La Convivencia y las Relaciones Sociales en Adultos Mayores

El proceso de envejecimiento cobra cada vez más importancia en los países del mundo, al experimentar la mayoría un cambio demográfico significativo. Este cambio se debe al aumento de la esperanza de vida al nacer, unido a la disminución de las tasas de fecundidad. Con esta transformación sociodemográfica, es indiscutible que la población adulta mayor va en aumento.

Infografía: Pirámide poblacional con proyecciones de envejecimiento

El Marco de Apoyo y la Educación para un Envejecimiento Activo

Un requisito fundamental para promover un proceso de envejecimiento asertivo es facilitar espacios educativos para los adultos mayores, es decir, que se relacionen con sus vivencias y conocimientos; que sean partícipes y protagonistas de acuerdo con las necesidades, deseos y capacidades identificadas. Cabe señalar que existe un interés especial por parte de instituciones públicas y privadas en ejecutar acciones que se puedan brindar a dicha población, con el fin de garantizar un proceso de envejecimiento sano, activo y pleno a través de la apertura de espacios de educación y aprendizaje.

Estos espacios le permiten aumentar la autonomía y la capacidad de resiliencia para afrontar distintas situaciones que se presentan a lo largo de la vida. Tomando en consideración estos aspectos, surge la iniciativa en el marco de la Carrera de Promoción de la Salud de la Universidad de Costa Rica, a través del Proyecto Formativo de Educación para la Salud y la Asociación Gerontológica de Curridabat, de unir esfuerzos para generar un proyecto educativo en el cual se contara con un espacio permanente que beneficiara la calidad de vida de los adultos mayores residentes del Hogar.

Marcos Legales y Políticas Públicas para el Adulto Mayor

La creciente importancia de la población adulta mayor ha llevado a la creación de marcos legales que buscan su bienestar. En Costa Rica, por ejemplo, la Ley Integral para la Persona Adulta Mayor 7935 busca el bienestar de esta población, estableciendo los derechos y beneficios relacionados con salud, educación, vivienda, seguridad social, recreación, participación ciudadana, transporte y trabajo; con el fin de garantizar el mejoramiento de la calidad de vida de este grupo.

Asimismo, la Ley establece en el artículo 3 que toda persona adulta mayor tendrá derecho a una mejor calidad de vida mediante el acceso a la educación, en cualquiera de sus niveles, y a la preparación adecuada para la jubilación. Además, el artículo 28 establece como acción del Ministerio de Salud dirigir y promover las acciones de educación y promoción tendientes a fomentar entre la población adulta mayor los buenos hábitos de mantenimiento de salud, los estilos de vida saludables y el autocuidado, mediante la creación de programas que promuevan el acceso a la educación, la participación en actividades recreativas y culturales, vivienda digna, acceso a un hogar sustituto si se encuentra en riesgo social, a la atención hospitalaria inmediata, de emergencia, preventiva y de rehabilitación, entre otros (Asamblea Legislativa, 1999).

La Educación como Estrategia para la Salud y el Desarrollo en la Vejez

La educación es considerada como una necesidad, al ser un proceso que permite el desarrollo de las personas. Es necesario crear espacios de reflexión sobre diversos temas, abriendo nuevas perspectivas que permitan tomar decisiones acertadas para el mejoramiento de la calidad de vida en los diversos contextos en los cuales se desenvuelven las personas. Por estas razones, es que actualmente, se reconoce la importancia de la educación a lo largo de la vida como estrategia para el mejoramiento de la salud, ya que permite que las personas se descubran a sí mismas y al entorno que los rodea.

