El Arte de Envejecer: Secretos de las Zonas Azules y Desafíos de la Longevidad

La humanidad ha sido cautivada desde la antigüedad por la búsqueda de la eterna juventud, buscando aquella fórmula mágica que permita aumentar los años de vida y vencer la temida muerte. Aún hoy existe un afán desenfrenado por permanecer joven, y cada vez son más las dietas, procedimientos médicos y artículos de belleza que afirman detener el paso del tiempo.

Sin embargo, la longevidad no se logra con tratamientos milagrosos ni con curas mágicas. El mejor consejo es aprender de la revolución pacífica de la naturaleza representada en la buena vida que llevan los habitantes de las cinco zonas azules del planeta, en donde viven las personas más longevas de la Tierra, con edades que superan los 100 años.

¿Qué son las Zonas Azules y cómo se descubrieron?

Mapa mundial destacando las cinco Zonas Azules con un fondo celeste sutil

Una Zona Azul (ZA) es un área geográficamente delimitada en la que su población tiene una longevidad excepcionalmente alta. Inicialmente, estas zonas se denominaron así porque sus primeros investigadores utilizaron un rotulador azul para señalarlas. Aunque ello no está relacionado con ingresos económicos altos o cuidados de salud especializados, las personas en estas zonas no solo viven más, sino que también viven mejor, llegando a edades muy avanzadas con altos niveles de funcionamiento, donde la vejez no es sinónimo de discapacidad.

El científico belga Michel Poulain, astrofísico de la Universidad de Lieja y demógrafo de la Universidad de Lovaina, fue quien bautizó hace 20 años como ‘azul’ la primera zona de longevidad. Esta se detectó en la región de Barbaglia, en el sector montañoso de la isla italiana de Cerdeña, sobre el Mediterráneo, donde se encuentra la comunidad de centenarios más grande del mundo.

El médico gerontólogo italiano Gianni Pes informó a Poulain sobre la posible longevidad excepcional en Cerdeña y realizaron con él “la validación de estas edades”, la cual fue positiva. Poulain cuenta: “Pasé a estudiar de la longevidad individual a la colectiva de esas poblaciones donde la gente vive más y mejor, y fue cuando encerré con un lápiz azul la región con mayor longevidad en Cerdeña y así nació la primera zona azul, en marzo del 2000”.

El investigador y periodista norteamericano Dan Buettner, de National Geographic, fue quien popularizó el término en su artículo de portada “Los secretos de la longevidad” en 2005 y quien identificó otras zonas azules.

Las Cinco Regiones de Longevidad Excepcional

Estas son las cinco zonas del mundo que se caracterizan por la longevidad de sus habitantes, donde un equipo de investigación comandado por Dan Buettner se propuso conocer y estudiar los lugares en la tierra donde la gente tiende a vivir mucho más tiempo que el resto del mundo:

1. Cerdeña, Italia

Ubicada en la isla italiana de Cerdeña, esta pequeña aldea alberga una población en la que 1 de cada 600 personas alcanza los 100 años. Este número puede no parecer mucho al principio, pero cuando se compara con otros lugares, es impresionante. Los hombres tienden a sobrevivir a las mujeres en esta área y eso podría ser gracias al trabajo en el campo, ya que la gran mayoría han sido pastores o granjeros. Es la comunidad de centenarios más grande del mundo.

2. Península de Nicoya, Costa Rica

En América Latina, una de las cinco zonas azules está localizada en la península de Nicoya, en Costa Rica, la segunda comunidad de centenarios más grande del mundo. Esta región tiene una extensión de cerca de 4.100 kilómetros y una población de unos 132.000 habitantes, de los cuales más de 5.000 superan los 75 años de edad, según datos del Centro Centroamericano de Población. Esta península es considerada la zona azul de longevidad más grande del mundo, lo que contrasta con ser una zona extremadamente pobre, con problemas de malnutrición e higiene. Aunque los nicoyanos viven dos o tres años más que otros costarricenses, sus dietas crean tasas más altas de presión arterial y obesidad en comparación con el resto del país. Los nicoyanos tienden a comer desayunos abundantes y cenas pequeñas.

