La historia de los abuelos abandonados por su hijo en un bar en Rosario conmovió meses atrás a Santa Fe y a todo el país. Hugo González, de 92 años, e Hilda, de 86, protagonizaron un dramático episodio de desamparo que puso en relieve la fragilidad de la ancianidad frente a situaciones de conflicto familiar y económico.

El incidente en el bar de 27 de Febrero y Corrientes
El pasado 5 de junio, esta pareja de abuelos fue llevada por su hijo, llamado Hugo, a un bar ubicado en la intersección de 27 de Febrero y Corrientes. El hombre los dejó allí con la promesa de que pasaría a buscarlos apenas pudiera, después de almorzar. Hilda y Hugo entraron al local, se sentaron a una mesa con las pocas bolsas que traían encima y pidieron milanesas.
Los abuelos permanecieron en el local por más de siete horas. Con el correr del tiempo, los empleados y la dueña del bar, María Inés, comenzaron a notar su impaciencia y nerviosismo. "Terminaron de comer y pasaron como tres horas. Comenzaron a ponerse nerviosos. Caminaban de un lado a otro", relató la propietaria. Al ser consultados, Hilda explicó que esperaban a su hijo y que habían sido desalojados esa misma mañana del departamento que alquilaban.
Ante la falta de respuesta del hijo y el evidente estado de debilidad de los ancianos -quienes estaban sucios y solo portaban bolsas con ropa-, la dueña decidió dar aviso a las autoridades. Efectivos de la seccional 5ª los trasladaron a la comisaría cuando, al caer la noche, se hizo evidente que el hijo no regresaría. En la dependencia policial, Hilda y Hugo se largaron a llorar al comprender que habían sido abandonados.
El Bar de las Palabras - Preparación de Entrevistas
Contexto del desalojo y situación familiar
La investigación posterior reveló que la pareja había sido desalojada debido a una deuda acumulada y al fin del contrato de alquiler. La inmobiliaria les había solicitado la entrega de las llaves el mismo 5 de junio. Según el relato de Hilda, ella entregaba su jubilación a su hijo mayor para que este pagara el alquiler, por lo que no comprendía el motivo de la expulsión.
Sobre el hijo que los abandonó, se supo que vivía con ellos y trabajaba en la Municipalidad de Pérez, aunque contaba con licencia psiquiátrica desde hacía varios años. Tras el incidente, dejó a sus padres con apenas 500 pesos en el bolsillo y desapareció de los lugares que solía frecuentar.
El rescate de Raúl González
Al descubrir lo que ocurría, otro de los hijos del matrimonio, Raúl González, acudió en rescate de sus padres. Raúl, que es empleado municipal y no sabía nada de la situación extrema de sus progenitores, los llevó a su casa a pesar de no contar con los recursos ni el espacio suficiente. "Lamentablemente papá y mamá quedaron en la calle porque no pudieron sostener el alquiler", explicó Raúl en su momento.
La convivencia en la casa de Raúl durante casi un mes fue extremadamente difícil debido al hacinamiento:
- Raúl y su mujer debieron dormir en el living para ceder su habitación a los abuelos.
- La situación económica era apremiante, llegando a alimentarse solo con "polenta".
- Hilda sufrió un cuadro severo de bronquitis que requirió internación debido a las condiciones de vivienda.
- Los abuelos preguntaban constantemente por qué habían sido abandonados por su otro hijo.

El ingreso al Hogar Español de Adultos Mayores
Gracias a la repercusión mediática y la solidaridad de unas 160 personas que ofrecieron alojamiento, finalmente se gestionó una solución definitiva. El 1 de julio, Hilda y Hugo fueron trasladados al Hogar Español de Adultos Mayores de Rosario, una institución sin fines de lucro ubicada en Uriburu al 3800.
Gerardo Hernández Illanes, presidente del hogar, destacó que la pareja fue recibida sin costo alguno con el objetivo de "dignificar la ancianidad". En la institución, los abuelos comenzaron a recibir:
- Atención médica constante y asistencia de kinesiólogos.
- Supervisión de nutricionistas.
- Acceso a talleres y una pileta climatizada de rehabilitación.
"¿Qué más se le puede pedir a la vida?", sostuvo Hilda en su primer día en el hogar, expresando su felicidad por estar finalmente contenida y, sobre todo, por poder permanecer junto a su esposo Hugo.
Fallecimiento de Hugo González
A pesar de la estabilidad alcanzada en el nuevo hogar, la salud de Hugo González estaba muy deteriorada. Desde el Hogar Español confirmaron que el hombre falleció el domingo 20 de octubre, coincidiendo con el Día de la Madre, a causa de una deficiencia cardíaca.
Tras la muerte de Hugo, Silvana Luscher, empleada del lugar, informó que Hilda se encuentra realizando el duelo e integrándose a los talleres del hogar. Su hijo Raúl continúa presente y haciéndose cargo de ella totalmente, visitándola con frecuencia y manteniendo el vínculo familiar que el abandono inicial intentó romper.
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