La expectativa de vida a nivel mundial ha experimentado un aumento decidido, lo que impulsa un cambio de paradigma para la sociedad del siglo XXI. Vivir una vida más larga implica reconfigurar la vida más allá de los 80 años, un período que hoy se conoce como la cuarta edad. Anteriormente, llegar a ser una persona de la tercera edad era el hito que marcaba un punto de inflexión, implicando el comienzo de un nuevo capítulo o la fase final de la vida. Sin embargo, las antiguas nociones están siendo cuestionadas. Producto de los cambios demográficos y el desarrollo tecnológico, el envejecimiento se ha vuelto una experiencia vital mucho más compleja que debemos replantearnos continuamente.
La tercera edad es hoy un periodo tan largo dentro de la vida de un individuo que difícilmente podría simplificarse como un gran capítulo final. Es por esto que ha sido necesario reconfigurar la línea de tiempo personal para abrir espacio a la cuarta edad.
Emergencia y Conceptualización de la Cuarta Edad
Orígenes del Concepto
Las primeras nociones de la cuarta edad comenzaron a delinearse en la década de los 80, cuando el subgrupo de personas mayores dentro de la tercera edad aumentó ampliamente gracias a los avances médicos en el mundo occidental. En la década de 1970, los gerontólogos anglosajones y francófonos realizaron una distinción entre "viejos-jóvenes" y "viejos-viejos". En 1980, se estudiaron las características de esta población "muy envejecida". De estas investigaciones surgió una distinción entre tercera y cuarta edad que se daría por aspectos relativos a la decadencia, la decrepitud y la dependencia, resultado del alargamiento de la vida.
Paralelamente a la consolidación de estos términos, surgen instituciones especializadas en la “gestión” de la vejez. La seguridad social, el sistema hospitalario y la asistencia social comienzan a contemplar especialmente los cambios que promueve el aumento de la población envejecida.
Definición y Distinción
Hoy, la existencia de una cuarta edad más allá de la antigua barrera de la tercera y final etapa de la vida es una idea aceptada de forma transversal entre los especialistas. Si bien los criterios para determinar cuándo se ha cruzado el umbral de una fase a otra pueden ser variados, en términos generales, el gran factor determinante es de tipo cronológico.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) determina como tercera edad a las personas sobre los 60 años y a la cuarta edad a personas con más de 80 años. En muchos países, los miembros de la cuarta edad se definen como personas mayores de 80 años. Sin embargo, la importancia de saber cuándo nos aproximamos a estos hitos en la cronología de la vida no tiene que ver solo con un cumpleaños o algo meramente formal; la relevancia está en las implicaciones prácticas que tiene para una persona pasar de la tercera edad a la cuarta, permitiendo preparar ese tránsito.
Según la conceptualización de Laslett (1989), la tercera edad se define como “la edad de la realización personal”, caracterizándose como un grupo autónomo e independiente con una idea de retiro y descanso “activos”. La distinción radical entre ambas estaría dada por aspectos relativos a la decadencia, la decrepitud y la dependencia como resultado del alargamiento de la vida en la cuarta edad. No obstante, una serie de estudios longitudinales evidencian que no todas las personas que superan los 80 años sufren dependencia física.

Características y Desafíos de la Cuarta Edad
Salud Física y Mental
La cuarta edad es una etapa en la que, en la mayoría de los casos, el cuidado de la salud se vuelve la prioridad. Con las personas octogenarias se relaciona una mayor prevalencia de enfermedades, tanto físicas como psicológicas, así como un aumento en trastornos neurocognitivos, como la demencia de tipo Alzheimer, que impacta en la pérdida de la autonomía e independencia, así como la propia identidad de la persona.
Según un estudio conducido en el Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano en Berlín, la cuarta edad tendría como una de sus principales características el deterioro fisiológico, incluyendo mayor pérdida de bienestar, dependencia psicológica, pérdida de memoria y deterioro cognitivo. El perfil epidemiológico de la población global marca un crecimiento de la incidencia y prevalencia de las enfermedades crónicas no transmisibles, situación que genera mayor carga de dependencia a mediano y largo plazo.
Actualmente, casi 35.6 millones de personas viven con demencia en todo el mundo, un número que se espera que se duplique para 2030 (65.7 millones) y se triplique para 2050 (115.4 millones). El tratamiento y cuidado de personas con demencia le cuesta al mundo más de 604 mil millones de dólares por año, y solo ocho países cuentan con programas nacionales para abordarla.
Sin embargo, es importante destacar que no todas las personas que superan los 80 años sufren dependencia física. Investigaciones muestran que, si bien se observa una disminución en el nivel de actividad a partir de los 80 años, existen muchos casos donde no solo no se presentan índices de fragilidad, sino que además se verifica la existencia de una gran capacidad funcional y autónoma. Esto sugiere que considerar el nivel de actividad echa por tierra la creencia que identifica a la cuarta edad con la dependencia como un destino inexorable; antes que altos niveles de deterioro, es más bien diversidad lo que se observa.
