de los demás hacia una persona influyen en la imagen que esta tiene de sí misma, lo que puede constreñirla a adoptar los comportamientos que se esperan de ella. Por ello, este grupo requiere atención y cuidados que superen las limitaciones del paradigma biomédico.

Investigación sobre Autonomía y Validismo en Policlínico "Tula Aguilera" (Camagüey)

Objetivo y Metodología

Se realizó un estudio de intervención con el objetivo de conocer el grado de autonomía y validismo alcanzado por la tercera edad en dos consultorios del Médico y la Enfermera de la Familia, pertenecientes al Policlínico Comunitario "Tula Aguilera" del municipio Camagüey. El estudio se llevó a cabo desde diciembre de 1998 hasta febrero de 1999.

El universo de trabajo correspondió a 215 pacientes entre los 60 y 89 años de edad. Estos pacientes fueron seleccionados de las historias clínicas familiares de los consultorios. Se les aplicó una encuesta diseñada específicamente para la investigación, la cual contemplaba variables como grupos de edades, sexo, participación familiar, toma de decisiones, intervención familiar y apoyo familiar, antes y después de la intervención. Durante diciembre se aplicó la encuesta inicial, en enero se realizó la intervención y se capacitó al equipo de salud, quienes a su vez transmitieron la información a brigadistas sanitarias y promotores de salud. En febrero, la encuesta se aplicó nuevamente. Los datos obtenidos fueron procesados de forma computadorizada utilizando estadísticas descriptivas, y los resultados se expresaron en tablas.

Resultados Antes de la Intervención

En el análisis de la distribución por grupos de edades y sexo, se observó que la mayoría de los participantes tenían entre 75 y 79 años, y hubo un predominio del sexo femenino en la muestra. Antes de la intervención, la evaluación de la autonomía y validismo fue predominantemente desfavorable. Se encontró que en 143 pacientes (66,50%) la evaluación fue "mala", en 58 (26,28%) fue "regular", y solo en 14 (6,52%) se consideró "buena". Esta evaluación desfavorable se incrementó con la edad y fue más pronunciada en el sexo femenino. En ambos sexos predominaron las evaluaciones de "regular" y "malo".

Resultados Después de la Intervención

Después de la intervención, se observó una mejor comprensión de la autonomía y el validismo en relación con la edad y el sexo. Fue evidente la repercusión de la intervención tanto en el seno familiar como fuera de este. La evaluación de "malo" disminuyó, mientras que las categorías de "regular" y "bueno" aumentaron. La labor realizada por el Médico de la Familia en ambos consultorios demostró ser efectiva, percibiendo una mejora en la aplicación de la autonomía y el validismo en ambos sexos.

Discusión y Conclusiones del Estudio

La población geriátrica nacional e internacional se caracteriza por un mayor número de representantes del sexo femenino, y por la disminución de esta a medida que avanza la edad y se sobrepasa la expectativa de vida. El proceso de envejecimiento puede variar de un individuo a otro en cuanto a la edad en que se comienza a hacer perceptible, la rapidez con que evoluciona y la secuencia en que se afectan los distintos órganos y sistemas. Esto genera una alta heterogeneidad en el grupo de adultos mayores. Limitaciones visuales, auditivas, motoras y de tipo intelectual reducen su autonomía e independencia.

La ancianidad es una etapa vulnerable, relacionada con el incremento de la inadaptabilidad en el núcleo familiar, manifestando sentimientos de soledad y tristeza. La aceptación de funciones por parte de los ancianos parece estar relacionada con la satisfacción de poder ayudar en el hogar en las actividades cotidianas. Por ello, es importante reflexionar sobre la importancia de planificar estrategias de intervención dirigidas a promover una adecuada salud familiar, a través de acciones que permitan a la familia desarrollar sus propios recursos psicológicos y propiciar la autoayuda.

En conclusión, antes de la intervención, predominó una evaluación desfavorable en el comportamiento y conocimiento sobre autonomía y validismo, que se incrementaba con la edad y en el sexo femenino. Después de la intervención, se observó una mejor comprensión de la autonomía y el validismo por edad y sexo, a pesar de que con el incremento de la edad la autonomía tiende a disminuir.

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