El Bienestar Socioafectivo en el Adulto Mayor

La etapa de la adultez mayor, también denominada adultez tardía o vejez, es un fenómeno natural del ciclo vital que implica un desarrollo continuo con pérdidas y ganancias, como destacan Papalia et al. (2009). Durante este periodo, las personas no solo deben enfrentar la toma de conciencia de que sus condiciones biológicas, físicas, intelectuales y psicoemocionales ya no son óptimas. Es a partir de este planteamiento que el entorno social se convierte en un factor fundamental para potenciar, desde el estímulo externo, las condiciones necesarias que promuevan la motivación. Esto permite que la edad adulta tardía ofrezca potencialidades para convertir esta etapa en una adecuada y plena, como señala Meléndez, Tomás y Navarro (2009).

La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece requerimientos desde el entorno para hacer del envejecimiento una etapa de bienestar emocional, satisfacción y exploración de nuevas oportunidades. El bienestar en la vejez se deriva de diversos factores, no solamente biológicos, sino también sociales y personales en su construcción, según Carmona (2009). Es menester aclarar que, indistintamente de la terminología (adultez mayor, adultez tardía o vejez), todos los términos aluden a la misma etapa de la vida del ser humano.

Esquema de factores que influyen en el bienestar del adulto mayor

Impacto del Envejecimiento y los Estereotipos Sociales

De acuerdo con Serdio (2015), el envejecimiento de la población no es solo una cuestión biológica. Desde la visión social, este proceso ha sido interpretado según cómo se proyecta en el entorno y todo lo que conlleva vivir en él. Muchas personas piensan que, en razón del aumento de esta población, en un futuro surgirá una sociedad dependiente, donde el anciano dependerá de otras personas tanto a nivel afectivo como físico, creando una descompensación social. En contraparte, otros opinan que hoy en día encontramos personas de la tercera edad con independencia total y que en el futuro estaremos mejor preparados para llegar a esa etapa viviendo a plenitud.

Sánchez, citado por Rodríguez (2011), indica que las sociedades están atravesadas por una serie de prejuicios con respecto a la vejez como etapa, lo que termina estereotipando la minusvalía que supone llegar a ese momento de la vida. Estos estereotipos incluyen:

  • Los ancianos son percibidos como enfermos y con grandes dosis de discapacidad. Asociado directamente con el término de fragilidad y dependencia, este estereotipo deja de lado a la población de personas mayores capaces de realizar las tareas de la vida diaria de forma autónoma e independiente, que viven solos y que, a pesar de la variedad de enfermedades crónicas que puedan presentar, refieren un estado de bienestar satisfactorio.
  • Los ancianos son percibidos como carentes de recursos sociales, lo que los hace estar solos y deprimidos.
  • Los ancianos son percibidos con deterioro cognitivo y trastornos mentales. Es importante no confundir el deterioro patológico con el declive intelectual propio del envejecimiento.
  • Los ancianos aparecen como psicológicamente rígidos e incapaces de adaptarse a los cambios.

Superar los estereotipos negativos a nivel social permitirá un grado de sensibilización mayor en todos los actores sociales y, por efecto espiral, las propuestas dirigidas a los adultos mayores estarán cada vez menos contaminadas con la visión tradicional hegemónica sobre la vejez (Ferrari, 2015). Todo apunta a reflexionar la trascendencia del papel tan importante que juegan "los abuelos", así como la necesidad irrenunciable de brindarles respeto y apoyo para potenciar sus capacidades y generar un entorno social adecuado con trato y condiciones de vida que promuevan su independencia.

El Entorno Social y sus Elementos

El entorno social, también denominado contexto social o ambiente social, es el lugar donde los individuos se desarrollan en determinadas condiciones económicas, sociales y culturales, y está relacionado con los grupos a los que pertenecen (Ayala, 2020). Abarca a las personas e instituciones con las que el individuo interactúa en forma regular, siendo la cultura en la que fue educado y cómo vive. En este sentido, el entorno social es el espacio constituido por todos los elementos creados por el ser humano, que rodean a los individuos e interactúan con ellos, tales como la infraestructura, las relaciones sociales y el universo cultural.

