Apoyo Psicopedagógico al Desarrollo Personal del Adulto Mayor

Introducción al Apoyo Psicopedagógico en la Vejez

La investigación que se presenta ha tenido como objetivo establecer una estrategia educativa para el desarrollo personal de los adultos mayores, sustentada en una concepción pedagógica del apoyo psicopedagógico.

Esta concepción revela las particularidades esenciales de la actividad pedagógica en la Cátedra Universitaria del Adulto Mayor, emergentes a partir del sistema de relaciones típicas de ella.

En la concepción pedagógica propuesta se identifican cinco dimensiones clave que participan de forma integrada en la solución de las contradicciones que dinamizan el apoyo psicopedagógico al desarrollo personal de los adultos mayores en el proceso de formación permanente, desde la Cátedra Universitaria del Adulto Mayor:

  • Orientación ético-ciudadana
  • Contextualización sociocultural-comunitaria
  • Dinámica grupal gerontagógica
  • Asesoría gerontagógica
  • Reafirmación autorreferencial sostenida

La propuesta realiza aportes teóricos y prácticos consecuentes con la concepción de Educación a lo Largo de Toda la Vida, las políticas actuales de la educación cubana y el Plan de Acción Internacional sobre Envejecimiento. Dichos aportes se sometieron a la valoración mediante el criterio de especialistas, los que corroboraron el rigor científico de los fundamentos aportados y la factibilidad de su aplicación.

La Adultez Mayor: Percepciones y Desafíos

Las personas que transitan esta etapa no solo deben enfrentar el tomar consciencia de que sus condiciones biológicas, físicas, intelectuales y psicoemocionales ya no son óptimas. Es a partir de ese planteamiento que el entorno social aparece en la escena como un factor fundamental para potenciar, desde el estímulo externo, las condiciones necesarias para promover la motivación que puede encontrar en la edad adulta tardía potencialidades para hacer de esa etapa una que sea adecuada y plena, como destacan Meléndez, Tomás y Navarro (2009: 91).

Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) establece requerimientos desde el entorno para hacer del envejecimiento una etapa de bienestar emocional, satisfacción y exploración de nuevas oportunidades de toda índole. De acuerdo con Serdio (2015), el envejecimiento de la población no es solo una cuestión biológica. Desde la visión social, este proceso ha sido interpretado según cómo se proyecta en el entorno y todo lo que acarrea vivir en este.

Muchas personas piensan que, en razón del aumento de esta población, en un futuro surgirá una sociedad dependiente donde el anciano dependerá de otras personas tanto a nivel afectivo como físico, creando una descompensación en la sociedad. En contraparte, otros opinan que hoy en día encontramos personas de la tercera edad con independencia total y en un futuro estaremos mejor preparados para llegar a esa etapa viviendo a plenitud.

Estereotipos Negativos sobre la Vejez

Sánchez, citado por Rodríguez (2011), señala que las sociedades se encuentran atravesadas por una serie de prejuicios con respecto a la vejez como etapa, que terminan estereotipando la minusvalía que supone llegar a ese momento de la vida.

  1. Enfermos y con grandes dosis de discapacidad: Este estereotipo, asociado directamente con el término de fragilidad y dependencia, deja de lado a la población de personas mayores capaces de realizar las tareas de la vida diaria de forma autónoma e independiente, que viven solos y que, a pesar de la variedad de enfermedades crónicas que puedan presentar, refieren un estado de bienestar satisfactorio.
  2. Carentes de recursos sociales, solos y deprimidos: Una percepción común que a menudo no corresponde con la realidad de muchos adultos mayores activos y conectados.
  3. Deterioro cognitivo y trastornos mentales: Es importante no confundir el deterioro patológico con el declive intelectual propio del envejecimiento.
  4. Psicológicamente rígidos e incapaces de adaptarse a los cambios: Esta visión ignora la capacidad de resiliencia y adaptación que muchos adultos mayores demuestran.

Superar los estereotipos negativos a nivel social permitirá un grado de sensibilización mayor en todos los actores sociales y así, por efecto espiral, las propuestas dirigidas a los adultos mayores estarán cada vez menos contaminadas con la visión tradicional hegemónica sobre la vejez (Ferrari, 2015:25). Todo apunta a reflexionar sobre la trascendencia del papel tan importante que juegan los adultos mayores, así como la necesidad irrenunciable de brindarles respeto y apoyo para potenciar sus capacidades y generar un entorno social adecuado con trato y condiciones de vida que promuevan su independencia.