Para Villar (2004), la educación en la vejez es posible y a la vez cumple un papel necesario para el progreso de experiencias educativas, pues todas las personas adultas mayores son capaces de progresar y aprender a través de una visión del ser humano abierta y donde sea posible reconocer su potencial de cambio que se extiende durante toda la vida. Dado lo anterior, la andragogía ha permitido que los adultos se inserten en procesos educativos y con esto puedan experimentar crecimiento personal, profesional, social y colectivo. Algunos conceptos dados del término, los aporta Ramón (2005) haciendo mención a otros autores que expresan que "la andragogía es parte de la antropología y es la ciencia y el arte de la educación en adultos" (Universidad Simón Rodríguez, Caracas, p.26).

Con el aumento de personas adultas mayores y la importancia de la educación, es necesario que nuevos enfoques educativos tomen en cuenta las necesidades específicas de este grupo etario, siendo este el caso de la gerontagogía o gerontología educativa. Para tener claridad en este concepto, Mogollón (2012) hace mención a varios conceptos como la propuesta por Yuni (1999) en el cual menciona que "la gerontología educativa asume un carácter interventivo, con el fin de prolongar los años productivos y mejorar la calidad de vida de los adultos mayores". Es de este modo que el desarrollo de la inteligencia adulta surge como resultado del equilibrio que le permite alcanzar la sabiduría (descartando los problemas biológicos que lo impidan), por tanto; "el sujeto maduro llega a comprender el conocimiento como una transformación social, activa, de la realidad a través de un proceso de cuestionamiento crítico que tienen en cuenta el contexto histórico" (Ruiz, 2001 citando a Labouvie-Vief, 1992).

Los diferentes enfoques de la educación y los enfoques del ciclo vital potencian el desarrollo de la sabiduría y el crecimiento de competencias por medio de mecanismos de enseñanza y aprendizaje que ofrece la educación. Definitivamente, un acercamiento a las personas adultas mayores y al proceso de envejecimiento ayuda a comprender cómo es que ellos aprenden, dejando claro que la educación es un fenómeno presente a lo largo de la vida de los seres humanos y sin duda la vejez no es la excepción (Villar, 2004).

Características de Enfoques Educativos Centrados en el Adulto Mayor:

  • Activa: Promueve la actividad propositiva. Los educandos participan en actividades de grupo que les permite la construcción individual y colectiva de los conocimientos.
  • Democrática: Visualiza la vivencia social como práctica de la democracia y como forma de vida en la que se reafirman los valores éticos, morales, estéticos y ciudadanos.
  • Creativa: Esta característica se da en dos sentidos: desarrollo de la capacidad creadora de cada participante en procesos de resolución de problemas, enfrentamientos de retos y creación de alternativas; y que las y los facilitadores utilicen estrategias de mediación que sean innovadoras, asertivas e inclusivas.
  • Integradora: Propicia la integración de elementos del contexto aplicada a la realidad.
  • Flexible: Permite que la obtención de los conocimientos individuales y colectivos previstos, se concreten, adaptando las metodologías a la realidad del contexto socioeconómico y cultural del lugar, así como de las y los participantes (Ruiz, 2001, p. 20).

La Trascendencia de las Redes y Relaciones Sociales en la Vejez

La socialización en la tercera edad es un factor decisivo para la salud física, mental y emocional. Participar en actividades sociales, compartir tiempo con otras personas y mantener vínculos afectivos son aspectos que no deben descuidarse al llegar a la vejez. Otero, Zunzunegui, Béland, Rodríguez y García (2006) demuestran que una vida social activa, con buenas redes sociales y con actividad en la comunidad, protege de la mortalidad y ayuda al mantenimiento de la capacidad funcional y cognitiva del adulto mayor.

Además, se aborda la importancia del envejecimiento saludable, el cual se emplea como sinónimo de envejecimiento exitoso, que se refiere al mantenimiento de las capacidades funcionales, físicas y cognitivas de los seres humanos en la etapa de vejez. Es importante que surja un proceso de adaptación hacia nuevas condiciones de vida, que puedan brindar satisfacción e integridad a las propias capacidades físicas, mentales y afectivas de las personas mayores.

