La soledad en la tercera edad es un fenómeno que afecta a una parte significativa de la población, influyendo en su bienestar emocional y participación social. Diversas iniciativas y estudios buscan comprender y mitigar este impacto, promoviendo la integración y la actividad en esta etapa de la vida.
La Iniciativa "Adultos Mayores en Acción": Un Modelo de Impacto
Origen de una Idea Transformadora
Al observar cómo personas de la tercera edad sufrían los efectos de la soledad, la emprendedora social Silvia Recabarren (65 años) creó diferentes grupos de actividades en Villarrica. Su objetivo era acompañar y activar a esta comunidad. Silvia se autodescribe como una mujer independiente, autosuficiente y activa, características que mantuvo a lo largo de su vida. Después de separarse, vivió sola con sus hijos y, mientras los criaba, trabajó en un banco durante 40 años. Aunque al jubilarse bajó revoluciones, su espíritu activo estuvo lejos de desaparecer, participando en grupos de yoga, pintura, gimnasia y coro.
Al compartir con tantas personas, Silvia detectó algo que, desde el primer minuto, le produjo una angustia profunda: la soledad que viven las mujeres de la tercera edad. Ella reflexionaba que estas mujeres "ya criaron, ya trabajaron, ya vivieron su vida. Hoy, muchas de esas mujeres están solas". Fiel a su instinto, decidió hacer algo al respecto. Primero se contactó con algunas de ellas y las invitó a conversar y compartir experiencias de vida. Sin embargo, al cabo de un tiempo, se replanteó su enfoque, preguntándose: “¿Por qué solo tenemos que juntarnos a conversar y comer?”.
Dicho y hecho, Silvia les ofreció clases de tejido semanales y desde entonces, en 2019, se juntan todos los jueves a aprender manualidades y conversar. Así nació Adultos Mayores en Acción, una iniciativa liderada por Silvia. Además, ella elige a diferentes especialistas, como abogados, kinesiólogos o psicólogos, que asisten a los encuentros para realizar charlas. Las consecuencias de esta iniciativa han sido más que evidentes; Silvia señala que "algunas que tenían depresión comenzaron a dejar sus pastillas y a sonreír".
Expansión y Contribución Comunitaria
Pero Adultos Mayores en Acción amplió sus horizontes. Silvia reunió a hombres y mujeres de la tercera edad interesados en el proyecto y, después de contar con la aprobación del alcalde, comenzó a ejecutar nuevas ideas. Partieron recogiendo las colillas de las playas y pintaron tarritos para que las personas depositaran ahí su basura, y después empezaron a arborizar las plazas de la zona. Sobre estas acciones, Silvia comenta: “Sentimos que estamos ayudando al cuidado de nuestro medioambiente y dejando huella. Nuestros hijos nos aplauden y nos admiran”.
Gracias a la creación de "Manos a la Obra", Silvia se convirtió en una de las Mujeres Impacta 2023. “Uno no espera nada a cambio, lo hace no más. Pero es un honor haber sido elegida”, expresa. Más allá de la actividad realizada por los distintos grupos, el objetivo es el mismo: “Tiene que haber algo que te inspire, que te mueva, si no el cerebro se atrofia”. A sus 65 años, Silvia se declara una persona profundamente feliz, apasionada y amante de la vida, con la meta de ser recordada como "una mujer valiosa, que dejó huella y que aportó al lugar donde vivía".

Barreras a la Participación Cultural y Social en la Vejez
Más Allá de la Falta de Interés: Un Estudio Revelador
Aunque solo un tercio de las personas mayores de 70 años participa hoy en actividades culturales, el problema no parece ser la falta de interés. Así lo revela un estudio del Observatorio del Envejecimiento UC-Confuturo, que pone el foco en una serie de barreras -tanto materiales, como territoriales y simbólicas- que terminan desincentivando la participación cultural en la vejez. Valentina Jorquera, investigadora y coordinadora del Observatorio responsable de esta investigación, cuestiona que “la caída de la participación después de los 70 años es evidente, pero no se explica por qué a las personas mayores no les interese la cultura”. Por el contrario, admite que las cohortes actuales mantienen una conciencia muy clara de su importancia, y que lo que "aparece con fuerza son barreras de acceso que terminan desactivando esa participación”.
