La Interconexión entre la Vida Anciana y los Árboles

Comprendiendo el Concepto de Árbol Anciano

Pensar en un árbol anciano hace que vengan a la mente palabras como retorcido, grande, fisurado, doblado y hueco. Este tipo de características son tan importantes como la edad real del árbol, pero el término anciano se aplica específicamente a los árboles que tienen muchos años. La edad exacta por la que llamarías anciano a un árbol depende de la especie de árbol y otros factores, incluyendo las características del entorno donde ha crecido.

Por ejemplo, un abedul podría considerarse anciano a 150 años, pero un roble no se consideraría anciano hasta que tuviese por lo menos 400 años. Las características de un árbol anciano dependen de la especie y de factores como el sitio y las condiciones en las que han crecido.

A diferencia de un árbol anciano, un árbol veterano no tiene por qué alcanzar una edad en concreto, pero es un árbol que muestra características “ancianas” como las descritas anteriormente. Estas pueden no solo deberse a la edad, sino que pueden ser el resultado de accidentes naturales, daños derivados de su gestión o por cambios en el entorno del árbol.

Esquema de las características de un árbol anciano (grietas, huecos, ramas retorcidas)

Explorando el Árbol Más Antiguo del Mundo: Lahuan

A lo largo de mis años como periodista, conocí muchos árboles: los 'bandera' en Tierra del Fuego, unos que salen de adentro de chimeneas en Formosa, y árboles históricos como el aromo de Manuelita Rosas. Pero una vez, hice un largo viaje para conocer al más viejo de todos.

Esta es la historia de un camino de cristal. El abuelo del mundo es un árbol que ocupa su lugar - unos metros a la redonda - en las 263 mil hectáreas del Parque Nacional “Los Alerces”. Me lo enseñó el guardafauna Gustavo Sánchez, después de una travesía remontando un río verde que corría, hermoso, encajonado entre montañas donde la vegetación se derramaba sobre las orillas con un enamoramiento sin límites.

El guía hablaba poéticamente de los árboles del parque: «Todos los que caen vencidos, quedan allí, no los tocamos, porque hacen su propio escenario, pasan a formar parte del suelo. Cuando un árbol cae, comienzan a actuar microorganismos y hongos y todo el bosque para degradar esa madera muerta que va a dar vida a otras plantas que crecen. Es todo un ciclo, el ciclo de la vida, ni más ni menos.»

Íbamos sobre una lancha liviana de aluminio, empujados por la corriente, envueltos en fibra de agua de color esmeralda. El río tenía una extensión de unos tres kilómetros de largo. Mi vista chocaba con las piedras redondas del lecho, unos metros más abajo: la transparencia era tan nítida, como si todo lo observara a través de un cristal. De hecho, eso parecía el río: un camino de cristal.

Imagen de un río de aguas cristalinas rodeado de vegetación exuberante en un parque nacional

Solo una pasarela sobre el río denotaba la presencia humana. Lo demás era pura naturaleza virgen. Pasamos al costado de un bosque de arrayanes sumergidos: árboles empecinados en vivir como sea y que, curiosamente, se multiplican bajo el agua.

Después de llegar a una lengua de tierra donde desembarcamos y comenzamos a caminar hasta la orilla de un lago inmenso, sentí la inquietante presencia de mis temores: en otra lancha, pero más grande, deberíamos navegar las aguas intranquilas del lago Menéndez durante dos horas hasta llegar al abuelo del planeta. Las crestas blancas del oleaje pasaban a ambos lados de la embarcación. Era una superficie acerada, interminable, en cuyos extremos se levantaban montañas negras. Se movía la embarcación, se bamboleaba por tanto viento que venía del oeste, del lado de Chile.

La Sensibilidad y Conservación de los Árboles

Abandonando mis inquietudes, me dediqué a meditar sobre los mundos que nos rodean. Fuera del humano, de por sí vasto y contradictorio, glorioso y angustiante, muy pocas veces había reparado en la sensibilidad de los árboles. En su larga vida inmóvil, van dibujando círculos concéntricos cada año que gastan. Así, es como se sabe los años de vida que tiene un árbol, por esos círculos que se ven cuando uno tala un ejemplar y ve la superficie del tronco.

