Peso y Salud en Adultos Mayores: Un Enfoque Integral

La nutrición consiste en consumir una dieta saludable y balanceada para que el cuerpo obtenga los nutrientes que necesita. Estos nutrientes, incluyendo proteínas, carbohidratos, grasas, vitaminas, minerales y agua, son esenciales para el funcionamiento y crecimiento del organismo. Una buena nutrición es importante sin importar la edad, ya que proporciona energía y puede ayudar a controlar el peso. Sin embargo, a medida que se envejece, el cuerpo y la vida cotidiana cambian, al igual que las necesidades para mantener la salud. Por ejemplo, los adultos mayores pueden requerir menos calorías, pero necesitan una cantidad suficiente de nutrientes, y algunos incluso requieren más proteínas.

Infografía sobre la pirámide nutricional adaptada para adultos mayores

La Obesidad como Problema de Salud Pública en la Vejez

El sobrepeso y la obesidad son considerados una epidemia global que aumentan el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes e hipertensión arterial. Esta condición se asocia con enfermedades crónicas como diabetes tipo 2, enfermedades cardíacas, accidente cerebrovascular y algunos tipos de cáncer. La obesidad en las personas adultas mayores (PAM) tiene un impacto significativo en la morbilidad y mortalidad.

Actualmente, las PAM representan entre el 12.0 % y el 14.0 % de la población mexicana, y se estima que para el año 2050, 23 de cada 100 mexicanos serán PAM, lo que incrementará el gasto en salud por comorbilidades asociadas a la obesidad. En América Latina, el 38.0 % de las PAM de 60 años presentan sobrepeso y el 13.0 % obesidad. En México, el 74.2 % de la población adulta tiene sobrepeso u obesidad, y el 81.6 % padece obesidad abdominal. Específicamente, en las PAM de 60 a 69 años, el 39.7 % tiene sobrepeso, el 41.3 % obesidad y el 90.5 % adiposidad abdominal. Las personas entre 70 y 79 años muestran un 44.1 % de sobrepeso, 28.6 % de obesidad y 88.5 % de adiposidad abdominal, mientras que en las de 80 años y más, el 37.0 % presenta sobrepeso, 15.4 % obesidad y 75.0 % adiposidad abdominal.

Consecuencias y Costos Asociados a la Obesidad

Las principales consecuencias de la obesidad incluyen el aumento de la mortalidad por todas las causas y el incremento de enfermedades crónicas, como las cardiovasculares, diabetes mellitus tipo 2, algunos tipos de cáncer y enfermedades musculoesqueléticas, especialmente la osteoartritis. El sobrepeso y la obesidad son el segundo mayor factor de riesgo para cáncer en el mundo, incrementando significativamente el riesgo de diversos tipos, como el de endometrio, estómago, hígado, riñón y mama en mujeres posmenopáusicas.

Además, se suman otras alteraciones que disminuyen el bienestar y la calidad de vida, como el dolor corporal y el deterioro del funcionamiento físico. Los efectos psicosociales también son importantes, ya que la obesidad es una enfermedad muy estigmatizada, con un porcentaje significativo de personas que experimentan estigma. Todos estos problemas producen una alta carga de enfermedad y un gran impacto económico en los sistemas de salud. Se estima que la obesidad es responsable de una parte considerable de los costos de tratamiento de la diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y cáncer.

La pandemia de COVID-19 también ha puesto de manifiesto que los adultos con exceso de peso tienen un mayor riesgo de sufrir la enfermedad de forma severa y que la obesidad triplica la probabilidad de hospitalización por esta causa, debido al estado de inflamación crónica y la disminución de la función inmune y pulmonar.

Cambios en el Peso y la Composición Corporal con la Edad

Entre las personas adultas mayores, la variación del peso es más frecuente que en otras etapas de la vida. Se reconoce la importancia de los cambios en peso, talla y composición corporal. Algunos estudios han informado que el peso corporal aumenta entre los 20 y los 50 años de edad, y después de los 70 años disminuye progresivamente. La prevalencia de la obesidad entre adultos de edad avanzada ha crecido de forma importante en los últimos 20 años.

