La anemia es una afección médica que afecta a millones de personas en todo el mundo, y su prevalencia es especialmente alta entre los adultos mayores. Se define como una disminución en la cantidad de glóbulos rojos o de hemoglobina en la sangre. La hemoglobina es la proteína responsable de transportar oxígeno a los tejidos del cuerpo. Sin un suministro adecuado de oxígeno, los tejidos y órganos no pueden funcionar correctamente, lo que lleva a diversos síntomas y complicaciones.
La anemia en ancianos no es una consecuencia inevitable del envejecimiento, sino más bien un indicador de una o más enfermedades subyacentes que requieren diagnóstico y tratamiento. Su presencia a menudo se considera inocua y parte del proceso normal de envejecimiento, lo cual es un error, ya que en ningún individuo de este grupo de edad y bajo ninguna circunstancia la presencia de anemia carece de importancia.
¿Qué es la Anemia?
La anemia se produce cuando no tienes suficientes glóbulos rojos sanos o hemoglobina para transportar oxígeno a los tejidos del cuerpo. La hemoglobina es una proteína que se encuentra en los glóbulos rojos y transporta el oxígeno desde los pulmones a los demás órganos del cuerpo. Los glóbulos rojos contienen esta proteína rica en hierro que le da a la sangre el color rojo. La materia esponjosa que tienen dentro muchos de los huesos grandes, denominada médula ósea, produce glóbulos rojos y hemoglobina.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la anemia como una concentración de hemoglobina inferior a 12 g/dL en mujeres y menor a 13 g/dL en hombres. Para la correcta definición de anemia, se debe utilizar la concentración plasmática de hemoglobina (Hb), y rechazar otros parámetros como por ejemplo el hematocrito, ya que este se halla sometido a variaciones en función de la volemia. Cuando la Hb desciende por debajo de 12 g/dL, la producción de eritropoyetina se incrementa significativamente, al igual que las complicaciones en pacientes posquirúrgicos, mientras que la sensación de calidad de vida global desciende de forma importante.

Prevalencia de la Anemia en la Población Anciana
La prevalencia de anemia se incrementa con la edad y según las características específicas de los ancianos analizados. La anemia en ancianos afecta al 12-15% de los mayores de 60 años y supera el 20% en quienes tienen 85 años o más. En ancianos que cumplen criterios de fragilidad, la prevalencia es mucho mayor, oscilando entre el 48% y el 60%.
No obstante, debe subrayarse que la prevalencia de anemia grave (Hb < 10 g/dL) es relativamente baja (11-13%) en esta población. Sin embargo, no debemos cometer el error de pensar que la anemia es un hecho fisiológico del envejecimiento, sino que es indicativa de una o más enfermedades subyacentes y se asocia a mal pronóstico vital y funcional a medio-largo plazo.
Causas de la Anemia en Ancianos
Las posibles causas de la anemia en personas mayores abarcan múltiples factores que frecuentemente coexisten. En ancianos, se asume que la anemia es de origen multifactorial. Las grandes revisiones reúnen las causas de la anemia en tres grandes grupos, cada uno de los cuales supone aproximadamente un tercio de los casos, conformando la llamada "regla de los tercios":
- Anemias deficitarias o carenciales: Causadas por la falta de nutrientes esenciales.
- Anemias asociadas a trastornos crónicos: Relacionadas con enfermedades de larga duración.
- Anemias inexplicadas: Casos en los que no se logra identificar una etiología específica.
1. Anemias Deficitarias (Carenciales)
Las deficiencias nutricionales son responsables de aproximadamente el 34% de los casos de anemia en pacientes geriátricos y encabezan las causas reversibles de anemia. La médula ósea necesita hierro, folato y vitamina B12 para producir suficientes glóbulos rojos sanos.
- Anemia por deficiencia de hierro (Anemia Ferropénica): Es la más frecuente y la escasez de hierro en el organismo la provoca. En ancianos, casi siempre se debe a pérdidas de sangre más que a no ingerir suficiente hierro, lo que es muy importante tener presente. Los adultos mayores enfrentan un riesgo mayor debido a la disminución de la acidez gástrica, factor que compromete la absorción del hierro alimentario. La pérdida de sangre también puede provocarla.
