Alfabetización Digital y Parentalidad en el Entorno Familiar

El uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) ha experimentado un aumento exponencial en la última década, generalizándose para cualquier tarea o actividad en la sociedad digital. Esta omnipresencia exige que toda la población, incluidas las personas mayores, se mantenga actualizada para adaptarse y responder adecuadamente a las demandas actuales.

En este contexto, ha surgido el concepto de "huérfanos digitales" para referirse a niños y niñas de cualquier edad que han tenido que aprender a desenvolverse por sí mismos en el uso de las TIC. Esto se debe a que sus figuras parentales a menudo no han podido servirles de modelo y guía, no por falta de acceso a los equipos, sino por una carencia de competencias digitales que permitan un manejo óptimo de las TIC.

Familia interactuando con dispositivos digitales en un entorno hogareño

Esta área de aprendizaje, denominada alfabetización digital, es crucial y debe formar parte de las competencias parentales. Las TIC desempeñan un papel relevante en la dinámica familiar, lo que subraya la necesidad de una regulación basada en un ejercicio responsable de la parentalidad para el buen desarrollo de los hijos e hijas. Además, la alfabetización digital debe cubrir las necesidades de funcionamiento en la era digital para personas mayores, ya sea que vivan solas o acompañadas por la familia.

Aunque en los contextos escolares se cubre, en parte, la alfabetización digital como soporte al aprendizaje de las materias y se fomentan aspectos como la autonomía, curiosidad o responsabilidad, es fundamental proporcionar una continuidad de ese aprendizaje en el ámbito de la familia por diversos motivos. Hoy en día, no se concibe el escenario familiar sin algún tipo de dispositivo tecnológico, por lo que su uso regulado, constructivo y sin riesgo se ha constituido en una nueva área de socialización en la educación de los hijos e hijas.

El Impacto de la Era Digital en la Dinámica Familiar

La transferencia del uso de las TIC al ámbito familiar o social trae consigo propósitos que van más allá del aprendizaje. Por ejemplo, el ocio familiar ha cambiado significativamente. Aunque se siguen realizando actividades tradicionales como ir al parque o jugar a juegos de mesa, el escaso tiempo libre y las circunstancias derivadas de la crisis sanitaria han convertido las pantallas en un recurso lúdico compartido, ya sea viendo series juntos o jugando videojuegos.

Asimismo, ha surgido la necesidad de regular el uso predominante de las TIC en las actividades cotidianas para evitar el sedentarismo y los malos hábitos durante las comidas, o su presencia constante como distractor en los deberes escolares en la primera y segunda infancia. En la adolescencia, el uso abusivo de las TIC ha resaltado la importancia de preservar la privacidad, proteger la identidad digital y promover un manejo adecuado de las redes sociales.

Otro aspecto de las dinámicas de funcionamiento familiar que ha cambiado son las relaciones y los formatos de comunicación. Tradicionalmente, se empleaba la unidad de tiempo y espacio para conversar o coordinarse. Sin embargo, la comunicación presencial sincrónica está siendo sustituida o complementada por formatos más asincrónicos a través de mensajería instantánea o redes sociales.

La Parentalidad Digital: Conceptos y Desafíos

Recientemente, se ha acuñado el concepto de parentalidad digital, que distingue dos facetas en el ejercicio de la tarea parental en el escenario digital:

  • El uso de recursos digitales para el fomento y aprendizaje de la parentalidad positiva, como intercambiar información con otros padres, manejar contenidos educativos y juegos online, o seguir programas estructurados online de competencias parentales.
  • Analizar y regular el uso de pantallas en los hijos e hijas para promover su uso constructivo y evitar los riesgos.

Para fomentar ambas facetas, es imprescindible mejorar la alfabetización digital en las figuras parentales, independientemente de su edad, nivel educativo y hábitat. Además, es necesario un control externo que vigile y regule la calidad de los contenidos y la ética de los programadores.

