La detención de una mujer aymara en la comunidad de Pica por la venta de hojas de coca ha generado controversia, reavivando el debate sobre la discriminación del Estado hacia los pueblos originarios y la aplicación de la ley en Chile.
La Hoja de Coca: Símbolo Sagrado y Tradición Ancestral

La hoja de coca ha sido, desde hace más de seis mil años, un símbolo sagrado de vida, conexión con la tierra y sabiduría ancestral en la historia andina. Venerada por su uso medicinal y sus dimensiones religiosas y sociales, su valor ritual era innegable en la cultura incaica, siendo utilizada en ceremonias religiosas para conectar a los seres humanos con los dioses y el mundo espiritual.
Este carácter sagrado convirtió a la hoja de coca en un objeto de prestigio, empleado como medio de trueque y regalo preciado, reforzando lazos comunitarios y consolidando su rol como emblema de la cultura andina. Además de su importancia espiritual, la hoja de coca posee beneficios prácticos que han sido aprovechados por millones de indígenas y habitantes de la región andina. Sus propiedades medicinales, como el aumento de la resistencia física y la prevención de la hipoglucemia, han sido clave para quienes viven en las alturas, ayudando a combatir el mal de montaña.
Según una antigua profecía andina, la hoja de coca representa la fuerza y la vida, un alimento espiritual que conecta a las personas con sus divinidades, como los Apus, Achachilas, Tata Inti, Mama Quilla y Pachamama, perpetuando así una relación sagrada y profunda entre la humanidad y la naturaleza.
Uso de la Hoja de Coca en la Actualidad
En el país, y sobre todo en la zona norte, la hoja de coca tiene fines principalmente medicinales, pero también es utilizada en tradiciones de distintos pueblos. Su comercialización está regulada bajo la ley. En la ciudad de Arica, por ejemplo, es común ver su venta al interior del Agro, y es utilizado tanto para aliviar dolores de estómago como para llevar adelante ceremonias.
La Detención en Pica: Un Caso de Discriminación
¿Cuáles son los efectos de mascar hoja de coca al manejar?
La detención de la mujer aymara en la comunidad de Pica vuelve a mostrar otro caso de discriminación por parte del Estado hacia las comunidades originarias. Este tipo de acciones no solo ignoran sus costumbres, sino que los tratan como delincuentes, dejando entrever que la ley en Chile es profundamente racista.
Este patrón no solo sucede con las comunidades Aymaras, como en el caso de la pastora Gabriela Blass, sino también con otras comunidades, como el pueblo Mapuche, quienes han tenido que soportar la militarización, el actuar represivo de carabineros en el allanamiento a sus comunidades y la criminalización que mantiene en los hechos el gobierno de Gabriel Boric. Lejos quedaron las promesas de multiculturalidad y respeto a los pueblos originarios con esta política represiva, que nada tiene que envidiarle a los gobiernos de la Derecha o de la ex Concertación. De hecho, este gobierno dirigido por el Frente Amplio, el Partido Comunista y la ex Concertación, ha sido el gobierno que más tiempo ha mantenido el territorio Mapuche militarizado.
Detalles del Procedimiento Policial
Carabineros de la Tenencia #Pica subió a sus redes sociales lo siguiente: “Carabineros de la Tenencia #Pica logró la detención de una locataria de la feria comunal por infracción a la ley de drogas por mantener y vender hojas de coca (...)”. El arresto de la mujer, fue por infringir la ley de drogas, en un operativo realizado entre el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) junto a Carabineros, donde el procedimiento claramente muestra que se excedieron, llevándose a la anciana esposada y tratándola como a una delincuente.
Este tipo de procedimientos ya ha sido denunciado, porque no es la primera vez que ocurre en la detención de aymaras o quechuas. Lo absurdo del caso es que si esta anciana quisiera producir cocaína, como apunta la policía, necesitaría de aproximadamente 150 kilos de hojas de coca para producir solo 1 kilo de cocaína.
La Lucha contra el Narcotráfico: ¿Objetivo Equivocado?

Las acciones de la policía, lejos están de combatir el narcotráfico. Como ya suele ocurrir, son principalmente sectores de la juventud, o en este caso, comunidades originarias, las que se ven violentadas en esta lucha “contra el narco”.
Para que el narcotráfico haya aumentado, y junto con él todas las formas de violencia, entre ellas el sicariato, no pudo haberlo hecho solo, sino que tiene que estar vinculado a instituciones y organismos de poder. Tal como sucede en otros países. Ya son conocidos los múltiples casos de policías y militares vinculados a bandas narcotraficantes, que pasan cientos de kilos de drogas o se coordinan con ellos. No solo eso, la venta de armas al crimen organizado, también muestra la vinculación de las policías y militares.
Corrupción y Vínculos con el Poder
El caso Hermosilla muestra lo podrido que está el sistema de justicia, y las redes que hay detrás para operar. Por ejemplo, en el caso “Viejos Arrayanes” se trata de un decomiso de más de 20 kilos de cocaína (lo que equivale a 350 millones de pesos) que involucra al ingeniero Ignacio Yánez, que también era cliente del buffet de Hermosilla y sus socios. La droga fue adquirida en el norte del país.
Por otro lado, discutir sobre la privatización de los puertos es otro de los puntos importantes, porque es desde ahí donde la droga se embarca. En los años 2022, 2023, y 2024 ya se han descubierto más de 15 toneladas de cocaína listas a ser despachadas. Cuando se exige que los puertos vuelvan a ser estatizados bajo la administración democrática de sus trabajadores, es en la perspectiva de que si siguen siendo administrados por empresarios, estos casos no pararán de ocurrir.
Hay todo un vínculo, como se muestra en esta nota, entre los grandes empresarios, el poder judicial, el legislativo y la policía, para abrirle el camino a los narcotraficantes. Sin esto, el narcotráfico no podría avanzar.
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