Uno de los aspectos menos discutidos, según la investigadora, es la forma en que se entiende la cultura en el debate público. “Seguimos asociándola casi exclusivamente a la ‘alta cultura’: teatro, cine, museos. Sin embargo, las personas mayores expresan interés por una gama mucho más amplia de manifestaciones culturales, muchas de ellas comunitarias o cotidianas. Esto es clave para la política pública, porque no basta con facilitar el acceso a espacios tradicionales que, además, suelen ser lejanos o poco accesibles”.
Barreras Cotidianas: Inseguridad y Falta de Compañía
El trabajo cualitativo del estudio permitió observar cómo operan estas barreras en la vida cotidiana. Más allá del costo de las entradas, emergen con fuerza factores como la inseguridad y la falta de compañía. Jorquera señala que “varias personas relataban que una obra podía estar relativamente cerca de su casa, pero si terminaba a las nueve de la noche, el miedo a volver solas hacía que desistieran”.
La falta de compañía no solo incrementa la sensación de inseguridad, sino que afecta el sentido mismo de la experiencia cultural. “Estas actividades tienen un fuerte componente relacional: comentar la obra, compartir, sentirse acompañado”, explica la investigadora. Una entrevistada de más de 70 años, que vivía cerca del Teatro Municipal, relató que el miedo a salir de noche y la imposibilidad de convencer a su familia para acompañarla terminaron por hacerla desistir de manera permanente. “Con el tiempo, esa experiencia reiterada desactiva incluso el deseo”, advierte Jorquera.

La Influencia del Entorno Geográfico
El lugar donde se vive es otro factor determinante. Si bien el estudio no cuenta con representatividad estadística rural-urbana, existe amplia evidencia de que la distancia geográfica condiciona el acceso cultural. En zonas urbanas, la concentración de teatros, museos y centros culturales, junto con una mayor oferta de transporte, facilita la participación. En contextos rurales o alejados de los centros, las distancias y los traslados se vuelven una barrera estructural.
Jorquera relata que “entrevistamos a personas mayores con un alto interés cultural que desarrollaban verdaderas estrategias para asistir a actividades, incluidos viajes largos”. En estos territorios, además, adquieren mayor relevancia expresiones culturales no clásicas, como fiestas locales, artesanía o manifestaciones comunitarias.
El Rol de la Cultura y las Estrategias Futuras
El Potencial del Espacio Digital y sus Límites
El estudio también identifica al espacio digital como una oportunidad, aunque con límites claros. Plataformas como YouTube han ampliado el acceso a conciertos, obras y charlas, especialmente para quienes viven lejos o tienen problemas de movilidad. “Muchas personas mayores nos contaban que buscan contenidos culturales en línea para satisfacer su interés”, señala la investigadora. Sin embargo, lo digital no logra reemplazar la experiencia presencial. “La dimensión corporal y comunitaria es irremplazable”, afirma Jorquera.
Afrontar la soledad y el aislamiento en la vejez. Jesús Escobar.
La Cultura como Derecho y Herramienta contra la Soledad
Para Jorquera, el punto de partida debe ser reconocer la cultura como un derecho garantizado a lo largo de todo el ciclo de vida. “La evidencia muestra que la participación cultural fortalece la integración social, mitiga la soledad y puede tener efectos protectores frente a la depresión y el deterioro cognitivo”, subraya.
Desde esa perspectiva, no basta con gratuidad o descuentos. “Hay que revisar cómo, dónde y en qué condiciones se ofrecen las actividades”, sostiene. Una línea de avance es acercar la cultura a los barrios, integrándola al espacio cotidiano de las personas mayores, y ampliar la noción de cultura más allá de la infraestructura clásica.
Recomendaciones para una Mayor Inclusión
También se requieren estrategias específicas para enfrentar la inseguridad y la falta de compañía, sin trasladar la responsabilidad a las familias. Entre las medidas con mayor potencial se mencionan los sistemas de acompañamiento entre pares, funciones diurnas, transporte accesible y programación territorialmente cercana, utilizando incluso plazas o sedes sociales. El estudio, además, realza la importancia de promover a las personas mayores no solo como consumidoras, sino también como creadoras culturales.