La Perra Anciana: Comportamiento Maternal, Salud Mamaria y Cuidado Geriátrico

Gracias al estudio del comportamiento maternal de los mamíferos, conocemos las interacciones necesarias entre la madre y sus crías, el nivel de dependencia entre ambas y el diferente comportamiento de las especies precociales respecto a las altriciales. En el contexto de la perra, comprender estos procesos es fundamental, especialmente al considerar los desafíos que pueden surgir con la edad o diversas condiciones de salud, como las que afectan a las glándulas mamarias.

Comportamiento Maternal en Perras: Un Vínculo Esencial

La Importancia del Cuidado Maternal

En la perra, el comportamiento maternal adecuado es crucial por dos motivos principales. En primer lugar, los cachorros nacen indefensos, sordos, ciegos y con movimientos limitados, clasificándose como especies altriciales, y dependen totalmente de una fuente externa para sobrevivir. En el caso de los perros domésticos, a diferencia de los callejeros o algunos cánidos salvajes, la madre es la principal responsable de los cuidados parentales. Por lo tanto, la calidad del cuidado maternal (suponiendo la ausencia de intervención humana) influye directamente en la supervivencia de los cachorros.

El comportamiento maternal de la perra se ha estudiado durante muchas décadas [4],[5],[6], y se ha aceptado la idea de que es una respuesta a las necesidades de los cachorros. Los principales elementos involucrados en este comportamiento incluyen:

  • El contacto directo con los cachorros, esencial para su termorregulación.
  • La interacción oral, principalmente mediante el lamido.
  • La lactancia, fundamental para su nutrición y defensas.
  • La educación y el juego.

Recientemente, el efecto de los cuidados maternales en el desarrollo cognitivo ha sido un concepto de estudio intensivo [1],[2],[3],[7],[8]. Se busca comprender cómo las interacciones tempranas entre la madre y sus cachorros pueden afectar la capacidad cognitiva, la duración de estos efectos y su impacto en la evolución y el futuro comportamiento del perro adulto. Por tanto, un comportamiento maternal inadecuado podría ser el origen de conductas no deseadas en el futuro.

Fases del Parto y Conducta Materna

El comportamiento de la perra experimenta cambios significativos a medida que se acerca el parto. En la mayoría de los casos, muestra intranquilidad y una disminución del apetito entre 12 y 24 horas antes del nacimiento. El comportamiento de anidación y de escarbar en el suelo es variable, dependiendo de factores individuales y ambientales, así como del nivel de contacto con el ser humano [10]. Curiosamente, no se ha establecido ninguna correlación entre la intensidad de los signos de preparación para el parto y la calidad del comportamiento maternal. Otros signos descritos incluyen falta de atención, somnolencia, agresividad, ansiedad, imprevisibilidad, irritabilidad y una mayor tendencia a buscar la atención del propietario, aunque algunas perras prefieren aislarse. A medida que se acerca el parto, la perra pasa más tiempo en la zona elegida para parir. El descenso de la temperatura corporal puede dar lugar a la aparición de escalofríos [9], y podría explicar otros cambios comportamentales, aunque su uso como indicador del momento de parto sigue siendo discutible.

El parto normal (eutócico) es una combinación de cambios fisiológicos, endocrinológicos y comportamentales que culminan con el nacimiento de los cachorros y se desarrolla en tres fases:

  1. Primera fase: Se producen las contracciones uterinas subclínicas, junto con la relajación vaginal y la dilatación del cérvix, sin contracciones abdominales. Algunas hembras no muestran signos evidentes, pero pueden reorganizar el material de la cama para construir el nido. La duración de esta fase varía, pudiendo prolongarse hasta 36 horas en una hembra primeriza nerviosa [9], aunque normalmente dura entre 6 y 12 horas.
  2. Segunda fase: Consiste en el trabajo de parto activo con el nacimiento de los cachorros. Se caracteriza por contracciones abdominales fuertes y coordinadas, vocalización de la perra y expulsión de líquidos fetales. Inmediatamente después del nacimiento de cada cachorro, la madre debe romper la bolsa amniótica (si no se ha roto antes); los cachorros que permanecen en las membranas fetales pueden morir rápidamente si no son liberados. La perra también debe romper el cordón umbilical y lamer enérgicamente al neonato [9], lo cual es vital para estimular la respiración, secar al cachorro y establecer el vínculo materno. La inexperiencia en perras primerizas y un alto nivel de estrés durante el parto pueden alterar el comportamiento maternal y aumentar la mortalidad de los cachorros. El proceso se repite hasta el nacimiento de todos los cachorros, y la perra puede centrarse en el parto, pareciendo insensible al llanto de la camada hasta finalizar esta fase [4],[5]. Generalmente, el primer cachorro nace 1-2 horas después de iniciada esta fase, que puede durar hasta 12 horas y ser retrasada o detenida por estrés o perturbaciones [4],[5].
  3. Tercera fase: Consiste en la expulsión de las membranas fetales, lo que puede ocurrir tras el nacimiento de cada cachorro o cada dos o tres.
Esquema de las fases del parto en una perra, mostrando el nacimiento de los cachorros y el rol de la madre.