La Fragilidad como Concepto Clave
En este contexto, el concepto de “fragilización” distingue tres momentos: independencia, fragilidad y dependencia. Se plantea que las personas mayores de 80 años y más no experimentan la dependencia y la decrepitud como una condición inexorable. La potencialidad de esta conceptualización reside en el énfasis funcional, ya que no se trata de estadios fijos y muchas personas mueren sin haber vivido un estado de dependencia.
Estudios longitudinales en Europa coinciden en afirmar que los estatus de salud se complejizan en la población envejecida. La división de los grupos de edad en young-old, old-old y oldest-old no resulta homogénea en cuanto al estado de salud. En el primer grupo predominan las personas independientes, pero también se observan situaciones de fragilidad. En el segundo grupo prevalecen las personas frágiles, mientras que los independientes decrecen y los dependientes crecen. Las diferencias en materia de salud entre las personas mayores son producto del efecto acumulativo de las desigualdades a lo largo del curso de vida. La merma de la salud reduce la capacidad de acceso a bienes y servicios, así como el potencial de participación social y el disfrute de la vida en general.

Enfrentando la Muerte y el Sentido de la Vida
Si durante la tercera edad el foco está puesto precisamente en la edad y los desafíos asociados a ella, durante la cuarta edad el eje central se vuelve la muerte y cómo podemos prepararnos para ella. Desde la salud mental, la cuarta edad es un periodo vinculado a una multiplicidad de duelos al estar tácita y explícitamente al término de la propia vida. Se espera que ocurran procesos reflexivos respecto a cómo fue el curso vital, reconociendo posibilidades de mejora y dando cabida a cuestionamientos personales.
Para las personas mayores de 80 años, la pregunta principal ya no es el cuándo, sino el cómo. Muchas personas experimentan la muerte de aquellas que les acompañaron durante su día, como parejas, padres, hermanos, mascotas, hijos y amigos. Uno de los principales desafíos como sociedad es tomar conciencia de la importancia de la salud mental, que involucra un todo: el autocuidado, mantener la autonomía y la funcionalidad sin distinción de edad.
Radiografía Demográfica y Social: El Caso de Chile
Chile vive un progresivo envejecimiento, con un aumento de la población de 60+ años desde un 12% el año 2007 a 18% el 2021. La esperanza de vida en Chile fue de 78 años en 2007 y de 81 años en 2021. En 2007, un 14.8% de las personas de 60+ años pertenecía a la "cuarta edad" (80+ años), y en 2021, esta población aumentó a un 16.4% (INE, 2022). Se espera que para el 2050 este grupo represente a casi un 30% de las personas mayores. Si bien estas cifras son un reflejo del éxito de políticas sociales, implican varios desafíos importantes que enfrentar.
El envejecimiento del país avanza a pasos acelerados, y la población que supera las ocho décadas crece cada vez más. Una radiografía realizada por Mauricio Apablaza establece que la población en cuarta edad en Chile llega a 470,756 personas, equivalente al 2.68% de los chilenos.
- Un 85.6% de estas personas vive en zonas urbanas.
- Un 38.8% reside en la Región Metropolitana.
- Proporcionalmente, la Región de Valparaíso concentra la relación más alta de personas sobre 80 años, alcanzando el 3.4% de la población de esa zona, mientras que en la capital es 2.6% del total.
- A nivel nacional, la escolaridad promedio de estos seniors alcanza a 6.6 años, es decir, 4.5 años menos que la población total mayor de 25 años, siendo un 14.1% analfabeto.

Calidad de Vida y Soledad
Los resultados de la VI Encuesta de Calidad de Vida en la Vejez (2007-2021), realizada por el Centro UC Estudios de Vejez y Envejecimiento y el Programa Adulto Mayor UC y Caja Los Andes, buscan dar cuenta de las condiciones de vida de las personas mayores. En esta nueva Encuesta, que participó 1786 personas, se aprecia un aumento de la satisfacción con la vida, así como un alza en la percepción de necesidades satisfechas, a excepción de la necesidad de afecto y cariño, área en la que se muestra una preocupante insatisfacción.
Es importante la sensación de soledad y el riesgo de aislamiento social; en la actualidad, cerca de 460 mil personas mayores se encuentran viviendo solas (13%). La pandemia tuvo un gran impacto en este sentimiento de soledad, alcanzando a un 53% en la última versión de la Encuesta. Sentirse solo no se explica únicamente por el hecho de no vivir acompañados, sino que también responde a la escasez de espacios de participación en los que las personas mayores tienen la posibilidad de desarrollarse.
Desafíos y Políticas Públicas para la Cuarta Edad
El crecimiento de la cuarta edad en Chile ha sido más rápido que en la mayoría de los países desarrollados, lo que implica un desafío importante de actualización de políticas públicas, coinciden los expertos en vejez. Este escenario plantea grandes desafíos en los sistemas de pensiones, seguridad social y sanitaria.
