A medida que la población española envejece, la preocupación por la desnutrición en personas de edad avanzada va en aumento. La desnutrición, y en su forma más extrema, la caquexia, es una condición que ocurre cuando el cuerpo no obtiene suficientes nutrientes de los alimentos que ingiere para funcionar correctamente. Esta situación puede acarrear diversos problemas de salud en las personas mayores.
Nutrición esencial en la tercera edad
La alimentación en la tercera edad debe ser cuidadosamente planificada para aportar la cantidad adecuada de nutrientes esenciales. Entre ellos se destacan las proteínas, fundamentales para el mantenimiento muscular; el calcio, crucial para la salud ósea; el ácido fólico y la vitamina B12, importantes para la función neurológica y la formación de glóbulos rojos.
Además, es indispensable asegurar una ingesta diaria mínima de fibra. La fibra, presente en cereales integrales, frutas, verduras, hortalizas y legumbres, juega un papel vital en el control del colesterol y las grasas, la prevención del estreñimiento y la regulación de la glucemia.
Recomendaciones para una alimentación saludable en la vejez
Desde la perspectiva de profesionales de la salud, se recomienda variar el menú diario para asegurar una amplia gama de nutrientes y evitar la monotonía. Asimismo, se sugiere recurrir a suplementos nutricionales cuando sea necesario para cubrir posibles déficits, y realizar pequeñas comidas frecuentes a lo largo del día. Este último enfoque ayuda a evitar que las comidas sean pesadas y facilita su digestión, previniendo la sensación de saciedad temprana.

Proyecciones demográficas y el desafío de la desnutrición
Organismos internacionales como la OMS (Organización Mundial de la Salud) y la CE (Comisión Europea) han predicho que para el año 2060, aproximadamente el 12% de la población europea tendrá más de 80 años. Este envejecimiento poblacional subraya la creciente importancia de abordar las problemáticas asociadas a la edad, como la desnutrición.
Estudios históricos sobre la atrofia orgánica en la inanición
El artículo de Marie Krieger, publicado originalmente en 1921, representa uno de los primeros estudios anatómicos sobre la muerte por inanición. Basado en la recopilación de 125 casos entre 1915 y 1919, el estudio analizó las alteraciones anatómicas a nivel de todos los órganos, caracterizadas macroscópicamente por atrofia y disminución del peso. Estas alteraciones estructurales, a su vez, condicionan una disminución de la capacidad funcional, contribuyendo a las complicaciones de la desnutrición.
Clasificación de los casos de desnutrición en el estudio de Krieger
Krieger clasificó los casos de desnutrición extrema en cuatro grupos principales:
- Grupo I: Pacientes con enfermedades psiquiátricas y sin enfermedad orgánica conocida. Este grupo se considera el más representativo de la inanición pura.
- Grupo II: Casos de disentería crónica, que implican enfermedades inflamatorias del tubo digestivo, a menudo asociadas con diarreas.
- Grupo III: Pacientes fallecidos a causa de tumores malignos, como cáncer de estómago o esófago. En estos casos, se describe la caquexia tumoral como una "autointoxicación del cuerpo", que anatómicamente no se diferencia significativamente de la inanición pura.
- Grupos IV y V: Pacientes con enfermedades febriles, presumiblemente infecciosas como la tuberculosis, donde el efecto "tóxico" de las sustancias producidas por las bacterias se suma al cuadro. El último grupo incluía pacientes de edades avanzadas para la época (60-80 años), donde la sarcopenia y la desnutrición del anciano podían verse agravadas por otras causas de muerte.
Los resultados de las autopsias de los grupos I y II se detallan al final del artículo original, ofreciendo un valioso documento histórico sobre la asistencia médica en Alemania a principios del siglo XX.

