El espíritu jovial en la vejez: Perspectivas de un humorista

Aunque el término "anciano jovial" puede evocar imágenes de memes y fenómenos virales, su verdadero significado y origen se encuentran en las profundas reflexiones de quienes viven y encarnan esta etapa de la vida con humor y sabiduría. Un humorista nos comparte su introspección sobre el envejecimiento, la creación y la adaptación en el ocaso de la vida profesional y personal.

Desafíos del humorista ante la vejez

La introspección personal sobre el envejecimiento

“Para 2023 decidí abordar un tema muy incómodo, no solo para los políticos, sino también para mí y para ti: el envejecimiento. ¿Por qué? Porque ya estoy entre los considerados ancianos y porque pronto me retiraré de mi profesión. Me pareció interesante hacer una introspección, antes de adentrarnos en la realidad de este universo, a través del humor.”

La idea de entrevistar a dibujantes de humor mayores de 70 años es una utopía que el autor intentó, aprovechando sus contactos de cuarenta años como productor y promotor de eventos de humor gráfico. “Por supuesto, otra de las utopías es pensar que los mayores quieren hablar de sus dolencias, de la conciencia de la edad y del paso del tiempo, cuando quieren olvidar todo eso, pensando que siguen siendo jóvenes irreverentes sin la pesadilla de todos aquellos problemas inherentes al paso de los años. Finalmente, también puede ser una utopía pedir a los que prefieren hablar a través de la línea del dibujo que me hablen a través de las letras escritas en una entrevista.”

Foto de un anciano sonriendo con vitalidad, quizás con toques de humor en su expresión

Resistencia y aceptación del paso del tiempo

El humorista se presenta: “No soy dibujante, profesionalmente soy cantante lírico y paralelamente soy historiador del arte, que en las últimas cuatro décadas ha tratado de escribir la historia y las historias del humor gráfico, además de producir Salones, Festivales, exposiciones que dan a conocer este noble arte del humor gráfico (ya he realizado más de quinientos eventos y publicado más de doscientas publicaciones).”

El proceso de recopilación de testimonios no fue fácil: “En este momento puedo decir que no ha sido fácil porque hubo artistas que se negaron a mirarse en el espejo del tiempo y, en su amargura, dijeron enseguida que no querían responder. Otros no quisieron responder a la entrevista, pero enviaron dibujos. Las ancianas anhelan las sonrisas de los demás, pero a veces nos niegan la suya... son efectos del tiempo y de los estados de ánimo de cada uno.”

Se observa el inevitable deterioro: “Con el envejecimiento del ser humano vemos el deterioro físico, el desgaste, la pérdida de energía, etc. Resumen: llegamos al envejecimiento del humorista, con la mochila repleta de las afectaciones por envejecer como ser humano, como creador y como artista.”

La vocación del humorista en la edad avanzada

Diversas motivaciones para hacer humor

Existen distintos tipos de humoristas a lo largo de su carrera: “Existen humoristas que nacieron con el don de crear chistes, de imaginarse situaciones cómicas, etc., pero jamás les interesó “en serio“ su profesión. Por lo que hicieron humor toda la vida como un trabajo para sobrevivir y ojalá darse lujos. Y existen humoristas que aunque amen o no su profesión, están obligados a seguir haciendo humor sin retirarse, por problemas en su bolsillo.”

Sin embargo, hay una categoría especial: “Entonces, existen humoristas que aman su trabajo creativo, que están convencidos de la importancia de hacer reír y sonreír a sus prójimos y de hacerlos pensar además de divertirlos. Estos no se jubilarán nunca. Claro, lo quieran o no, se verán afectados. Es posible que piensan más ahora en las consecuencias de un chiste, de un mensaje. Aunque también quizás se vean afectados por otras puntos no descritos aquí.”

