Cuidado Integral del Adulto Mayor con Movilidad Reducida: Terminología y Estrategias

Introducción al Envejecimiento y la Dependencia

El incremento acelerado del envejecimiento de la población a nivel mundial y la voluntad política de los estados, orientada principalmente a la atención y protección de los grupos más vulnerables, constituye uno de los pilares fundamentales para la asistencia social en el ámbito de la salud pública, en conjunto con otros sectores de la economía de un país.

La atención relacionada con el adulto mayor, a través de programas de salud y en coordinación con la asistencia social de las direcciones de trabajo y seguridad social, así como de comercio interior, requiere de conceptos y términos que definan sus funciones y evolucionen para mejorar su desempeño. Esto facilita el trabajo y el modo de clasificar a sus beneficiarios.

Mediante un enfoque que debe evolucionar en concordancia con el movimiento de los indicadores de envejecimiento, se adoptan medidas convenientes para mejorar la atención relacionada con el adulto mayor, a través de proyecciones actualizadas de futuro. De esa manera, las autoridades correspondientes han emitido documentos que rigen la encomiable labor de los trabajadores sociales en la atención a las personas mayores, especialmente desde la atención primaria de salud.

Una de las consecuencias más importantes del proceso de envejecimiento es la necesidad cada vez más creciente de apoyo para la atención a las personas de mayor vulnerabilidad y, entre estas, las de más dependencia en las actividades básicas de su vida diaria enfocadas desde su validismo.

Esquema de las necesidades de apoyo en adultos mayores dependientes

Durante el proceso de envejecimiento, y según la trayectoria de vida de cada individuo, pueden aparecer enfermedades o condiciones patológicas que interfieran con el proceso natural de envejecimiento, resultando en un envejecimiento no saludable. Las enfermedades invalidantes, especialmente las mentales, han llegado a ser consideradas una epidemia de la vejez, contribuyendo significativamente al deterioro durante el proceso natural de envejecimiento.

Así como las enfermedades alteran el curso del envejecimiento saludable, produciendo un envejecimiento patológico, la falta de movimiento altera el curso de una enfermedad y tiene una relación directa con el envejecimiento patológico que depende de esa enfermedad. Estas circunstancias plantean un reto al que se tiene que adaptar el sistema de salud de cualquier país para brindar respuesta a las necesidades de cuidados y atención a las personas con algún grado de dependencia.

Considerando que el cuidado familiar continuará teniendo una presencia importante en la sociedad, es necesario ofrecer herramientas a los profesionales para que identifiquen la realidad de las personas que son cuidadas en el medio familiar y puedan abordar su problemática específica. Esto implica ofrecer el soporte asistencial necesario, generalmente establecido en los programas de salud, para minimizar los efectos negativos y asegurar su permanencia en el domicilio con las mejores condiciones de vida para el adulto mayor, su familia y la sociedad.

Comprensión de la Terminología: De "Postrado" a "Dismovilidad"

Valorando la imprescindible necesidad de un consenso en la actualización sobre temas tan importantes, diversos autores consideran proponer una apreciación sobre la clasificación por la cual se rigen los trabajadores sociales en la atención primaria de salud, usando el concepto de inmovilidad y postración. Estos términos se siguen utilizando en algunos sectores, a pesar de que en publicaciones recientes se insiste en su eliminación con sobrados argumentos, buscando facilitar una aplicación con más equidad de los procedimientos según una nueva clasificación.

Definiciones según la normativa vigente

En el contexto de la entrega de recursos a pacientes vulnerables, se ha establecido un "Procedimiento para la venta de recursos a personas postradas, incontinentes y encamados" en algunas normativas. A continuación, se detallan las definiciones utilizadas en estos contextos:

  • Una persona incontinente se considera cuando tiene alguna condición de salud que le impide regular el esfínter anal y vesical (salida involuntaria de orina y heces).
  • Se considera encamada a toda persona cuando tiene una condición de salud que le provoca inmovilidad parcial o total y una dependencia moderada para las actividades de la vida (en ocasiones puede comer, beber, manejar la silla de ruedas, trasladarse, entre otros). Esta definición solo considera como ejemplo actividades instrumentadas de la vida diaria.
  • Una persona es postrada cuando el tiempo de permanencia y la carga de los cuidados son prolongados y requiere de apoyo, guía y supervisión permanente de las actividades de la vida diaria, siendo uno de los estados de salud que más dependencia genera.