Aunado a lo anterior, la calidad de vida de las personas adultas mayores está ligada a la satisfacción que brinda una sana convivencia con las demás personas, respetando adecuadamente las necesidades y preferencias de esta población, pues al convivir con otras personas cada uno de ellos/ellas traen su forma de vivir, integra su pensar, sentir y actuar (Batubenge, Mancilla y Panduro, 2010), además se comparten espacios, recursos físicos, sociales y simbólicos.

Las relaciones sociales, junto con el apoyo social, tienen una importancia central en el bienestar de las personas mayores, proporcionando empoderamiento y percepción de calidad de vida, que son elementos cruciales para desarrollar un envejecimiento positivo. Como punto de partida, el apoyo social puede definirse desde el paradigma cuantitativo estructural, que analiza la cantidad de los vínculos o relaciones de la persona mayor en función de su red social. Este paradigma mide sobre todo la existencia de relaciones en sí y su frecuencia.

Centrándonos en la interacción social, esta toma una importancia central a la hora de evaluar la salud de las personas mayores, al actuar como amortiguador del estrés, mejorando la sensación de satisfacción social con la vida. Unas adecuadas redes sociales que posibiliten la comunicación y las relaciones humanas de la persona mayor con su entorno pueden lograr un mayor equilibrio en el binomio salud-enfermedad, promoviendo una óptima percepción de salud subjetiva, tomando como referencia el apoyo social percibido. Nos referimos al contacto con amigos, familiares y otros grupos sociales.

Esquema: Tipos de redes de apoyo social para personas mayores

Hallazgos de Investigación sobre Relaciones Sociales y Salud

Un estudio realizado en la provincia de Toledo con 2.332 sujetos mayores de 65 años evidenció que las buenas relaciones sociales redundan en un mejor estado de salud, porque permiten sentirse bien y añadir vida a los años. El tamaño de la red social y la frecuencia de los contactos, aunque disminuyen con la edad, cobran vital importancia en esta etapa de la vida. Todos estos factores constituyen estímulos para mejorar la percepción de salud y proporcionar apoyo social tanto en actividades de la vida diaria como en las instrumentales o de gestión de la enfermedad.

El principal resultado de este estudio es que las relaciones sociales positivas pueden considerarse como un determinante en la salud de las personas mayores, pero no todas estas interacciones influyen en la misma medida. El factor de la relación humana en cuanto a la proximidad emocional, junto con la frecuencia o cantidad de estos encuentros, también están correlacionados con la salud, debido al impacto emocional que implican.

Además de los beneficios descritos, una adecuada gestión del apoyo social con la red social y familiar implica también una ayuda emocional e instrumental, que resulta necesaria para la gestión de la enfermedad en estas edades (realización del seguimiento al tratamiento, visitas al centro de salud, etc.).

Existen tres ámbitos en los que se desarrolla el apoyo social: la comunidad, las redes sociales y las relaciones íntimas o interpersonales. Cada una de estas esferas desarrolla diversas funciones sociales a modo de vínculos afectivos. Las publicaciones más recientes apuntan que ciertas características de la red social, como el tamaño, la composición y la satisfacción con la vida, pueden ser determinantes. Una red social mayor, consolidada, puede aumentar la satisfacción con la vida, puesto que facilita el hecho de relacionarse y construir lazos sociales.

El Papel de la Familia y las Amistades

Las relaciones familiares son fundamentales, ya que proporcionan apoyo emocional, compañía y un sentido de pertenencia. Contar con el apoyo, amor y respeto de la familia aporta muchísima seguridad a la persona mayor, pues hace que se sienta muy protegida. La familia, al tratarse del grupo primario más cercano y al ser el que mejor satisface las necesidades afectivas, se convierte en una referencia trascendental en estas interacciones. Tomini et al. determinan que la población relativamente mayor obtiene más satisfacción de tener más miembros de la familia en la red social que de tener más amigos.