El entorno social abarca dos aspectos: el material y el inmaterial. La dimensión material comprende la infraestructura, servicios públicos, remuneración del individuo, nivel educativo, entre otros. El hogar, los espacios de formación y trabajo constituyen los principales sitios donde se generan las interrelaciones del entorno social, y de estos depende en gran parte la salud física y mental de las personas. Según Sánchez-González (2007), el aumento del envejecimiento demográfico es un fenómeno universal e implicará adecuaciones ambientales para atender las crecientes necesidades y demandas de servicios, equipamientos e infraestructuras destinados a los millones de adultos mayores vulnerables.

Los elementos que conforman el entorno social pueden variar de acuerdo al lugar donde se encuentre el individuo, y el peso o la importancia de estos cambia según la cultura o valores de cada grupo humano.

La Familia como Eje Fundamental

La familia es la primera instancia donde el ser humano socializa, el primer grupo social de interacción y relaciones, y se vuelve un eje transversal e irrenunciable a lo largo de la existencia humana. Las relaciones familiares son fundamentales, ya que proporcionan apoyo emocional, compañía y un sentido de pertenencia. Contar con el apoyo, amor y respeto de la familia aporta muchísima seguridad a la persona mayor, pues hace que se sienta muy protegida.

No obstante, hay que entender que con el envejecimiento es común que algunos familiares, e incluso el cónyuge, fallezcan, lo cual puede llevar a la pérdida de conexiones sociales esenciales. En el ámbito familiar, el rol de abuelo suele ser uno de los más satisfactorios en la vejez, estableciéndose relaciones sólidas y de confianza con los nietos (Craig y Baucum, 2009; Labarca, 2012). Generalmente, en las familias en las que ambos progenitores trabajan, los abuelos suelen ser los cuidadores principales durante la mayor parte del tiempo (Craig y Baucum, 2009). En el ámbito familiar, el hogar como espacio donde se asienta la familia y la posibilidad de desempeño de actividades son clave para elevar el ánimo de los adultos mayores.

La Escuela y la Sociedad

La escuela es el segundo contexto natural de socialización. La educación en la escuela tiene un papel fundamental en el desafío de romper con un imaginario social que segrega y excluye de las relaciones sociales a la vejez, dejando de lado viejos prejuicios, teniendo capacidad de tolerancia y comprensión hacia el adulto mayor.

La sociedad es el contexto social macro donde crece un individuo y se desarrolla de manera integral, asumiendo los distintos roles que, a medida que el ser humano se desarrolla, va ocupando. Está formada por millones de otros individuos que comparten e interactúan desde determinados valores sociales y culturales. Los organismos internacionales han fijado posición sobre este tema desde el siglo pasado. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), citado por Rodríguez (2011), fundamenta el desarrollo humano en la "creación de un entorno en el que las personas puedan desarrollar su máximo potencial y llevar adelante una vida productiva y creativa de acuerdo con sus necesidades e intereses".

El Bienestar Emocional en la Vejez

Tener bienestar emocional puede parecer algo sencillo, pero no lo es. El bienestar emocional se relaciona con las emociones, las cuales son la base que impulsa la conducta, las actitudes y las relaciones con el entorno. Goleman (1995) define a las emociones como impulsos para la acción, razón por la cual el bienestar en el estado emocional determina la disposición anímica para transitar los procesos de la vida y, aún más, para desarrollar la capacidad humana natural para enfrentar situaciones adversas o complejas, hoy conocida como resiliencia.

Goleman (1995) ha determinado que existen seis emociones básicas que mueven la dinámica del ser humano dentro de su contexto socioemocional: miedo, aversión, sorpresa, alegría, ira y tristeza. Sin embargo, no podemos dividirlas entre emociones buenas y malas, ya que dependen de nuestras experiencias anteriores y el momento presente. Además de las emociones básicas, Goleman (1995) señala que existen emociones secundarias, que son aprendidas a lo largo de la vida y generalmente son la mezcla de dos emociones. Por ejemplo, la vergüenza puede surgir de la culpa y el miedo; los celos, del amor y el miedo. Las emociones secundarias son sociales, es decir, son aprendidas a partir de una interacción con la sociedad en la que vivimos.