Implicaciones de las investigaciones históricas para la actualidad
Aunque muchos datos del estudio de Krieger son trasladables a la situación actual, llama la atención la frecuencia de neumonía y tuberculosis como causas de desenlace en una época sin antibióticos ni tratamientos antifímicos. Estos factores indudablemente complicaban y aceleraban el desenlace de la desnutrición.
Además, la situación sociosanitaria y la calidad de los cuidados de los pacientes en aquel entonces distaban mucho de los estándares actuales. El artículo de Krieger, por lo tanto, también tiene un interés como reflejo de una realidad sociosanitaria muy diferente a la contemporánea.
Desnutrición en contextos modernos y poblaciones vulnerables
En los últimos años, el interés en la relación entre el peso y la salud se ha desplazado hacia la obesidad. Sin embargo, las situaciones de caquexia extrema o de deficiencias calórico-proteicas prolongadas siguen siendo frecuentes en diversos grupos poblacionales. Estos incluyen pacientes oncológicos, algunos pacientes inmunodeprimidos, ancianos y personas con anorexia nerviosa. Asimismo, la hambruna sigue siendo una realidad en algunos países del tercer mundo.
Afectación preferencial de órganos y valor pronóstico
En situaciones de desnutrición extrema, la afectación preferencial de ciertos órganos es de gran interés para comprender mejor la fisiopatología de la desnutrición. También resulta crucial para la valoración pronóstica del paciente, ya que en estas circunstancias, el peso o el Índice de Masa Corporal (IMC) se convierten en los índices más fiables del grado de desnutrición y del pronóstico.
Tolerancia a la pérdida de peso
El organismo puede tolerar una pérdida de peso variable, que depende de factores como el clima y la temperatura ambiente, la presencia de otras enfermedades, la velocidad con que se produce la desnutrición o las deficiencias relativas de diferentes nutrientes. Por ejemplo, no se tolera igual una desnutrición preferentemente calórica (como en la anorexia nerviosa) que una desnutrición mixta proteico-calórica (como en casos de enfermedad).

La desnutrición en la etapa final de la vida: cuidados paliativos
Cuidar a un ser querido en la etapa final de su vida presenta desafíos únicos, especialmente al observar cambios en su apetito o sed. Estos cambios son una parte normal del proceso de la muerte, ya que el cuerpo necesita menos energía y las funciones corporales se ralentizan.
Cambios naturales en el cuerpo al final de la vida
- Dificultad de deglución (disfagia): La deglución puede volverse peligrosa o difícil debido al declive neuromuscular u obstrucción.
- Delirio: Cambios agudos en la atención y la cognición pueden reducir la conciencia sobre el hambre o interferir en la alimentación.
- Declive natural del cuerpo: La digestión se ralentiza y el apetito disminuye a medida que el cuerpo requiere menos energía.
- Fatiga y debilidad: El esfuerzo necesario para comer o beber puede ser agotador.
- Pérdida de señales de hambre o sed: El cerebro puede dejar de enviar estas señales a medida que la enfermedad avanza.
- Incomodidad física: El dolor, las náuseas o la dificultad para tragar hacen que comer y beber sean desagradables o representen un peligro.
- Medicamentos o enfermedad: Ciertos medicamentos y afecciones médicas pueden reducir el apetito, alterar el gusto o dificultar la deglución.
Nutrición artificial y su impacto en pacientes de hospicio
Los estudios demuestran que la nutrición artificial tiene un impacto mínimo en la supervivencia de los pacientes de hospicio. Por ejemplo, pacientes con demencia alimentados por sonda no muestran una expectativa de vida diferente a aquellos alimentados manualmente. Generalmente, no se colocan sondas de alimentación en pacientes a punto de morir, priorizando el confort y el alivio del dolor.
Necesidades hídricas y alimentarias al final de la vida
Las necesidades de agua y comida de un paciente terminal son muy diferentes a las de una persona saludable. A medida que el cuerpo pierde gradualmente su capacidad de digerir y procesar líquidos y alimentos, las cantidades mínimas de nutrición o hidratación pueden ser suficientes, o incluso innecesarias.
¿Cuánto tiempo puede vivir una persona en hospicio sin comer ni beber?
Sin comer, un paciente puede vivir aproximadamente 10 días. La deshidratación también puede ser un factor, aunque la sed disminuye naturalmente. Estos cambios son esperables desde el punto de vista médico y forman parte del proceso de la muerte.

