El deporte de Sordos constituye un terreno poco conocido dentro del universo de prácticas deportivas modernas, destinado específicamente a las personas Sordas. Este ámbito deportivo no solo promueve la actividad física, sino que también fomenta la integración social, el desarrollo de habilidades y el intercambio cultural dentro de la comunidad sorda.
Comprensión de la Discapacidad Auditiva
Definiciones y Características
La sordera se puede definir como el impedimento auditivo tan severo que impide a un niño procesar información lingüística a través de la audición, con o sin instrumentos amplificadores. Por otro lado, la discapacidad auditiva es un trastorno sensorial caracterizado por la pérdida de la capacidad de percepción de las formas acústicas, producido por una alteración del órgano de la audición o de la vía auditiva (Ríos, 2001). La Organización Mundial de la Salud (OMS) define "sordo" como toda persona cuya agudeza auditiva le impide aprender su propia lengua, seguir con aprovechamiento las enseñanzas básicas y participar en las actividades normales de su edad.
En cuanto a las características motrices y perceptivas, la motricidad de la persona con deficiencia auditiva está marcada por la ausencia del control de la audición. La diferencia entre una persona oyente y otra sorda no es nula; por ejemplo, al andar, puede diferenciarse una persona sorda de una oyente por no oír sus propios pasos. Las personas sordas pueden tener problemas en el equilibrio estático y dinámico debido a su problema vestibular, y también pueden presentar torpezas motrices por falta de experiencias, así como dificultades con conceptos abstractos de tiempo, espacio y lateralidad. Además, pueden mostrar un retraso en la adquisición de la marcha y en la noción del cuerpo, al desconocer la terminología habitual para nombrar sus partes. También es posible que aparezcan retrasos en los movimientos simultáneos, la coordinación locomotriz y la velocidad de reacción. La costumbre de estar siempre pendientes del entorno visual puede afectar la línea estética de su paso al mirar constantemente alrededor, lo cual incide en la práctica deportiva del sujeto.
Orígenes e Historia del Deporte de Sordos
Los Primeros Pasos y la Creación del CIDS
Existen datos que indican que, a principios del siglo XIX, ya se realizaban reuniones culturales y deportivas de nivel internacional en las que las personas sordas necesitaban utilizar signos para comunicarse. La historia del deporte para sordos es muy extensa y de hecho, fue el primer grupo de personas con necesidades especiales que decidió participar en competiciones de oyentes en el siglo XIX. Sin embargo, no fue hasta 1888 cuando un grupo de sordos alemanes creó un club deportivo compuesto únicamente por sordos. El reconocimiento internacional del deporte de sordos tardó en llegar.
A principios del siglo XX, el deporte de Sordos se estructuró en Europa a través del desarrollo del “deporte silencioso”. En 1924, nació el Comité International des Sports des Sourds (C.I.S.S), actualmente conocido como Comité Internacional de Deportes de Sordos (CIDS), dando inicio a las competiciones deportivas internacionales para sordos. Este mismo año, en París, Francia, se realizaron los Primeros Juegos Internacionales Silenciosos, un evento multideportivo acreditado por el Comité Olímpico Internacional (COI) y organizado por el CIDS. Participaron 148 atletas de 9 naciones europeas en un encuentro de dirigentes deportivos Sordos.

Expansión Global y Reconocimiento de las Sordolimpíadas
Desde sus inicios hasta la actualidad, las Sordolimpíadas han sido celebradas ininterrumpidamente cada cuatro años, con la única excepción de un breve paréntesis entre 1943 y 1947 debido a la Segunda Guerra Mundial. Esta constancia ha propiciado la expansión de este tipo de actividades por todo el mundo, con fines tanto recreativos como competitivos.
En 1955, el Comité Olímpico Internacional (COI) reconoció al CISS, lo que marcó el inicio de la celebración cada cuatro años de los Juegos Mundiales para Sordos. También se crearon los Juegos de Invierno, intercalándose cada dos años con los de verano. En la actualidad, el CIDS cuenta con la afiliación de 108 federaciones nacionales de deportes para Sordos, pertenecientes a los cinco continentes. Esta amplia adhesión subraya el importante papel que cumplen estos eventos para las comunidades Sordas, constituyendo uno de sus patrimonios históricos y culturales más custodiados (Ammons & Eickman, 2011; Séguillon, Ferez & Ruffié, 2013). El idioma oficial de las Sordolimpíadas es la lengua de señas internacional, y al momento de la competición, está prohibido el uso de dispositivos auditivos para garantizar la igualdad de condiciones en el juego.