Enfoque en la Prevención y Redes Sociales
Las políticas públicas deben ser capaces de capturar la heterogeneidad de los individuos y tener un carácter preventivo. Por ejemplo, la extensión de la cobertura de los exámenes de medicina preventiva del adulto mayor podría anticipar situaciones de fragilidad incipientes. Asimismo, la capacitación de cuidadores y su promoción para el cuidado de personas mayores, como lo hace Alemania, parece ser otra necesidad inminente.
Rosita Kornfeld, experta en vejez, afirma que los dos grandes pilares del buen envejecimiento son el autocuidado y las redes sociales, pues permiten preservar la autonomía de los seniors. Las redes sociales ayudan a que las personas mayores estén activas y participativas y se sientan vigentes, no una carga. La mitad de la población de la cuarta edad tiene alguna condición permanente o de larga duración, o bien alguna dificultad para realizar sus actividades diarias (impedimento físico y/o de movilidad, problemas auditivos, visuales, entre otros).
Se necesitan medidas urgentes para quienes están hoy en esta etapa, con el apoyo transversal del Estado en salud, transporte y trabajo, es decir, una política pública multisectorial. Por otro lado, se deben idear políticas para el futuro, siendo la más importante el enseñar a la sociedad que el período de vejez ha aumentado y, por lo tanto, deben enfocarse en la alimentación, salud y redes sociales, todo con miras a una autonomía activa. Es clave responder pronto y de forma efectiva a la crisis de cuidado que se irá haciendo cada vez más visible.
Conversemos sobre la política Pública de Envejecimiento y vejez
Discusión sobre Costos Sanitarios
Surgieron presagios alarmistas acerca del aumento de los costos en salud al anticipar el peso que el aumento de ancianos con enfermedades terminales podría significar para el presupuesto. Sin embargo, se ha podido determinar que el costo en atención de la salud de los viejos no es mucho mayor que el que representa la atención de las personas de mediana edad. Lo relevante es que la atención de las personas con enfermedades terminales consume nueve veces más. Por lo tanto, podría pensarse que la racionalización de los costos podría establecerse para enfermos terminales sin tener en cuenta la edad, sino la calidad de vida.
Vivir la Cuarta Edad: Experiencias y Perspectivas
La vejez es una etapa de la vida que, al igual que cualquier otra, se experimenta de manera única para cada individuo. A medida que envejecemos, atravesamos diferentes etapas, cada una con sus propias características y desafíos. Algunas categorizaciones incluyen:
- Prevejez: Generalmente comienza alrededor de los 60 años, marcada por la transición de la vida laboral activa a la jubilación.
- Vejez Temprana: Abarca aproximadamente desde los 70 hasta los 80 años. Las personas pueden enfrentar desafíos de salud, pero aún mantienen niveles significativos de autonomía y capacidad funcional.
- Vejez Intermedia: Abarca los 80 y 90 años. Caracterizada por cambios más evidentes en la salud física y mental, con disminución de la movilidad y mayor dependencia.
- Vejez Avanzada: A partir de los 90 años en adelante. Asociada con una mayor fragilidad y vulnerabilidad física, requiriendo mayor atención médica y apoyo.
Estas categorías reflejan la variabilidad en la salud y la capacidad funcional de las personas mayores. En el grupo de 80 y más años, un poco menos del 20% declara “no tener” problemas de salud, y más allá de que los que tienen “algunos problemas de salud” suben al 60%, la columna de los que tienen “muchos problemas de salud” tiene un ascenso más moderado, superando apenas el 20%.
Ejemplos de Autonomía en la Cuarta Edad
Entre los casos estudiados, se encuentran percepciones de un buen estado funcional, aún ligado a la fragilidad con disminución en algunas funciones físicas y/o mentales, pero con un gran margen de autonomía, como es el caso de Rosa (90 años) y Bautista (89 años).
- Rosa (90 años): Se controla el marcapasos y la presión arterial, pero lee sin anteojos, puede expresarse y se siente cómoda con su edad. Se siente protegida espiritual, física y familiarmente, con salud, amigos y cultura. Atribuye su bienestar a haber hecho gimnasia durante 57 años.
- Bautista (89 años): Se mantiene muy activo, organiza cumpleaños, sale a almorzar con amigos. Reconoce que sus amigos van muriendo, pero se esfuerza por hacer nuevos amigos.
Participación Social y Actividades
En el grupo de personas mayores de 80 años, un 25% dice que concurre a organizaciones, y el 16% participa activamente en la conducción. De este 25%, el 19% va a centros de jubilados, el 3% a un club, el 2% a otras instituciones, y el 1% a instituciones académicas. Quienes asisten a clubes e instituciones académicas suelen ser de un nivel socioeconómico más alto. Los que superan los 80 años hacen menos cosas para la familia, y solo el 2.2% sale para realizar trámites. Sin embargo, cuando los de más de 80 años participan en organizaciones, lo hacen más activamente que los de menos de 80.
La mayor parte del día para muchos en la cuarta edad puede transcurrir solos (31%). Es fundamental el autocuidado, el mantenimiento de la autonomía y la funcionalidad sin distinción de edad.