La participación de los adultos mayores en el mercado laboral y en proyectos personales de gran envergadura presenta una dualidad compleja, marcada tanto por la necesidad económica como por el deseo de autonomía y calidad de vida. En muchos contextos, la prolongación de la vida laboral se debe a la insuficiencia de las pensiones, llevando a la precariedad en el empleo. Sin embargo, también emergen ejemplos inspiradores de autogestión y construcción adaptada que demuestran la capacidad y el deseo de esta población de seguir activa y contribuir a su bienestar.
Los Desafíos del Empleo en la Tercera Edad
Necesidad Económica como Principal Impulsor
La realidad de que muchas personas continúan trabajando después de cumplir la edad de jubilación se debe principalmente a factores económicos. Mario Pavez, presidente de la Unión Comunal de Adultos Mayores de Concepción, subraya que “mucha gente sigue trabajando cuando cumple su edad de jubilación”. La razón fundamental es clara: “la fuerza mayor por la que se continúa trabajando es que las pensiones que tenemos hoy son muy malas, en algunos casos extremadamente malas”. Esta situación obliga a muchos a buscar un “sustento mayor” y a continuar apoyando a sus familias, asumiendo responsabilidades significativas. Personas con 65 años o más deben seguir trabajando porque “no les alcanzan sus pensiones”, haciendo los cálculos correspondientes y negándose a disfrutar de su jubilación. En el caso de Sepúlveda, se asegura que las AFP deberían volver a funcionar como cuando comenzaron, con todos los gastos cubiertos por la propia AFP, no como lo hizo el Gobierno después, que cambió toda la situación.
Sectores de Empleo y Precariedad Laboral
Según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), entre febrero y abril de 2025, una región específica registró 7.792 personas desocupadas entre 55 y 64 años, y 1.553 en el tramo de 65 años o más. La Oficina de la OIT para el Cono Sur de América Latina ha revelado en un informe que alta informalidad, desempleo y bajas remuneraciones son algunos de los principales aspectos que caracterizan el trabajo de las personas mayores (65+) en Chile. La nota técnica “Trabajo y personas mayores en Chile: Desafíos y políticas para la promoción del trabajo decente” destaca que la inserción laboral de personas mayores obedece principalmente a la necesidad de generar ingresos y es más precaria que la del resto de la población. Guillermo Montt, Especialista en Protección Social de OIT Cono Sur, advierte que, a partir de los 55 años, cualquier transición desde el empleo formal suele ser a situaciones más precarias como la informalidad, el desempleo o la salida definitiva del mercado laboral.

Quienes logran mantenerse o ingresar al mercado laboral lo hacen a menudo en trabajos por cuenta propia (4 de cada 10 personas mayores). A medida que envejecen, aumentan sus probabilidades de salir del mercado laboral formal. De acuerdo a datos del INE (2021), entre los mayores de 65 años, la tasa de informalidad alcanza un 51,8%, siendo superior en mujeres (58,7%) que en hombres (48,6%). Las casi 500 mil personas mayores de 65 años que continúan trabajando se concentran principalmente en los sectores de:
- Comercio
- Agricultura, ganadería, silvicultura y pesca
- Industria manufacturera
- Construcción
Es común ver a hombres desempeñándose como conserjes, choferes, trabajadores de aseo o guardias de seguridad, mientras que la mayoría de los adultos mayores que conoce Sepúlveda trabajan como conserje o en labores de aseo. Pavez también menciona trabajos como guardias, personal auxiliar de aseo o ayudante de cocina, señalando que los adultos mayores trabajan “realmente en lo que sea”.