La emoción es una compleja combinación entre lo que percibes, cómo reacciona tu cuerpo y lo que te motiva a actuar. El bienestar emocional es de especial particularidad y características cuando se trata de adultos mayores, pues la tercera edad es una etapa en la que la emocionalidad cambia a partir de una serie de factores que determinan la sensación de bienestar. Las emociones cumplen la función de adaptarnos a nuestro entorno; no son buenas ni malas, son señales e información acerca de lo que nos rodea y de nosotros mismos. Lo que sí es calificado como positivo o negativo es la valoración de las personas sobre lo vivido y las emociones ligadas a esas vivencias. Bisquerra (2006) ha propuesto un decálogo del bienestar que muestra indicadores de fácil observación para determinar un funcionamiento emocional adecuado.

Salud emocional para los adultos mayores 🙌👵🏻

Cambios Afectivos y Cognitivos en la Vejez

Los cambios afectivos en la vejez son muy comunes, produciéndose por factores como la falta de aceptación de los cambios físicos, la pérdida de seres queridos o la nueva posición del mayor en la sociedad. En el ámbito biológico, se presenta una degeneración progresiva de las facultades físicas debido a la alteración producida por el paso del tiempo en los tejidos, y al disminuir las capacidades físicas, se incrementa la vulnerabilidad ante las enfermedades y accidentes.

A través de las funciones cognitivas, las personas captamos, almacenamos, analizamos, elaboramos y respondemos a la información. Cuando envejecemos, estas habilidades se deterioran y nos resulta más complicado llevar a cabo todas estas tareas. Sin embargo, existen recursos para mejorar aquellas habilidades que han empeorado como son:

  • Estar motivado.
  • Prestar mucha atención.
  • Repetir.
  • Entrenar la memoria y el aprendizaje.
  • Asociar lo que se quiere recordar y eventos del día a día.

En cuanto a las funciones afectivas, la vejez trae consigo una serie de situaciones conflictivas como la jubilación, la pérdida de seres queridos o la aparición de enfermedades que son complicadas de asumir y que pueden provocar reacciones afectivas negativas como la depresión, la ansiedad o la soledad. Por ello, es importante tratarlo con una combinación de estrategias psicofarmacológicas y psicoterapéuticas. Estos trastornos son la depresión y la ansiedad y suelen tener más prevalencia, en un año y a lo largo de la vida, en las mujeres que en los hombres mayores. Asimismo, del conjunto de los trastornos afectivos, los episodios depresivos son, tanto en hombres como en mujeres, los que presentan una mayor prevalencia.

En el caso de la ansiedad, esta puede presentarse como síntoma, síndrome o trastorno y estar asociada a otra patología como la demencia o la depresión o ser provocada por enfermedades o medicamentos. La depresión, por su parte, es el trastorno mental con mayor prevalencia en los adultos mayores. Las causas pueden ser fisiológicas, psicológicas, sociales y hereditarias. Existen múltiples factores asociados a los cambios afectivos en la vejez, entre ellos se encuentran los psicosociales como la soledad, discapacidad, duelo o empobrecimiento tras la jubilación de la persona mayor.

Los adultos mayores sufren transformaciones emocionales y psicológicas por los cambios vitales que se producen en un momento determinado como es tras la jubilación o la pérdida de un ser querido. Además de esto, con el paso de los años el organismo va perdiendo ciertas condiciones propicias para la actividad sexual y existe una disminución de la actividad hormonal, produciéndose la menopausia femenina y la andropausia masculina.

La llegada a la tercera edad supone una alteración en el componente afectivo debido a numerosos factores, desde sociales hasta biológicos. Como consecuencia, las personas mayores suelen experimentar pérdidas, sentimiento de soledad, disminución de las interacciones sociales, aislamiento, percepción de abandono. Esto puede llevar a sufrir un trastorno depresivo, que suele destacarse por:

  • Poco apetito.
  • Insomnio o hipersomnia.
  • Poca energía.
  • Baja autoestima.
  • Falta de concentración.
  • Desesperanza.

Por ello, es importante contar con profesionales que acompañen al mayor en su día a día y estén pendientes de su situación física y psicológica. Esto es posible a través de la teleasistencia.