- Anemia por deficiencia de vitaminas (Megaloblástica): Además del hierro, el cuerpo necesita folato y vitamina B12 para producir suficientes glóbulos rojos sanos. En ancianos, la deficiencia de vitamina B12 adquiere especial importancia, pues los síntomas neurológicos aparecen antes que los hematológicos, dificultando el diagnóstico precoz. Algunas personas no absorben la vitamina B12. La carencia de folato, aunque menos frecuente, persiste en adultos mayores con dietas restrictivas o consumo excesivo de alcohol.
2. Anemias Asociadas a Trastornos Crónicos
La anemia en las enfermedades crónicas, de tipo hipoproliferativo, es muy frecuente en sujetos ancianos y corresponde a más de un 30% de los casos. Se relaciona sobre todo con condiciones inflamatorias y en general se instala cuando se tienen como condiciones subyacentes enfermedades infecciosas crónicas, trastornos autoinmunes o malignos.
- Anemia por inflamación: Las enfermedades que causan una inflamación continuada pueden impedir que el organismo produzca suficientes glóbulos rojos. Su cuerpo produce sustancias inflamatorias que dificultan la absorción del hierro, aunque este mineral esté disponible en el organismo. Las condiciones que más la provocan incluyen artritis reumatoide, problemas del corazón, diabetes e infecciones que no se curan completamente.
- Insuficiencia renal crónica (IRC): Los riñones no funcionan bien y dejan de producir eritropoyetina, una hormona que ayuda a formar glóbulos rojos. La IRC es muy frecuente en sujetos ancianos, pues la función renal experimenta cierto grado de deterioro con la edad. La causa principal es la disminución en la producción de eritropoyetina (EPO).
- Anemias relacionadas con la enfermedad de la médula ósea: Enfermedades como la leucemia, mielofibrosis, síndromes mielodisplásicos y mieloma múltiple pueden afectar al proceso de producción de sangre de la médula ósea y son más comunes en adultos mayores. La anemia aplásica, poco frecuente y potencialmente mortal, ocurre cuando el cuerpo no produce suficientes células sanguíneas nuevas.

3. Otras Causas y Tipos de Anemia Relevantes en Ancianos
- Pérdidas de sangre (hemorragia abundante): Las hemorragias, tanto manifiestas como ocultas, son unos de los principales desencadenantes de la anemia en la tercera edad. La pérdida de sangre puede ser repentina (lesión, cirugía) o, frecuentemente, gradual y repetitiva (hemorragia crónica). El sangrado gastrointestinal crónico, vinculado al uso de antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) o aspirina, encabeza las fuentes de pérdida sanguínea. También puede deberse a trastornos en el tracto digestivo o el urinario, o pólipos y cánceres.
- Anemias hemolíticas: Este grupo de anemias se debe a que los glóbulos rojos se destruyen más rápido de lo que la médula ósea puede reemplazarlos. Ciertas enfermedades de la sangre o problemas del sistema inmunológico hacen que los glóbulos rojos se destruyan más rápidamente.
- Anemia de células falciformes (Drepanocítica): Esta afección hereditaria y algunas veces grave es un tipo de anemia hemolítica, alterando la forma de los glóbulos rojos. En personas mayores de nuestro entorno es poco habitual, pero puede aparecer si la persona ya convive con esta enfermedad desde su juventud.
- Anemias inexplicadas: Un numeroso grupo de ancianos en los que no es posible establecer la fisiopatología de la anemia, lo que puede ser representativo de un espectro de etiologías aún no tomadas en cuenta o de una fisiopatogenia caracterizada de forma incompleta.
Síntomas de la Anemia en Ancianos: ¿Cómo Reconocerla?
Muchas veces, los síntomas de anemia severa en ancianos se confunden con algunos cambios normales del envejecimiento, lo que retrasa el diagnóstico. La anemia puede ser tan leve que no muestre síntomas al principio, o puede estar enmascarada por otra enfermedad. Los síntomas varían en función de la gravedad de la anemia y de la velocidad con que se desarrolle. Aquí te ayudamos a identificar las señales de alerta:
- Fatiga constante y debilidad: El agotamiento es el síntoma más frecuente y se diferencia del cansancio normal, pues no mejora aunque la persona descanse. Se siente sin energía para hacer cosas que antes podía hacer sin problemas. La debilidad muscular aparece porque los músculos no reciben suficiente oxígeno, desarrollando poco a poco, durante semanas o meses.
- Somnolencia: La falta de oxígeno hace que la persona tenga mucho sueño durante el día y cambie sus patrones de descanso. Los familiares suelen comentar que «duerme más de lo normal» o que se queda dormido en momentos inusuales.