Infografía sobre estereotipos negativos en la vejez y cómo superarlos

El Entorno Social y su Influencia

El entorno social, también denominado contexto social o ambiente social, es el lugar donde los individuos se desarrollan en determinadas condiciones económicas, sociales y culturales, y está relacionado con los grupos a los que pertenece. El entorno social de un individuo es la cultura en la que el individuo fue educado y cómo vive, y abarca a las personas e instituciones con las que interactúa regularmente.

En el mismo sentido, el entorno social es el espacio constituido por todos los elementos creados por el ser humano, que rodean a los individuos e interactúan con ellos, tales como la infraestructura, las relaciones sociales y el universo cultural que los rodea. El entorno social abarca dos aspectos: el material y el inmaterial.

La dimensión material comprende la infraestructura, servicios públicos, remuneración del individuo, nivel educativo, entre otros. El hogar, los espacios de formación y trabajo constituyen los principales sitios donde se generan las interrelaciones del entorno social, de estos depende gran parte la salud física y mental de las personas.

Según Sánchez-González (2007: 48), el aumento del envejecimiento demográfico es un fenómeno universal e implicará adecuaciones ambientales para atender las crecientes necesidades y demandas de servicios, equipamientos e infraestructuras destinados a los millones de adultos mayores vulnerables. Los elementos que conforman el entorno social pueden variar de acuerdo con el lugar donde se encuentre el individuo, y el peso o la importancia de estos cambia según la cultura o valores de cada grupo humano.

Componentes Clave del Entorno Social

  • La familia: Es la primera instancia donde el ser humano socializa, primer grupo social de interacción y relaciones, y se vuelve un eje transversal e irrenunciable a lo largo de la existencia humana. En el ámbito familiar, el rol de abuelo suele ser uno de los más satisfactorios en la vejez, estableciéndose relaciones sólidas y de confianza con los nietos (Craig y Baucum, 2009: 590) (Labarca, 2012: 405). Generalmente en las familias en las que ambos progenitores trabajan, los abuelos suelen ser los cuidadores principales durante la mayor parte del tiempo (Craig y Baucum, 2009: 185). La posibilidad de desempeño de actividades en el hogar es clave para elevar el ánimo de los adultos mayores.
  • La escuela/Educación: Es el segundo contexto natural de socialización. La educación en la escuela tiene un papel fundamental en el desafío de romper con un imaginario social que segrega y excluye de las relaciones sociales a la vejez, dejando de lado viejos prejuicios, y fomentando la capacidad de tolerancia y comprensión hacia el adulto mayor.
  • La sociedad: Es el contexto social macro donde crece un individuo y se desarrolla de manera integral asumiendo los distintos roles que, a medida que el ser humano se desarrolla, va ocupando. Por supuesto, está formada por millones de otros individuos que comparten e interactúan desde determinados valores sociales y culturales. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), citado por Rodríguez (2011), afirma que el desarrollo humano se fundamenta en la “creación de un entorno en el que las personas puedan desarrollar su máximo potencial y llevar adelante una vida productiva y creativa de acuerdo con sus necesidades e intereses”.

Bienestar Emocional en la Vejez

Tener bienestar emocional puede parecer algo sencillo, pero no lo es. El bienestar emocional se relaciona con las emociones, que son la base que impulsa la conducta, las actitudes y las relaciones con el entorno.

Goleman (1995) define a las emociones como impulsos para la acción, razón por la cual el bienestar en el estado emocional determina la disposición anímica para transitar los procesos de la vida y, aún más, para desarrollar la capacidad humana natural para enfrentar situaciones adversas o complejas, hoy conocida como resiliencia. Goleman (1995) señala que “Todas las emociones son impulsos para actuar, planes instantáneos para enfrentarnos a la vida que la evolución nos ha inculcado”.

Goleman (1995) ha determinado que existen seis emociones básicas que mueven la dinámica del ser humano dentro de su contexto socioemocional: miedo, aversión, sorpresa, alegría, ira y tristeza. Sin embargo, no podemos dividirlas entre emociones buenas y malas, ya que dependen de nuestras experiencias anteriores y del momento presente.

Además de las emociones básicas, Goleman (1995) señala que existen emociones secundarias. Estas, a diferencia de las básicas, son aprendidas a lo largo de la vida y generalmente son la mezcla de dos emociones. Por ejemplo, la vergüenza puede surgir de la culpa y el miedo; los celos, del amor y el miedo. Las emociones secundarias son sociales, es decir, que estas son aprendidas a partir de una interacción con la sociedad en la que vivimos.

En el mismo orden de ideas, la emoción es una compleja combinación entre lo que percibes, cómo reacciona tu cuerpo y lo que te motiva a actuar. El bienestar emocional es de especial particularidad y características cuando de adultos mayores se trata, pues la tercera edad es una etapa en la que la emocionalidad cambia a partir de una serie de factores que determinan la sensación de bienestar.

