La percepción y el significado del trasero han evolucionado significativamente a lo largo del tiempo. Si bien en décadas pasadas, como los 90, las curvas no eran tan celebradas, figuras como Kim Kardashian o Jennifer Lopez han posicionado el concepto de "culo" en el punto de mira, potenciando su valoración y disfrute.
Pero más allá de las tendencias, el trasero experimenta una serie de transformaciones naturales con el paso de los años. Para entender cómo el culo evoluciona y qué se puede hacer para mantenerlo, hemos consultado a expertos como la doctora Karen E. Boyle de la Asociación de Urología Chesapeake y el doctor Joshua Zeichner del hospital Monte Sinaí.
La Evolución del Trasero a Través de las Décadas
En la Adolescencia
A los 13 años, el trasero suele tener un tamaño que raramente se consigue de nuevo. En esta etapa, la grasa se encuentra en su punto más bajo debido a los niveles de estrógenos, que comenzarán a subir con la pubertad. La musculatura es bastante firme, independientemente de la actividad física. Sin embargo, las hormonas pueden producir granitos en la piel de los glúteos, similares al acné facial, o en ocasiones, foliculitis, una infección del folículo piloso. Estos suelen desaparecer solos, pero es importante vigilar la limpieza y, si es necesario, exfoliar o usar sustancias específicas como el peróxido de benzoilo.
En la Veintena
Las hormonas que causaron cambios en la adolescencia contribuyen a que el trasero adquiera más forma en la veintena. Hay una mayor acumulación de grasa, lo que lo vuelve más redondo. Aunque el culo sigue siendo firme, es recomendable tonificar los músculos para mantenerlo en esta forma. Un buen ejemplo es seguir rutinas de ejercicios cortas pero efectivas.
A los 30 Años
A partir de los 30, el trasero comienza un "declive", según la doctora Boyle. En esta década, se pierde masa muscular y el efecto de ejercicios como las sentadillas disminuye. El ejercicio se vuelve esencial para el cuidado. Además, la renovación celular y la producción de colágeno se desaceleran, lo que lleva a una notable falta de firmeza y una apariencia más caída. A pesar de ello, es fundamental mantener el orgullo por el cuerpo y continuar con el ejercicio.
A los 40 Años
En los 40, los niveles de estrógenos empiezan a cambiar, lo que puede provocar más flacidez y la aparición de grasa en las caderas que antes no existía. El trasero se vuelve menos firme y más plano. Aun así, mantener una rutina de ejercicio constante y una alimentación saludable puede ayudar a conservar los glúteos en forma. La principal batalla durante esta década es la de mantenerse en forma, especialmente ante la inminente llegada de la menopausia.
A los 50 Años
Con la menopausia en el horizonte, los niveles de estrógenos continúan cayendo, y el trasero sigue su tendencia a la caída. Mantener una rutina deportiva es crucial para prevenir la pérdida de tono muscular y evitar que la grasa que abandona el trasero se reubique en otras zonas del cuerpo. Es sumamente beneficioso mantenerse en movimiento.
A partir de los 60 Años
Un trasero firme y tonificado en la tercera edad proporciona un mejor apoyo muscular para la espalda y la cadera. Además, mejora el equilibrio y ayuda a prevenir caídas. Esta etapa es la verdadera prueba de si todos los años de sentadillas y ejercicios han tenido efecto. Aunque el trasero "envejece", con trabajo duro y actividad física constante, puede seguir siendo atractivo y funcional.

Glúteos Grandes: Beneficios para la Salud y la Inteligencia
Contrario a antiguas creencias, tener glúteos más rellenos puede ser muy beneficioso. Un estudio de la Universidad de Oxford concluyó que las mujeres con glúteos más prominentes son más resistentes a las enfermedades crónicas y tienen hijos más inteligentes. Esta investigación, que analizó datos de 16.000 mujeres, encontró que aquellas con un trasero mayor tenían más probabilidades de mantener niveles bajos de colesterol y producir más hormonas que metabolizan el azúcar, lo que las hace menos propensas a desarrollar diabetes.
Además, la hormona que regula el peso se ve favorecida, y el tejido adiposo ubicado en la parte superior del muslo actúa como una defensa, capturando grasas dañinas y ayudando a prevenir enfermedades cardiovasculares. Las ventajas no terminan ahí: otro estudio sugiere que las mujeres con grandes posaderas tienden a tener hijos más inteligentes gracias a los ácidos grasos omega 3, que catalizan el desarrollo cerebral. El omega 3 también se transmite a través de la leche materna, influyendo en el desarrollo del sistema nervioso del bebé durante la lactancia.