Las amistades también juegan un papel crucial en la vida social de las personas mayores. Pueden ser amigos de toda la vida con los que compartir recuerdos y confidencias, pero también pueden ser nuevos conocidos, compañeros de actividades, vecinos. Las relaciones de amistad ofrecen un apoyo relevante y significativo para el adulto mayor. La percepción de compañía y la disponibilidad de una relación de amistad estrecha son el mejor predictor de felicidad y uno de los factores determinantes para la adaptación positiva al proceso de envejecimiento. La amistad permite sentir a la persona que es más competente, valiosa y útil, favorece la identidad y el auto-concepto, la felicidad y en el bienestar personal, la salud, la longevidad y en algunos casos, la riqueza y el éxito.

No obstante lo anterior, las relaciones interpersonales se convierten en el principal factor protector y de curación, no solo por la atención de necesidades básicas, sino también, porque operan como una permanente fuente de ayuda. Una red familiar activa, cercana y propositiva les ayuda a sobrellevar las limitaciones y el dolor de las pérdidas, disminuyendo los factores de angustia.

Perspectivas de Género en las Relaciones Sociales

Las circunstancias descritas deben interpretarse también en clave de género, analizando el impacto de las diferencias en el contacto y el tipo de relaciones sociales de mujeres y hombres, al tener por razones culturales unos estilos de vida diferentes, que en ocasiones implican una percepción del apoyo distinta. Algunos autores han señalado que "las amistades de los hombres siguen basándose en las actividades compartidas, mientras que las amistades de las mujeres son más íntimas e intensas y tienden a centrarse en la conversación, el apoyo mutuo".

Las diferencias de género también implican que los hombres puedan tener una red social más reducida que las mujeres, con unos significados distintos. Algunos estudios que han profundizado en la amistad de las mujeres en edades avanzadas han señalado que las mujeres mayores suelen ser más flexibles y capaces de formar nuevos grupos con la edad, al tener un abanico de recursos de ocio y tiempo libre más amplio. Las mujeres tradicionalmente cuentan con más apoyo de la red primaria, el apoyo percibido de la familia y los amigos. En contraste, los hombres suelen tener una estructura de red de apoyo primaria más limitada, consistente principalmente en la mujer o pareja, que es quien se ocupa de las cuestiones domésticas y de gestión de la salud de los esposos.

Desafíos del Aislamiento Social y Estrategias para Fomentar la Convivencia

A medida que las personas envejecen, su esfera social tiende a reducirse. Factores como la jubilación, la pérdida de seres queridos, los problemas de movilidad o el distanciamiento familiar pueden limitar la vida social del adulto mayor. El aislamiento social tiene consecuencias reales. Las personas mayores que no socializan presentan más riesgo de depresión, ansiedad y deterioro cognitivo. La falta de interacción diaria afecta el estado de ánimo y la autoestima, favoreciendo la aparición de trastornos del sueño, pérdida de apetito o apatía.

Es importante entender que, en esta etapa, la socialización no debe depender únicamente del núcleo familiar. Al dejar el mundo laboral, se pierden muchas relaciones diarias. La familia, además, puede vivir situaciones distintas: hijos ocupados, nietos en edad escolar, amigos que residen lejos o que van falleciendo. Aunque la convivencia con adultos mayores puede ser una experiencia enriquecedora, también presenta desafíos únicos que requieren de nuestra paciencia, empatía y comprensión, especialmente cuando el adulto mayor experimenta cambios en su salud o capacidades cognitivas.

