Amenaza, Vulnerabilidad y Capacidad: Pilares de la Gestión del Riesgo de Desastres

La comprensión de la amenaza, la vulnerabilidad y la capacidad es fundamental para abordar eficazmente el riesgo de desastres. Un desastre se define como una alteración de nuestras condiciones normales de vida. Estos conceptos están intrínsecamente articulados al análisis de riesgos, permitiendo una gestión más efectiva.

Esquema de la interconexión entre amenaza, vulnerabilidad, capacidad y riesgo de desastres

Definiciones Clave

Amenaza

La amenaza se entiende como un peligro latente de que un evento físico de origen natural, o causado o inducido por la acción humana de manera accidental, se presente con una severidad suficiente para causar pérdida de vidas, lesiones u otros impactos en la salud. También puede provocar daños y pérdidas en los bienes, la infraestructura, los medios de sustento, la prestación de servicios y los recursos ambientales. Es importante destacar que la actividad humana o antrópica puede generar amenazas impredecibles.

Vulnerabilidad

La vulnerabilidad es una debilidad que tenemos en caso de que se presente un desastre, siendo la susceptibilidad o fragilidad física, económica, social, ambiental o institucional que tiene una comunidad de ser afectada o de sufrir efectos adversos. Algunas de las definiciones de vulnerabilidad han incluido la exposición, además de la susceptibilidad al daño. A pesar de que existen algunas discrepancias respecto al significado de vulnerabilidad, la mayoría de los expertos coinciden en que para determinarla no basta con analizar los impactos directos de un peligro.

La vulnerabilidad es compleja y tiene muchas dimensiones, siendo determinada por factores de distintos niveles -desde el local al mundial- y es dinámica, ya que se altera bajo la presión de las fuerzas que la impulsan. Al incluir la vulnerabilidad en nuestra interpretación del riesgo de desastres, reconocemos que el riesgo no solo depende de la gravedad del peligro o del número de personas o bienes expuestos, sino que también es un reflejo de la susceptibilidad de las personas y los bienes económicos a sufrir pérdidas y daños. Los niveles de vulnerabilidad (y exposición) ayudan a explicar por qué algunas amenazas no extremas pueden provocar repercusiones y desastres extremos, mientras que este no es el caso para algunos fenómenos extremos.

La pobreza es tanto un factor impulsor como una consecuencia del riesgo de desastres (especialmente en países donde la gobernanza del riesgo es deficiente), porque las dificultades económicas obligan a las personas a vivir en lugares y condiciones inseguras. Cuando se trata de diferentes peligros, algunos grupos son más susceptibles que otros a sufrir daños, pérdidas y sufrimiento y, del mismo modo (dentro de estos grupos), algunas personas presentan mayores niveles de vulnerabilidad que otras. A los grupos vulnerables les resulta más difícil reconstruir sus medios de subsistencia tras un desastre, lo que a su vez los hace más vulnerables a los efectos de amenazas posteriores.

La vulnerabilidad emocional y física es mayor entre las poblaciones desplazadas y a menudo se ve agravada por factores socioeconómicos y por su incapacidad de recuperarse tras las crisis.

Capacidad

La capacidad se refiere a los recursos y fortalezas que una comunidad, sociedad o sistema tiene para hacer frente a una amenaza y reducir la vulnerabilidad. La capacidad puede ser organizativa, en infraestructura (como la existencia de albergues o centros de salud) o en conocimiento y preparación de la población. Pedir a la gente que se prepare para el fuego no tiene sentido si no puede permitírselo, ya que si no se tiene tiempo ni dinero (o ambos), no importa cuántas veces las autoridades informen sobre la preparación.

Personas trabajando en comunidad para reforzar una estructura

Factores que Impulsan la Vulnerabilidad

El Cambio Climático y sus Consecuencias

El cambio climático amenaza con aniquilar los esfuerzos de desarrollo que el mundo ha realizado en los últimos tiempos. Los patrones del tiempo y las precipitaciones cambiarán en todo el mundo, con sequías cada vez más frecuentes y graves en algunos lugares, e inundaciones en otros. Los riesgos climáticos y medioambientales son claramente desafíos prioritarios que impulsan el riesgo de múltiples maneras: aumento del nivel del mar, desertificación, incendios forestales, escasez de agua, condiciones meteorológicas extremas, pérdidas de cosechas, desplazamientos, migraciones y mayor riesgo de diferentes tipos de conflictos. Los efectos del cambio climático hacen que las pérdidas por catástrofes aumenten.

