La experiencia de vida de niños, niñas y adolescentes que residen en centros colaboradores del Servicio Nacional de Menores (Sename) en Chile, y ahora en el nuevo Servicio Mejor Niñez, está marcada por una profunda vulnerabilidad y graves desafíos emocionales. Desde el abandono y el maltrato hasta la falta de atención especializada en salud mental, estos menores enfrentan un panorama complejo que moldea su desarrollo integral.

Las Huellas del Abandono y el Maltrato en la Infancia
Los relatos de vida de los menores en el sistema revelan el impacto devastador del abandono y el maltrato. Un ejemplo es el de Pablito, un niño que, a sus diez años, ha pasado los últimos cuatro en residencias transitorias. Su historia se inicia con un entorno familiar de extrema violencia y negligencia, donde su madre, víctima de abuso, sintió un rechazo inicial hacia él, no cuidándolo ni protegiéndolo. La soledad, el abandono y los malos tratos moldearon la existencia de Pablito, quien ha sentido toda su vida que ningún adulto lo cuida o lo ama.
Esta vivencia se traduce en una relación extremadamente difícil con su entorno. Pablito experimenta crisis constantemente y no confía en nadie, poniendo a prueba a los adultos por su creencia de que no cumplirán sus promesas. Tampoco confía en otros niños, a quienes percibe como una amenaza. Como resultado, Pablito es un niño violento, que pega y pierde el control de su cuerpo, manifestando descontrol psicomotor hasta tres veces al día. Cualquier circunstancia que le gatille el recuerdo de esta experiencia de abandono y soledad, lo lleva a una rabia creciente.
La Crisis de Salud Mental en las Residencias
La situación de Pablito no es un caso aislado. Un número significativo de niños, niñas y adolescentes internos en los centros de protección presenta trastornos psiquiátricos severos que no han sido tratados adecuadamente. Según cifras, un 69.1% de quienes estaban bajo el sistema de protección de derechos presentaba al menos un trastorno de salud mental en 2017.
Existe una necesidad urgente de hospitalización psiquiátrica para un grupo de estos menores. Solo en un año, 16 niños y adolescentes de residencias de María Ayuda requirieron internación psiquiátrica, pero solo ocho de ellos lograron acceder a ella. La razón principal es la falta de alternativas en el sistema público de salud para atender de forma permanente o de larga estadía a niños y adolescentes con problemas de salud mental. Las residencias de hogares de menores carecen de lugares adecuados para enviar a los niños que sufren crisis o requieren atención especializada.
Desafíos en la Atención Psiquiátrica y Terapéutica
Las Unidades de Hospitalización de Cuidados Intensivos en Psiquiatría para población infanto-adolescente, ubicadas en hospitales generales, tienen como funciones principales el diagnóstico, tratamiento y compensación de cuadros psiquiátricos agudos, así como la estabilización de trastornos adictivos. Sin embargo, la capacidad es sumamente limitada. «Es casi una fantasía creer que vamos a poder entregarle un cupo a un chico que requiere de mediana estadía si además el período de intervención es entre 4 y 6 meses. Estamos hablando que tenemos la posibilidad de que esa unidad atienda alrededor de 35 chiquillos anuales, no más que eso», asegura Patricia Godoy, quien lamenta que «lo que existe para las características de nuestros sujetos de atención es bastante insuficiente».