Desarrollo en Europa y Legislación en España
Poco se conoce del funcionamiento de esta Federación Internacional de discapacitados auditivos y sordos. En 1981, se fundó la European Deaf Sport Organization (EDSO), sufragada por cuatro países: Bélgica, Dinamarca, Francia y Holanda. Francia se ofreció a organizar el primer Congreso del EDSO, donde el holandés Henny de Haas fue nombrado su primer presidente. El deporte de sordos comenzó a funcionar oficialmente en España al comienzo de la década de los años 60, inscribiéndose por primera vez en el CISS y participando en los Juegos Mundiales para Sordos.
Con la aparición del Real Decreto 1835/91, de 20 de diciembre, sobre Federaciones Deportivas Españolas y Registro de Asociaciones Deportivas, se reconoció la necesidad de crear una Federación de Deportes para Sordos, como complemento de la Ley del Deporte 10/1990. Finalmente, en 1993, la Comisión Directiva del Consejo Superior de Deportes dio su aprobación y la consiguiente inscripción en el Registro de Federación Deportiva con el número 48, estableciendo una legislación que regula el deporte para sordos de manera oficial en España.
FEDENASCHILE: Promoción e Integración Deportiva
Misión y Objetivos
La Federación Deportiva Nacional de Sordos de Chile - FEDENASCHILE es una organización de Personas Sordas sin fines de lucro, domiciliada en Santiago. Su objetivo fundamental es promover la integración social de las Personas Sordas en todos los ámbitos de la vida. La federación aspira a ser reconocida como una institución deportiva de prestigio que fomente y mejore la calidad integral de cada uno de sus federados, con cobertura nacional y garantizando la igualdad de oportunidades en el acceso al deporte.
Perfil de los Federados y Oportunidades
La mayoría de los Sordos que participan en FEDENASCHILE son jóvenes y adultos cuyas edades oscilan entre los 14 y 35 años, provenientes de estratos socioeconómicos medios y bajos. Esta realidad se traduce en pocas oportunidades para participar en instancias deportivo-recreativas que estimulen su sentido de pertenencia social, habilidades de trabajo en equipo, intercambio cultural en la mutua identidad y el uso productivo del tiempo libre. A través de estas actividades, la federación contribuye a prevenir los riesgos psicosociales estimulados por la marginalidad y la incomunicación.
La Distinción entre Deporte de Sordos y Deporte Paralímpico
El Surgimiento del Movimiento Paralímpico
El origen del movimiento paralímpico se remonta a 1944, año en el que Guttmann introdujo las prácticas deportivas en el proceso de rehabilitación, tras observar sus efectos positivos en un grupo de veteranos de guerra del Centro de Lesionados Medulares de Stoke Mandeville, en Aylesbury, Reino Unido. Los beneficios del deporte para discapacitados, según Guttmann (1976), poseían tres dimensiones: un “factor curativo” para mejorar la aptitud corporal, “valores recreacionales y psicológicos” para recuperar el placer por la vida y adaptarse al “defecto físico”, y ser el medio más efectivo para garantizar la integración social.
Guttmann, como exponente del naciente paradigma de la rehabilitación moderna, entendía la discapacidad como una secuela o deficiencia médica individual que debía ser superada mediante el desarrollo de capacidades corporales remanentes y el desempeño de actividades sociales consideradas “útiles” y “normales” (Ferrante, 2014). Para promover estas actividades, se crearon los Juegos para Paralizados de Stoke Mandeville, precursores de las actuales Paralimpíadas. A partir de 1960, estos juegos se celebraron regularmente cada cuatro años, después de cada Olimpíada (Guttmann, 1976). Inicialmente (hasta 1972), estuvieron destinados únicamente a personas con afecciones medulares y fueron organizados por la Federación Internacional de Juegos Stoke Mandeville (FIJSM), presidida por Guttmann.

Progresivamente, se fueron incorporando otras discapacidades físicas, lo que generó un complejo sistema de clasificación deportiva para garantizar la igualdad mediante la creación de categorías basadas en aptitudes físicas similares. En 1964, la Federación Mundial de Veteranos creó la Organización Internacional del Deporte para Discapacitados (OIDD) para atletas con discapacidades excluidas de los Juegos Internacionales Stoke Mandeville. La OIDD presionó para incluir a atletas ciegos, amputados y con parálisis cerebral en los Paralímpicos de Toronto 1976 y Arnhem 1980. Aunque su objetivo era congregar todas las discapacidades, conflictos de poder impidieron que actuara como comité coordinador (Issanchou, Lantz & Liotard, 2013; Séguillon, Ferez & Ruffié, 2013).