3. Loma Linda, California, Estados Unidos

La pequeña ciudad de Loma Linda, en California (Estados Unidos), fundada en 1970, con solo 19 kilómetros cuadrados de superficie y menos de 20.000 habitantes, es donde reside una comunidad de Adventistas del Séptimo Día. Su esperanza de vida es diez años superior a la media de Estados Unidos y de Nicoya. Los Adventistas del Séptimo Día evitan los alimentos "bíblicos" como el cerdo, consumir otras carnes y desalientan a fumar, consumir cafeína, el alcohol y las especias. La mayoría de estos habitantes siguen una dieta vegetariana, pero también consumen alternativas más saludables como granos integrales, mucha agua y nueces en su rutina diaria. Además, se rodean de otros seguidores de su iglesia.

4. Isla de Okinawa, Japón

Igualmente, Buettner identificó como zona azul a la isla de Okinawa (Japón), sobre el mar de China Oriental, con poco más de 1.200 kilómetros cuadrados de superficie y una población de menos de un millón y medio de habitantes. En Okinawa, los hombres viven alrededor de 84 años, mientras que las mujeres de la zona alcanzan casi los 90 años. No solo se destaca su longevidad, sino que adicionalmente se ha evidenciado bajas tasas de arteriosclerosis, cáncer de estómago, así como bajo riesgo de cáncer de mama y próstata. También se han identificado menores tasas de Alzheimer. Los alimentos básicos en Okinawa difieren de los del resto del país nipón. Consumen una dieta basada en vegetales, especialmente los de hoja verde y patatas, junto con pescado, que contiene ácidos grasos omega 3.

5. Isla de Icaria, Grecia

La isla de Icaria (en Grecia), sobre el Mediterráneo, con poco más de 255 kilómetros de superficie y una población de más de 8.400 habitantes, también es una zona azul. Sus pobladores tienen tres veces más probabilidades de alcanzar a ser centenarios que en cualquier otro lugar del mundo, y mantienen una proporción diez veces mayor con respecto a la media europea de personas de 90 años. Un estudio del New York Times sugirió que los alimentos cocinados con aceite de oliva, el clima y la falta de estrés pueden ser la causa común de su secreto. La dieta habitual es muy similar a la popular dieta mediterránea, que consiste en alimentos básicos como aceite de oliva, vino tinto, pescado, infusiones de hierbas, miel no pasteurizada, garbanzos, guisantes, lentejas y cantidades limitadas de carne, azúcar y productos lácteos (a excepción de la leche de cabra).

Principios de Longevidad en las Zonas Azules

ZONAS AZULES

A pesar de sus diferencias geográficas y culturales, las zonas azules comparten características que refuerzan estilos y hábitos de vida saludable. En general, la vida en las Zonas Azules es simple y natural. Más del 90 por ciento de lo que hay sobre la mesa se produce localmente, y la actividad física no se detiene a los 65 años, continuando muchas veces hasta después de los 85.

Los principios de las zonas azules “no son una forma de vida pasada de moda, sino una necesidad para nuestras sociedades”, fuertemente afectadas hoy por diversas crisis. Poulain identificó siete principios que deberían ayudar a la gente a vivir más y mejor, y que todos ellos son aplicables a nuestras sociedades envejecidas:

  • Moverse con naturalidad: La actividad física tiende a involucrar el movimiento natural con pasatiempos agradables como caminar o cultivar un huerto.
  • Comer sabiamente: Comer sabiamente eligiendo alternativas saludables o simplemente no comer demasiado. En las zonas azules, se prioriza una dieta rica en frutas, verduras y legumbres, con menor consumo de carne, pescado y lácteos. Buettner menciona el "hara hachi bu", un precepto de Confucio que sugiere no comer hasta estar lleno, sino solo hasta el 80 por ciento de nuestra capacidad.
  • Aumentar el apoyo familiar e intensificar el de la comunidad: La solidaridad familiar y comunitaria es una realidad. Es fundamental mantener a los ancianos activos en la sociedad. Allí son muy pocos los ancianos que están en un asilo o no hay ninguno.
  • Tener un propósito en la vida: Despertar cada día con un sentido de propósito vital parece ayudar a llevar a estos ancianos a una vida larga. En Okinawa, los ancianos practican el Ikigai, que hace referencia a tener un propósito en la vida.
  • Respetar el planeta: Un estilo de vida conectado con la naturaleza y el entorno.
  • Creer en Dios: La religiosidad, que suele atribuírsele entre 4 a 14 años más en la expectativa de vida. Este factor permite modular las emociones al crecer con un propósito superior y, por tanto, este equilibrio emocional reduce las situaciones de estrés.
  • Sacar a los viejos de los geriátricos y reintegrarlos a nuestras sociedades egoístas.