El Vínculo Materno: Acicalamiento y Lactancia

Una vez finalizado el parto, la perra debe exhibir una serie de comportamientos que aseguren la supervivencia, el crecimiento y el desarrollo de los cachorros [13]. Los estudios sobre el comportamiento maternal suelen enfocarse en interacciones medibles, como el lamido de los cachorros (interacción oronasal), el tiempo que la madre pasa con la camada (tanto en contacto estrecho como en la zona del parto), la duración de la lactancia y la posición de la madre durante esta.

Aunque el comportamiento maternal es importante hasta el destete, el periodo neonatal (días 1-16) y de transición (cuando abren los ojos y desarrollan habilidades neurológicas y auditivas [10]) son cruciales, ya que los cachorros son más dependientes. La primera interacción de la perra con el neonato es el acicalamiento mediante el lamido [4],[6],[9]. Este es esencial no solo para la supervivencia del cachorro, sino también para el establecimiento de la conexión maternal. Se cree que el lamido estimula la micción y la defecación durante las primeras tres semanas de vida [6],[9],[14] y también es utilizado por la madre para despertar a los cachorros y dirigirlos hacia las mamas para amamantar. La frecuencia o el tiempo dedicado al acicalamiento podrían influir en el comportamiento cognitivo futuro de los perros.

Otro comportamiento maternal vital es el contacto estrecho. Las madres primerizas son reacias a abandonar el nido hasta al menos tres días después del parto [5],[6],[8],[14], y luego retoman gradualmente sus actividades diarias, dejando solos a los cachorros con más frecuencia. Durante esta etapa, las madres pueden ser muy protectoras, especialmente con extraños [4]. El contacto estrecho previene la hipotermia, ya que los neonatos tienen una deficiente capacidad de termorregulación. Es crucial proporcionarles calor para mantener su temperatura, que desciende fisiológicamente tras el nacimiento [15] y luego aumenta gradualmente hasta alcanzar un rango normal de 35-37°C al séptimo día.

Perrita madre amamantando y acicalando a sus cachorros en el nido.

La crianza en mamíferos se basa fundamentalmente en el comportamiento de lactancia. La lactancia es esencial para la supervivencia, proporcionando alimento y anticuerpos calostrales en las primeras 24 horas después del nacimiento. Es una manifestación del cuidado materno controlada por el estado hormonal y el sistema nervioso central [17]. La madre puede comenzar a dar leche antes de finalizar el parto, aunque no es su prioridad hasta que este concluya [4]. Los primeros días, la perra amamanta a sus cachorros casi todo el tiempo [8],[14]. Durante los primeros 21 días postparto, la perra se tumba y lame a los cachorros para estimular la lactancia, siendo esta interacción más frecuente por la noche [14]. A medida que los cachorros pueden desplazarse, ellos inician el comportamiento de mamar [8],[14], y la duración y frecuencia de la lactancia disminuyen gradualmente.

La posición de la perra para amamantar también varía: durante el día, la posición sentada es más común, mientras que por la noche, la tumbada es más frecuente [14]. Esto podría influir en el desarrollo de los cachorros; de hecho, en estudios con perros guía, se observó que los cachorros de perras que se tumbaban con mayor frecuencia para amamantar tenían menos probabilidades de ser seleccionados para el adiestramiento que aquellos cuyas madres amamantaban sentadas o en estación [2]. El cachorro regula la frecuencia y el tiempo de mamada, aunque no hay evidencia de preferencia individual por una mama específica. La madre rara vez abandona el nido durante la lactancia inicial.

Evolución del Comportamiento Maternal

A medida que los cachorros se desarrollan, la frecuencia e intensidad del comportamiento maternal disminuyen [3],[4],[11]. El tiempo que la madre dedica a lamer a los cachorros y el contacto materno se reducen, ya que la dependencia de los cachorros como fuente de calor disminuye [6],[17],[14]. Alrededor de las 3-4 semanas de edad, se debe ofrecer alimento húmedo a los cachorros para acostumbrarles a la alimentación sólida y complementar su dieta, dado que la producción de leche materna comienza a disminuir.