Desigualdades de Género

Uno de los principales obstáculos al desarrollo basado en el riesgo, que se interconecta con todos los demás factores de riesgo, es la desigualdad de género. Las investigaciones realizadas en todo el mundo muestran que las mujeres y las niñas siguen siendo discriminadas en la educación, el empleo, la salud, la representación política y mucho más. Las consecuencias son perjudiciales no solo para los individuos, sino para las familias, las comunidades y la sociedad en su conjunto. Para lograr un progreso transformador en la reducción del riesgo y el fortalecimiento de la resiliencia de la comunidad, es fundamental centrarse en la desigualdad de género a la hora de comprender los factores de riesgo, identificar los puntos de atención y diseñar y desarrollar diferentes actividades.

Inseguridad Alimentaria y del Agua

Muchos consideran que la inseguridad alimentaria y del agua son las mayores amenazas para nuestro futuro. Más de mil millones de personas viven en regiones con escasez de agua y las previsiones apuntan a que 3.500 millones podrían sufrir escasez de agua en 2025. Las comunidades que viven en la pobreza son las que más riesgo corren, enfrentándose a los retos de disponibilidad, accesibilidad y asequibilidad de alimentos nutritivos y agua limpia.

Urbanización no Planificada y Desplazamientos

Más de la mitad de la población mundial vive actualmente en zonas urbanas, y cada vez más en ciudades muy densas. Cuando este crecimiento urbano no está planificado, se desarrollan barrios marginales y aumenta el riesgo por la falta de acceso a los recursos básicos. Por ejemplo, 379 millones de residentes urbanos corren el riesgo de sufrir inundaciones fluviales. Además, cada día, 37.000 personas huyen de sus hogares a causa del conflicto y la persecución. Fomentar la resiliencia cuando la gente se desplaza es intrínsecamente difícil, planteando la pregunta de cómo apoyar a las comunidades más amenazadas para que resistan y se transformen a pesar de las crisis, cuando sus medios de vida han quedado atrás.

Infraestructura Crítica

Las infraestructuras de transporte, como carreteras, ferrocarriles, puertos, aeropuertos y vías de navegación interior, se enfrentan a desafíos sin precedentes debido a los cambios que está sufriendo el clima. A pesar de ello, se ha hecho poco énfasis en adaptar los sistemas de transporte al aumento de los riesgos que supone el cambio climático.

Globalización y Cadenas de Suministro

A medida que aumenta la globalización, los países dependen cada vez más unos de otros a través de una cadena de suministro de alimentos compleja e interconectada. La pandemia mundial provocada por la COVID-19 puso de manifiesto la vulnerabilidad de esta interconexión y expuso a posibles perturbaciones todo el proceso de trasladar los alimentos desde las explotaciones agrícolas hasta los platos de los ciudadanos de todo el mundo.

Salud Pública y Temperaturas Extremas

Se considera que las personas mayores (de 65 años o más) son especialmente susceptibles a los efectos de las temperaturas extremas. Las consecuencias directas e indirectas de las olas de calor y frío están relacionadas con una mayor prevalencia de enfermedades respiratorias y cardiovasculares, de modo que repercuten en las tasas de mortalidad y morbilidad de los adultos mayores. Aunque muchas de las definiciones y evaluaciones actuales de la vulnerabilidad se centran en los riesgos generales para las personas mayores, solo unas pocas profundizan en cuestiones concretas relacionadas con las temperaturas altas o bajas. Las olas de calor y la contaminación atmosférica entrañan grandes riesgos para la salud y podrían ser cada vez más frecuentes debido al cambio climático. Un equipo de investigación ha revelado que, en comparación con los días en los que no se dieron condiciones extremas, el riesgo de muerte aumenta un 6,1% en los días de calor extremo y un 5% en los días de contaminación atmosférica extrema.

