El cáncer de hígado, también conocido como carcinoma hepatocelular (CHC), es una enfermedad compleja que ocupa el sexto lugar en incidencia global y el cuarto en muertes por cáncer en hombres. Se desarrolla principalmente en personas con enfermedad hepática crónica, siendo las infecciones por los virus de la hepatitis B (VHB) y C (VHC), la cirrosis alcohólica, la hemocromatosis y la esteatohepatitis no alcohólica (EHNA/MASH) factores de riesgo significativos.
La detección y el diagnóstico temprano son cruciales para un tratamiento eficaz. Para ello, se utilizan diversas pruebas que examinan tanto el hígado como la sangre, entre las que destaca el análisis de alfafetoproteína (AFP), un importante marcador tumoral.
¿Qué es la Alfafetoproteína (AFP)?
La alfafetoproteína (AFP) es una proteína que produce el hígado cuando las células crecen y se dividen para producir nuevas. Normalmente, los niveles de AFP son altos en los fetos en desarrollo y disminuyen significativamente después del nacimiento. En adultos no embarazadas, la AFP se mide principalmente como marcador tumoral, ya que es una sustancia que suelen producir las células cancerosas o las células normales en respuesta al cáncer.
Uso de la AFP como marcador tumoral
El aumento de la concentración de AFP en sangre es, en ocasiones, un signo de cáncer de hígado, aunque no es exclusivo de esta enfermedad. Otros tipos de cáncer y ciertas afecciones no cancerosas, como la cirrosis y la hepatitis, también pueden elevar las concentraciones de AFP. Incluso, en algunos casos de cáncer de hígado, los niveles de AFP pueden ser normales, por lo que una prueba de AFP no se puede usar por sí sola para detectar o diagnosticar el cáncer con certeza.
La prueba de marcador tumoral AFP es útil durante el diagnóstico y/o tratamiento del cáncer de hígado, ovario o testículo que causan niveles altos de AFP. También se puede utilizar para monitorear la salud de personas con hepatitis crónica o cirrosis hepática, que tienen un mayor riesgo de desarrollar cáncer de hígado. Un nivel muy alto de AFP o un aumento repentino puede ser un signo temprano de cáncer de hígado. Sin embargo, la mayoría de los expertos médicos no recomiendan medir los niveles de AFP para detectar cáncer en estas enfermedades de forma aislada.
Diagnóstico del Cáncer de Hígado
El diagnóstico del carcinoma hepatocelular se basa en la combinación de la medición de la AFP y estudios de diagnóstico por imágenes. Los signos y síntomas del CHC suelen ser inespecíficos, por lo que a menudo los tumores se diagnostican durante las pruebas de cribado sistemáticas en pacientes con riesgo elevado.
Pruebas de laboratorio
- Prueba del marcador tumoral alfafetoproteína (AFP): Mide la concentración de AFP en sangre. Niveles elevados (> 400 ng/mL o 400 mcg/L) se identifican en el 40 al 65% de los pacientes con cáncer de hígado. Las concentraciones más bajas son menos específicas y pueden indicar regeneración hepatocelular.
- Otras pruebas en sangre:
- AFP-L3 (una isoforma de la AFP) y des-gamma-carboxiprotrombina (DCP): Son biomarcadores para la estratificación del riesgo de CHC. Aunque tienen una sensibilidad insuficiente por sí solos para detectar el cáncer en etapa temprana, ofrecen un valor diagnóstico adicional a la AFP y las imágenes.
- Pruebas de funcionamiento hepático (LFT): Miden la cantidad de ciertas sustancias que el hígado libera en la sangre. Una cantidad más alta de lo normal puede ser un signo de cáncer de hígado y también ayuda a evaluar la función hepática antes del tratamiento.
- Pruebas de coagulación de la sangre: Evalúan la capacidad del hígado para producir proteínas que ayudan a la coagulación.
- Hemograma completo (CBC): Mide los niveles de glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas.
- Pruebas químicas de la sangre: Verifican los niveles de varias sustancias, como calcio (que puede aumentar) y glucosa (que puede disminuir), y colesterol (que a veces puede aumentar) afectados por el cáncer de hígado.
Estudios de diagnóstico por imágenes
Los estudios por imágenes utilizan rayos X, campos magnéticos u ondas sonoras para obtener imágenes del interior del cuerpo. Son fundamentales tanto antes como después del diagnóstico de cáncer de hígado.
- Ecografía: Suele ser el primer estudio para examinar el hígado. Utiliza ondas de alta energía (ultrasónicas) para producir un ecograma, una imagen del hígado.
- Tomografía Computarizada (TC): Usa una computadora conectada a una máquina de rayos X para tomar una serie de imágenes detalladas del abdomen desde diferentes ángulos. Se puede inyectar un tinte para destacar órganos y tejidos. La tomografía computarizada trifásica y la tomografía computarizada en espiral o helicoidal permiten obtener imágenes muy detalladas.
- Imágenes por Resonancia Magnética (IRM): Utiliza un imán, ondas de radio y una computadora para crear imágenes detalladas del hígado y sus vasos sanguíneos. La angiografía con resonancia magnética y la IRM trifásica son procedimientos específicos.