Durante el periodo neonatal, las actividades principales del cachorro son mamar y dormir. Buscan calor y una mama lo antes posible, guiados por señales olfativas. Cuando abren los ojos y sus movimientos son más coordinados, la interacción con la madre se vuelve más dinámica [6],[8],[14]. Los cachorros buscan activamente a la madre [6], los patrones de lactancia son más variables [14] y se observa una mayor interacción con la camada, juguetes y personas. El gemido o llanto de los cachorros indica malestar (frío, hambre) e incita a la madre a responder a sus necesidades.

El comportamiento maternal se divide en dos fases: una fase crítica o sensible, asociada a cambios hormonales durante el parto, y una fase de mantenimiento, con un componente más psicosensorial, que dura hasta el destete [19]. Las hormonas responsables del parto en la perra, como la progesterona (que disminuye bruscamente), estrógenos, oxitocina, relaxina, prolactina y prostaglandinas (que aumentan), probablemente también estén implicadas en el comportamiento maternal, aunque su regulación exacta no se comprende completamente.

La oxitocina favorece las contracciones uterinas y parece fundamental para las características maternales, con su influencia bien descrita en otras especies; niveles bajos se han asociado al canibalismo [20]. Aunque el nivel de oxitocina en la saliva no es predictivo de la calidad del comportamiento maternal en perras [21], la administración intranasal de oxitocina parece favorecer la expresión del comportamiento maternal tras una cesárea [22]. Sin embargo, se necesitan más estudios controlados. La prolactina, además de promover la lactancia, probablemente también contribuye al comportamiento maternal, aunque su mecanismo de acción aún no está claro.

El parto y la maternidad pueden ser percibidos como una situación de estrés. Las perras muy estresadas parecen tener mayores dificultades para adaptarse a la maternidad y a los cambios que esta conlleva. El líquido amniótico también juega un papel fundamental en la aceptación de los cachorros por parte de la madre [4],[23].

El efecto de la paridad sobre el comportamiento parece relativamente poco importante, ya que no se observan grandes diferencias entre perras primerizas y multíparas [1],[4]. La experiencia del parto mejora el reconocimiento de las necesidades del neonato por parte de la madre y reduce el nerviosismo asociado a los cambios fisiológicos [1]. Aunque las perras multíparas tienden a mostrar un cuidado maternal constante, las primerizas mejoran su comportamiento con el tiempo [7]. Un estudio con criadores encontró una sobrerrepresentación de problemas de comportamiento maternal en perras primíparas [24], lo que subraya la importancia de controlar el desarrollo del parto en madres primerizas nerviosas, donde la falta de experiencia puede llevar a un comportamiento inadecuado o anormal, como el canibalismo. La genética también podría influir, pero es un campo aún poco estudiado.

Salud Mamaria en Perras: Prevención y Tratamiento

Tumores en las Glándulas Mamarias

Los tumores en las glándulas mamarias son una patología frecuente en perras no esterilizadas o aquellas esterilizadas después de varios celos. Está demostrado que hembras castradas antes de su primer celo tienen un riesgo del 0,05% de desarrollar estos tumores. Si la esterilización se realiza después del primer celo, el riesgo se eleva al 8%, y después del segundo, al 26%. Muchos factores contribuyen a la aparición del cáncer de mama, siendo la influencia hormonal un factor importante, y parece existir una predisposición genética similar a la de los humanos.

Los únicos síntomas que habitualmente se observan son la presencia de uno o varios bultos en la mama. La ubicación más común es en las mamas posteriores, cerca de las ingles. Si los tumores se han diseminado a otras partes del cuerpo, pueden presentarse diferentes síntomas según el órgano afectado.

Infografía mostrando la ubicación de las glándulas mamarias en una perra y las zonas más comunes de aparición de tumores.

Diagnóstico y Opciones Terapéuticas

Para el diagnóstico de tumores mamarios, se debe realizar un perfil completo de sangre, que incluye un perfil bioquímico y un hemograma, un análisis de orina y radiografías de tórax para detectar posibles metástasis. Además, los ganglios linfáticos se examinarán y se tomará una muestra para análisis de laboratorio. Los tumores malignos pueden afectar a los ganglios linfáticos locales: inguinales superficiales si las glándulas caudales están afectadas, y axilares si están en las mamas craneales. En ocasiones, en una misma mama pueden coexistir tumores de distinto tipo.