15 cambios fisiológicos, anatómicos y biomecánicos del envejecimiento

Una estrecha relación se ha constatado entre la pérdida de masa muscular y la consecuente disminución de peso, con un aumento de la tasa de mortalidad por cualquier causa, especialmente cuando esta disminución de la masa libre de grasa se registra de forma rápida e involuntaria. Por ello, las estrategias que persigan la pérdida de peso en la población anciana no deben contemplarse desde la única perspectiva de la reducción de la ingesta calórica, sino buscando preservar la masa muscular.

La Paradoja de la Obesidad y el Peso Ideal en la Vejez

Como en cualquier otra etapa de la vida, también en la tercera edad existe una relación importante entre el peso y los predictores de salud. Mantener un peso estable en adultos de edad avanzada es una buena garantía para reducir la tasa de mortalidad. Sin embargo, diversos estudios han señalado la paradoja de la obesidad durante el periodo de la tercera edad, donde un IMC ligeramente más alto (entre 24 y 29) puede asociarse con mayor supervivencia y funcionalidad.

No obstante, se hace hincapié en los efectos beneficiosos que tendría para la salud la pérdida de kilos de forma adecuada y controlada en las personas mayores con sobrepeso u obesidad.

El concepto de "peso ideal" en la vejez es una pregunta frecuente. Aunque no existe un peso único para todos, el peso ideal es aquel que permite a una persona mantenerse funcional, activa y con buena calidad de vida. En adultos mayores, este concepto se adapta a la realidad del envejecimiento, donde factores como la pérdida de masa muscular o los cambios hormonales son naturales. El objetivo no es alcanzar un peso estético, sino asegurar que el cuerpo cuente con fuerza suficiente, buen nivel nutricional y estabilidad funcional. Es fundamental no caer en comparaciones ni imponer estándares ajenos, ya que cada cuerpo es distinto y envejece a su ritmo.

Tabla comparativa del IMC para adultos y adultos mayores

Índice de Masa Corporal (IMC) y sus Limitaciones

El Índice de Masa Corporal (IMC) es una herramienta frecuente, que se calcula dividiendo el peso (kg) entre la altura (m²). Según la OMS, los rangos generales son: Bajo peso: <18,5; Normal: 18,5-24,9; Sobrepeso: 25-29,9; Obesidad: ≥30.

Sin embargo, en el adulto mayor, se ha encontrado que el riesgo de morir es menor entre aquellos con un IMC de 23-28 o 25-29. Por lo tanto, en esta población, se establece como delgadez un IMC < 23,0; normal, 23,0-27,9; sobrepeso, > 28,0 a 31,9; y obesidad, ≥ 32,0. El IMC, como herramienta tradicional para evaluar la obesidad, no es apropiado por sí solo en adultos mayores, ya que no diferencia con precisión los componentes importantes del peso corporal (masa muscular vs. grasa) y otros valores de la salud integral. Por ello, se recomienda complementar este dato con una valoración médica que incluya análisis nutricional, fuerza, movilidad y composición corporal.

Factores que Influyen en la Salud y el Peso de los Adultos Mayores

Algunos cambios que ocurren a medida que se envejece pueden hacer más difícil comer de forma saludable y mantener un peso adecuado.

Cambios Fisiológicos y Orgánicos

  • Aparato gastrointestinal: La boca es un sitio importante para investigar. La pérdida de hueso mandibular dificulta la función masticatoria, y la disminución de la producción de saliva puede causar disfagia, lo que afecta la adecuación de la alimentación. En el estómago puede haber disminución del ácido clorhídrico, y en el intestino delgado se reduce la absorción de hidratos de carbono hasta en un tercio.
  • Metabolismo y composición corporal: A partir de los 60 años, se produce una ralentización del metabolismo y una pérdida progresiva de masa magra (músculo). Esto puede hacer que el cuerpo pese menos, pero también que esté más débil si no se acompaña de buena alimentación y actividad física.
  • Sentido de la sed: Algunas personas pierden la capacidad de sentir sed a medida que envejecen, aumentando el riesgo de deshidratación.

Factores Psicosociales y Estilo de Vida

  • Apatía, soledad y depresión: Estos factores pueden influir negativamente en el apetito, los hábitos alimenticios y el peso, así como en la salud emocional general.
  • Aislamiento social: Puede afectar el apetito y provocar cambios de peso. Estar cansado de comer solo puede llevar a organizar comidas caseras o cocinar con un amigo.
  • Sedentarismo: La poca o nula actividad física es un factor determinante en el deterioro de la salud y la probabilidad de desarrollar condiciones crónicas.