En documentos relacionados con la asignación de recursos, en el acápite de los códigos relacionados con las patologías, se utiliza el término "postrado crónico" sin conceptualizarlo o especificar cuántos tipos de postrados existen.

El Síndrome de Inmovilidad

Los términos conceptualizados en algunos documentos constituyen síndromes geriátricos bien establecidos y descritos en la literatura, directamente relacionados con el síndrome de inmovilidad. Este se define como el descenso de la capacidad para desempeñar las actividades de la vida diaria por deterioro de las funciones motoras. Se caracteriza por una reducción de la tolerancia a la actividad física que provoca debilidad muscular generalizada y, en casos graves, pérdida de automatismos y reflejos posturales. El grado de afectación, evolución y pronóstico dependen del estado basal, las causas desencadenantes, la actitud del paciente y su interacción con el entorno.

Crítica y evolución de los términos

Al analizar el documento en el aspecto sobre la definición del término "incontinencia", no se hace referencia al tipo. En el caso de la urinaria, se podría inferir que se trate de la incontinencia permanente, que por lo general es crónica, no relacionada con enfermedades agudas, requiere investigación y puede ser reversible con diagnóstico y tratamiento adecuados, por lo que necesita un seguimiento estable. La asociación de la doble incontinencia es frecuente, siendo hasta 12 veces más habitual que la incontinencia fecal aislada, debido a factores favorecedores comunes como la inmovilidad, el deterioro cognitivo, las lesiones neurológicas periféricas o el estreñimiento crónico.

El término "encamado" no queda claramente definido y puede prestarse a confusión, pues en una de sus partes dice que "la condición de salud puede provocar inmovilidad parcial o total…", lo cual se confunde con lo definido como "postrado", diferenciada solo en los términos de su prolongación en el tiempo.

LOS TERMINOS MEDICOS QUE DEBES CONOCER EN TU VEJEZ.

Es de vital importancia aclarar que "postrado" no es un término médico y la tendencia internacional es abolir dicha terminología. El término "postración" se origina en la sustantivación del verbo "postrarse", que significa literalmente "arrodillarse", "encuclillarse", "hincarse". Es un arcaísmo de origen latino, utilizado con diversos fines (como "se postró en adoración a su Dios"; "solicitó clemencia postrándose ante Su Majestad", etc.), que por lo general tienen en común la humillación voluntaria. También se acepta la acepción "enflaquecer, debilitar, quitar el vigor y fuerzas".

Su uso en salud surge asociado a enfermedades agudas (infecciones, caídas de altura, accidentes laborales, deportivos y de guerra) cuyas complicaciones llevaban a los pacientes a gran debilidad y a la flexión involuntaria del miembro inferior. Esto es equívoco e inexacto, puesto que la flexión de rodillas se encuentra ausente en una gran cantidad de pacientes considerados "postrados". Además, debido quizá al origen y terminalidad de la mayoría de los casos, la condición de «postrado» adquirió una connotación peyorativa (en el occidente teocéntrico: «castigo divino», «pide perdón en vida».)

Cuestiones como "¿A partir de cuándo un individuo debe considerarse «postrado»?", "¿Existen diferencias entre distintos "niveles" de «postración»?" o "¿Qué siente un familiar cuando se le informa que su madre quedará «postrada»?" ponen de manifiesto la ambigüedad y carga negativa del término. Los conceptos que se describen en documentos oficiales son aplicados por personal no médico, lo que da lugar a la interpretación personal, dejando una brecha muy amplia para emitir criterios que pueden ser diferentes de acuerdo a la opinión individual sin un basamento científico adecuado al momento de asignar los beneficios a los necesitados.