El tratamiento recomendado para los tumores de mama es la cirugía. Antes de la operación, se realiza un análisis de sangre para determinar el estado de salud general del animal. Opcionalmente, se pueden tomar muestras del tumor para un examen citológico o histológico previo a la cirugía. Una vez terminada la intervención, se envían muestras del tejido al laboratorio para analizar el tipo de tumor y su nivel de gravedad.

El pronóstico de supervivencia varía según el tamaño de los tumores en el momento de la extirpación. Si los tumores miden menos de 3 cm, la supervivencia es de más de 3 años, mientras que aproximadamente el 80% de las perras sufren una recaída al cabo de un año cuando el tumor primario es mayor de 5 cm. Por ello, es crucial extirpar los tumores rápidamente antes de que crezcan.

El Perro Senior: Desafíos y Calidad de Vida

Reconociendo la Edad Crítica

Es fundamental hacer un llamamiento a favor de los "perros viejos", quienes a menudo son olvidados. Un perro, como cualquier especie, empieza a sentir el paso del tiempo. Mientras en la vida salvaje su supervivencia se ve comprometida al no poder valerse por sí mismos, en la domesticación tenemos la responsabilidad de proporcionarles hogar, alimento y cuidados. Sin embargo, en ocasiones, los perros mayores pueden convertirse en una preocupación adicional.

Los perros alcanzan la edad senior en un momento determinado según su raza:

  • Razas pequeñas: a los 8 o 9 años.
  • Razas medianas: a los 7 años.
  • Razas grandes y maxi: a los 5 años.

Chequeos Geriátricos y Prevención

Se recomienda realizar un chequeo veterinario al perro cuando alcanza este umbral de edad. Con una analítica de sangre y una radiografía es posible controlar su estado general y detectar cualquier alteración incipiente. Este proceso no es excesivamente difícil ni costoso. Si el chequeo geriátrico es normal, podemos tener la tranquilidad de que nuestro perro está feliz y sano. Si algún parámetro está alterado, es posible empezar a tratar a tiempo. Incluso si todo es normal, a partir de estas edades se puede implementar la prevención con antioxidantes, ácidos grasos esenciales, protectores del cartílago articular y dietas específicas, siempre bajo la guía del veterinario para mejorar la calidad de vida.

Veterinario realizando un chequeo a un perro senior, con equipos de análisis en el fondo.

Señales de Alerta y Cambios de Comportamiento

Los perros son resistentes y no siempre se quejan abiertamente cuando algo les sucede. Sin embargo, manifiestan cambios en su comportamiento que sus dueños pueden advertir. A veces, la frase "ya lo llevaré mañana" puede llevar a que sea demasiado tarde; muchos perros han perdido la vista o han sufrido daños irreversibles por la demora. Afortunadamente, en la mayoría de los casos, se puede hacer mucho. Estos problemas de conducta pueden ser el reflejo de alteraciones orgánicas o del propio comportamiento, siendo prioritario descartar siempre las causas orgánicas.

En perros viejos, diversas patologías pueden ocasionar cambios en la conducta normal:

  • Alteraciones hormonales.
  • Problemas digestivos, cardiacos o respiratorios.
  • Afecciones óseas.
  • Enfermedades oncológicas (cáncer).
  • Patologías renales y hepáticas.
  • Y un largo etcétera.

Es el veterinario quien debe detectarlas con las pruebas necesarias. Es importante destacar que el código ético de la profesión veterinaria promueve respetar las decisiones de los propietarios, informarles sobre todas las opciones y anteponer el bienestar del animal. Aunque el código ético esté a veces deteriorado, la implicación del dueño es fundamental. La eutanasia sin motivo justificado es una situación que genera gran pesar entre los profesionales. Afortunadamente, existen casos exitosos donde, con intervención profesional, perros con problemas de comportamiento pueden ser rehabilitados y adoptados, demostrando que muchos problemas tienen solución.

6 Señales Silenciosas de que Tu Perro Tiene Dolor y Tú NO Lo Percibes

Síndrome de Disfunción Cognitiva

Existe un trastorno específico de la edad senil, difícil de reconocer y que se confunde fácilmente con otros problemas de comportamiento: el Síndrome de Disfunción Cognitiva. Se trata de una degeneración neuronal que provoca la pérdida de la capacidad cognitiva normal del animal, manifestándose en diversas alteraciones comportamentales. Aunque es una patología sin solución definitiva, su progreso puede frenarse con actuaciones a varios niveles: comportamental, médico y dietético, lo que lo convierte en otro problema a reconocer en esta edad tan complicada.

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