Estrategias para Promover la Interacción y el Bienestar Social

Fomentar las relaciones sociales en personas mayores es fundamental para su bienestar. Existen muchas maneras de fomentar el contacto social en la tercera edad:

  1. Actividades Organizadas: Las actividades organizadas específicamente para mayores son una excelente opción. Talleres de manualidades, grupos de lectura, gimnasia suave o juegos de mesa en centros de día favorecen la interacción y el disfrute. Crear grupos de ejercicio adaptados a las necesidades de los participantes, como por ejemplo caminatas, clases de yoga suave, tai chi o baile.
  2. Juegos de Mesa: Los juegos de mesa clásicos ofrecen una manera divertida y estimulante para que las personas mayores interactúen socialmente. Actividades como el ajedrez, las damas, el dominó y las cartas no solo proporcionan entretenimiento, sino que también fomentan la comunicación y la camaradería entre los participantes.
  3. Participación Comunitaria y Voluntariado: Las personas mayores pueden participar en diversas actividades sociales o de voluntariado que se desarrollan en centros de jubilados, grupos religiosos, etc. No podemos restar importancia al refuerzo que pueden suponer los grupos secundarios, la participación en actividades comunitarias, que mejoran significativamente el bienestar, aumentan los niveles de autoestima y de autonomía de la persona mayor.
  4. Educación Continua: A pesar de la jubilación, las personas mayores pueden continuar formándose en cursos, talleres e incluso en la universidad para mayores.
  5. Convivencia en Residencias: En las residencias es posible crear nuevas relaciones sociales al conocer al resto de residentes con los que compartir diferentes actividades. También se crean relaciones sociales con el personal del centro basadas en la comunicación y en el vínculo creado mediante los cuidados diarios. La interacción diaria con otros residentes, así como con el personal de la residencia, proporciona apoyo emocional y, a la vez, reduce la sensación de soledad fomentando el sentido de pertenencia.
  6. Tecnología y Redes Sociales: Para mejorar las relaciones sociales en personas mayores también conviene mejorar sus conocimientos en tecnología y redes sociales, permitiendo mantener el contacto con familiares y amigos a distancia.

La convivencia familiar no debe descuidarse. Participar en reuniones familiares, acompañar a nietos o colaborar en pequeñas tareas del hogar refuerza los lazos afectivos. En Sanitas, trabajamos cada día para potenciar la socialización en la tercera edad, conscientes de que una vida social activa es sinónimo de una vida más saludable y plena. Además, las relaciones sociales en esta etapa vital ayudan a que las personas sean más independientes, resolutivas y que puedan mejorar sus capacidades cognitivas.

RELACIONES SOCIALES - PERSONAS MAYORES

Conceptos Clave para una Convivencia y Relaciones Saludables

La interacción colectiva en la vejez se basa en principios fundamentales que promueven el bienestar:

  • Participación activa: De aquellas personas que estando afiliadas a una organización colaboran activamente con su acción personal en su desarrollo, sostenimiento y actividades.
  • Empatía: Habilidad social fundamental que permite al individuo anticipar, comprender y experimentar el punto de vista de otras personas.
  • Comunicación asertiva: Forma de expresión clara, directa y equilibrada, cuya finalidad es comunicar ideas y sentimientos o defender legítimos derechos sin la intención de herir o perjudicar.
  • Espacios de interacción e integración social: Tiempos de intercambio comunicacional sobre aspectos normativos, valores y creencias que son internalizados por las y los individuos del grupo. Originando estructuras socio-psicológicas dentro del aparato cognitivo individual.
  • Convivencia saludable: Interacción colectiva basada en la empatía, el respeto y la concordia, que propician la iniciativa y manutención de relaciones interpersonales positivas que inciden en el bienestar físico, mental y social de las personas.

Detección y Abordaje del Retraimiento Social

El aislamiento social puede detectarse y abordarse antes de que derive en problemas más graves. El retraimiento social puede manifestarse como pérdida de interés por actividades habituales, negativa a salir de casa, irritabilidad o tristeza sin causa aparente. Acudir a centros de día, participar en actividades de barrio o inscribirse en talleres para mayores son recursos accesibles para romper el aislamiento. Es fundamental no descuidar la propia salud física y emocional de quienes conviven o cuidan a adultos mayores, ya que existen numerosos recursos disponibles para ayudar en esta tarea.

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