Según Carmona (2009), “el bienestar en la vejez se deriva de diversos factores -no solamente biológicos- sino también sociales y personales en su construcción”. Las emociones cumplen la función de adaptarnos a nuestro entorno; no son buenas ni malas, son señales e información acerca de lo que nos rodea y de nosotros mismos. Lo que sí es calificado como positivo o negativo es la valoración de las personas sobre lo vivido y las emociones ligadas a esas vivencias.

A propósito de lo referido anteriormente, se considera pertinente aportar lo que Bisquerra (2006) ha llamado el decálogo del bienestar, que muestra indicadores de fácil observación para determinar un funcionamiento emocional adecuado.

Personas mayores: ¿Cómo proteger su salud mental? | Sana Mente

La Adultez Mayor: Una Etapa del Ciclo Vital

Es menester aclarar que indistintamente los términos adultez mayor, adultez tardía o vejez, todos dan cuenta de un mismo fenómeno: una etapa de la vida del ser humano.

Para Rodríguez (2011), “la etapa de vejez del ser humano ha sido el resultado del desarrollo del proceso del ciclo vital, el cual ha estado enmarcado por las características de lo que ha vivido a lo largo de sus etapas a nivel individual, social, desde su historia de salud y de los determinantes de esta (estilos de vida, biología, sistemas de salud, ambiente)”.

Al respecto, Papalia, et al. (2009, 4) sostienen que se debe asumir una visión positiva de la vejez, considerándola como un proceso natural de desarrollo que incluye tanto pérdidas como ganancias. Papalia (2012) denomina la edad de los adultos mayores como Adultez Tardía, y la caracteriza citando y desarrollando aquellos aspectos que suman los rasgos generales más comunes que enfrenta este momento de la vida del ser humano.

Características de la Adultez Tardía

  • Ámbito biológico: Se observa una degeneración progresiva de las facultades físicas debido a la alteración producida por el paso del tiempo en los tejidos. Al disminuir las capacidades físicas, se incrementa la vulnerabilidad ante las enfermedades y accidentes, así como la tendencia natural del anciano a descompensarse con facilidad.
  • Ámbito psicológico: Incluye las alteraciones propias de esta etapa que influyen de manera determinante en la forma de establecer sus vínculos con su entorno familiar y social. Específicamente, Erikson, citado por Papalia (2012), hace mención desde su enfoque psicodinámico al conflicto de la “integridad del yo vs. desesperanza”. La virtud que es posible desarrollar durante esta etapa es la sabiduría, “una preocupación informada y desapegada por la vida al enfrentar la muerte”.
  • Ámbito social: La persona que llega a la llamada tercera edad y se jubila, se ve de pronto retirada de sus actividades laborales y responsabilidades anteriores. De un día para otro experimenta que disminuye su relación con los demás, su movilidad se hace más difícil, la comunicación y la participación social bajan de intensidad, razón por la cual el entorno de la persona mayor se va reduciendo luego de la jubilación.

La Psicopedagogía y su Rol en el Envejecimiento Activo

La psicopedagogía, como ciencia social centrada en el estudio de los procesos del aprendizaje y la enseñanza, no se limita a una edad concreta del ser humano. De hecho, la psicopedagogía en la tercera edad, a partir de los 60-65 años, adquiere especial importancia y la intervención psicopedagógica se vuelve, en muchos casos, imprescindible para lograr una mayor calidad de vida.

Aunque la psicopedagogía suele identificarse especialmente con la intervención en la infancia, lo cierto es que abarca todo el proceso vital del individuo, ya que este nunca deja de aprender gracias a la plasticidad cerebral. La adquisición de conocimientos no solo depende del estudio, también está estrechamente ligada a la experiencia y práctica.

El envejecimiento es un proceso natural y fisiológico que va acompañado de un deterioro de las funciones cognitivas. De manera progresiva, se produce una pérdida de memoria y concentración, al mismo tiempo que el procesamiento de la información se vuelve más lento. Pero, al igual que durante la infancia cada niño tiene su propio ritmo de aprendizaje, en la vejez sucede lo mismo y ese deterioro de funciones afecta a cada adulto de una manera diferente.

Existen determinados condicionantes que pueden acelerar o ralentizar el proceso, como la formación de la persona, su grado de actividad, si sufre alguna enfermedad crónica, si toma medicación o, incluso, el entorno que lo rodea. Esa merma en las funciones que irremediablemente se produce con el paso de los años no impide que las personas puedan seguir aprendiendo, eso sí, es necesario otro tipo de intervención, con motivaciones diferentes y técnicas apropiadas, planteadas especialmente para esta fase de la vida.

Es fundamental que el adulto siga ejercitando su cerebro, adquiriendo nuevos conocimientos que contribuyan a su desarrollo. De ahí la importancia de la psicopedagogía.