- Mareos y aturdimiento: Son una de las consecuencias de la falta de oxígeno suficiente en el cerebro, especialmente frecuentes al levantarse o hacer actividad física mínima, aumentando el riesgo de caídas. La inestabilidad relacionada con la anemia puede provocar caídas.
- Palidez: La piel y mucosas se ven más pálidas, aunque puede ser difícil de notar en personas de edad avanzada. La palidez en los ojos, uñas y boca es más fácil de detectar.
- Dificultad para concentrarse y cambios cognitivos: Aparecen problemas de concentración, memoria a corto plazo y dificultad para procesar información. Estos síntomas se confunden frecuentemente con deterioro cognitivo relacionado con la edad. La anemia causada por la deficiencia de vitamina B12 se puede confundir con la demencia debido a que puede afectar la función mental.
- Deterioro funcional: Se manifiesta como necesidad de ayuda para tareas que antes hacía solo, menos movilidad y dificultades para cuidarse a sí mismo.
- Problemas cardíacos: La anemia puede derivar en latidos del corazón irregulares o acelerados, lo que se denomina arritmia. En caso de anemia, el corazón debe bombear más para compensar la escasez de oxígeno en la sangre. La disnea durante la actividad se produce porque los tejidos demandan oxígeno que la sangre no puede suministrar adecuadamente.
Anemia: qué es y qué la causa
Implicaciones Pronósticas y Consecuencias de la Anemia en el Anciano
En los últimos años, grandes estudios epidemiológicos han documentado que la existencia de anemia en el anciano, aunque no sea grave, es un factor predictivo de mal pronóstico funcional y vital a medio-largo plazo. Esta afirmación es válida tanto para ancianos aparentemente sanos como para aquellos que cumplen criterios de fragilidad. Se ha descrito una relación en U entre la cifra de Hb y el pronóstico del paciente anciano, de tal forma que los que presentan peor pronóstico son aquellos cuya cifra de Hb está situada en el primer (anémicos) o quinto quintil (poliglobúlicos).
Deterioro Funcional y Riesgo de Caídas
La existencia de anemia se asocia a menor resistencia física y mayor riesgo de discapacidad, ambos factores de riesgo independiente de caídas. Se ha demostrado una fuerte asociación entre anemia y las características fenotípicas del síndrome de fragilidad como sarcopenia, reducción de la fuerza muscular y problemas de movilidad. La anemia leve se asocia con un incremento del riesgo de dificultad en la movilidad y multiplica por 3 el riesgo de padecer una caída, que suele ser más grave porque con mayor frecuencia se asocia a fractura. Un incremento de 1 g/dL en la concentración plasmática de Hb puede reducir hasta en un 45% el riesgo de fractura.
Alteraciones Cognitivas
Algunos estudios han analizado la relación entre anemia y alteraciones cognitivas subclínicas como la función ejecutiva. Se ha observado que las pacientes anémicas tenían un riesgo 4 veces superior de obtener peores puntuaciones al realizar test cognitivos específicos. La anemia es un factor de riesgo predisponente para el desarrollo de delirium entre los pacientes ingresados y su corrección contribuye a la normalización de las alteraciones cognitivas. En pacientes con insuficiencia renal crónica terminal, se ha observado una mayor prevalencia de alteraciones cognitivas (confusión, pérdida de memoria, pérdida de atención) entre aquellos que no tienen corregida la anemia.
Impacto en la Calidad de Vida
La anemia en ancianos también induce una peor percepción de calidad de vida. Los que tenían anemia presentaban una peor percepción de calidad de vida medido mediante escalas validadas. Además, existía un descenso progresivo en estas puntuaciones cuando la Hb caía por debajo de 15 g/dL. Junto a peor calidad de vida percibida, los ancianos anémicos presentaban peor estado funcional y resistencia física.
Enfermedad Cardiovascular y Mortalidad
La existencia de anemia se asocia a reducción del transporte de oxígeno a los tejidos periféricos, activando mecanismos compensatorios hemodinámicos. Puede desarrollarse hipertrofia del ventrículo izquierdo que favorecería la aparición de disfunción cardíaca y sería un predictor de eventos vasculares futuros. Tratar la anemia en pacientes con cardiopatía de base es una diana terapéutica importante para mantener estable el sistema cardiovascular. Se ha comprobado que la corrección de la anemia en estos pacientes reduce las necesidades de diuréticos y los ingresos hospitalarios, mejora la función cardíaca global y la capacidad de esfuerzo y reduce la mortalidad.