Para entender mejor una nueva clasificación propuesta, es crucial aclarar que en los textos revisados se propone emplear el término "dismovilidad" como más adecuado en vez de "inmovilidad", considerando que la verdadera inmovilidad en el universo físico no existe. Una persona, aunque esté en cama bajo cualquier limitación, permanece con movilidad respiratoria, ocular, cardiorrespiratoria, etc. La dismovilidad se ha definido como "la molestia, dificultad y/o imposibilidad para movilizar parte del cuerpo y/o trasladarse, secundaria a situaciones de origen biológico, mental, social, espiritual y/o funcional; que afecta la calidad de vida y/o que tiene riesgo de progresión". Esta incluye las tres etapas del encamamiento, siendo muy útil para decidir la asignación de recursos para los necesitados.

Causas y Consecuencias de la Dismovilidad

El síndrome de inmovilidad es uno de los cuatro grandes síndromes geriátricos, junto con la incontinencia, la alteración cognitiva y la inestabilidad. Se define como la reducción de la capacidad de realizar actividades cotidianas por deterioro de la función motora, lo que conduce a una dependencia completa para la movilización, alimentación, vestido y lavado. Sus principales causas son osteoarticulares y neurológicas.

Fisiopatológicamente, se produce un descenso de la actividad metabólica y depósito de colágeno e infiltración fibrograsa de las articulaciones, lo que conduce a deformidades articulares, alteración de ligamentos e inserciones y acortamiento de fibras. Esto, a su vez, causa pérdida de fuerza y resistencia muscular, contracturas (reduciendo rangos de movimiento) y disminución de la movilidad. La consecuencia final de esta cadena fisiopatológica es el dolor, aumento del riesgo de úlceras, limitación de las actividades, osteoporosis por desuso y mayor enfermedad articular degenerativa.

Infografía: Causas y efectos de la inmovilidad en adultos mayores

En cuanto a las consecuencias psicológicas, la inmovilidad genera depresión, cambios de conducta, alteraciones de la percepción y alucinaciones. Además, aumenta el riesgo de caídas, lo que condiciona un mayor deterioro funcional y restricción progresiva de las actividades básicas. Es importante analizar sus posibles causas, ya sean extrínsecas o intrínsecas, para poder manejarlo adecuadamente.

Estrategias de Cuidado para el Adulto Mayor en Cama

Es frecuente que los adultos mayores presenten enfermedades, transitorias o permanentes, que los obligan a permanecer en cama. Los cuidados dependerán, por una parte, del enfermo, su estado general y mental y, por otra, de los recursos de la familia. El cuidado integral de una persona en cama implica mantener una correcta higiene, vigilar la piel, cambiar de posición con frecuencia y observar cualquier señal de malestar o dolor.

Condiciones Ambientales

La habitación debe ser tranquila, iluminada, aireada y con una temperatura agradable. Debe contar con estímulos, especialmente la compañía y el cariño de su familia y cuidadores. Es importante mantener una rutina diaria que incluya limpieza corporal, ventilación del espacio, cambio de ropa de cama y una comunicación constante con el adulto mayor para saber cómo se siente.

Higiene y Cuidado de la Piel

Para prevenir las escaras, lo más importante es evitar la inmovilidad. Si el paciente tiene movilidad reducida o está en cama, deben hacerse cambios de postura cada dos o tres horas. Puede ser colocado de espaldas, de lado o boca abajo. Una atención constante puede evitar heridas dolorosas y complicaciones mayores.

Las úlceras por presión son una de las complicaciones más frecuentes en personas en cama, tanto adultos mayores como personas con poca movilidad. Para prevenirlas, es fundamental cambiar de posición, mantener la piel limpia y seca, hidratarla adecuadamente y revisar zonas de riesgo como talones, espalda, caderas y codos. Las lesiones por presión aparecen por presión, humedad y fricción.

Contar con productos adecuados facilita enormemente la labor del cuidador y mejora la comodidad del adulto mayor. Existen pañales y protectores para la cama que ofrecen alta absorción y ajuste seguro para personas con movilidad reducida, ayudando a mantener la piel seca por más tiempo. Para la higiene diaria, las toallas húmedas o espumas de limpieza específicas para la piel permiten una limpieza suave sin necesidad de enjuague.