Recomendaciones para el Bienestar Emocional en la Vejez

El periodo de la vejez puede ser muy complejo y duro a nivel emocional y afectivo. Por este motivo, es importante:

  • Establecer rutinas que se adapten al nuevo estilo de vida de la persona mayor.
  • Adaptarse a la posibilidad del fallecimiento de un ser querido.
  • Afrontar la propia muerte.
  • Interactuar con otras personas de una edad afín.

Un entorno afectivo adecuado es importante a lo largo de toda la vida, dándosele una importancia superior en la infancia y en la vejez. El colectivo de personas mayores es muy heterogéneo y las problemáticas son muy variadas. Existe la creencia de que las personas mayores tienden a aislarse y a estar tristes, pero eso no es del todo real. Nos encontramos con un grupo importante de ancianos con fuertes vínculos familiares. Por lejanía, trabajo y/u obligaciones familiares, en muchas ocasiones, no pueden pasar el tiempo suficiente que necesitan. Esto lo suplen con una vida social más activa y con apoyos externos, como cuidadores.

Entorno Social y Bienestar Emocional en el Adulto Mayor

La Organización Mundial de la Salud (OMS), en una publicación de 2017 sobre la Salud Mental de los Adultos Mayores, asegura que la salud integral de los adultos mayores se puede mejorar mediante la promoción de hábitos activos y saludables. Ello supone crear condiciones de vida y entornos que acrecienten el bienestar y propicien que las personas adopten modos de vida sanos e integrados.

Las relaciones sociales en esta etapa vital ayudan a que las personas sean más independientes, resolutivas y puedan mejorar sus capacidades cognitivas. Las personas de la tercera edad que reciben un mayor apoyo social en términos de conversaciones telefónicas y visitas con amigos, familiares, vecinos y participan regularmente en actividades sociales, gozan de una mejor salud y un mayor grado de satisfacción en su vida. Una red familiar activa, cercana y propositiva les ayuda a sobrellevar las limitaciones y el dolor de las pérdidas, disminuyendo los factores de angustia.

La Importancia de las Amistades

Las amistades también juegan un papel crucial en la vida social de las personas mayores. Pueden ser amigos de toda la vida con los que compartir recuerdos y confidencias, pero también pueden ser nuevos conocidos, compañeros de actividades, vecinos. En esta etapa vital, las relaciones de amistad ofrecen un apoyo relevante y significativo para el adulto mayor. La percepción de compañía y la disponibilidad de una relación de amistad estrecha son el mejor predictor de felicidad y uno de los factores determinantes para la adaptación positiva al proceso de envejecimiento. La amistad permite sentir a la persona que es más competente, valiosa y útil, favorece la identidad y el autoconcepto, la felicidad y el bienestar personal, la salud, la longevidad y, en algunos casos, la riqueza y el éxito.

Actividades para Fomentar las Relaciones Sociales

Fomentar las relaciones sociales en personas mayores es fundamental para su bienestar. Las personas mayores pueden participar en diversas actividades sociales o de voluntariado que se desarrollan en centros de jubilados, grupos religiosos, etc. A pesar de la jubilación, pueden continuar formándose en cursos, talleres e incluso en la universidad para mayores. También en las residencias es posible crear nuevas relaciones sociales. Además de conocer al resto de residentes con quienes compartir diferentes actividades, también se crean relaciones sociales con el personal del centro basadas en la comunicación y en el vínculo creado mediante los cuidados diarios.

Adultos mayores participando en actividades grupales

Otras actividades para fomentar las relaciones sociales en personas mayores consisten en crear grupos de ejercicio adaptados a las necesidades de los participantes, como por ejemplo caminatas, clases de yoga suave, tai chi o baile. Los juegos de mesa clásicos ofrecen una manera divertida y estimulante para que las personas mayores interactúen socialmente. Actividades como el ajedrez, las damas, el dominó y las cartas no solo proporcionan entretenimiento, sino que también fomentan la comunicación y la camaradería entre los participantes.

Para mejorar las relaciones sociales en personas mayores también conviene mejorar sus conocimientos en tecnología y redes sociales. La interacción diaria con otros residentes, así como con el personal de la residencia, proporciona apoyo emocional y, a la vez, reduce la sensación de soledad fomentando el sentido de pertenencia. Además, la organización de diferentes actividades recreativas y eventos sociales promueve el bienestar físico y mental al mismo tiempo que estimula la mente y el cuerpo.

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