Padres supervisando a sus hijos usando una tableta, con un diálogo activo

El fomento de la parentalidad positiva en espacios digitales, así como la adaptación sostenible y efectiva de los sistemas de educación y formación a la era digital, son objetivos prioritarios en las políticas de promoción del desarrollo educativo de los ciudadanos en la sociedad digital, tanto en entornos informales como formales de aprendizaje.

Uso de las TIC en las Diferentes Etapas del Desarrollo

El uso de pantallas en el hogar familiar es una evidencia abrumadora que fundamenta la necesidad de una regulación digital. En la etapa más precoz de la infancia, el uso de las TIC está muy condicionado por lo que las figuras parentales ofrecen. Desde muy pequeños, los niños comienzan a tener contacto con pantallas, a interactuar con imágenes de tabletas o a jugar con juegos educativos simples. Más adelante, los dispositivos digitales se usan de forma autónoma con fines lúdicos o de aprendizaje.

En la segunda infancia, la curiosidad y exploración marcan el uso de las TIC, añadiéndose el componente de la socialización con iguales a través de actividades en línea y mensajería instantánea. También comienzan a despertar interés ciertos contenidos y actividades dirigidas a adultos.

En la adolescencia, el uso de pantallas se convierte en una necesidad, más que en una opción. Entran en juego necesidades propias de la etapa evolutiva como la búsqueda de identidad, el control emocional, la autonomía, la búsqueda de aceptación de los iguales o la exploración de riesgos. Las actividades más frecuentes en Internet están relacionadas con la diversión (buscar música), la búsqueda de información (estudios, formación general) y la comunicación online.

Uso excesivo de redes sociales afecta la salud mental

La Parentalidad Positiva en el Mundo Digital: Los 3 Principios

Aunque el uso de las TIC en las diversas etapas evolutivas puede ser muy positivo, también conlleva una serie de riesgos desde su uso temprano. Para evitarlos, las actuaciones educativas por parte de las figuras parentales resultan cruciales. La supervisión digital debe practicarse desde el enfoque de la parentalidad positiva, incorporando las competencias en materia de parentalidad digital al contexto sociotecnológico y a las necesidades particulares de hijos e hijas, con el objetivo de influir en su desarrollo positivo.

Las figuras parentales deben considerar y asumir las oportunidades de los espacios digitales (inmediatez, comunicación a distancia, participación, conectividad), sin dejar de lado las ventajas y cualidades propias del ejercicio de la parentalidad positiva en los espacios familiares presenciales (calidez, contacto físico, experiencias reales).

Para aplicar el enfoque de parentalidad positiva al ejercicio de las competencias parentales en el mundo digital, se proponen tres principios, conocidos como las 3P:

1. Presencialidad

Este principio se refiere a la necesidad de estar presentes donde y cuando los hijos e hijas estén en contacto con las pantallas, tanto en espacios físicos como virtuales. Implica tener una actitud abierta y proactiva hacia las pantallas, apoyando su uso mediante un acompañamiento progresivo ajustado a las edades y a las dinámicas virtuales. Conocer y participar en estos entornos virtuales posibilita tener más argumentos y herramientas para diversificar las oportunidades de aprendizaje y gestionar un uso adecuado y proporcional.

2. Progresividad

El principio de progresividad de acceso y uso implica la inclusión de pautas basadas en la proporcionalidad a las características de la edad y el contexto educativo, social y familiar de los niños, niñas y adolescentes, desechando las "recetas universales". La gestión de pantallas en el ámbito familiar debe contemplar la idiosincrasia de cada niño o niña. Su uso gradual se refiere tanto al tiempo como a la progresiva inclusión de su uso en otros contextos, por ejemplo, pasar del uso familiar a la participación individual o grupal en entornos virtuales de aprendizaje en centros educativos.