Diferentes estudios han constatado que la anemia es un factor predictivo de mortalidad a medio y largo plazo en pacientes ancianos. La mortalidad total o de origen cardiovascular es significativamente más elevada entre aquellos en los que se había diagnosticado anemia al inicio del estudio, respecto a los no anémicos.
Diagnóstico de la Anemia en Ancianos
El diagnóstico de la anemia se realiza a través de análisis de sangre que, a veces, la detectan antes de la aparición de los síntomas. Los niveles bajos de hemoglobina o de hematócrito (porcentaje de glóbulos rojos presentes en el volumen total de la sangre) encontrados en una muestra sanguínea, confirman la existencia de anemia.
Otras pruebas, como el estudio microscópico de una muestra de sangre, el estudio de los índices del hierro del suero y de la ferritina, y, con menor frecuencia, el examen de una muestra de médula ósea, ayudan a determinar la causa de la anemia. En ancianos con ferropenia, es muy importante tener presente que la causa de ésta es la pérdida de sangre mínima, a veces inadvertida pero crónica, relacionada con condiciones tales como esofagitis, gastritis, úlceras intestinales y, lo más grave, enfermedades malignas del tubo digestivo. Por ello, el estudio endoscópico completo (gastroscopia y colonoscopia) no siempre garantiza el diagnóstico, pero es crucial buscar el origen del sangrado.
Prevención de la Anemia en Personas Mayores
Muchos tipos de anemia no se pueden prevenir. No obstante, llevar una alimentación sana y equilibrada, junto con controles médicos regulares, puede prevenir las anemias por deficiencia de hierro y vitaminas. Con las estrategias adecuadas, se puede reducir mucho el riesgo de que el adulto mayor la desarrolle.
- Dieta equilibrada rica en hierro y vitaminas:
- Hierro: Los alimentos con más hierro que mejor se absorben son las carnes magras, pollo y pescado. Los alimentos vegetales con hierro incluyen vegetales de hoja verde oscura (espinacas, acelgas), legumbres (lentejas, garbanzos, judías), frutos secos y cereales enriquecidos. Para que el cuerpo absorba mejor el hierro de los vegetales, combínalos con alimentos ricos en vitamina C (naranjas, kiwis, pimientos, brócoli, tomates, melones y fresas).
- Vitamina B12 y ácido fólico: También son imprescindibles y las encuentras en carnes, pescados, huevos, lácteos y verduras de hoja verde.
- Controles médicos regulares: Las revisiones médicas periódicas permiten detectar la anemia antes de que cause síntomas graves. Se recomienda hacer análisis de sangre cada año en mayores de 65 años, o más frecuentemente si hay factores de riesgo.
- Revisión de fármacos: Muchos medicamentos interfieren en la asimilación de nutrientes. Los protectores gástricos, ciertos antidiabéticos o anticonvulsivos reducen la absorción de B12. Es clave revisar con el médico qué fármacos está tomando el paciente.
- Hidratación y ejercicio suave diario: Contribuyen al bienestar general y a mantener estables los valores de hemoglobina.

Tratamiento de la Anemia en Ancianos
El tratamiento de la anemia depende de la identificación de su causa. La selección puede ser entorpecida por el hecho de que no se identifique la etiología del trastorno, lo que puede ocurrir hasta en un 30% de los casos. A pesar de lo mencionado, se deben realizar todos los esfuerzos por reconocer la fisiopatogenia y la etiología de la anemia bajo cualquier circunstancia. En la mayoría de los casos, la población anciana necesita un enfoque integral y personalizado.
1. Tratamiento Específico de la Causa
- Deficiencias nutricionales: Los pacientes en los que se identifica carencia de algún hematínico deben recibir el elemento específicamente faltante.
- Déficit de hierro: Se trata con suplementos de hierro o hierro intravenoso. Si la causa es sangrado excesivo, lo más urgente es detener la hemorragia (ej., presión en una herida, cirugía, endoscopia para úlceras).
- Déficit de vitamina B12: Requiere suplementos de vitamina B12, a menudo inyectables, ya que algunas personas no la absorben bien por vía oral.
- Déficit de ácido fólico: Se trata con suplementos de ácido fólico.