A veces pienso que la muerte de un árbol puede ser una celebración si cae para siempre de viejo y no lo mata el hombre. Entonces, un árbol deja de ser en sí mismo para abonar la tierra y volver a crecer en otro. Pensaba en todo esto porque el hombre ha matado árboles donde los encuentre. La navegación terminó cuando desembarcamos en el alerzal. Allí, cuidaba la soledad otro guardaparque, Rubén.

«Hasta 1937, hubo mucha explotación maderera en este lugar. Cortaban los alerces, los llevaban, los procesaban y hacían madera: tejuelas para techos, muebles, etc. Eso afectó mucho a los alerces pero, por fortuna, ahora dos terceras partes del Parque es zona intangible: ni los turistas pueden ir», relata el guardaparque.

Un PASEO IMPERDIBLE 😍 PARQUE NACIONAL LOS ALERCES - CHUBUT 🇦🇷

Lahuan: El Anciano del Bosque

Caminábamos por senderos alfombrados de hojarasca cuando apareció ante mis ojos el árbol más viejo del mundo. Aquí estaba, todavía vivo, creciendo, el abuelo del planeta. Haciendo círculos estaba. Año tras año. El ejemplar parecía tener un espacio de privilegio en el bosque sombrío. Había resistido todos los cambios de la flora y la fauna y había recibido la veneración que le tributaban los viejos mapuches que ya se fueron. Lahuan, lo llamaban: que quiere decir, el viejo abuelo.

«Es posible que sea el más viejo, es posible -dice Gustavo-. Casi tres mil años de vida y aquí está, observándonos a nosotros, quizá con la misma curiosidad con la que lo miramos a él.»

Lahuan es un árbol portentoso, bien plantado, que extiende sus brazos de niño adolescente y adulto con elegancia real y parece el custodio del parque. Alguien quiso herirlo con un hacha, pero desistió de matarlo. Su copa altísima, a unos 60 metros de altura, busca afanosamente la luz del sol. Claridad vital que de tanto en tanto aparece, aunque la sensación, en todo momento, es la de la inminencia de la lluvia.

Llueve todo el año en el alerzal -de hecho es una extensión, en Argentina, de la selva valdiviana chilena-. Llueve hasta cuatro mil milímetros, para alimentar las raíces del árbol más viejo del mundo y su corte de la más noble madera. La geografía se enreda: más que un bosque, parece una selva. «Las características de selva están muy claras aquí -me dice Neira-, hay enredaderas que en los bosques no hay, el sotobosque es muy tupido y está lleno de colihue, una caña maciza, pero que se puede moldear, diferente del bambú.»

Foto del

Adultos Mayores Desafiando Límites en la Naturaleza

En Hacienda Barú, la edad no es un impedimento para la aventura, especialmente cuando se trata de interactuar con la naturaleza y las copas de los árboles. Nuestro tour más popular es el recorrido en tirolesa que llamamos “El Vuelo del Tucán”. Es muy divertido y emocionante, y los visitantes ven la vida silvestre y aprenden sobre la selva tropical.

No es raro que una familia venga y la madre de unos 45 o 50 años opte por no participar, pero en realidad, muchas madres, abuelas y algunas bisabuelas han hecho el Vuelo del Tucán. La persona más vieja que lo hizo fue una increíble dama llamada Mary, que tenía 89 años en ese momento. Sus cinco hijos la llevaron a Costa Rica para su 89 cumpleaños, y Mary se convirtió en la persona de mayor edad en realizar el tour de tirolesa del Vuelo del Tucán. También hay fotos maravillosas de Sam Nodland, de 82 años, la segunda persona más vieja en realizar esta actividad.

