El agua corporal en el adulto mayor: fisiología, hidratación y prevención

La hidratación es un pilar fundamental en el cuidado de la salud, especialmente en las personas mayores, un grupo etario más vulnerable a sufrir las consecuencias deletéreas de un mal estado hídrico. Conforme el cuerpo envejece, la cantidad de agua corporal se reduce, lo que exige una atención proactiva por parte de familiares, cuidadores y profesionales sanitarios.

Esquema que muestra la distribución de agua en el cuerpo humano y cómo disminuye el porcentaje de agua corporal total con el paso de lohtml<h1>El Agua Corporal en el Adulto Mayor: Importancia y Gestión de la Hidratación</h1><tagimg>Esquema de la distribución del agua en el cuerpo humano

La hidratación es fundamental en el cuidado de la salud, especialmente en las personas mayores. Conforme el cuerpo envejece, la cantidad de agua corporal se reduce, y los mecanismos encargados del equilibrio hídrico en el organismo se ven afectados, haciendo que a partir de los 60 años, el cuerpo sufra cambios y pierda progresivamente la capacidad de detectar la sed. Las personas mayores sufren un mayor riesgo de deshidratación y las reservas de líquido de su cuerpo son más limitadas. Por ello, es importante conocer los beneficios del agua y los síntomas de deshidratación.

Composición del Agua Corporal y su Variación con la Edad

El agua representa entre la mitad y los dos tercios del peso de una persona. El porcentaje de peso corporal formado por agua es mayor (70%) al nacer y durante la primera infancia. Sin embargo, en los adultos mayores, el agua constituye entre el 45 y el 65% del peso corporal, llegando a ser aproximadamente el 50% en las mujeres a medida que avanza la edad. El tejido adiposo tiene un porcentaje inferior de agua que el tejido magro, y las mujeres tienden a tener más grasa, por lo que el porcentaje de agua en el peso corporal total en una mujer es menor (del 52% al 55%) que en el hombre (60%). Además, el porcentaje de peso corporal formado por agua también es más bajo en la edad avanzada y cuando se tiene obesidad.

Un hombre que pesa 70 kg tiene algo más de 42 L de agua en su organismo: entre 28 L en el interior de las células, alrededor de 10,5 L en el espacio que rodea las células y algo menos de 3,5 L (o en torno al 8% de la cantidad total de agua) en la sangre. Dos tercios del agua corporal total (ACT) son intracelulares, predominantemente en el tejido magro; del tercio restante, extracelular, el 25% es intravascular y representa solo el 8% del ACT, mientras que el resto se encuentra en el espacio intersticial.

Un estudio realizado en Santiago de Cuba, que incluyó 464 casos (264 hombres y 200 mujeres), en su mayoría en el grupo de 70 a 79 años, encontró que en los hombres se registró mayor peso y talla que en las mujeres. El agua corporal total para todos los grupos de edades fue superior en los hombres, y en los individuos normopeso, se observó un incremento del agua corporal total a medida que aumentó la edad. Sin embargo, los de mayor índice de masa corporal mostraron menores volúmenes hídricos.

Beneficios de una Hidratación Adecuada en el Adulto Mayor

Una hidratación correcta contribuye a varios procesos y funciones esenciales en el organismo del adulto mayor. Entre los principales beneficios se encuentran:

  • Mantención de la función cerebral: La deshidratación puede afectar la concentración, la memoria y la cognición, por lo que mantenerse bien hidratado es esencial para preservar la salud mental.
  • Salud cardiovascular: Contribuye a mantener una presión arterial saludable, evitando mareos.
  • Regulación de la temperatura corporal: Es crucial, especialmente porque con la edad se pierde la capacidad de adaptarse bien a los cambios de temperatura, tanto al frío como al calor.
  • Prevención de estreñimiento: Este es un problema común en las personas mayores, ya que con el calor, el intestino busca absorber agua, lo que provoca que las heces se sequen, aumentando las deposiciones duras y el riesgo de estreñimiento.
  • Mantención de la función renal: Beber suficiente agua ayuda a mantener los riñones en buen estado de funcionamiento y a eliminar las toxinas del cuerpo.
  • Prevención de infecciones del tracto urinario: La deshidratación aumenta el riesgo de este tipo de problemas.
  • Reducción del riesgo de caídas: La falta de líquidos puede causar mareos y debilidad, aumentando las probabilidades de caídas. Mantenerse hidratado contribuye a la estabilidad y previene accidentes.
  • Piel saludable: La piel tiende a volverse más seca con la edad. Una hidratación adecuada ayuda a mantener una buena piel, evitando la sequedad y el agrietamiento.

Síntomas y Riesgos de la Deshidratación en Personas Mayores

En las personas mayores, los síntomas de deshidratación pueden ser sutiles o confundirse con otras condiciones, lo que dificulta su reconocimiento y diagnóstico. Sin embargo, hay algunos signos tempranos y avanzados inequívocos. El término deshidratación se refiere al déficit de agua intracelular como consecuencia de un trastorno del metabolismo del agua y de un estado de hipertonicidad. Es el trastorno hidroelectrolítico más frecuente en el adulto mayor y se asocia a alta mortalidad.