Reflexiones personales sobre el reconocimiento y la creación

Al reflexionar sobre un homenaje recibido, el humorista expresa: “¿Me merecía ese homenaje? Yo siempre digo y repito que estoy convencido de que no soy el mejor (ni mucho menos), actor cómico, escritor, guionista, director escénico, videasta, fotomontajista, estudioso del humor, etc. Pero yo sí considero que soy un humorista bueno, “normalmente” bueno. Entonces, mi mayor éxito, mi mayor orgullo, es ser un creador de humor multifacético de un buen nivel. ¿Qué siento entonces al recibir este homenaje? Mi ego celebra, festina, disfruta, pero internamente. Porque “padezco” de la obsesiva limitación de tener que controlarlo para no demostrar ser prepotente, “sobrado”, autosuficiente, soberbio, orgulloso, divo, etc.”

El reconocimiento es valorado, pero no es el motor principal: “No obstante, uno no vive para que le hagan un reconocimiento, le den un premio o le hagan un homenaje. Sin embargo, en el fondo uno lo quiere, lo anhela, porque es un estímulo, sin dudas. Claro, si no llegan, hay que tener una convicción fuerte para continuar creando y no dejarse deprimir. En fin, voy a seguir creando, porque este homenaje no es una meta.”

La influencia de su estudio del humor es clave: “No sé si influye que le he dedicado parte de mis estudios y parte de mi trabajo “en terreno“ a cómo aplicar el humor en la vida, los beneficios que otorga, etc. Y eso haya incidido en mi forma de crear el humor. Eso no significa que en lo interno en ocasiones sea muy escéptico o negativo ante la conducta del ser humano actual.”

La relación entre el humorista y la sociedad

La expectativa del público y la 'seriedad' del humorista

“Muchos esperan que un comediante sea una persona alegre y divertida. Con la edad, ¿siguen pidiendo lo mismo o aceptan que también pueden hacer vinagre?” El autor descarta teorías sobre la insensibilización o el arrastre del drama: “Alguien podría argumentar que al hacer reír tanto se insensibilizan con la risa y la alegría, pero no hay ningún estudio que avale ese teoría. O que su fuente de creatividad es la tragedia que convierte en humor y al estar tanto expuesto al drama, lo arrastra a su vida.”

“En lo que sí estoy de acuerdo es que los humoristas nos hemos ganado la fama de ser “serios” cuando no estamos creando o comunicando humor. Pero es fácil de explicar. La gente tiene altas expectativas de reír al toparse con un humorista “en la vida real”. Pero no se dan cuenta de que somos seres humanos como ellos y tenemos nuestras responsabilidades, preocupaciones y deberes y derechos como todos. Y no siempre uno está dispuesto a hacer reír al prójimo. Sería inhumano si así fuera siempre.”

Ser humorista no es sinónimo de risa constante: “Pero además, ser humorista no es sinónimo de risa. Yo, por ejemplo, soy más de sonrisa que de risa. Desde mis inicios profesionales me ha gustado hacer humor no vulgar, no simplón, y eso te obliga a cuidar la forma, por lo que me interesa no conseguir la risa fácil del público contagiada por mi propia risa, prefiero que se rían o sonrían con mi creación. Tampoco me gusta reírme en escena como explicitándole al público que estoy diciendo algo gracioso. Eso no significa que me ría adrede cuando haga falta. Y fuera del ámbito artístico, he sido un “florón”, un “centro de mesa”, un “payasito” cuando he querido. Pero nada de lo anterior significa que tajantemente soy “serio” como humorista, ni que como tal debo estar siempre dispuesto a hacer reír.” Finalmente, concluye: “En resumen, no hace falta ser humorista para deprimirse. Todos los seres humanos somos propensos a caer en ese pozo.”

Ilustración de un humorista pensativo detrás del escenario, contrastando con su imagen pública

Aceptar la vejez: cuerpo, mente y filosofía de vida

La confrontación con el espejo

Respecto a la aceptación de la vejez y el estado de ánimo, el autor siente que ya ha respondido parcialmente a estas preguntas. “A mí me ha costado aceptar que el tipo que veo en el espejo sea el mismo de antes. Ojo, no se trata de vanidad. Me refiero a que le veo un parecido a mi abuelo a esta edad, a mi padre a esta edad. Y cuando tenían esta edad yo los miraba y los encontraba ancianos, débiles, acabados, dignos de lástima, “pobrecitos“. Y pienso que ahora soy yo el que les provoca eso a mis hijos y nietos.”