- Angiografía: Estudio radiológico para examinar los vasos sanguíneos, mostrando las arterias que suplen sangre a un cáncer de hígado, lo que ayuda a planear la operación. Puede realizarse con un explorador de TC (angiografía por TC) o MRI (angiografía por MR) para obtener información sin necesidad de un catéter en la ingle.
- Tomografía por Emisión de Positrones (TEP): Se usa para encontrar células de tumores malignos inyectando glucosa radiactiva.
- Gammagrafía ósea: Puede ayudar a encontrar el cáncer que se ha propagado a los huesos (metástasis).
En función de las preferencias y las capacidades locales, el primer estudio de diagnóstico por imágenes podría ser una TC con contraste, una ecografía o una RM. Los estudios de diagnóstico por imágenes con contraste deben solicitarse con un protocolo trifásico, ya que la fase de contraste tardío es esencial para el diagnóstico radiológico del carcinoma hepatocelular.
Biopsia
La biopsia es la extracción de células o tejidos para que un patólogo los observe al microscopio y determine si hay signos de cáncer. No siempre es necesaria para diagnosticar el cáncer de hígado; en ocasiones, los médicos pueden diagnosticarlo basándose en los resultados de los procedimientos por imágenes (TC o IRM).
Los procedimientos para recoger muestras incluyen:
- Biopsia por aspiración con aguja fina: Extracción de una muestra de líquido, tejido o células con una aguja fina.
- Biopsia por punción con aguja gruesa: Extracción de una muestra de líquido, tejido o células con una aguja un poco más ancha.
- Biopsia con aguja guiada por tomografía computarizada: Se usa la TC para guiar una aguja de biopsia a las áreas sospechosas.
- Laparoscopia: Procedimiento quirúrgico para observar los órganos del abdomen y extraer muestras de tejido.
Es importante destacar que la inserción de una aguja en el tumor puede, en casos excepcionales, contribuir a la diseminación de células cancerosas, especialmente cuando la cirugía o el trasplante hepático son opciones curativas.
Estadificación del Cáncer de Hígado
El cáncer de hígado que no viste venir y... ¿Por qué es tan mortal?
Una vez diagnosticado el cáncer primario de hígado, se realizan pruebas adicionales para determinar si las células cancerosas se han diseminado dentro del hígado o a otras partes del cuerpo. La estadificación es el proceso para determinar el tamaño, la ubicación y la extensión de la diseminación del cáncer.
Algunas de las pruebas de diagnóstico por imágenes, como las TC o IRM, pueden usarse durante la estadificación. También se puede realizar una tomografía por emisión de positrones (TEP).
Se utilizan varios sistemas de estadificación, siendo el sistema TNM (Tumor/Nodal/Metastásico) uno de ellos, que considera el número y tamaño de los tumores, y la diseminación linfática y extrahepática. Otros sistemas como el de Okuda y el del Barcelona Clinic Liver Cancer (BCLC) son más comunes, ya que incluyen información sobre la gravedad de la enfermedad hepática subyacente, lo cual es crucial para guiar el tratamiento.
Cribado y Detección Temprana
Los programas de cribado detectan un número creciente de carcinomas hepatocelulares. La detección se recomienda en pacientes con cirrosis y en aquellos con hepatitis B de larga data, incluso sin cirrosis.
Un método común de detección es la combinación de AFP más ecografía cada 6 meses. Sin embargo, en pacientes obesos, dada la sensibilidad limitada de la ecografía, se considera alternar la ecografía con RM o TC para el cribado.
Estudios han demostrado que la combinación de AFP con un umbral de 20 ng/ml y ecografía tiene una sensibilidad del 96% y una especificidad del 85% para detectar el CHC, lo que la hace superior a las pruebas individuales. A pesar de los beneficios en la detección temprana, algunos estudios sugieren que la falta de efectos beneficiosos claros en la supervivencia general podría estar relacionada con el infradiagnóstico.
Riesgos de los exámenes de detección
Es importante considerar los posibles problemas y riesgos de los exámenes de detección, aunque su objetivo sea encontrar el cáncer en un estadio temprano. Estos incluyen:
- Resultados negativos falsos: La prueba puede ser normal aun cuando haya cáncer, lo que podría retrasar la búsqueda de atención médica.
- Resultados positivos falsos: La prueba puede ser anormal sin que haya cáncer, lo que genera ansiedad y puede llevar a pruebas diagnósticas innecesarias, como una biopsia de hígado, que también conllevan riesgos.
Consideraciones de la prueba de AFP en el Embarazo
La prueba de alfafetoproteína (AFP) es un análisis de sangre que también se realiza durante el embarazo para evaluar el riesgo de defectos congénitos y problemas genéticos del bebé. Se ofrece normalmente entre la semana 15 y 20 del embarazo.
- Niveles elevados de AFP durante el embarazo: Pueden sugerir defectos del tubo neural (como espina bífida o anencefalia), defectos de la pared abdominal o embarazos múltiples.
- Niveles bajos de AFP durante el embarazo: Pueden indicar anomalías cromosómicas, como el síndrome de Down o el síndrome de Edwards (trisomía 18).
Los resultados anormales de AFP en el embarazo no siempre significan que el bebé tenga un problema grave; a veces, una fecha de parto incorrecta puede influir en los niveles. Si los resultados son anormales, se necesitan más pruebas, como estudios de diagnóstico por imágenes o amniocentesis.