Un estudio de la Universidad Católica de 2012 reveló que dentro de la población del Sename, existe una alta conducta de riesgo suicida del 45,3%, evidenciando la magnitud del problema y la urgencia de una intervención especializada. El psiquiatra infanto-juvenil Juan Andrés Mosca explica que los problemas mentales que enfrentan los menores del Sename gatillan trastornos de conductas asociados a déficit atencional, agresividad, hiperactividad e inestabilidad emocional, que en ocasiones conllevan un consumo problemático de drogas. La mayoría de estos niños presenta dos o tres diagnósticos, necesitando tratamientos de salud mental de ultra especialidad.
La Problemática de la Sobremedicación y la Falta de Especialistas
Un aspecto preocupante es el manejo de la medicación. La niña Lisette, por ejemplo, quien falleció en 2016, estuvo «sobremedicada», según la impresión clínica del psiquiatra Rodrigo Paz. Se le suministró un fármaco (benzodiazepina) en dosis que actuaban como antipsicótico, y estuvo expuesta a antidepresivos por años, algunos de los cuales pueden generar efectos adversos como agresividad, impulsividad e irritabilidad en menores. La «poca prolijidad» en la manipulación de estos medicamentos en los centros es «generalizada», con problemas graves de dosificación y sin personal especializado para su correcta administración.
El senador Alejandro Navarro afirmó que el 63% de los niños están con tratamiento farmacológico y más de 3.000 niños carecen de la debida atención médica especializada. A esto se suma que Chile tiene la tasa de suicidio adolescente más alta de la región, pero carece de camas para hospitalización psiquiátrica infanto-juvenil. La escasez de psiquiatras infantojuveniles, que en su mayoría prefieren trabajar en el sector privado, deja a regiones enteras sin acceso a estos especialistas.
El Impacto de la Vulneración en el Desarrollo Integral
Más allá de las patologías mentales diagnosticadas, los niños y niñas en el Sename enfrentan condicionantes sociales que agravan su salud mental. Las vulneraciones identificadas en 2017 abarcaron todos los tipos y formas, centrándose principalmente en una falta de atención generalizada, incluyendo descuidos tan básicos como controles médicos y educación. Se constató que 1.187 niños en residencias no estaban inscritos en ningún establecimiento educacional. Además, existe un tema de género, con más niñas que niños en el sistema residencial, y la realidad del abuso sexual dentro de los centros, perpetrado tanto por otros NNA como por el personal.
Paula de la Cerda subraya una falencia estructural: «Hay un problema de visibilizar que la realidad de estos niños exige una priorización del sistema de salud, porque en vista del daño y el sufrimiento por el que han pasado no pueden ser atendidos como cualquier niño. No es población general, es una población especialmente dañada».
Búsqueda de Soluciones y Reformas Estructurales
Ante esta crítica situación, se han impulsado diversas iniciativas. Un proyecto de ley busca establecer atención preferente para niños, niñas y adolescentes internados en establecimientos del Sename que padezcan enfermedades mentales, garantizando que reciban la misma priorización que adultos mayores y personas con discapacidad al ser atendidos por especialistas o requerir fármacos.
A nivel de proyectos, el psiquiatra Juan Andrés Mosca, durante su gestión en el Minsal, diseñó unidades hospitalarias psiquiátricas de corta y mediana estadía, dirigidas a niños y adolescentes con compromiso psicosocial severo. Actualmente, se impulsa el proyecto piloto de residencia de Alta Especialidad, un centro de mediana estadía para el 9% de los casos con patologías psiquiátricas severas, con un costo anual significativo. Sin embargo, su alcance es limitado, atendiendo a unos 35 chicos anualmente solo en la Región Metropolitana, lo que, aunque es un paso, no es suficiente para la magnitud del problema.
La Lucha por Visibilizar la Realidad de los Más Vulnerables
La creación del “Servicio Nacional de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia”, conocido como Servicio Mejor Niñez, en enero de 2021, busca reemplazar al Sename, con la esperanza de una mejor gestión. No obstante, expertos como Branislav Marelic advierten que, si bien es una declaración de intención del Estado, «no asegura que cambie nada».
El diputado René Saffirio, miembro de la comisión investigadora del Sename, ha denunciado la falta de claridad estadística sobre el número de menores fallecidos bajo tutela del Estado, con cifras oficiales que no concuerdan con informes de Unicef. Además, ha criticado la falta de capacitación del personal, la sobremedicación y la negligencia generalizada. «El Estado de Chile no cumple con sus compromisos internacionales en materia de infancia, ni siquiera sabe cuántos niños hay en sus establecimientos y mucho menos cuántos de ellos han fallecido y cuáles son sus causales».

Mónica Troncoso, jefa de Neurosiquiatría Infantil del Hospital San Borja Arriarán, ha denunciado que la demanda de atención de niños del Sename ha colapsado los servicios de urgencia y que se hace «necesario que se instale a nivel de los hogares de los niños un equipo de salud».
Casos Emblemáticos: Rostros de una Realidad Urgente
La historia de Lisette, fallecida a los 11 años en 2016 en el Centro Galvarino del Sename, es un crudo recordatorio de las fallas sistémicas. Desde los 5 años, la Justicia determinó que sus padres no podían hacerse cargo, y la menor sufrió maltrato físico, psicológico, abuso sexual y abandono. Pese a ello, Lisette seguía escribiendo cartas a su madre pidiéndole volver a casa, expresando su profunda pena y la sensación de que le faltaba «un pedacito de mi corazón».
Lisette era conocida por sus episodios de rabia y «pataletas». Durante una de estas crisis, en la que se golpeó la cabeza y comenzó a sangrar, las cuidadoras, sin conocimientos en primeros auxilios ni estudios superiores, no lograron contenerla. El centro tenía un sobrecupo de más del 50%, y la falta de protocolos de primer nivel impidió una respuesta adecuada. La causa de su muerte fue inicialmente atribuida a una «crisis emocional» por la falta de visita de un familiar, una explicación que costó el puesto a la entonces directora del Sename.

Otro caso trágico es el de Guillermina, de 16 años, quien llegó a un centro de protección a las 4:19 de la mañana, traída por la policía. Se resistió violentamente al reingreso y, menos de media hora después, fue encontrada colgada con sus propios cordones. No era su primer intento de suicidio. A pesar de su estado, no fue llevada a un hospital para una evaluación médica completa, violando los protocolos internacionales de manejo de menores vulnerables. La muerte de Guillermina, en agosto de 2012, se sumó a la larga lista de «egresos» del sistema, un término que equipara el fin de una vida con el escape o la reinserción familiar.
Francisco Estrada, abogado experto en infancia, identifica tres pilares para una solución definitiva: unidades polivalentes con niños adecuadamente medicados y personal dedicado que trabaje con las familias; el objetivo de que los niños regresen con sus familias de origen, rompiendo el ciclo de la pobreza y el maltrato con herramientas y acompañamiento; y una defensa jurídica adecuada que vele por los derechos de los menores. A mediano plazo, el Consejo para la Infancia busca cerrar el Sename y transitar hacia un nuevo servicio, porque «el problema es que los niños no pueden esperar».