“El cambio climático afecta de manera desproporcionada a las comunidades más pobres” - Batthyány

Evaluación y Reducción de la Vulnerabilidad y el Riesgo

Evaluación Integral de la Vulnerabilidad

Debido a sus diferentes dimensiones, no existe un único método para evaluar la vulnerabilidad; idealmente, cualquier evaluación debería adoptar un enfoque holístico. Evaluar la vulnerabilidad del entorno construido ante los peligros es extremadamente importante para valorar las posibles consecuencias de un evento y para integrar la reducción del riesgo de desastres en el proceso de planificación del desarrollo local. Los ingenieros locales dedican cada vez más esfuerzo a averiguar la vulnerabilidad de su parque de edificios frente a los distintos peligros naturales, desarrollando cálculos de vulnerabilidad aplicables a sus conjuntos de edificaciones nacionales.

Las iniciativas para cuantificar la vulnerabilidad socioeconómica y la pobreza siguen siendo escasas, y este tipo de información rara vez se incorpora a las evaluaciones de riesgos. Cuantificar la vulnerabilidad social sigue siendo un reto, pero se han creado indicadores e índices para medirla (cuantitativos y descriptivos), tanto de ámbito mundial como comunitario. Estos indicadores suelen utilizarse para dar seguimiento a la evolución de la vulnerabilidad a lo largo del tiempo. Los enfoques cualitativos de la evaluación de la vulnerabilidad se han centrado en valorar la capacidad de las comunidades de hacer frente a los fenómenos naturales.

En el plano comunitario, numerosos investigadores y organizaciones no gubernamentales humanitarias y de desarrollo, así como algunos gobiernos locales, han llevado a cabo evaluaciones de vulnerabilidad y capacidad, principalmente mediante métodos participativos. Estas evaluaciones tienen en cuenta un amplio abanico de presiones ambientales, económicas, sociales, culturales, institucionales y políticas que generan vulnerabilidad y se llevan a cabo a través de diversos marcos.

Acciones para Reducir la Vulnerabilidad

Dado que no podemos reducir la aparición y la gravedad de los peligros naturales, reducir la vulnerabilidad es una de las principales oportunidades para reducir el riesgo de desastres. La vulnerabilidad cambia con el tiempo porque muchos de los procesos que influyen en ella son dinámicos, como la urbanización rápida, la degradación ambiental, las condiciones del mercado y el cambio demográfico. Muchos de estos factores tienen su origen en las condiciones locales en constante cambio, pero no sería posible obtener una panorámica completa si no se reconocen las estructuras socioeconómicas y políticas nacionales y mundiales que limitan las oportunidades de desarrollo local. Esto significa que para combatir la vulnerabilidad de forma coherente es preciso actuar en tres planos: el local, el nacional y el internacional.

El reconocimiento de cómo los conflictos, en sus diversas formas, impulsan la vulnerabilidad es fundamental a la hora de diseñar estrategias de reducción de riesgos en primera línea. La cuestión de la integración de las acciones de desarrollo, humanitarias y de consolidación de la paz ha adquirido relevancia en el espacio internacional.

Comunidad trabajando unida en un proyecto de mitigación de riesgos

Construyendo Capacidades para la Resiliencia

El desarrollo de la capacidad sostenible de Reducción del Riesgo de Desastres (RRD) a escala nacional y local requiere que la capacidad se genere, se gestione y se mantenga a escala local, entendiendo, al mismo tiempo, que su responsabilidad recae en toda la sociedad y no en un solo organismo. Por cada 100 dólares que se gastan en respuesta en los Estados frágiles, solo se gastaron 1,30 dólares en RRD entre 2005 y 2010, lo que subraya la necesidad de invertir más en prevención y preparación.

Las prácticas de asistencia humanitaria agravan, en ocasiones, la vulnerabilidad. De acuerdo con las conclusiones de un estudio, las interpretaciones simplistas de la vulnerabilidad -es decir, que las personas con mayores pérdidas son más vulnerables y merecen más ayuda en comparación con las que sufren menores pérdidas- tienden a favorecer a las personas acomodadas, ya que poseen (y pierden) más bienes físicos. Este punto de vista lo comparten diversos agentes y partes interesadas, lo que permite a la élite privilegiarse, tanto en lo que respecta a los beneficios materiales como al acceso a posiciones influyentes. Además, el hecho de que algunas organizaciones humanitarias locales dependan de agentes externos -como gobiernos nacionales y donantes- para obtener financiación y legitimidad puede dificultar aún más la interpretación contextual de la vulnerabilidad a los desastres.

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