3. Permisibilidad

A diferencia de la permisividad (tolerancia excesiva), este principio se refiere a la regulación necesaria mediante el establecimiento de pautas, normas o límites en torno al uso de pantallas. Se basa en delimitar, negociar y consensuar directrices que regulen la relación y las conductas con las tecnologías. Partiendo de una regulación externa en la etapa de cero a tres años, las normas deben ser acordadas entre todos los miembros de la familia, explorando las opiniones de los hijos e hijas para hacerles partícipes y que las respeten con compromiso. Desde la perspectiva de la parentalidad positiva, el respeto a estas normas debe basarse en el amor mutuo, la confianza y el reconocimiento de derechos y responsabilidades. Es importante que las pautas sean pocas, concisas, claras, proporcionales a las responsabilidades, ajustadas a las necesidades de cada miembro, consensuadas y respetadas. Las normas no son permanentes, requieren seguimiento, supervisión y evaluación periódica de su idoneidad.

Desafíos de la Alfabetización Digital en Contextos de Vulnerabilidad

La crisis del Covid-19 contribuyó al aumento de la brecha educativa, especialmente en hogares vulnerables. Estos hogares, ya afectados por la brecha tecnológica y barreras socioculturales, se vieron superados por las exigencias de la educación online, impidiendo el seguimiento escolar de muchos menores. El objetivo principal de programas específicos es reducir la brecha digital y educativa, actuando preferentemente en barrios vulnerables.

La participación de la sociedad civil es fundamental para el éxito de la transformación educativa. A través de acciones de mentorazgo, se busca formar y consolidar la capacidad local para atender las necesidades de formación, atención y seguimiento de padres y alumnos en el manejo de herramientas educativas virtuales. Esta estrategia mediada permite un mayor impacto social directo sobre la población vulnerable y fortalece las relaciones de apoyo y confianza en el barrio, entendido como la unidad fundamental de trabajo para avanzar hacia la sostenibilidad urbana.

Brechas y Desigualdades Agravadas

La irrupción forzada de la formación telemática ha puesto de manifiesto y desafiado la función niveladora de la escuela, haciendo emerger abruptamente los desequilibrios y desigualdades sociales, económicas y culturales que afectan diferencialmente a los hogares de los alumnos. Han surgido nuevos problemas y se han agravado los ya existentes, como el aumento del absentismo o el debilitamiento del compromiso educativo.

Factores que han contribuido a esta situación incluyen:

  • Percepciones perniciosas: Sobre la obligatoriedad, necesidad o relevancia de la asistencia y el compromiso con las clases y tareas.
  • Factores emocionales: Desmotivación, conflictos en la convivencia, estrés por el confinamiento, problemas derivados de la brecha digital (falta de recursos, conexión o competencias) y la carga de tareas.
  • Factores socio-éticos y conductuales: La capacidad familiar, la falta de herramientas de control o autocontrol, el apoyo familiar y la valoración de la educación, que son cruciales para la socialización de los alumnos.

Barreras Materiales y Socioculturales

El hogar se convirtió en el principal espacio educativo durante la pandemia, lo que reveló problemas relacionados con la capacidad de las familias para replicar las condiciones del aula:

  • Falta de espacios adecuados: Dimensiones de los hogares o condiciones de convivencia que impiden dedicar lugares y tiempos adecuados para las clases telemáticas o el estudio.
  • Falta de dispositivos: Muchos hogares carecen de equipos adecuados (PCs, tablets), recurriendo a menudo a terminales telefónicos, lo que limita la funcionalidad. Según Save the Children, 500.000 hogares en España carecen de ordenador, afectando mayormente a los de bajos recursos (un 42%).
  • Falta de conectividad: La carencia o insuficiencia de conexión a internet limita o impide la presencia virtual de los alumnos en sesiones sincrónicas y afecta la transferencia de documentos en diferido.
Estudiante en un entorno vulnerable intentando conectarse a clases online con recursos limitados

La competencia digital autónoma de alumnos y padres/madres es determinante para el desarrollo de la docencia telemática en condiciones de igualdad. La heterogeneidad de medios y la dispersión de recursos aumentan los obstáculos para aquellos con menor destreza digital, incidiendo directamente en la brecha digital.