Obstáculos y Estereotipos en la Extensión de la Vida Laboral
Las personas mayores se enfrentan a una serie de desafíos para extender su vida laboral en condiciones de trabajo decente, incluyendo:
- Salud y riesgos ocupacionales
- Reconocimiento de experiencia y conocimientos
- Alfabetismo digital
- Estereotipos que aún prevalecen socialmente
Guillermo Montt destaca que la inclusión laboral y la extensión del trabajo decente a las personas mayores amerita una atención especial, con medidas como la mejora de la protección social, el combate de estereotipos, políticas de activación y retención en sus empleos, la promoción del retiro parcial y la formación profesional y capacitación continua. La situación en el resto de América Latina y el Caribe no dista mucho de la realidad local; la mayoría de las personas mayores que trabaja en la región lo hace por necesidad de ingresos, sobre todo en el caso de las mujeres.
Impacto Psicológico: Frustración y Estrés
La obligación económica de trabajar en lugar de hacerlo por decisión propia genera una considerable carga emocional. La tolerancia a la frustración se vuelve uno de los principales desafíos para quienes se ven obligados a continuar trabajando tras alcanzar la edad de jubilación. Un psicólogo precisa que cuando una persona tiene que trabajar por obligación económica, “se genera una frustración y una cantidad de emociones que surgen a partir de eso”, como desesperanza, tristeza y estrés. Esto se debe a que “ya no se sienten con la capacidad de seguir trabajando pero tienen que hacerlo”. Los adultos mayores tienden a expresar la frustración con síntomas como el mal genio, mayor irritabilidad, enojos frecuentes y tristeza. Quienes manifiestan esto son más susceptibles a los efectos del entorno, con emociones que les llegan más fuertes. Para tratar este tipo de frustración, se recomienda enfáticamente el autocuidado y la comunicación como herramientas fundamentales.
Un Modelo de Construcción Adaptada y Sostenible: El Proyecto de Vera y Marnix
La Decisión de Construir en la Vejez
En contraste con la precariedad laboral, existe el ejemplo inspirador de Vera y Marnix, una pareja de adultos mayores en Steenokkerzeel, Bélgica, que decidió construir su propia casa desde cero en el solar donde vivió la madre de Vera hasta los 100 años. Sus familiares y vecinos quedaron sorprendidos, pensando que “estábamos locos”. Sin embargo, la pareja tenía buenos argumentos: “No tuvimos que dejar nuestro entorno familiar, pudimos adaptar todo a vivir en casa de por vida y fue agradable volver a construir con el estilo que amamos”. Su antigua vivienda, aunque en buen estado, se había vuelto poco práctica, “demasiado grande para nosotros dos”, con desniveles que dificultaban su movilidad. Decidieron planificar una alternativa que les permitiera envejecer sin renunciar a su independencia ni a sus valores. No era su primera experiencia en construcción alternativa, ya que en los años 80 habían apostado por una vivienda de madera, energéticamente eficiente, donde calentaban su casa con una bomba de calor.

Proceso y Colaboración Profesional
La primera piedra de su nueva vivienda se colocó en el verano de 2023, y diez meses después pudieron mudarse. Durante ese tiempo, la supervisión de la obra fue delegada a su hijo, ya que habían vendido su antigua casa y alquilaron temporalmente un apartamento junto al mar. Conscientes de la complejidad de la coordinación y administración, buscaron asesoramiento profesional. Contactaron con Stam, un estudio de arquitectura especializado en viviendas adaptadas, y Arkana, una empresa llave en mano experta en estructuras de madera y eficiencia energética. Aunque este enfoque fue “un poco más caro que planificarlo todo nosotros mismos”, les facilitó la construcción, y hoy siguen recibiendo un servicio excelente.
Diseño Inteligente para una Vejez Activa
La vivienda, de 135 m², fue diseñada meticulosamente para facilitar la vida en la vejez. Todo está en una sola planta, con puertas anchas, barras de apoyo en los baños y suficiente espacio para una silla de ruedas. La domótica permite controlar funciones como la calefacción y la iluminación, aunque aprender a usarla supuso un reto. Vera y Marnix comentan que “nos costó mucho aprender todo, y todavía no estamos del todo al día con el funcionamiento de las lámparas, pero notamos que esas cosas ofrecen una comodidad adicional”. Con orgullo, destacan que su hogar consume la misma cantidad de energía que genera por sí mismo, o incluso menos. Además, priorizaron muebles a medida y materiales fáciles de mantener, lo que simplifica la limpieza y el cuidado diario, aunque para tareas como limpiar las numerosas ventanas o podar los setos, no dudan en llamar a alguien.

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Ventajas Económicas y Beneficios
Este proyecto de autoconstrucción también les reportó ventajas fiscales. Al demoler la antigua vivienda y levantar la nueva, solo pagaron un 6% de IVA en lugar del 21% habitual, lo que supuso “un ahorro de 15.000 euros en cada tramo de 100.000 euros”. A pesar de los retos de mudarse dos veces, tomar innumerables decisiones y aprender a usar nuevos aparatos, Vera y Marnix no tienen dudas sobre su decisión, demostrando que la autogestión en proyectos de construcción puede ser una vía exitosa para garantizar una vejez activa e independiente.
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