Tipos de Envejecimiento

Es necesario diferenciar en el envejecimiento dos aspectos clave:

  • Envejecimiento fisiológico: El proceso más relacionado con el paso del tiempo en sí y que no tiene por qué ir acompañado de ninguna enfermedad.
  • Envejecimiento patológico: Los cambios en el organismo que pueden producir patologías tanto físicas como mentales.

Importancia de la Intervención Psicopedagógica

Según datos del INE, en las últimas dos décadas, entre 2001 y 2020, la población de personas mayores de 65 años en toda la UE pasó del 16 % al 21 %, lo que representa un aumento de 5 puntos porcentuales. En el caso de los mayores de 80, esa población casi se duplica: si en 2001 representaban un 3,4 %, en 2020 alcanzaban el 6 %.

Eso, unido al descenso de jóvenes, se traduce en una población cada vez más envejecida, que presenta unas necesidades específicas que exigen un diseño de acciones interdisciplinares en busca de un envejecimiento activo, y ahí la psicopedagogía tiene mucho que aportar.

El cerebro es el órgano que dirige la mayor parte de las funciones del organismo y el sistema nervioso del ser humano. Es el encargado de procesar toda esa información que recibe constantemente y de coordinar respuestas y acciones. El paso del tiempo provoca en él ciertas modificaciones que pueden llegar a producir enfermedades neurodegenerativas, frente a las cuales el entrenamiento cognitivo se vuelve la mejor prevención.

Ese entrenamiento llega a través de la intervención psicopedagógica y la psicoestimulación, para trabajar con las habilidades del adulto de manera constante, fomentando su autonomía. Ese trabajo debe realizarse en un entorno favorable y con estímulos que inciten a la actividad. Otro de los aspectos a tener en cuenta es que no debe ser un trabajo aislado, sino que debe fomentar las relaciones sociales.

Esta intervención tiene un marcado carácter preventivo y debe responder a una serie de principios:

  • No se trata de un proceso en el que los mayores reciban información de manera pasiva; deben responder e interactuar.
  • No es tan importante el hecho de que asimilen nociones nuevas como el de promover su actividad intelectual incluso recordando conceptos que ya manejan, reforzándolos.
  • Las tareas que se les propongan han de exigir cierto esfuerzo, que debe ir en consonancia con sus capacidades.
  • Deben identificarse tanto aquellos aspectos que dificultan el aprendizaje para tratar de salvarlos, como las cuestiones que resulten motivadoras y lo favorezcan.

En cuanto a sus objetivos, la intervención psicopedagógica busca:

  1. Priorizar la autonomía de cada individuo.
  2. Abordar los déficits cognitivos para tratar de paliar sus consecuencias.
  3. Promover las relaciones interpersonales.

La labor del psicopedagogo debe comenzar con una evaluación neuropsicológica del adulto para, a partir de los resultados obtenidos, diseñar y plantear una estrategia de intervención adaptada. El envejecimiento es irreversible, pero la psicopedagogía contribuye a ralentizar el proceso aplicando diferentes técnicas.

Esquema de las fases de una intervención psicopedagógica en adultos mayores

Conexión entre Entorno Social y Bienestar Emocional

Una vez tratados los aspectos relativos a la adultez mayor en el marco de una perspectiva de vejez positiva, es crucial vincular el entorno social y el bienestar emocional del adulto mayor.

A propósito de lo antes mencionado, la Organización Mundial de la Salud (OMS), en una publicación presentada el 12 de diciembre de 2017 con respecto a la Salud Mental de los Adultos Mayores, asegura que la salud integral de los adultos mayores se puede mejorar mediante la promoción de hábitos activos y saludables.

Ello supone crear condiciones de vida y entornos que acrecienten el bienestar y propicien que las personas adopten modos de vida sanos e integrados. Lo anteriormente expuesto son las condiciones objetivas e incluso sugiere la concepción que en cuanto a esta etapa evolutiva deben tener las políticas de Estado de cada país.

En términos subjetivos, la calidad de vida es un término que también se halla vinculado al bienestar emocional. Según Glatzer y Zapf, citados por Palomba (2003: 255-256), “el concepto de calidad de vida constituye un término multidimensional del bienestar que significa que las condiciones de vida <objetivas> son satisfactorias y que se tiene un alto grado de bienestar <subjetivo>; incluye, además de la satisfacción individual de las necesidades, el bienestar colectivo”.

De modo que, al tomar consciencia clara de las condiciones y características propias de la adultez mayor, vejez o edad adulta tardía, es fácil enfocarse en cómo acompañar esta etapa logrando hacerla satisfactoria e, incluso, productiva.

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