Ancianos Desvinculados Socialmente: Causas y Consecuencias

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha lanzado un informe trascendental, "De la soledad a la conexión social", que identifica la desconexión social, manifestada en aislamiento y soledad, como un problema de salud pública de gran envergadura. Esta afirmación se sustenta en décadas de investigación que demuestran cómo la falta de vínculos sociales sólidos incrementa significativamente el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, deterioro cognitivo, depresión, ansiedad, adicciones e incluso una mortalidad prematura.

Al declarar la desconexión social como un problema de salud pública, la OMS subraya que no se trata únicamente de un malestar individual, sino de un fenómeno estructural con profundas raíces sociales, económicas y culturales. La conexión social, según la OMS, trasciende la mera presencia de personas; implica sentirse parte de algo, contar con lazos de confianza, apoyo y afecto, y compartir desde la reciprocidad y el sentido de pertenencia. La soledad surge cuando existe una discrepancia entre los vínculos deseados y los realmente existentes, mientras que el aislamiento se define por la ausencia directa de redes de apoyo.

Es crucial reconocer que la vivencia de la soledad y el aislamiento varía a lo largo de las diferentes edades y etapas de la vida. En particular, la vejez puede ser un período especialmente crítico para la desconexión social, exacerbada por factores como la reducción de ingresos, la pérdida de funcionalidad, las dificultades de movilidad, la creciente e innegable invisibilización social y una disminución general del estatus social previamente adquirido.

infografía sobre los factores que contribuyen a la desconexión social en la vejez

A pesar de que el envejecimiento demográfico y el aumento de la esperanza de vida pueden considerarse logros del desarrollo, persisten arraigados imaginarios sociales que sitúan a las personas mayores en un lugar de retiro y aislamiento, en los márgenes de la sociedad. El informe de la OMS se presenta como una oportunidad para actuar desde diversas esferas y fomentar una mayor conexión social, previniendo activamente el aislamiento, especialmente en la población de adultos mayores.

Las acciones en el ámbito de la salud, el diseño urbano, la vivienda, los servicios y la participación social y política deben enfocarse en potenciar las conexiones sociales y fortalecer relaciones significativas, incluyendo aquellas de carácter intergeneracional. La evidencia es contundente: invertir en conexión social es invertir en salud, cohesión social y bienestar colectivo. Un rol ciudadano más activo e influyente de las personas con mayor experiencia y trayectoria vital debería ser parte fundamental de las propuestas y compromisos de los diversos sectores políticos, especialmente en contextos electorales.

La Desconexión Social en Chile: Datos y Realidades

En Chile, la problemática de la desconexión social en adultos mayores es alarmante. Según un informe del Observatorio del Envejecimiento UC-Confuturo, la soledad afecta al 49,2% de los adultos mayores, y el 56% presenta un alto riesgo de aislamiento social. Específicamente, la soledad no deseada impacta al 49,2% de este grupo demográfico, mientras que el 55,5% enfrenta un alto riesgo de aislamiento social. Simultáneamente, un 30,7% experimenta ambos problemas.

El reporte del Observatorio del Envejecimiento UC-Confuturo enfatiza la importancia de distinguir entre la sensación de soledad (una percepción subjetiva de falta de compañía) y el aislamiento social (una pérdida o ineficacia de las redes de apoyo práctico). En Chile, la Encuesta de Bienestar Social 2023 del Ministerio de Desarrollo Social y Familia revela que un 9,3% de la población mayor de 18 años se siente sola "siempre o casi siempre", y un 25,4% lo experimenta "a veces".

El aislamiento social tiende a incrementarse con la edad, alcanzando su punto más alto en el grupo de 80 años y más, con una prevalencia 14 puntos porcentuales mayor que en el grupo de 60 a 69 años. En cuanto a la cohabitación, el 60,7% de quienes viven solas reportan sentir soledad, en comparación con el 50,4% de las que viven acompañadas.

Factores que Influyen en la Soledad y el Aislamiento Social

La experiencia de la soledad y el aislamiento social en personas mayores está influenciada por diversos factores, incluyendo el sexo, el estado civil, el nivel educativo, la convivencia y la percepción de salud.