En Okinawa, las relaciones de amistad son importantes, con grupos llamados “moais”, en los que 5 amigos comprometidos entre ellos favorecen el entorno social. También es importante el “yuimaru”, que significa círculo de relaciones, por ejemplo, tienen huertos familiares y comunitarios. En Icaria, muchos de sus centenarios afirman solo comer lo que cultivan y pescan, y no comen carne. Otro aspecto a considerar es la siesta de 30 minutos al día, cinco veces por semana, que reduce en un tercio la probabilidad de generar una enfermedad cardiovascular.

Sin embargo, el cardiólogo español Valentín Fuster y el periodista Josep Corbella aclaran en su libro La ciencia de la larga vida que “los habitantes de las zonas azules no eligen vivir como viven. No se cuidan porque quieran cuidarse. Simplemente viven como se vive en su comunidad”. Esto sugiere que cuidar de la salud no puede considerarse únicamente una responsabilidad individual, sino una tarea colectiva que deben pensar las sociedades del siglo XXI.

El Envejecimiento Global y sus Desafíos

Infografía del aumento de la población mundial mayor de 60 años, en tonos celestes y grises

La población mundial mayor de 60 años está aumentando aceleradamente. El envejecimiento del mundo es, por lo tanto, una realidad. En 2018, por primera vez en la historia, las personas de 65 años o más superaron en número a los niños menores de 5 años en todo el mundo. Según el informe ‘Perspectivas de la población mundial 2019’, “en el 2050, una de cada seis personas en el mundo tendrá más de 65 años (16 por ciento), más que la proporción actual de una de cada 11 (9 por ciento)”. En tres décadas, el mundo albergará a unos 395 millones de octogenarios y nonagenarios, un récord histórico, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Poulain resalta que “la sociedad rechaza hoy a las personas mayores y las recluye en hogares, donde empiezan a morirse. Se las excluye de la sociedad cuando aún pueden desempeñar un papel muy útil, incluso esencial, lleno de sabiduría”. El 80% de los ancianos que están albergados en hogares fueron abandonados. El abandono es violencia disimulada. Una de las principales causas para el abandono es que el adulto mayor ya no puede trabajar y y comienza a generar gastos en la familia. Esta situación modifica el trato que reciben de sus familiares más cercanos. Aprovechando su fragilidad, falta de memoria o dependencia el anciano sufre abandono, es ignorado y agredido física o verbalmente. El maltrato a los ancianos puede ocasionar daños físicos graves y consecuencias psíquicas de larga duración. En los centros asistenciales, como los asilos, se cometen actos abusivos como maniatar a los pacientes, atentar contra su dignidad al no cambiarlos de ropa o negarles premeditadamente una buena asistencia.

El envejecimiento de la población mundial será una de las grandes y significativas transformaciones sociales del mundo en el siglo XXI y tendrá consecuencias para casi todos los sectores de la sociedad, desde el mercado laboral y financiero hasta la demanda de bienes y servicios como vivienda, transporte, protección social y para la estructura familiar y los vínculos intergeneracionales, advierte la ONU.

Frente a esta realidad, Buettner afirma que “no estamos preparados para la longevidad” y sugiere: “Las personas deben reaccionar ante las facilidades que les ofrece la modernidad y que atentan contra sus vidas. Les sugerimos que eliminen la conveniencia de las tareas diarias, que suban y bajen escaleras, que tengan un lugar para relajarse y reduzcan el estrés, entre muchas otras cosas”.