Los achaques cotidianos y la vitalidad mental

“Otra cosa difícil de aceptar es tener que vivir con achaques todos los días. Y no hablo de enfermedades. Me refiero a que hoy amaneces doliéndote el pelo, mañana una uña, etc. Incomodidades que antes no tenías. Y son pequeñas molestias, nada graves, pero dificultan la vida, incluso afecta la creación. Y pueden hacer que pierdas tu estado de ánimo lúdico ese día o parte de ese día. Sí, se necesita más esfuerzo para mantener ese estado de ánimo lúdico, alegre, optimista y positivo siempre. Entonces para algunos será una fortaleza y para otros una debilidad.”

La clave es la aceptación: “Yo me conozco, (o creo conocerme), y tengo desarrollado, engrasado, un mecanismo para vencer las adversidades e instalarme con comodidad a crear humor. Para mí la vejez, aunque parezca clisé, es aceptar la vejez.”

Infografía comparando el deterioro físico del envejecimiento con la persistencia de la agilidad mental

La dicotomía cuerpo-mente en la vejez

Citando a un amigo, Pedraza Ginori: “Joven ha de ser quien lo quiera ser“. El humorista parafrasea: “Viejo ha se ser quien lo quiera ser“. Subraya la importancia de la mente: “Por supuesto, tienes que aceptar que pasó el tiempo y que tu cuerpo se quedó atrás comparado con tu mente. Tu cuerpo envejeció, como envejece un auto, una herramienta, un edificio, una mascota. Ya se te ven muchas arrugas, carnes sueltas, demasiados lunares en la piel, pelo blanco, tienes menos fuerzas en tus brazos y piernas, tienes menos energía, tu actividad sexual disminuyó alarmantemente, debes tomar pastillas de por vida por enfermedades crónicas, tu orine huele pésimo, etc., etc. Eso le pasó a tu cuerpo. Pero, ¿revisaste tu mente? ¿Se te ocurren chistes como antes?, ¿sigues mirándole el lado cómico a las cosas?, ¿continúas riéndote de ti?, ¿disfrutas igual tu trabajo?, ¿mantienes tu capacidad de aprender, de curiosear, de observar?, etc. Entonces tu mente no ha envejecido. Solo tu cuerpo. Yo me impuse esa filosofía.”

Gestionar el duelo y las desgracias

Su filosofía ante las tragedias es particular: “Yo no sé si soy demasiado “frío“, insensible, pero evito las tragedias, ya sean antiguas o actuales. Por ejemplo, fallece un ser querido, me duele, lloro, sufro, pero por poco tiempo. Enseguida hago un esfuerzo para separarme del conflicto y pensar en otra cosa (casi siempre me pongo a crear). No significa que cambie la emoción negativa por una positiva. No me pongo alegre, no celebro, ni mucho menos. Solo que pienso en otra cosa. Y sigo queriendo a la persona fallecida y sigo recordándola. Pero recordándola en momentos alegres de su vida. Sigo la filosofía de vivir el duelo, pero no el sufrimiento. Y así hago con todas las desgracias que llegan a mi vida. Porque las desgracias llegan de todas maneras, vivas como vivas.”

La resiliencia emocional es clave: “La cuestión es que si vives siempre con predominio de emociones negativas (tristeza, enojo, estrés, etc.), vives algo hundido, por debajo de la “línea de flotación“. Sin embargo, si vives habitualmente con predominio de emociones positivas (alegría, optimismo, etc.), cuando llega la desgracia y te hunde, te dejará cerca de la “línea de flotación“ y te será mucho más fácil recuperarte y “levantar cabeza“.”

La autopercepción también juega un papel: “Sí, sucede a menudo. Supongo que es porque uno inconscientemente no quiere verse viejo y se convence de eso. También que uno se ve poco. Ve más a los demás. Cuántas veces no comentamos en confianza “qué viejo está fulano, está como si le hubieran pasado mil años por encima“, “¿viste cómo se le olvidan las cosas?“, “está muy mal, el pobre“. Y lo que uno no sabe es que ese fulano está diciendo lo mismo de uno, porque te percibe de igual manera que uno lo percibe a él. Me preocupa más perder lucidez, memoria.”

