"Envejecer es como escalar una gran montaña; mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena." - Ingmar Bergman
El envejecimiento de la población es uno de los fenómenos demográficos más importantes de este siglo, generando modificaciones significativas en las estructuras sociales, económicas y culturales. Vivimos en una sociedad en la que el concepto de belleza está íntimamente ligado al de juventud, y aunque el mercado publicitario se amplía cada vez más al sector de los adultos, este segmento poblacional, antes invisible, experimenta una serie de situaciones a las cuales debe adaptarse. El aumento en la expectativa de vida abre nuevas posibilidades, pero también trae consigo desafíos que requieren atención urgente.

La Vejez: Definiciones y Percepciones Sociales
La vejez, más allá de ser una limitante de índole físico o biológico, representa un problema social y cultural, ya que su significado es una construcción social. En este sentido, el lenguaje cotidiano, como lo expresan Berger y Luckmann (2008), moldea cómo objetivamos y cargamos emocionalmente el concepto de vejez.
Para el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (COPRED, 2014), las personas adultas mayores son aquellas que sobrepasan los 60 años de edad. Sin embargo, la vejez trae consigo transformaciones personales en las condiciones físicas, la independencia económica y funcional, la modificación de roles dentro de la familia, la participación en el mercado laboral, el uso del tiempo libre, así como la autopercepción y la percepción que los demás tienen de nosotros.
Dimensiones de la Edad
La edad se define como el tiempo transcurrido desde el nacimiento y está determinada desde el punto de vista físico, psíquico y emocional. En el ser humano, la edad se puede dividir en tres dimensiones:
- Edad cronológica: Agrupada por años, lustros o décadas, considera que todos los sujetos nacidos en el mismo año poseen la misma edad. Es una condición adscrita no modificable por el ser humano, que produce automáticamente una posición y valoración social con determinados derechos y deberes.
- Edad biológica: Determinada por el estado físico, la salud, la vulnerabilidad física y por la disminución de la potencialidad de algunos órganos. Variables como la presión sanguínea, la memoria, la capacidad auditiva o visual, y el tiempo de reacción ante diferentes estímulos pueden medirla. No siempre coincide con la edad cronológica, ya que está influenciada por la calidad de vida, la alimentación, las condiciones de trabajo o el estrés.
- Edad social y edad legal: Definida socialmente como adecuada para desempeñar determinadas actividades. La edad legal es una parte de la edad social, estableciendo cuándo un sujeto puede desempeñar roles específicos (por ejemplo, ser ciudadano a los dieciocho años). El concepto social de "adecuado" no se ajusta cronológicamente de forma exacta como la edad legal, sino que depende de normas sociales sancionadas ritual o culturalmente.
Es fundamental tener claro que la vejez y la edad avanzada no significan necesariamente lo mismo, y que el envejecimiento es un proceso de origen multifactorial y heterogéneo.
El Estigma del Edadismo y sus Consecuencias
La sociedad define a la vejez como una etapa de reposo, donde las personas mayores se convierten en gente delicada y sin la debida autosuficiencia. Esta visión negativa hacia el envejecimiento se enmarca dentro de una práctica conocida como “edadismo”, una frase derivada del inglés "Ageism" y usada para referirse a la discriminación por razón de edad. El edadismo hace referencia a los estereotipos sistemáticos y discriminatorios contra las personas por el simple hecho de ser mayores. Como señala Goffman (2008) en su obra Estigma, la identidad deteriorada, la sociedad establece medios para categorizar a las personas, utilizando atributos que pueden ser "profundamente desacreditadores". En este sentido, el grupo de los adultos mayores a menudo vive el estigma tanto en el entorno familiar como en el resto de la sociedad.
Estereotipos y Desinformación
Existe mucha desinformación, prejuicios, mitos y estigmas respecto a la salud mental de las personas adultas mayores. Socialmente se ha normalizado que deben llegar a la vejez con cierto deterioro, como pérdida de la memoria, problemas cognitivos, depresión o problemas de orientación en el espacio y el tiempo. Sin embargo, es prácticamente imposible trazar una línea exacta de lo que una persona debe medir, pesar o hacer a los 80 años, ya que muchos pueden mantener capacidades cognitivas y un rendimiento físico normal, llevando una vida activa y productiva.

