La palabra empoderamiento es una traducción del inglés de la palabra empowerment. El verbo to empower significa autorizar y habilitar. La tercera edad es una etapa muchas veces marcada por esta falta de libertad, poder y control sobre las propias decisiones. La mirada social hacia este momento ha cambiado, en el pasado la gente mayor recibía una mirada de respeto, admiración incluso poder. El empoderamiento es un factor clave para mejorar el bienestar y la calidad de vida en la tercera edad. Podemos ayudar a que los adultos mayores se empoderen, sientan que pueden seguir tomando decisiones, que su opinión importa. La formación de redes, la participación en diferentes organizaciones y la integración comunitaria tienen una estrecha relación con procesos de empoderamiento en los adultos mayores. Esta participación aumenta la posibilidad de resolver problemas que los involucran, de tomar decisiones y de mejorar sus condiciones de vida.
El empoderamiento en la vejez es un tema desarrollado por Iacub y Arias (2010) y se cita como fundamento de estas ideas. La palabra empoderamiento existe en castellano como un calco del inglés empowerment. “Hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido” reza el diccionario. Aunque su significado es unívoco se ha usado indistintamente por los movimientos de derechos civiles, por los manuales de gestión empresarial y hasta por los organismos internacionales. En el siglo pasado el término adquirió relevancia con el feminismo que lo usó para referirse a la necesidad de que las mujeres reforzaran sus capacidades y protagonismo para vencer las desventajas estructurales. Pronto migró a la economía y así explicar “una herramienta que consiste en delegar, otorgar o transmitir poder, autoridad, autonomía y responsabilidad a los trabajadores o equipos de trabajo de una empresa para que puedan tomar decisiones, resolver problemas o ejecutar tareas sin necesidad de consultar u obtener la aprobación de sus superiores”.

Hasta la ONU comenzó a hablar de empoderar como “un proceso de reducción de la vulnerabilidad y de incremento de las propias capacidades de países pobres y marginados para promover entre ellos un desarrollo humano y sostenible”. En nuestros días de nuevo la palabra se ha convertido en un fetiche, esta vez, para los que protestaban en París con chalecos amarillos. Empoderarse para acabar con situaciones no deseadas. Unas veces la discriminación racial, otras la pobreza y siempre la desigualdad. Por eso, ahora que la pandemia ha demostrado que no ha habido un grupo etario que haya sufrido tanto como los que superan los 60 años, ha llegado el momento de empoderar a los mayores.
Un reciente informe promovido por el BID, a cargo de Marco Stampini, recomienda mejorar ambientes urbanos, la accesibilidad, la movilidad y la vivienda para aumentar la autonomía de las personas mayores. Este consejo apunta a fomentar la “amigabilidad” en los territorios para integrar a las personas mayores en la vida social y comunitaria. El movimiento Age Friendly Cities and Communities, promovido desde la OMS, aglutina a más de mil ciudades y es una excelente herramienta de cohesión social en relación con la edad y las situaciones de dependencia. Este enfoque busca evitar la visión tradicional de envejecimiento únicamente ligado a alimentación y ejercicio, enfatizando la promoción de ciudadanía activa que integra participación política y acción comunitaria.
Empoderar a los mayores es reconocerles igualdad de responsabilidades y derechos a la participación en la vida social, política y comunitaria. Las ciudades “amigables” son aquellas que promueven ciudadanía activa mediante un eclecticismo de actividades participativas. De modo que los mayores empoderados asumen compromisos, pero también toman decisiones sobre su vida: dónde vivir, en qué ciudad, y de qué modo, ya sea en su casa o en otro lugar. Apostarán por instituciones, empresas o administraciones que tengan en cuenta sus necesidades y repudiarán a las que siguen ancladas en la discriminación por la edad.
En España y Latinoamérica, distintas administraciones públicas han comenzado a responder al envejecimiento con políticas de empoderamiento. Desde el Centro de Investigación Ageingnomics, con la ayuda de Deusto Business School, se señalan ejemplos en Zaragoza, la Junta de Castilla y León y el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. En un seminario celebrado en la Fundación MAPFRE se dieron a conocer estas estrategias. España está en posición de liderar una estrategia mundial para que el alargamiento de la vida se traduzca en oportunidades económicas mediante nuevos productos y servicios para los mayores, destacando la posible sinergia entre turismo, emprendimiento y bienestar social.
