El cuidado -del latín cogitatus- trasciende la mera afectividad; implica una solicitud y atención reflexiva y racional hacia el otro. Las personas mayores presentan una situación de particular fragilidad y vulnerabilidad, un estado de exposición aumentada frente a eventos adversos de salud que afecta a un 7% de los mayores de 65 años, prevalencia que aumenta con la edad. Esta vulnerabilidad es, precisamente, el origen de la ética y la justificación racional para la justicia social.

La dignidad como imperativo ético frente al edadismo
Existen mínimos éticos exigibles en la asistencia a las personas mayores, fundamentados en un Principio Formal Universal que exige tratar a todo ser humano con igual consideración y respeto. Bajo el imperativo kantiano, la persona es un fin en sí misma; posee dignidad y no precio, lo que convierte el respeto a dicha dignidad en una obligación moral absoluta.
Sin embargo, en la práctica asistencial surge el edadismo (del inglés ageism), una forma de discriminación sociosanitaria basada exclusivamente en la edad. Este fenómeno genera conflictos éticos graves, especialmente cuando se racionalizan recursos médicos -como camas de cuidados intensivos o respiradores- privando a los mayores de tratamientos por criterios de edad cronológica, lo cual es éticamente cuestionable.
El fenómeno del abandono y la exclusión social
El abandono se conceptualiza como la falta de acción para atender las necesidades básicas de un adulto mayor por parte de quien tenía el deber de cuidarlo. Este fenómeno es multicausal y refleja un déficit en el funcionamiento de las estructuras familiares y sociales.
- Exclusión social: Muchos adultos mayores experimentan el desarraigo, siendo estigmatizados y categorizados como "improductivos" o "peligrosos", lo que justifica, ante la mirada social, su marginación.
- Impacto psicológico: La soledad y el aislamiento, derivados del descuido familiar, aumentan drásticamente la sintomatología depresiva. Estudios realizados en centros de retiro han confirmado que la ausencia de visitas familiares correlaciona directamente con un deterioro rápido de la salud mental.
- Condiciones de indigencia: El abandono social extremo conduce a la vida en la calle, donde el Estado a menudo no logra cumplir con sus obligaciones de protección, alimentación y salud, dejando al individuo en una intemperie institucional.
Tipos de abandono al Adulto Mayor | Fundación Psicóloga de Abuelos | Tu Salud Guía
Hacia un nuevo paradigma: la Atención Centrada en la Persona (ACP)
El modelo actual de atención está migrando desde prácticas restrictivas hacia el enfoque de Atención Centrada en la Persona (ACP). Este cambio de paradigma prioriza la autonomía, el empoderamiento y la calidad de vida, rechazando el uso sistemático de sujeciones físicas y químicas.
El conflicto de las sujeciones
El uso de sujeciones, ya sean físicas (dispositivos que limitan el movimiento) o químicas (fármacos que inhiben la actividad), se ha normalizado en muchos centros sociosanitarios. No obstante, no existe evidencia científica que avale su uso como medida terapéutica. La ética profesional exige buscar alternativas menos restrictivas, garantizando que el cuidado respete la integridad personal y la voluntad del individuo.
Autonomía e institucionalización
El ingreso en una institución debe ser, siempre que sea posible, un acto voluntario. Cuando la persona ha perdido su capacidad cognitiva, la autorización judicial no debe ser vista como un trámite burocrático, sino como la garantía fundamental de que sus derechos no serán vulnerados. La persona debe tener la última palabra sobre su lugar de residencia, incluso si esto implica asumir riesgos, siempre que mantenga la competencia para decidir.
Recomendaciones para una atención ética
Para mitigar el abandono y mejorar la calidad de vida de los adultos mayores, es imperativo:
- Diagnóstico temprano: Identificar síntomas depresivos y de deterioro cognitivo mediante herramientas validadas, como la Escala de Depresión Geriátrica de Yesavage.
- Atención integral: Superar el enfoque puramente biomédico para abordar las necesidades sociales y emocionales.
- Formación ética: Capacitar a los profesionales del cuidado en la detección del maltrato y en la aplicación de modelos de atención sin sujeciones.
- Exigibilidad de derechos: Fomentar el conocimiento de los marcos legales (como las Leyes del Adulto Mayor) para que los propios afectados puedan exigir el cumplimiento de sus derechos a la alimentación, vivienda y salud.