Factores Médicos y Patologías

  • Polifarmacia: El uso de múltiples medicamentos puede llevar a interacciones farmacológicas que producen anorexia.
  • Intolerancia física: Adultos mayores con artrosis de rodilla, por ejemplo, pueden tener dificultades para desplazarse a comprar alimentos, lo que influye en su alimentación y puede llevar a la reducción de peso por causas anexas.
  • Enfermedades crónicas:
    • Patología cardíaca: Puede determinar la caquexia cardíaca, además de la intervención de medicamentos.
    • Caquexia del cáncer: Es una causa importante de anorexia.
    • Demencia: Puede provocar rechazo alimentario, aunque también puede haber hiperalimentación con alto grado de hiperactividad que lleva a la baja de peso.

Estudio sobre el Control del Riesgo de Obesidad (CRO) en Adultos Mayores

Para comprender mejor cómo los adultos mayores gestionan su peso, se realizó un estudio descriptivo y transversal en Aguascalientes, México. La población de estudio se conformó por 54,318 PAM derechohabientes del ISSSTE. Se incluyó a 382 personas adultas mayores de 60 años y más de ambos sexos que acudieron a consulta médica en dos clínicas de primer nivel de atención. Se excluyó a quienes por cuestiones de salud fueron derivadas al servicio de urgencias.

El estudio empleó una encuesta que contenía datos sociodemográficos (sexo, estado civil, escolaridad, con quién vive, peso, talla e índice de masa corporal - IMC). Los datos de peso y talla se obtuvieron del expediente clínico para calcular el IMC. La variable de interés se evaluó mediante el cuestionario de Control del Riesgo de Obesidad (CRO) propuesta en la Nursing Outcomes Classification (NOC), compuesta por seis dimensiones con 26 ítems, incluyendo patrón nutricional saludable, control calórico, conocimiento para el control de obesidad, recursos para controlar el peso, hidratación y desayuno diario. La medición tipo Likert de 5 puntos (1= nunca hasta 5= siempre) permitió cuantificar el CRO, donde a mayor puntaje, mayor CRO. La investigación contó con la autorización de un Comité de Ética e Investigación y se apegó al Reglamento de la Ley General de Salud de México, obteniendo el consentimiento informado de los participantes.

Resultados del Estudio

Más de la mitad de las PAM tenían entre 60 y 70 años (58.4 %) y el 50.8 % eran mujeres. Respecto al IMC, predominó el sobrepeso, similar a lo reportado en la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2018-2019, donde el consumo de comida no saludable incrementó el IMC de los habitantes. Los adultos mexicanos en zonas rurales tienden a un mayor consumo de alimentos saludables, mientras que en zonas urbanas se consume más grasa, alimentos procesados, azúcares refinados y menos vegetales, frutas y cereales.

Los hallazgos del estudio revelaron que el 45.3 % de las PAM presentaron sobrepeso y el 29.1 % obesidad. La dimensión del CRO con el promedio más bajo fue "recursos para controlar el peso", que involucra realizar actividad física de forma regular, mantener una rutina de sueño saludable, obtener asesoramiento profesional para la pérdida de peso y utilizar recursos comunitarios para aumentar la actividad física. Por otro lado, la dimensión con el promedio más alto fue el "conocimiento para el control de obesidad", que incluye evitar el uso de medicamentos para reducir de peso, reconocer los factores de riesgo personales para la obesidad y obtener información acreditada sobre la obesidad.

En cuanto a la frecuencia del CRO, el 47.1 % de las PAM refirieron que "a veces" llevan control del riesgo de obesidad. Este resultado puede deberse a la poca promoción de programas de salud preventivos y al bajo apego a las actividades y grupos de ayuda mutua para el control del peso. En este contexto, el apoyo social es crucial, ya que las actividades diarias y las actividades instrumentales de la vida diaria, como preparar comida o realizar actividad física, pueden verse comprometidas, transfiriendo el autocuidado a familiares, la comunidad o instituciones.