- Anemia por enfermedad crónica: El tratamiento se centra en la afección subyacente. Si esta no se puede llevar a cabo de manera satisfactoria, entonces la terapia debe tener objetivos concretos, entre ellos, permitir al paciente una vida tranquila mientras sea posible. Se pueden emplear los agentes estimulantes de la eritropoyesis (EPO), especialmente en casos de insuficiencia renal crónica o en el tratamiento del cáncer con quimioterapia. Las dosis deben elevar moderadamente la hemoglobina a niveles cercanos a 13 g/dL, ya que cifras mayores pueden aumentar de manera inconveniente la viscosidad sanguínea.
- Otros trastornos: El tratamiento de la anemia crónica se centra en la afección subyacente. El manejo de trastornos de la médula ósea o de anemias hemolíticas se aborda según la patología específica y puede requerir coordinación con especialistas externos.
2. Medidas de Apoyo y Seguimiento
- Transfusión de sangre: Es necesaria en casos de anemia grave o cuando se requiere una corrección rápida. Se reservan para cuando la hemoglobina está por debajo de 7-8 g/dL o cuando hay síntomas graves, independientemente del nivel. Las transfusiones proporcionan una mejoría inmediata, pero temporal. En adultos mayores, las decisiones sobre transfusiones consideran cuidadosamente los riesgos (sobrecarga de líquidos, reacciones alérgicas, infecciones) y beneficios, incluyendo el estado del corazón, otras enfermedades y los objetivos de cuidado.
- Valoración geriátrica integral: Un protocolo que comienza con una evaluación completa que va más allá de los análisis de sangre tradicionales. Esta valoración incluye evaluar cómo funciona la persona en su día a día, su estado mental, su nutrición y su situación social. Un equipo multidisciplinario trabaja en conjunto para identificar causas tratables de anemia y poner en marcha estrategias terapéuticas adaptadas a cada residente.
- Plan nutricional adaptado: Desarrollar planes de alimentación individualizados que tienen en cuenta las preferencias alimentarias, restricciones dietéticas y capacidades de la persona mayor. Los menús deben incluir alimentos ricos en hierro, vitaminas B12 y ácido fólico, asegurando una ingesta adecuada de nutrientes esenciales.
- Seguimiento continuo y prevención de recaídas: Establecer protocolos de seguimiento regular que abarcan análisis de sangre periódicos, control de síntomas y ajustes del tratamiento según evoluciona cada caso. Esta vigilancia activa permite detectar cambios tempranamente y prevenir recaídas o complicaciones. La coordinación con especialistas externos garantiza acceso a estudios diagnósticos avanzados y tratamientos especializados cuando son necesarios.
¿Cuándo es Peligrosa la Anemia en un Anciano?
La anemia puede pasar de ser un problema menor a convertirse en una emergencia médica. Es importante reconocer las situaciones de alarma para actuar rápidamente y evitar complicaciones. Clínicamente, puede manifestarse por debilidad, cansancio, mareo o irritabilidad, entre otros síntomas, y su presencia puede tener efectos deletéreos y causar graves repercusiones.
- Casos graves o persistentes: La anemia grave, cuando la hemoglobina baja de 8 g/dL, necesita atención médica inmediata y posible ingreso hospitalario. En estos niveles, el riesgo de problemas del corazón aumenta notablemente. A su vez, la anemia que no mejora con el tratamiento también es preocupante porque puede indicar causas ocultas como sangrado continuo o trastornos complejos de la médula ósea.
- Impacto en la movilidad y autonomía: La anemia afecta mucho la capacidad de hacer las tareas diarias, la independencia y la calidad de vida. El cansancio extremo y la reducción de la capacidad de ejercicio crean un círculo vicioso: menos actividad lleva a pérdida de músculo, peor estado físico y mayor fragilidad.
- Necesidad de hospitalización o transfusión: Necesitan ingreso hospitalario los casos con anemia sintomática grave, sangrado activo, problemas cardiovasculares o cuando la persona no puede mantener sus funciones vitales. Las transfusiones de sangre se reservan para cuando la hemoglobina está por debajo de 7-8 g/dL o cuando hay síntomas graves, independientemente del nivel.
Detectar a tiempo la anemia en ancianos permite frenar su impacto antes de que afecte a la independencia y el bienestar de quien la padece. Una dieta adecuada, controles médicos regulares y apoyo profesional hacen la diferencia. Si se actúa con antelación, se ayudará al familiar a mantener una vida más saludable.