En 1982, las cuatro organizaciones internacionales paralímpicas crearon el Comité Internacional de Coordinación de Deportes para Personas con Discapacidad en el Mundo (CIC). El CISS y las Federaciones Deportivas Internacionales para Personas con Discapacidad Intelectual (con sus Olimpíadas Especiales desde 1968) fueron invitados a participar en 1985. El máximo órgano del deporte de Sordos aceptó la propuesta en 1986, bajo la garantía de conservar su autonomía y sus propios juegos (Jordan, 1996).
Controversias y la Lucha por la Autonomía del Deporte de Sordos
La narrativa oficial del deporte paralímpico omite que, en la década de los 70, el movimiento por los derechos de las personas con discapacidad física cuestionó duramente el deporte paralímpico, argumentando que este, tributario de un modelo médico, perpetúa la exclusión al cristalizar guetos deportivos que refuerzan la percepción de la discapacidad como tragedia personal. Se señaló que el abordaje terapéutico es erróneo y que no hay nada que compensar en los cuerpos de las "personas con deficiencias" (UPIAS, 1976; Finkelstein, 1980).
Desde un modelo social de la discapacidad, se afirmó que esta nace en una estructura social opresiva que excluye a individuos por no responder a las disposiciones del "cuerpo capaz y útil" para el trabajo capitalista (Oliver, 1998). Esta perspectiva abogó por abandonar el principio de integración y adoptar el de inclusión, buscando remover las barreras sociales que impiden la participación plena y efectiva de las personas con deficiencias (Palacios, 2017).
A pesar de estas luchas por el reconocimiento, el deporte paralímpico y el recién creado Comité Paralímpico Internacional (CPI) en 1989, incorporaron el término "inclusión" de manera ambigua, usándolo discursivamente como sinónimo de integración y reeditando la fórmula de Guttmann: “el deporte constituye el principal elemento para la inclusión de las personas con discapacidad.” Sin embargo, la mayor conflictividad surgió a nivel organizacional, cuando el CPI intentó imponer un modelo deportivo único en 1990 (Issanchou, Lantz & Liotard, 2013).
Este intento provocó un intenso enfrentamiento con el CISS, ya que su participación en el CPI se había acordado bajo el compromiso de respeto a su autonomía, conservación de sus juegos y participación en los fondos del COI. Estos acuerdos no se cumplieron, generando confusión sobre la dependencia administrativa del deporte de Sordos. Muchas organizaciones nacionales de deportes para Sordos perdieron sus vínculos con los Comités Olímpicos Nacionales y se vieron forzadas a unirse a organizaciones deportivas de personas con discapacidad, perdiendo autonomía y financiación (Jordan, 1996).
Ante esta creciente conflictividad, el COI propició una negociación entre el CPI y el CIDS, pero los intentos de incorporar las Sordolimpíadas a las Paralimpíadas fracasaron. En 1993, en el Congreso del CIDS en Sofía, Bulgaria, tras los XVII Juegos Mundiales de Sordos, los delegados decidieron explorar dos alternativas: la sumisión al ámbito paralímpico o la renuncia a la membresía al CPI. Los líderes del CIDS esgrimieron tres razones principales para mantener su autonomía:
El deporte y la cultura de la inclusión. Observatorio con Anel Pérez y Alejandrina Zamora
Naturaleza de la Sordera y Ausencia de Limitaciones Físicas
En primer lugar, señalaron que el deporte para Sordos no puede ser considerado un deporte para personas con discapacidad (Stewart, 1991; Ammons, 2008). Las personas Sordas no poseen limitaciones físicas, por lo que sus juegos no requieren grandes ajustes, a diferencia de los deportes adaptados. La propuesta del CPI de incluir una categoría exclusiva para personas Sordas en las Paralimpíadas implicaba un alto costo por intérpretes de lengua de señas, que el CPI se negó a afrontar. Como alternativa, el CPI ofreció eliminar gran parte de los deportes disputados en las Sordolimpíadas, opción que el CIDS rechazó (Ammons & Eickman, 2011; Séguillon, Ferez & Ruffié, 2013). En los juegos de Sordos, las barreras comunicacionales no son un problema, ya que todos los participantes conocen la lengua de señas.