  • Sexo: Las mujeres reportan una mayor prevalencia de soledad, aunque esto también depende de si viven acompañadas, tienen pareja o cómo evalúan su salud.
  • Estado Civil y Convivencia: Un 65,5% de los hombres sin pareja se siente solo, frente al 33% con pareja. En cuanto a la cohabitación, el 65,1% de los hombres que viven solos experimenta soledad, comparado con el 38,4% de quienes viven acompañados. En las mujeres, la tendencia es similar, con un 60,7% de quienes viven solas reportando soledad frente al 50,4% de las que viven acompañadas.
  • Percepción de Salud: En hombres, solo el 34,5% de quienes evalúan su salud como buena se siente solo, frente a más del 59% entre quienes la consideran regular o mala. Para las mujeres, estas cifras ascienden al 43,5% y 62,3%, respectivamente.

El aislamiento social también muestra tendencias similares:

  • Pareja: La prevalencia de aislamiento es 9 puntos porcentuales mayor en hombres que no tienen pareja (58,8%) en comparación con aquellos que sí la tienen (49,7%).
  • Salud en Mujeres: El riesgo de aislamiento es considerablemente menor entre las mujeres que reportan buena salud que entre aquellas que perciben su salud como mala, con una diferencia de 14,8 puntos porcentuales.
gráfico comparativo de soledad y aislamiento por género y estado civil en adultos mayores

Macarena Rojas, directora de gestión del Observatorio del Envejecimiento UC-Confuturo, destaca la relevancia de este reporte para el bienestar subjetivo y la calidad de vida de los adultos mayores, un tema de creciente preocupación a nivel nacional e internacional. El Observatorio del Envejecimiento para un Chile con futuro es una iniciativa nacida de la alianza entre Compañía de Seguros Confuturo y la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Contexto Latinoamericano y Problemáticas Específicas

En las últimas décadas, América Latina y el Caribe han experimentado profundos cambios demográficos, incluyendo la reducción de la fecundidad y la mortalidad, y el aumento de la esperanza de vida. Esto ha llevado a una duplicación de la población mayor en menos de 20 años, generando nuevos desafíos sociales y de salud pública.

En el Estado de México, por ejemplo, se ha identificado una problemática significativa de maltrato y abandono hacia los adultos mayores. Si bien no se pretende un análisis exhaustivo, se busca visibilizar la situación que enfrentan estas personas. El abandono de adultos mayores y el maltrato que sufren son fenómenos preocupantes, a pesar de las normas jurídicas existentes en la entidad.

Las razones detrás de la salida de los adultos mayores de su entorno familiar pueden ser múltiples, incluyendo violencia, maltrato, abuso sexual, pobreza, insuficiencia de recursos materiales, aburrimiento y sobrecarga de tareas domésticas. Lejos de explicaciones simplistas, este fenómeno es multicausal.

El Abandono y la Falta de Reconocimiento Social

El abandono social es una realidad palpable, cuya consecuencia directa es la ausencia del reconocimiento necesario para el desarrollo humano. El reconocimiento social de todos los miembros es un pilar fundamental para el crecimiento de una colectividad.

El maltrato puede definirse como un acto único o repetido que causa daño o sufrimiento a una persona mayor, o la falta de medidas apropiadas para evitarlo, en el marco de una relación de confianza. Este puede manifestarse de diversas formas: físico, psíquico, emocional, sexual, o abuso de confianza en asuntos económicos.

El aislamiento y la soledad en la vejez se vuelven cada vez más evidentes en una sociedad marcada por la creciente competitividad y deshumanización. Se estima que aproximadamente el 20% de la población experimenta soledad y abandono social, en un contexto de estrés y violencia que ha debilitado los valores tradicionales de protección familiar, especialmente hacia los adultos mayores.

El abandono, en este contexto, se define como la falta de acción para atender las necesidades de un adulto mayor. El tipo principal de abandono que sufren es la falta de atención y cuidado por parte de los familiares, lo cual impacta directamente en su bienestar psicológico y emocional. Las exigencias sociales, familiares e individuales pueden llevar al adulto mayor a la marginación y al abandono.

Violencia hacia las personas adultas mayores | Patricia Kelly

Marco Legal y Derechos de los Adultos Mayores

La Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) consagra el derecho a la vida, la libertad, la seguridad, la seguridad social, y la realización de derechos económicos, sociales y culturales. Además, asegura la participación en actividades culturales y el acceso a beneficios de las artes y las ciencias, así como a un seguro para la vejez.

Sin embargo, estudios indican que una gran mayoría de adultos mayores desconoce sus derechos, lo que limita su exigibilidad y propicia actos de discriminación, abandono y maltrato. En el Estado de México, la Ley del Adulto Mayor (2008) busca otorgar derechos a los adultos mayores que residen en la entidad. El Artículo 5 establece que deben ser sujetos de programas de asistencia social en caso de desempleo, discapacidad o pérdida de medios de subsistencia, y acceder a alternativas de atención integral si se encuentran en situación de riesgo o desamparo.