Existen distintas teorías sobre la vejez. Mientras la Teoría de la Desvinculación la presenta como un proceso de adaptación a la muerte, la Teoría de la Actividad propone mantener o reforzar niveles de actividad y compromisos sociales. Por otra parte, la Teoría de la Selectividad Socioemocional la sitúa como periodo de repliegue en las relaciones íntimas, en busca de apoyo y bienestar. Según estas teorías, la esperanza de vida ha aumentado notablemente gracias a los avances modernos. La OMS prevé que el porcentaje de habitantes mayores de 60 años casi se duplicará entre 2015 y 2050, lo que impulsa la necesidad de promover envejecimiento activo y saludable para mejorar la calidad de vida durante los años ganados.

La orientación en la vida de las personas mayores se centra cada vez más en el bienestar eudaimónico: relaciones positivas, autoaceptación, autonomía, propósito, crecimiento personal y dominio del entorno. Las personas mayores aportan valor a la sociedad desde su experiencia y enriquecen su entorno familiar y social. Es fundamental cambiar el lenguaje hacia las personas mayores para reforzar su autoestima y fomentar oportunidades, tanto en los medios de comunicación como en espacios de ocio. En este marco, la Agenda de Envejecimiento Saludable enfatiza la participación informada y voluntaria en la vida civil, política y comunitaria.
En Chile, diversos estudios y políticas destacan el crecimiento de la participación social de las personas mayores y el desarrollo de derechos mediante iniciativas como Mayores por la Región y mesas territoriales de participación incidente. Se promueven normativas y ordenanzas municipales para proteger los derechos humanos de las personas mayores, así como la inclusión de estas personas en la toma de decisiones a nivel local y regional. Un coloquio en la UC y pronunciamientos de académicos refuerzan la idea de que la participación activa de las personas mayores es un proceso imprescindible para una democracia más inclusiva. La acción organizada como ejercicio de derechos resignifica el liderazgo de las personas mayores en la gestión pública y fortalece la colaboración con instituciones públicas y privadas a nivel territorial.
Los programas de empoderamiento para las personas mayores deben incluir, entre otros aspectos, activismo social, educación permanente, salud preventiva, ocio y participación intergeneracional. El objetivo es garantizar que la persona mayor pueda participar activamente, con información adecuada, en la definición de cómo quiere que sea esta etapa de su vida. La creación de centros de salud amigables con mayores, la atención domiciliaria y la formación de equipos de atención primaria son esenciales para sostener este enfoque, sin caer en paternalismo. La meta es que la edad sea solo un número, y que cada persona tenga igualdad de oportunidades para vivir con dignidad y autonomía, sin prejuicios ni estereotipos.
El Plan de Acción Internacional de Madrid sobre el Envejecimiento y la Década de Envejecimiento Saludable de la OMS fortalecen la idea de que el envejecimiento debe ser visto como un eje transversal de políticas públicas que promuevan la participación de las personas mayores en la vida social y económica de sus comunidades. Los derechos humanos y la participación ciudadana se convierten en el fundamento para lograr sociedades más justas y cohesionadas, donde las personas mayores sean protagonistas y no meros receptores de cuidados. En esa línea, la acción pública debe garantizar que las personas mayores tengan acceso a servicios, derechos y oportunidades en igualdad de condiciones.
Envejecimiento activo y saludable
En resumen, el empoderamiento de las personas mayores se vincula con la capacidad de transformar su entorno, participar en la toma de decisiones y gozar de una vida plena con salud, seguridad y participación activa. Las políticas públicas deben fomentar redes, interacciones intergeneracionales y el desarrollo de entornos urbanos y sociales amigables para todas las edades. Este proceso se apoya en evidencias de múltiples estudios y en marcos internacionales de derechos humanos que señalan la ruta para una ciudadanía madura, inclusiva y sostenible.
| Ejemplos de políticas | Ámbito | Resultados |
|---|---|---|
| Difusión Empoderamiento de las Personas Mayores | Región Metropolitana, Chile | Incremento de participación y derechos reconocidos |
| Mesas territoriales de participación | Comunales y regionales | Coordinación entre actores y políticas locales |
| Centros de salud amigables con mayores | Salud primaria | Mejor acceso, menos edadismo |
Las personas mayores, al involucrarse, tienden a reportar mejor calidad de vida cuando participan en grupos sociales y actividades comunitarias. Es fundamental mantener una visión de envejecimiento activo, productivo y con derechos, para que cada persona pueda elegir su lugar de vida, su ciudad y su modo de participar, sin perder de vista la dignidad y la autonomía que merecen.
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