Factores socioculturales que inciden en la capacidad del hogar para responder a los desafíos de la enseñanza en línea incluyen:

  • Fronteras lingüísticas: Dificultad para prestar apoyo a hijos e hijas por parte de padres y madres cuya lengua materna no es el español.
  • Brechas formativas: La variedad de niveles formativos incide en el tipo de apoyos que los progenitores pueden dar, no solo en las tareas sino en la adquisición de nuevas competencias digitales.
  • Grado de implicación familiar: Es un factor clave para el éxito de los programas de formación.

Estrategias y Recursos para una Alfabetización Digital Inclusiva

La alfabetización digital crítica y reflexiva consiste en adquirir conocimientos y desarrollar habilidades y actitudes que permitan usar, comprender y evaluar las tecnologías digitales de forma autónoma, ética y responsable. Es una competencia fundamental para la vida contemporánea, capacitando a los ciudadanos para comprender fuentes, identificar sesgos y reflexionar sobre las consecuencias personales y sociales de la tecnología.

Estudios como el internacional ICILS 2023 revelan que un 38% de los estudiantes se encuentra bajo el nivel básico de desempeño en Alfabetización Digital y Manejo de Información. Además, la Encuesta Nacional de Desarrollo Digital e Innovación Educativa (ENDDEIE 2023) mostró que, si bien el desarrollo de habilidades digitales está presente en los establecimientos educativos (82% de los estudiantes ha recibido formación en búsqueda de información), menos de la mitad ha sido capacitado en temas de ciudadanía digital. Estos resultados evidencian una brecha significativa y la necesidad de promover una alfabetización digital crítica y reflexiva.

Uso excesivo de redes sociales afecta la salud mental

Iniciativas Clave

Diversas iniciativas buscan abordar esta brecha, proporcionando herramientas y formación a padres, apoderados, docentes y directivos:

  • Cápsulas Audiovisuales para Apoderados/as: Una serie de seis cápsulas dirigidas a apoderados que tratan temas como algoritmos, riesgos en el ambiente digital, desinformación y democracia digital.
  • Cartillas “Recomendaciones para trabajar con familias su rol mediador en el uso de dispositivos móviles”: Serie de tres cartillas dirigidas a docentes, directivos y encargados de convivencia educativa y formación ciudadana para el trabajo con familias. Contienen antecedentes sobre el uso de dispositivos móviles e internet por parte de niños, niñas y adolescentes, recomendaciones y una propuesta de taller práctico para reuniones de padres.
  • Módulo de formación “Ciudadanía Digital”: Módulo de formación desarrollado por entidades como la División de Organizaciones Sociales (DOS) para el trabajo con organizaciones sociales y centros de padres. Se pone a disposición de docentes, directivos y encargados de convivencia una presentación y un guion para su implementación en reuniones de apoderados u otras instancias escolares.

En respuesta a estos desafíos, el Centro de Innovación del Ministerio de Educación ha desarrollado guías como Clic a Clic, que ofrecen actividades basadas en proyectos y metodologías activas, articuladas con los objetivos de aprendizaje del currículum escolar. Estas guías promueven una alfabetización digital crítica y reflexiva, anclada en la interdisciplinariedad, la ética, la creatividad y el aprendizaje activo, partiendo del reconocimiento físico de los dispositivos y culminando con la modelación computacional de fenómenos del mundo real.

Desarrollar la alfabetización digital crítica y reflexiva desde los primeros niveles educativos es fundamental para formar ciudadanos capaces de desenvolverse de forma autónoma, responsable y con sentido ético en un mundo cada vez más mediado por las tecnologías digitales.

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