El Artículo 33 de la Ley del Adulto Mayor del Estado de México, en concordancia con el Código Civil (Art. 4.135), establece la obligación de la familia de proporcionar alimentos extraordinarios, incluyendo sustento, habitación, vestido y atención médica y hospitalaria. Asimismo, el Artículo 4.131 del Código Civil menciona la obligación de los hijos de dar alimentos a sus padres.

En el ámbito penal del Estado de México, aunque la ley no define explícitamente derechos y obligaciones, otorga protección a los adultos mayores cuando sus derechos son violados por familiares u otras personas. El Código Penal establece como delito el abandono de descendientes, ascendientes, cónyuge o acreedor alimentario sin motivo justificado, cuando esto les impide atender sus necesidades de subsistencia.

A pesar de la existencia de estos ordenamientos, la realidad muestra que los derechos de los adultos mayores son transgredidos por quienes tienen la obligación de cuidarlos. A menudo, las personas mayores se niegan a denunciar o demandar debido a la relación sentimental o de dependencia con el agresor, temiendo las consecuencias de sus acciones.

El Fenómeno de la Indigencia y la Exclusión Social

Las calles y los espacios públicos de las ciudades son escenarios donde transitan los cuerpos de la exclusión. El número de personas excluidas ha aumentado y diversificado, incluyendo a personas sin hogar, inmigrantes, indígenas, nuevos pobres, desplazados, refugiados, y los llamados "desanclados" e "itinerantes".

La indigencia es una manifestación social caracterizada por el desarraigo y la estigmatización de adultos que viven y satisfacen sus necesidades en las calles de zonas urbanas, desarrollando actividades relacionadas con la precariedad crónica. Los adultos mayores en situación de indigencia se ven forzados a crear nuevas formas de vida, adaptándose a la calle y extrayendo de ella los recursos para su supervivencia, desenvolviéndose en un entorno discriminatorio.

El abandono es un signo distintivo de la experiencia de exclusión, donde las vivencias de desamparo se reactualizan. El descuido familiar se transforma en abandono institucional y, finalmente, en abandono social. Las instituciones de asistencia social y privada a menudo no cubren las necesidades de estas personas, especialmente si superan cierta edad.

Las causas que observamos en el grupo de adultos mayores incluyen la discriminación por edad, la violencia y el maltrato en sus hogares. Las personas que viven en la calle a menudo comparten historias de abandono familiar, maltrato, abuso sexual y privación afectiva, careciendo de un lugar en la familia o en los afectos.

El Estado, en muchos casos, no cumple con lo estipulado en la ley, ya que las personas en situación de indigencia viven en las calles sin protección ni programas de índole alimenticio, de salud o económico, a pesar de ser un grupo vulnerable. El abandono evidencia el déficit de funcionamiento de las instancias sociales y familiares, pero también alude a la deriva individual.

Estigmatización y Pérdida de Vínculos Sociales

La exclusión tiene múltiples facetas y se relaciona con la falta de conexión con instituciones y estructuras políticas, familiares, profesionales y económicas. La dimensión tecno-económica se refiere a la ubicación de las personas excluidas en sectores económicamente débiles o al margen de la transformación tecnológica. La dimensión sociopolítica abarca a quienes carecen de protección social, vivienda digna y empleo estable.

La falta de una pensión que garantice una seguridad social efectiva para los adultos mayores es un problema global. Las recomendaciones de organismos internacionales a menudo son difíciles de implementar por los gobiernos locales, resultando en programas sociales que buscan paliar esta situación.

Las personas en situación de calle, además de sus precarias condiciones de vida, sufren estigmatización, siendo señaladas como culpables de su destino o como individuos peligrosos. El término "estigma", de origen griego, se refería a signos corporales que exhibían algo malo en el estatus moral de una persona. Un estigma social es una severa desaprobación social de características o creencias percibidas como contrarias a las normas culturales.

Erving Goffman define el estigma como un proceso en el cual la reacción de los demás deteriora la "identidad normal". El estigma se alimenta de la estigmatización social, ya que las condiciones de vida, apariencia, actividades y ubicación geográfica de estas personas las llevan a ser calificadas como "peligrosas", "delincuentes", "improductivas" o "vagabundos", justificando acciones de represión y exclusión social.

Este proceso de exclusión, sostenido en la estigmatización, se combina con el desarraigo experimentado en sus historias de vida, marcado por una constante pérdida de vínculos y redes sociales (familia, amigos, trabajo, etc.).

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