La Fragilidad en Adultos Mayores y su Vínculo con el Cerebro

Imagen de un cerebro humano con áreas resaltadas que indican fragilidad o deterioro cognitivo, con un fondo azul claro

Un equipo de investigadores de 11 países descubrió que medir la fragilidad en adultos mayores permite identificar con alta precisión quiénes tienen Alzheimer o demencia frontotemporal, un tipo de trastorno que afecta la personalidad y el comportamiento, frente a quienes envejecen sin deterioro cognitivo. La fragilidad no es solo debilidad en las piernas o dificultad para cargar bolsas del supermercado, es también una señal de que el cuerpo acumula demasiados problemas de salud al mismo tiempo y eso también deja huellas en el cerebro.

Este hallazgo abre una puerta nueva para detectar esos trastornos en América Latina, donde el acceso a herramientas de diagnóstico es limitado. El estudio, liderado por el científico argentino Agustín Ibáñez del Instituto Latinoamericano de Salud Cerebral (BrainLat) de la Universidad Adolfo Ibáñez en Chile, fue publicado en la revista Alzheimer’s & Dementia. El objetivo, según Ibáñez, es “contar con marcadores que capturen el efecto acumulado del deterioro para ayudar a definir trayectorias del envejecimiento”.

El 21,7% de los adultos mayores en América Latina vive con fragilidad, una de las prevalencias más altas registradas a nivel mundial. Los investigadores analizaron resonancias magnéticas de más de 1.000 cerebros en seis países latinoamericanos. Construyeron un índice de fragilidad con 32 variables de salud, incluyendo presión arterial, cantidad de medicamentos, síntomas de depresión y ansiedad, capacidad para usar tecnología y resultados de pruebas de memoria.

El índice distinguió a las personas sanas de las que tenían Alzheimer con un 85% de precisión, y de las que tenían demencia frontotemporal con un 88%. Mayor fragilidad se asoció con pérdida de materia gris en zonas frontales y temporales. En casos de Alzheimer predominó el daño en el hipocampo y las regiones temporales; en la demencia frontotemporal, el daño fue más intenso en el lóbulo frontal. Estos resultados sugieren que la fragilidad es “una forma de envejecer acelerada, simple, clínica y accesible de medir”, según Ibáñez. La hipertensión es uno de los factores del índice de fragilidad que el estudio vincula con el daño cerebral en la demencia.

Incorporar la evaluación de fragilidad en consultorios de toda América Latina podría ayudar a detectar demencia antes de que avance, convirtiendo cualquier consultorio médico en un punto de alerta temprana. Esto cambiaría radicalmente cómo se previene y atiende la demencia en contextos con pocos recursos. Los investigadores propusieron probar intervenciones clínicas que usen la fragilidad como punto de partida para prevenir o retrasar la demencia, dado que muchos factores del índice (hipertensión, diabetes y sedentarismo) son modificables.

El Arco Senil: Un Signo Físico del Envejecimiento

Ojo de un anciano mostrando el arco senil, con un fondo suavemente celeste

El arco senil, gerontoxon o arcus senilis es una opacidad corneal periférica, generalmente simétrica y bilateral, que se suele presentar en personas de edad avanzada. Es un anillo compuesto de sustancias grasas, denominadas lípidos, que aparece alrededor de la córnea. Una de las características más significativas de la córnea es que es transparente y, por esta razón, permite ver el iris a través de ella.

El arco va progresando de manera circunferencial hasta que se forma una banda de aproximadamente 1mm de ancho. Aunque es bastante frecuente en personas de edad madura o avanzada y debe entenderse como un signo más del proceso de envejecimiento, no todas las personas lo desarrollan. Suele aparecer a partir de los 60 años, aunque también se puede encontrar en pacientes en la tercera y cuarta década de vida.

Sin embargo, en los pocos casos en los que el arco senil se da en personas jóvenes (menores de 45 años), sí puede estar relacionado con altos niveles de colesterol en la sangre, conocido como hiperlipidemia familiar. En estos casos, esta circunstancia se asocia también a un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular. Solamente cuando aparece en personas jóvenes debemos estar alerta, ya que puede tratarse de un signo de colesterol anormalmente alto. Si el anillo solo está presente en un ojo (arcus senilis unilateral), también es motivo de consulta médica.