Síntomas y Signos Comunes de Deshidratación:

  • Orina oscura
  • Boca seca
  • Fatiga y debilidad
  • Mareos y desmayos
  • Confusión mental (que puede atribuirse erróneamente a demencia)
  • Aletargamiento
  • Piel seca
  • Dolor de cabeza
  • Pulso rápido
  • Pérdida de peso rápida
  • Somnolencia e irritabilidad (presentes con una pérdida del 1% del peso corporal total, muy evidentes con el 5%)

Complicaciones y Factores de Riesgo:

Las complicaciones de la deshidratación en personas mayores pueden ser graves, variadas y a veces irreversibles si no se tratan rápidamente. La fatiga, por ejemplo, se achaca a la edad o la depresión. Además del estreñimiento, la deshidratación puede agravar condiciones preexistentes y aumentar el riesgo de:

  • Disminución de la sensación de sed: Con la edad, la percepción de la sed disminuye, lo que lleva a una menor ingesta de líquidos y a la pérdida de la principal defensa frente a la hiperosmolalidad.
  • Disminución de la función renal: La capacidad de retener agua y sodio se reduce debido a una menor tasa de filtración glomerular, bajos niveles de renina y aldosterona, y/o disminución de la sensibilidad del riñón a la hormona antidiurética.
  • Aumento de la pérdida de agua corporal: La composición corporal cambia con la edad, con una disminución de la masa muscular y un aumento de la masa grasa.
  • Enfermedades cardiovasculares: Las enfermedades del corazón y la hipertensión pueden limitar la capacidad del cuerpo para responder al estrés térmico.
  • Golpe de calor: Una condición grave que ocurre cuando el cuerpo no puede regular su temperatura.

¿Cómo detectar y prevenir la deshidratación en personas mayores?

Recomendaciones para Mantener una Hidratación Adecuada

Para compensar la pérdida diaria de agua, es necesario un aporte constante. Según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), se recomienda una ingesta adecuada de agua de 2,0 litros/día para mujeres y 2,5 litros/día para hombres. Las necesidades individuales de líquidos son muy variables y dependen del ejercicio, el entorno y las comorbilidades. Es posible que se necesite una ingesta adicional de agua a temperaturas más altas, durante una mayor actividad física o debido a pérdidas excesivas de líquidos (fiebre, diarrea y vómitos).

Estrategias para Fomentar la Ingesta de Líquidos:

  • Fomentar el consumo regular de agua a lo largo del día: Establecer un horario para beber, ya que el cuerpo pierde la percepción de sed con la edad.
  • No esperar a que tenga sed: Anticípate a la necesidad de beber.
  • Introducir los líquidos de forma gradual: Si la persona es reacia a beber, no intentes obligarla a beber grandes cantidades de repente. Comienza con cantidades pequeñas, ofrece la bebida que le gusta (si es saludable), y poco a poco ve aumentando.
  • Fomentar la ingesta de líquidos a través de sopas, jugos naturales, infusiones de hierbas y alimentos ricos en agua: Frutas (sandía, melón, fresas) y verduras (pepino, lechuga). Recuerda que gran parte de la ingesta de agua diaria proviene de los alimentos.
  • Ofrecer variedad de bebidas: Aunque el agua es la mejor opción, no es la única. Bebidas con electrolitos (sodio, potasio y magnesio) pueden ser útiles. En cada comida debe ingerirse un vaso de agua para facilitar la ingestión de sólidos.
  • En casos de disfagia: Es importante administrar agua fría espesada o en textura gel, utilizando vasos adaptados de doble asa, o de borde recortado para situaciones de dificultad de aspirado con pajita.
  • Monitorear el color de la orina: Si presenta color amarillo claro es un signo de buena hidratación, mientras que una orina oscura indica la necesidad de beber más líquidos.
  • Limitar o evitar el consumo de bebidas con cafeína y alcohol: Estas bebidas pueden tener un efecto deshidratante y aumentar la necesidad de agua.
  • Mantener un ambiente fresco: En climas cálidos, asegurar que la temperatura en el hogar sea cómoda y fresca. Evitar la exposición al calor extremo y preferir el uso de ropa adecuada (sombreros o sombrillas siempre que se esté al aire libre).
  • Fomentar las visitas médicas regulares: Para un seguimiento de la salud general y abordar cualquier condición subyacente que pueda afectar la hidratación.

Es absolutamente necesario sensibilizar tanto a los adultos mayores como a los cuidadores y los agentes de salud que los atienden, sobre la importancia de mantener un buen estado de hidratación, con una correcta ingesta de líquidos diarios. La prevención alcanza aquí un papel primordial, debiéndose hacer énfasis en la educación de los propios interesados, así como de los familiares, cuidadores y agentes sanitarios que puedan intervenir en el cuidado, más allá de las campañas estivales destinadas a prevenir las "olas de calor".