Foto: Cuidador asistiendo en el cambio de posición de un adulto mayor

Nutrición e Hidratación

La alimentación es fundamental en cualquier etapa de nuestras vidas, ya que de ella depende la energía y salud diaria. La alimentación de una persona en cama debe ser equilibrada, variada y adaptada a sus necesidades médicas. Se recomienda ofrecer comidas fáciles de masticar y digerir, ricas en proteínas, vitaminas y fibra. Los adultos mayores pueden sentir poca sed y se deshidratan con facilidad; el calor, la fiebre o los diuréticos también pueden deshidratar.

Es importante mantener una correcta hidratación y alimentar al adulto mayor con el torso ligeramente incorporado, dejándolo en esa posición al menos 30 minutos después de comer para evitar atragantamientos o reflujo.

Movimiento y Ejercicio

Aunque la persona a cargo esté en cama, el movimiento sigue siendo esencial; no solo para su cuerpo, sino también para su mente. Los ejercicios pasivos y suaves ayudan a mejorar la circulación, prevenir la rigidez articular y reducir el riesgo de trombosis. Movilizar brazos, piernas, pies y manos, siempre con cuidado y sin causar dolor, contribuye a mantener la funcionalidad del cuerpo y el bienestar general del adulto mayor.

Es crucial que una persona con movilidad reducida no realice movimientos bruscos ni intentos de incorporarse sin ayuda, ya que esto puede provocar caídas, lesiones musculares o mareos. También es importante evitar que permanezca mucho tiempo en la misma posición, que se exponga a corrientes de aire o que realice esfuerzos innecesarios. El acompañamiento del cuidador es fundamental para garantizar seguridad en cada movimiento.

Apoyo Emocional y Actividades

Cuando se cuida a un paciente con movilidad reducida, el cuerpo importa, pero el ánimo también. En lo cotidiano, se puede hacer mucho para mantener rutinas con visitas a la habitación, música, lectura en voz alta o actividades simples, aunque el familiar permanezca en cama. El apoyo emocional se brinda conversando, poniendo música y acompañando.

El Rol Fundamental del Cuidador y su Bienestar

El cuidado de otros, aunque esté cargado de amor y vocación, también puede ser agotador. La dificultad para distribuir roles en la familia a menudo produce un déficit de autocuidado en el cuidador principal. Es común que los cuidadores reciban ayuda esporádica y no planificada de la familia, y un alto porcentaje no practica medidas de autocuidado o rechaza pensar en el futuro.

LOS TERMINOS MEDICOS QUE DEBES CONOCER EN TU VEJEZ.

El descanso del cuidador es igual de importante para evitar el desgaste físico y emocional. Dormir bien, pedir apoyo cuando sea necesario y tomarse pequeños espacios de autocuidado permite brindar una atención de mejor calidad y sostener el cuidado en el tiempo sin afectar la propia salud. El síndrome del cuidador es una realidad: es vital pedir apoyo y organizar redes desde el inicio para prevenir el desgaste y sostener mejor el cuidado.

Riesgos Comunes y Señales de Alarma

Cuando la movilidad disminuye, algunos riesgos aumentan significativamente. Estos incluyen:

  • Lesiones por presión: aparecen por presión, humedad y fricción.
  • Infecciones: la piel frágil, las sondas (si existen) y una higiene deficiente aumentan el riesgo.
  • Problemas respiratorios: la falta de movimiento favorece las secreciones pulmonares.
  • Estreñimiento: la inmovilidad y algunos medicamentos lo empeoran.
  • Consecuencias psicológicas: depresión, cambios de conducta, alteraciones de la percepción y alucinaciones.

Si se nota dolor persistente, heridas, decaimiento, cambios bruscos de ánimo, problemas para tragar, fiebre o confusión, conviene pedir una evaluación médica. El cuidado de pacientes con movilidad reducida implica constancia, apoyo y un plan que sea sostenible para el cuidador y la familia, buscando siempre un cuidado integral del adulto mayor.

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