Según Konstantinos Manolopoulos, autor principal de la investigación, "la grasa alrededor de las caderas y los muslos es buena; la única que es mala es la de alrededor de la barriga". Por lo tanto, pensar que tener el culo grande es perjudicial es un mito que la ciencia desmiente.

La Sexualidad en la Edad Avanzada: Rompiendo Mitos
La creencia popular a menudo sugiere que el deseo y la actividad sexual disminuyen con la edad, especialmente en las mujeres. Sin embargo, la académica Iris Krasnow, autora y profesora de Periodismo y Estudios de la Mujer de la Universidad Americana de Washington, ha investigado a fondo este tema, revelando hallazgos sorprendentes. En su libro "Sex After...: Women Share How Intimacy Changes as Life Changes", Krasnow entrevistó a 150 mujeres de entre 20 y 90 años, descubriendo que las mujeres mayores de 70, 80 e incluso 90 años disfrutan de la mejor actividad sexual de sus vidas.
La "Era de la Viejita"
Krasnow abordó la sexualidad en diferentes etapas de la vida: después de la universidad, la maternidad, la menopausia y la viudez. Encontró que las mujeres mayores eran más aventureras y confiadas en su sexualidad que las jóvenes. La "era de la viejita de 78 años, frágil, arrugada y seca es cosa del pasado", afirma la autora. Las mujeres en sus 80 y 90 representan el sector de mayor crecimiento dentro de la población anciana en muchos países occidentales, y este aumento de la longevidad viene acompañado de una mayor actividad sexual y mejor salud, gracias a mejores medicamentos, más vigor, ejercicio y dieta. La idea de que los cambios fisiológicos como la menopausia o cirugías como la histerectomía impiden una vida sexual saludable es un mito arcaico, según Krasnow, quien cita ejemplos de mujeres que mejoraron su vida sexual tras una histerectomía o iniciaron nuevas relaciones a los 90 años.
Salud y Apariencia como Claves
Iris Krasnow divide a las mujeres que redescubren su sexualidad después de los 65 años en dos categorías principales. La primera es la mujer del "nido vacío", que ha terminado de criar a sus hijos y ahora celebra las nuevas posibilidades. Estas mujeres, a menudo jubiladas, activas y conectadas socialmente, están más relajadas. "Una mujer me confesó que, por primera vez, tuvo sexo en la cocina y que estaba experimentando con un consolador", relató Krasnow.
La otra categoría es la viuda. Después de cuidar a sus maridos y vivir una vida sexual que pudo haberse vuelto aburrida o inexistente, estas mujeres encuentran a menudo a otros viudos. Empiezan a abrazarse y acariciarse de maneras novedosas, experimentando lo que describen como el mejor sexo de sus vidas. Un aspecto crucial para ambas categorías es la buena salud, lograda a través de la actividad y una buena dieta. Un buen estado físico no es solo por apariencia, sino que implica un buen estado anímico. Krasnow subraya que "el sexo se trata de irrigación" y que "el 100% de las mujeres en sus 70 y 80 que dijeron estar teniendo buen sexo están en excelente condición física". Además, el sexo, a su vez, prolonga la vida, manteniendo el corazón, las entrañas y el cuerpo en funcionamiento.
La Importancia de la Intimidad Emocional
Lo más importante para una buena práctica sexual, según Krasnow, es la conexión emocional. El buen sexo es verdaderamente bueno solo si está ligado a una emoción profunda. "La persona que diga que solo quiere sexo sin amor, miente. Todo el mundo quiere amar y ser amado", asegura la experta. Si la química sexual se transforma en compromiso y amor, la pareja tiene grandes posibilidades de una vida sexual duradera y exitosa. Si ambos están de acuerdo con la evolución sexual de su relación, todo irá bien. Krasnow concluye que, si se elige a la pareja deseada y se logra adaptar la mente a un cuerpo que envejece, "cualquier cosa es posible sexualmente". No todo tiene que ser de alta intensidad; una buena sesión de besos o un masaje lento y concentrado pueden ser igualmente gratificantes. El sexo, en última instancia, es un vínculo que mantiene la conexión con la juventud y la vitalidad.