Mecanismos Fisiológicos del Equilibrio Hídrico

Con una temperatura ambiente moderada y un nivel de actividad moderado, el agua corporal permanece relativamente constante. El equilibrio hídrico corporal, definido como la diferencia neta entre la suma de la ingesta de agua más la producción endógena de agua, menos la suma de las pérdidas, está rigurosamente controlado para responder a los cambios de consumo y las pérdidas y mantener la homeostasis.

Fuentes de Ingreso de Agua:

El organismo obtiene agua, en su mayor parte, absorbiéndola del tubo digestivo (de alimentos o bebidas). Se estima que los aportes totales de agua consideran tres ingresos: agua potable, aguas preparadas y alimentos. Además, el agua también puede generarse de forma endógena mediante la oxidación de macronutrientes (agua metabólica) y, una pequeña cantidad se absorbe por vía transcutánea y respiratoria.

  • Agua metabólica: Producida por la oxidación de los sustratos con contenido en hidrógeno o de los nutrientes que generan energía. La producción de agua metabólica es proporcional a la ingesta de energía, representando de media aproximadamente entre 250 y 350 mL/día para las personas sedentarias, pero puede aumentar hasta 600 mL/día con una actividad física vigorosa.
  • Alimentos: La distribución de agua varía según la dieta; cuanto mayor sea el consumo de alimentos ricos en agua (frutas, verduras, sopas), mayor será la ingesta de agua a través de los alimentos. Las frutas y verduras son el grupo de alimentos que más agua contiene (96% en pepino, 85% en la mayoría). Las sopas contienen entre un 82% y un 95% de agua.
  • Agua potable y bebidas: La ingesta de agua a través del agua potable y las bebidas varía enormemente entre distintas personas.

Pérdidas de Agua del Organismo:

Las pérdidas de agua se producen principalmente a través de la orina, el sudor, pérdidas insensibles (piel y pulmones) y las heces. El consumo de agua debe equilibrar la cantidad de agua que se pierde. Los adultos sanos han de beber unos 2 L de líquido al día, como mínimo, para mantener el equilibrio hídrico y prevenir la deshidratación.

  • Orina: La mayor pérdida de agua en adultos sanos que no practican ejercicio. El volumen de orina puede variar considerablemente, de unos 500 mL a varios litros al día, y está muy controlado para regular estrictamente el equilibrio de los líquidos y la excreción de residuos solutos. Los riñones pueden producir una concentración de orina muy variada, de 50 mOsm/L a 1200 mOsm/L.
  • Sudor: La producción de sudor es muy variable; es baja en personas sedentarias, pero puede llegar a ser de varios litros al día durante una actividad física intensa, a temperatura ambiente alta y/o con un alto grado de humedad. El sudor es el principal mecanismo termorregulador en las personas activas, compuesto en un 99% de agua.
  • Pérdidas insensibles: Incluyen el agua que se pierde por la evaporación en la piel (aproximadamente 450 mL/día en adultos, variando con la temperatura, humedad, corrientes de aire o ropa) y por la respiración (aproximadamente 250-300 mL/día en personas sedentarias, aumentando con la actividad física y la altitud).
  • Heces: Las pérdidas de agua por las heces son relativamente bajas en adultos sanos, aproximadamente 200 mL/día en condiciones normales. Sin embargo, en los vómitos prolongados o en las diarreas intensas se pueden perder hasta más de 4 L en un día.
Gráfico mostrando la variación del índice de sudor en diferentes deportes

Regulación del Equilibrio Hídrico:

A pesar de las continuas pérdidas de agua y de las grandes variaciones en la ingesta de agua y sal, el cuerpo humano tiene generalmente la capacidad para mantener una constancia precisa del contenido de agua, variando menos de un 1% en 24 horas. Esto es de vital importancia para el mantenimiento de una composición constante del líquido extracelular, necesario para que las células funcionen correctamente.

El organismo intenta mantener constante el volumen total de agua y las concentraciones de electrolitos (sales minerales como el sodio y el potasio) en la sangre. Varios mecanismos trabajan juntos para lograrlo:

  • Sed: Es uno de los mecanismos más importantes. Cuando el cuerpo necesita agua, los centros nerviosos profundos del cerebro se ven estimulados, provocando sensación de sed. La sensación se vuelve más intensa a medida que aumenta la demanda de agua del organismo, lo que motiva la ingesta del líquido necesario. El principal estímulo de la sed es un aumento de la osmolaridad del plasma.
  • Interacción de la hipófisis y los riñones: La hipófisis secreta vasopresina (también denominada hormona antidiurética o ADH) en respuesta a la deshidratación. La ADH estimula los riñones para que retengan agua y excreten menos orina. Cuando hay exceso de agua, la hipófisis segrega poca ADH, permitiendo que los riñones eliminen el exceso de agua por la orina.
  • Ósmosis: El agua fluye de forma pasiva desde una zona o compartimento del organismo hacia otra, contribuyendo al equilibrio.

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