Estrategias para una Vida Saludable y el Control del Peso en la Tercera Edad

Llevar un estilo de vida saludable y mantener un peso adecuado son esenciales para reducir el riesgo de enfermedades que pueden afectar el bienestar y el nivel de independencia en la tercera edad. Integrar hábitos positivos es fundamental y se puede hacer en cualquier etapa de la vida. Pequeños cambios pueden marcar una gran diferencia y potenciar la motivación, disminuyendo la aparición temprana de síndromes geriátricos como la fragilidad, sarcopenia, síndromes depresivos, deterioro cognitivo y polifarmacia.

1. Alimentación Adaptada y Variada

Una dieta equilibrada es clave para prevenir y mejorar condiciones existentes, lo que se traduce en una mejor calidad de vida y menos medicamentos. Debe incluir:

  • Verduras, frutas y legumbres.
  • Proteínas magras: como pescado, pollo, huevos, tofu y legumbres. Algunos adultos mayores necesitan más proteínas.
  • Carbohidratos complejos y fibra: como arroz integral, quinua, frutas y verduras.
  • Grasas saludables: como aceite de oliva, frutos secos, palta y pescados.
  • Vitaminas y minerales: como calcio, vitamina D, B12 y magnesio.
  • Hidratación adecuada: Tomar suficientes líquidos es fundamental, ya que algunas personas pierden la capacidad de sentir sed con la edad. El agua y frutas con alto contenido de líquido (sandía, naranja, pepino, tomate) son excelentes opciones.

Es importante preferir alimentos bajos en colesterol y grasas, especialmente evitando los que contienen grasas saturadas (de origen animal) y trans (procesadas en margarina y grasa alimentaria). Además, reducir el consumo de sal y azúcar es beneficioso. Si existen problemas para tragar, intentar beber muchos líquidos con la comida y, si esto no ayuda, consultar a un proveedor de atención médica. Comer con placer y en compañía, siempre que sea posible, fomenta el apetito y el bienestar emocional.

2. Actividad Física Suave y Constante

La actividad física en la tercera edad pasa a ser una verdadera terapia, equivalente a un fármaco, previniendo la sarcopenia y fortaleciendo los músculos. Se recomienda sumar al menos 150 minutos semanales de ejercicio moderado. La actividad física en la tercera edad debería incluir:

  • Ejercicios de resistencia: Caminar, nadar, andar en bicicleta o cualquier actividad de bajo impacto que mantenga el sistema cardiovascular activo. Se recomienda realizar al menos 90 minutos semanales o 15 minutos diarios de actividad aeróbica moderada a la semana.
  • Ejercicios de fuerza: Actividades con pesas ligeras, bandas elásticas o ejercicios de resistencia que fortalezcan los músculos. Pueden realizarse 2-3 veces por semana, enfocándose en grandes grupos musculares.
  • Ejercicios de flexibilidad: Estiramientos suaves y controlados que mantienen la movilidad de las articulaciones y mejoran el rango de movimiento, facilitando la realización de actividades diarias.
  • Ejercicios de equilibrio: Actividades como el yoga o ejercicios de equilibrio ayudan a prevenir caídas, un riesgo común en la tercera edad.

Privilegiar el cuidado del peso y la actividad física siempre será favorable, sobre todo a partir de los 60 años, que es cuando el metabolismo se hace más lento y se pierde masa muscular.

3. Cuidar la Salud Emocional y Apoyo Social

El estrés, la ansiedad o la depresión pueden afectar el apetito y provocar cambios de peso. Acompañar, escuchar y respetar los tiempos de cada persona es clave para lograr un bienestar real y duradero. Si una enfermedad dificulta cocinar o alimentarse, consultar a un profesional de la salud. Si está cansado de comer solo, intente organizar algunas comidas caseras o cocinar con un amigo. El apoyo social es crucial para el autocuidado, especialmente cuando las actividades de la vida diaria se ven comprometidas.

4. Consulta con Profesionales de la Salud

Consultar con un especialista (médico o nutricionista especializado en personas mayores) es el primer paso para crear un plan personalizado, adaptado a la realidad de cada persona. Un enfoque no peso-centrista y con principios de salud en todas las tallas, basado en la evidencia, puede generar cambios sostenibles para promover la salud a largo plazo. Este acompañamiento profesional puede ayudar a evaluar el estado nutricional, analizar hábitos y necesidades específicas, y diseñar un plan de alimentación y actividad física realista y seguro.

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