Envejecimiento Saludable y Exitoso (DocMorris)

Humor, tecnología y la evolución de la sociedad

El humor como profesión y actitud de vida

La jubilación no detiene la creatividad del humorista: “Cuando haces humor como afición, en el retiro sigue siendo un escape. Si eres profesional desde hace décadas, la jubilación, en principio, es finalmente descansar, pero con humor, ¿no echas de menos este ejercicio constante de mirar la vida al revés? Ya respondí de alguna manera eso. Soy un profesional del humor y crearé humor y lo estudiaré hasta el final de mi capacidad intelectual. El humor para mí es mi profesión, mi hobby, es una actitud ante vida.”

Adaptación a las nuevas tecnologías

La adaptación tecnológica ha sido un viaje: “¿Cómo fue la adaptación a las nuevas tecnologías? La velocidad del cambio ha sido vertiginosa, lo que por un lado ha facilitado ciertos trámites técnicos, también ha complicado a los que no les gustaba el cambio. ¿Cómo te pasó a ti? Pasé de escribir guiones y cuentos en una máquina de escribir en Cuba, a escribirlos en Chile cuando emigré, en un teclado de computador. Tuve que aprender a manejar el procesador de texto. Al principio me daba ese miedo a lo desconocido, a “meter la pata“, a si aprieto algo que no es y provoco un desastre. Después aprendí a imprimir, mandar un fax, etc.”

El camino continuó con la era digital: “Llegó la telefonía móvil, pero no me gustó. No porque me desagradara en sí misma, sino por el pésimo manejo que hacían y hacen los seres humanos con ese aparato. Entonces llegaron las laptops y las tablets, me hice adicto. Me encanta navegar y buscar todo en Google. Llegaron las páginas web y las redes sociales. Con el apoyo de mis hijos, sobre todo de Alex, el menor, abrí una página para existir, porque me di cuenta de que el que no exista en el ciberespacio, no existe en la vida. O por lo menos existe poco.”

La creatividad exigió nuevas habilidades: “A esa altura comencé a crear fotomontajes humorísticos en Photoshop. Tuve que aprender a usarlo. Fundamos humorspaiens.com y soy editor de contenidos, por lo que tuve que estudiar cómo actualizarla. Y también creé el Boletín mensual de esa pagina. Más he tenido que aprender a grabar y editar videos, colocar efectos de audio e imagen y finalmente subirlo a YouTube y demás plataformas. En fin, a diferencia de muchos de misma edad, fui siempre consciente de que tenía que sumergirme en esa ola tecnológica, o la creatividad, se limitaría. Para mí, si quería seguir creando y que mis obras las conocieran más personas, estaba obligado a entregarme a la tecnología.”

Fotografía de un anciano utilizando una tablet o computadora portátil con destreza, simbolizando la adaptación tecnológica

Involución social y artística

Como cronista de su época, el humorista reflexiona sobre los cambios: “Básicamente, son muchos años de testigo de cambios en la sociedad, en el comportamiento político y social, además de los técnicos, es decir, no solo eres parte de la historia sino también cronista de esa misma historia. ¿Qué más ha cambiado? No estoy muy seguro de nada. ¿Realmente vi cambios en la sociedad, en el comportamiento político y social? ¿Soy un cronista de mi época creando mayoritariamente humor blanco? Quizás sí, pero no lo tengo claro.”

Ofrece una opinión personal controvertida: “Lo que sí puedo darte una opinión muy personal de lo que creo que ha cambiado y que podría generar mucha polémica. Pienso que el ser humano ha ido involucionando en muchas cosas. Se puede ver en las artes. Se impone el mal gusto y el simplismo en todo. Por ejemplo, en las artes visuales ya se valora más el meme que la caricatura. El grafiti se valora más que la tira cómica. Y me refiero a los malos memes y los malos grafitis, que son los que nos invaden. En la música mira el reguetón y la llamada música urbana en general, por ponerte ejemplos. En el humor lo palpamos en el stand up comedy. Ojo, no estoy en contra del formato, de l...”

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