Debates y la Realidad de las Zonas Azules Actuales

Investigaciones recientes cuestionan la veracidad de este idílico retrato de longevidad excepcional. El demógrafo belga Michel Poulain y Gianni Pes viajaron a Cerdeña para verificar personalmente los datos, examinando registros históricos y marcando con un bolígrafo azul cada lugar donde se confirmaba la edad de un centenario. Sin embargo, en 2019, el investigador Saul Newman del University College de Londres arrojó una sombra de duda sobre todo el concepto.

Newman señala contradicciones, como el descubrimiento en 2008 de que el 42% de los supuestos centenarios de Costa Rica habían mentido sobre su edad, y cuestiona el caso de Okinawa. Irónicamente, incluso los defensores de las Zonas Azules reconocen que algunas podrían estar desapareciendo. Okinawa y Nicoya ya no califican como tales, según Buettner y Poulain, debido a la adopción de estilos de vida occidentales. Para Newman, esto solo refuerza sus sospechas: "¿Qué pasó, todos los de 80 años de repente abandonaron hábitos alimenticios saludables de toda la vida y fueron a McDonald's? No tiene sentido".

¿Importa realmente si las Zonas Azules son auténticas en todos sus aspectos? La realidad es que los hábitos promovidos por las Zonas Azules -una dieta nutritiva, actividad física regular y fuertes lazos comunitarios- tienen respaldo científico sólido. Aun así, unos buenos hábitos de vida no garantizan que alguien llegue a los 100 años. Henne Holsteg, del Centro Médico Universitario de Ámsterdam, estima que llegar a los 70 depende solo en un 20% de la genética, pero alcanzar los 100 tiene hasta un 60% de componente hereditario. Esto lo refleja perfectamente Herminia, una gallega de 101 años, quien al ser preguntada por el secreto de su longevidad respondió simplemente: "El sentido común".

Hacia un Envejecimiento Consciente

Grupo de ancianos sonrientes y activos en un entorno natural con cielo celeste

“La longevidad está aumentando en todo el mundo más rápido de lo que muchos de nosotros podemos imaginar. De hecho, los demógrafos dicen que el bebé que vivirá hasta los 200 años ya nació”, (Figueroa Suarez et al., 2019, p.281). Sin embargo, el estilo de vida de la vida moderna, en el que se promueve principalmente el sedentarismo, así como la inclusión de tecnologías que facilitan la vida, una dieta basada en alimentos procesados y un ritmo de vida estresante, está provocando que este sueño de una larga longevidad, se vea fracasado en cuanto a su duración y calidad.

Tenemos que sacudirnos frente a la realidad del envejecimiento mundial que nos pisa los talones y comenzar a recrear con urgencia en nuestras sociedades las enseñanzas de vida que nos dejan las zonas azules. Es vital priorizar la actividad física permanente, socializar e interactuar en un entorno más humano y donde la elección saludable sea fácil. Las personas en las zonas azules viven mucho tiempo debido a que son apoyadas familiar y comunitariamente y permanecen activas. El registro de enfermedades cardiacas, diabetes y otras enfermedades crónicas es muy bajo, y la dieta alimenticia es sana.

Envejecer bien depende de muchos factores. “La capacidad funcional de una persona aumenta en los primeros años de la vida, alcanza la cúspide al comienzo de la edad adulta y empieza a declinar”, dice la OMS. El ritmo del descenso originado por el envejecimiento está determinado, en parte, por los genes, pero un 90 por ciento es por el tipo de vida que se ha llevado, como el tipo de alimentación, la actividad física o la exposición a riesgos como el cigarrillo, el consumo nocivo de alcohol o la exposición a sustancias tóxicas.

Es un acontecimiento sin precedentes en la historia que la mayoría de las personas de edad madura, e incluso mayores, tengan a sus padres vivos, lo que significa que una cantidad mayor de niños conocerán a sus abuelos y a sus bisabuelos, en especial a sus bisabuelas, ya que las mujeres viven por término medio entre 6 y 8 años más que los hombres. Esto subraya la importancia de construir sociedades que valoren y reintegren a sus mayores, aprovechando su sabiduría y experiencia para el beneficio de todos.

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