Casos trágicos de desnutrición severa y negligencia
Existen casos documentados de fallecimientos debido a desnutrición severa y negligencia, que ponen de manifiesto graves irregularidades en la atención a personas mayores:
- En Gaza, un hombre palestino de 43 años con diabetes falleció por desnutrición severa y complicaciones de su enfermedad, en medio de una creciente escasez de alimentos y medicamentos.
- En una residencia de ancianos en Chile, se reportó la muerte de un hombre de 84 años que estuvo 9 días sin ser alimentado, así como otros casos de maltrato y condiciones insalubres. Las investigaciones posteriores revelaron graves irregularidades en la administración de la fundación encargada, incluyendo la falta de personal, escasez de insumos y presunto desvío de fondos.
- El caso de Pablo Henríquez Avello, tetrapléjico, quien tras una hospitalización regresó a casa con escaras avanzadas y en condiciones de higiene deficientes, evidenciando una falta de cuidado adecuado.
- Margarita del Carmen Lobos, quien falleció al caerle una puerta encima en la misma residencia, lo que desencadenó investigaciones sobre posibles delitos.
- Raúl González Figueroa, un anciano con antecedentes de maltrato en otro asilo, quien fue trasladado a una nueva residencia donde también enfrentó condiciones precarias y falta de atención adecuada, culminando en su fallecimiento.
Estos casos resaltan la importancia de una supervisión rigurosa y un control estricto de las instituciones que atienden a personas mayores, así como la necesidad de garantizar la protección de sus derechos.
La hiporexia en ancianos: causas y consecuencias
La hiporexia, definida como la disminución del apetito o la falta de ganas de comer, es una patología de alta prevalencia en adultos mayores, afectando a más del 60% de las personas mayores de 65 años. Detectar la hiporexia implica observar cambios significativos en los hábitos alimenticios, como una disminución notable en la cantidad o frecuencia de la ingesta.
Factores que contribuyen a la hiporexia en ancianos
- Cambios en el sentido del gusto y el olfato: Estos sentidos pueden deteriorarse con la edad, reduciendo el placer de comer.
- Limitaciones motoras: La movilidad reducida dificulta el acceso autónomo a los alimentos.
- Restricciones dietéticas: Prescripciones médicas o limitaciones en el menú pueden afectar la variedad y el atractivo de las comidas.
- Tratamientos farmacológicos: Algunos medicamentos pueden reducir el apetito o alterar el gusto.
- Deterioro de capacidades: Problemas cognitivos o de conducta pueden influir en los hábitos alimenticios.
- Alcoholismo: La ingesta incontrolada de alcohol puede desplazar los hábitos de alimentación saludables.
- Depresión: Problemas emocionales como la depresión pueden llevar a una pérdida de apetito.
- Aislamiento social: La falta de contacto social puede tener repercusiones negativas en los hábitos de alimentación.
- Limitaciones económicas: La escasez de recursos puede dificultar el acceso a alimentos nutritivos y variados.
Consecuencias de la hiporexia y la desnutrición en ancianos
Las consecuencias de la hiporexia y la consecuente desnutrición van más allá de la pérdida de peso:
- Pérdida de masa muscular y ósea: Aumenta el riesgo de caídas y fracturas.
- Fatiga y anemia: La falta de hierro y otros nutrientes esenciales puede causar debilidad y palidez.
- Aumento del riesgo de caídas y fracturas: La debilidad muscular y ósea, junto con la fatiga y la anemia, incrementan este riesgo.
- Deterioro cognitivo y funcional: La desnutrición puede afectar el funcionamiento cerebral, causando problemas de memoria, concentración y atención.

Estrategias para combatir la hiporexia y estimular el apetito
Combatir la hiporexia en ancianos requiere un enfoque integral que aborde tanto las causas subyacentes como la estimulación segura y efectiva del apetito.
Enfoques de manejo y apoyo profesional
- No forzar la ingesta: Es fundamental respetar los horarios y no obligar a comer si no hay hambre.
- Mantener una actitud positiva: Evitar regañar o presionar a la persona mayor.
- Relativizar el problema: Focalizar la atención en otros aspectos hasta que el apetito se presente de forma natural.
- Alimentos de fácil masticación: Optar por bocados pequeños, fáciles de masticar y digerir.
- Dieta equilibrada: Incluir frutas y verduras frescas, proteínas magras y granos integrales, evitando azúcares añadidos, alimentos procesados, bebidas azucaradas, cafeína y grasas saturadas.
- Buscar apoyo profesional: Ante la persistencia de la hiporexia, es crucial consultar con un médico geriatra o especialista en nutrición para un diagnóstico adecuado y un plan de tratamiento personalizado.
- Supervisión de un cuidador: La presencia de un cuidador domiciliario puede garantizar el seguimiento de correctas rutinas alimentarias y un control personalizado.
- Seguimiento de dietas diseñadas: Asegurar el cumplimiento de dietas ajustadas a las necesidades y condiciones de salud del paciente.
- Monitorización del peso y observación de hábitos: Llevar un registro de los cambios físicos y de comportamiento.
Vitaminas y estimulantes naturales del apetito
Bajo supervisión médica, ciertas vitaminas y suplementos pueden ser útiles:
- Vitamina B12: Favorece la producción de glóbulos rojos y el apetito.
- Ácido fólico: Ayuda a la absorción de la vitamina B12 y al funcionamiento digestivo.
- Zinc: Fortalece el sistema inmunológico y el sentido del gusto.
- Hierro: Combate la anemia, que puede contribuir a la fatiga y la falta de apetito.
Además, algunos remedios naturales pueden ayudar a estimular el apetito:
- Jengibre: Estimula el sistema digestivo y alivia las náuseas.
- Manzanilla: Posee propiedades calmantes y digestivas.
- Cardamomo: Estimula el apetito y tiene un sabor agradable.
En casos más severos, un médico puede recetar medicamentos estimulantes del apetito.