Filosofía Contrapuesta y Concepto de Identidad Sorda
En segundo lugar, indicaron que la filosofía del deporte adaptado tiene pilares y significados contrapuestos a los del deporte de Sordos (Jordan, 1996; Ammons & Eickman, 2011; Séguillon, Ferez & Ruffié, 2013). Los fines del deporte de Sordos se asocian a reivindicaciones culturales, sociales y políticas defendidas por las comunidades Sordas en su lucha por el reconocimiento, y se erigen en contra de la medicalización y la normalización corporal (Jordan, 1996; Séguillon, Ferez & Ruffié, 2013). Desde esta perspectiva, las personas Sordas no son concebidas como personas con discapacidad, sino como miembros de una minoría lingüística con una cultura e identidad propia, donde la falta de audición no implica una deficiencia a superar. La sordera constituye una particularidad generadora de orgullo, no una enfermedad a compensar o curar, como se asume al identificar a este sector como “discapacitado auditivo” o “hipoacúsico” (Séguillon, Ferez & Rufiié, 2013; Ammons & Eickman, 2011; Stewart, 1991; Jordan, 1996).
La Importancia de la Autonomía Organizacional
En tercer lugar, los líderes del CIDS no estaban dispuestos a perder la autonomía que caracteriza a su organización desde su fundación, como una institución gobernada por y para Sordos. Rechazaban ceder su poder a agrupaciones de personas con discapacidad, muchas veces dirigidas por individuos sin discapacidad que históricamente han ignorado las necesidades peculiares de esta minoría. Como se ha expresado, “Entre las personas oyentes, ya sean personas portadoras de un cuerpo capaz o con discapacidad, casi siempre estamos excluidos, invisibles y sin servicio. Entre nosotros, sin embargo, no tenemos límites. (…) Ha sido la experiencia repetida de la comunidad Sorda que nuestras necesidades únicas se pierden cuando estamos agrupados en cualquiera de las dos categorías.” Estas argumentaciones no implicaban, sin embargo, el rechazo a establecer alianzas con el colectivo de personas con discapacidad ante problemáticas comunes de estigma y discriminación.
Programas Inclusivos y Educación Física para Estudiantes Sordos
Impacto de los Programas Inclusivos
Un estudio reciente tuvo como objetivo evaluar la eficacia de un programa inclusivo de ejercicios deportivos y recreativos diseñado para estudiantes con discapacidad auditiva, aplicado en el contexto de clases de Educación Física. Este estudio cuantitativo, con un diseño cuasi-experimental, incluyó un grupo experimental (n=20) que participó en una intervención de ocho semanas y un grupo control (n=20) que continuó con actividades convencionales. El programa se estructuró con actividades adaptadas mediante apoyos visuales, dinámicas cooperativas y metodologías participativas centradas en la accesibilidad sensorial.
Los resultados mostraron mejoras estadísticamente significativas (p < 0.05) en las capacidades físicas del grupo experimental, específicamente en resistencia cardiovascular, fuerza abdominal y coordinación visual-motora. Además, se evidenció un incremento considerable en la percepción de inclusión, particularmente en las dimensiones de participación activa, comprensión de instrucciones y sentido de pertenencia al grupo, con tamaños del efecto clasificados como grandes y muy grandes. En contraste, el grupo control no presentó cambios relevantes. Estos hallazgos demuestran que los programas inclusivos diseñados pedagógicamente para estudiantes sordos contribuyen no solo al desarrollo físico, sino también a la integración social y al bienestar emocional.

La Inclusión en el Ámbito Escolar
La diversidad siempre ha existido en la escuela, ya que concurren sujetos con diversas historias, prácticas, estilos de vida y formas de apropiarse de conocimientos culturales. Todos los alumnos son distintos; algunos necesitarán adaptaciones para adquirir dichos conocimientos, pero siempre en el contexto general de la práctica educativa, nunca aislados y siempre con un valor social. Los alumnos con necesidades educativas especiales (NEE) deben estar abiertos al aprendizaje junto a sus compañeros, sin sentirse inferiores y reconociendo que tienen mucho que ofrecer.
Los docentes, por su parte, deben aprender a adentrarse en el mundo de los discapacitados y profundizar en las minusvalías, comprendiendo cómo se sienten los alumnos con estas características al enfrentarse a la práctica de actividades físicas. El aprendizaje escolar para los alumnos con deficiencias auditivas debe contar con apoyos y ayudas constantes. Un caso común es el de un niño con prótesis auditiva y labiolectura aceptable, al cual se le debe colocar en un lugar que potencie sus restos auditivos y desarrolle su visión. El habla del profesor y de sus compañeros debe ser normal y el ritmo de expresión moderado.
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