La aspirina es uno de los fármacos más empleados en la medicina actual. Su papel en la prevención secundaria -evitar nuevos eventos en personas con antecedentes de enfermedad cardiovascular (ECV)- está bien establecido y su uso es ampliamente respaldado. Sin embargo, el uso de aspirina en la prevención primaria (en pacientes sin antecedentes de infarto o ictus) ha generado un intenso debate científico en los últimos años, especialmente en la población adulta mayor.

Prevención Primaria frente a Prevención Secundaria
Es fundamental distinguir entre ambos enfoques para comprender los riesgos y beneficios:
- Prevención primaria: El paciente nunca ha tenido un ataque cardíaco, accidente cerebrovascular, cirugía de baipás, angioplastia o arterias obstruidas. En este escenario, el beneficio neto de la aspirina es cuestionado y frecuentemente desaconsejado.
- Prevención secundaria: El paciente ya ha sufrido un evento cardiovascular o tiene diagnóstico de enfermedad vascular. Aquí, el tratamiento diario está comprobado y es fundamental para prevenir nuevos episodios.
El cambio en las directrices médicas
Antes de 2019, muchas sociedades médicas recomendaban el uso de aspirina en adultos mayores de 50 años sin un límite superior de edad. No obstante, la evidencia reciente ha llevado a un cambio de paradigma. Organizaciones como la U.S. Preventive Services Task Force (USPSTF) desaconsejan actualmente el inicio rutinario de aspirina para la prevención primaria en adultos de 60 años o más, debido a que el riesgo de hemorragia gastrointestinal o intracraneal supera los beneficios cardiovasculares.
Consideraciones por grupos de edad y riesgo
| Grupo de edad | Recomendación general |
|---|---|
| 40-59 años | Valorar individualmente si el riesgo de ECV a 10 años es >10%. |
| 60-69 años | Valorar individualmente; evitar de forma rutinaria. |
| >70 años | Generalmente no se recomienda para prevención primaria. |
Riesgos asociados: La fragilidad del paciente mayor
A medida que aumenta la edad, también crece el riesgo de sufrir ataques cardíacos, pero simultáneamente incrementa la susceptibilidad a las hemorragias. La aspirina afecta la coagulación sanguínea al inhibir las plaquetas, lo que puede salvar vidas en un evento agudo, pero aumenta el peligro de:
- Sangrado gastrointestinal (úlceras).
- Accidentes cerebrovasculares hemorrágicos.
- Hemorragias intracraneales tras traumatismos o caídas.

El papel específico de la Diabetes Mellitus
Estudios transversales indican que el uso de aspirina es uniformemente alto entre adultos con diabetes (DM), incluso en el contexto de directrices que la desaconsejan. Si bien los pacientes diabéticos tienen un mayor riesgo de ECV, la decisión de prescribir aspirina debe ser personalizada. En pacientes menores de 60 años con diabetes y factores de riesgo adicionales (como hipertensión o tabaquismo), se puede considerar su uso, siempre bajo estricta supervisión médica.
Interacciones medicamentosas y efectos secundarios
La terapia con aspirina no debe iniciarse sin consultar a un profesional de la salud. Es vital informar sobre otros fármacos que pueden aumentar el riesgo de sangrado, tales como:
- AINEs: Ibuprofeno, naproxeno (su uso combinado con aspirina aumenta drásticamente el riesgo de úlceras).
- Anticoagulantes: Como warfarina, apixabán o rivaroxabán.
- Suplementos: Ginkgo, aceite de pescado (omega-3) o ajo, que pueden tener efectos anticoagulantes.
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Conclusiones para el paciente
La prevención cardiovascular debe ser personalizada. Si usted está bajo terapia diaria con aspirina, no debe suspenderla sin consultar a su médico, especialmente si tiene un estent o antecedentes de eventos cardíacos previos. Por otro lado, si es un adulto mayor que no ha tenido eventos cardiovasculares, es necesario reevaluar con su especialista si los beneficios justifican el riesgo de hemorragia.
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