Escalando y Desafiando la Altura

Escalar un árbol es mucho más agotador que la tirolesa. En Hacienda Barú, se escala a una cuerda asegurada en las ramas superiores de un enorme árbol de selva tropical a más de 30 metros sobre el suelo. Se necesita equipo especial y el ascenso se realiza con técnicas similares a las utilizadas por los montañistas. Guie esta excursión durante 11 años y asumí que siempre tendría el récord de ser la persona más vieja en escalar un árbol en Hacienda Barú. Sin embargo, Sally, de 76 años, visitó Hacienda Barú con su hija y su nieta en el 2011 y decidió hacerlo.

A fines de 2016, inauguramos el Desafío del Mono en Hacienda Barú, una carrera de obstáculos a 10 metros sobre el suelo. Consiste en escalar un árbol usando rocas de escalada o una escala de loros, cruzar seis puentes de cuerdas de diferentes dificultades y, finalmente, saltar desde una plataforma de 10 metros. Yo tenía 73 años cuando lo hice y puse el récord. Hace solo unos días, una encantadora dama llamada Billie, de 70 años, y su esposo Joe, llegaron a Hacienda Barú. Billie estableció el récord para mujeres y el segundo lugar en general en el Monkey Challenge.

La razón por la que comparto estas historias es para honrar a todos los ancianos que hemos incursionado en las copas de los árboles en Hacienda Barú y mostrarnos como ejemplo para todos esos padres y madres de 50 años que piensan que son demasiado viejos para hacer un tour de canopy. Para nosotros los "viejillos", ustedes son solo niños. Sal y hazlo.

Persona mayor disfrutando de un tour de tirolesa en un bosque tropical

Naturaleza como Elemento Vital en Residencias para Adultos Mayores

Con el fin de potenciar las áreas verdes, la Corporación Nacional Forestal (CONAF) entregó un total de 20 quillayes al Condominio de Viviendas Tuteladas Las Cumbres de Rancagua, que cuenta con la misma cantidad de viviendas destinadas a adultos mayores.

La iniciativa nació de un grupo de estudiantes de Trabajo Social de IPChile, quienes desarrollan un proyecto de vinculación como parte de sus actividades curriculares. En su trabajo de intervención en Las Cumbres descubrieron el interés por plantar más árboles en su entorno y decidieron contactar a CONAF. La estudiante Karina Farías agradeció la rápida gestión de la institución, que permitió la donación de arbolitos.

Viviana Meza, encargada del Plan de Intervención del Condominio de Viviendas Tuteladas Las Cumbres, destacó el aporte de CONAF al recinto y al trabajo de las estudiantes, que están «realizando un proyecto de mejoramiento y mantención de las áreas verdes y de las viviendas». Agregó que el aporte de CONAF le parece «excelente, maravilloso, porque, bueno, primero la vinculación que se ha dado con CONAF» que les permite una mejora en la calidad de vida de los residentes gracias al mejoramiento de sus áreas verdes.

César Cabrera, encargado de Bosques Plantados de CONAF, comentó que «nos encontramos en un condominio muy particular de una comunidad de adultos mayores. Me ha impresionado su condominio lleno de vegetación, lleno de plantas, de frutales, plantas medicinales, huertos familiares y una gran convivencia entre los adultos mayores». Respecto de la entrega de árboles, el profesional precisó que «vinimos a colaborar con ellos en plantación de quillay, dejarle algunos árboles de esta especie valiosa del bosque nuestro, del bosque nativo, ya que acá solamente había uno. La idea es que ellos los adopten y planten cada uno su árbol.»

Los espacios en este tipo de comunidades están pensados y adaptados a las necesidades de los adultos mayores, donde además de hacer cambios en la estructura, los trabajadores y personal de apoyo están capacitados para el trato, dignificando a los abuelitos que ahí viven. Se les da atención integral médica y se cuenta con áreas de enfermería, terapia física y rehabilitación, nutrición, lavandería, belleza, así como el área de terapia ocupacional, la cual ayuda a mejorar las capacidades físicas y mentales de quienes ahí viven.

Grupo de adultos mayores plantando árboles en un área verde residencial

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