Impacto en la Salud y Bienestar
Dado que el edadismo puede ser un factor de estrés primario que contribuya al deterioro de la salud y bienestar de las personas mayores, diversos estudios han explorado el impacto de los estereotipos negativos sobre la vejez. Investigaciones recientes revelan que a mayor autoestigma relacionado con la edad o a mayor estigma internalizado, mayor sintomatología psicológica, mayores niveles de discapacidad, menores niveles de bienestar psicológico subjetivo y mayor probabilidad de muerte. Elías (1987), en su obra La soledad de los moribundos, ejemplifica la reacción juvenil ante la visión de un anciano y reflexiona sobre los cambios que él mismo sufrió al llegar a ser adulto mayor, lo que subraya la naturaleza cambiante de las percepciones.
Manifestaciones del Edadismo
El edadismo se manifiesta de diversas maneras, muchas veces de forma inconsciente, como señala Christian González-Billault, director del Centro de Gerociencia, Salud Mental y Metabolismo (GERO). Estas prácticas no se limitan a las interacciones diarias, sino que son muy visibles en el mundo de la salud. Por ejemplo, es común que cuando las personas mayores van acompañadas por gente más joven a un control médico, se le hable al acompañante y no a la persona mayor que está consultando. Otro ejemplo es la tendencia a infantilizar a las personas mayores, diciendo, por ejemplo, que se queden sentadas para no cansarse.
Desafíos Cotidianos y Vulnerabilidades
A pesar de que el número de personas mayores crece de manera significativa en muchos países, y se prevé que en 2050 un porcentaje considerable de la población superará los 65 años, estas personas son frecuentemente invisibilizadas, minimizando e ignorando sus problemas. Esta situación genera múltiples desafíos socioeconómicos, culturales y de salud, y afecta la calidad de vida y las formas de habitar el entorno.

Exclusión y Discriminación Social
Las personas adultas mayores constituyen un sector vulnerado en sus derechos, enfrentándose a problemas diversos en servicios de salud, trabajo, educación, vivienda y, en general, porque carecen de medios para un desarrollo integral. Experimentan carencias que inciden en su autonomía, como la toma de decisiones a nivel personal y familiar. Estas manifestaciones se presentan en diversas formas de abandono y hasta maltrato físico y emocional. Una encuesta realizada en la Ciudad de México en 2006 reveló que el 16% de los adultos mayores había sufrido al menos un incidente de maltrato en los últimos doce meses, y el 30.4% había recibido algún tipo de maltrato en instituciones de salud, siendo insultados, ignorados o tratados con indiferencia.
En el mundo laboral, las personas mayores enfrentan los mayores prejuicios, asumiendo por defecto que, después de cierta edad, tienen dificultades para desempeñarse laboralmente o manipular objetos como antes. Esto refleja una enorme exclusión social debido a la falta de integración de las personas mayores en distintos ámbitos de la sociedad y a la ausencia de imágenes sociales positivas de la vejez.
La Soledad no Deseada
Más de la mitad de la población anciana se siente sola en mayor o menor grado, según estudios recientes. Esta soledad no deseada tiene una relación directa con la vulnerabilidad, afectando en mayor proporción a las personas mayores que padecen algún tipo de pobreza, exclusión o marginación social. Aquellas que viven solas padecen un mayor riesgo de soledad no deseada.
La Percepción de "Carga"
Ciertamente, existe la preocupación social de que habrá una menor proporción de población activa y mayor dificultad para pagar las pensiones, sumado al incremento de costos de la sanidad y asistencia social. Sin embargo, es crucial reconocer que las personas mayores son una de las mayores fuerzas de trabajo no remunerada, contribuyendo en la crianza de nietos, y siendo un apoyo socioeconómico y emocional para sus hijos. A menudo, suponen un recurso y no un costo.
LA SOLEDAD EN LA TERCERA EDAD (Primera Parte)
Estrategias para un Envejecimiento Digno y Activo
Es evidente que aún tenemos grandes brechas para adaptar normativas sociales, servicios públicos, de salud, y acceso a espacios de cultura, educación y desarrollo. Sin embargo, existen múltiples estrategias y enfoques para fomentar un envejecimiento digno, activo y con calidad de vida.
Fomento de Actividades y Redes de Apoyo
Es importante el fomento a las actividades de los mayores. Mantener y diversificar las redes de apoyo es fundamental, ya que generalmente se centran en una cuidadora, que suele ser mujer, sea familiar o contratada. Las personas mayores pueden llegar a la vejez siendo autónomas, realizando actividades cotidianas y manteniendo redes de apoyo familiares y de amistades.
La Tecnología como Aliada
La tecnología se presenta como una buena alternativa para combatir parte de la soledad no deseada, permitiendo relacionarse con otras personas de forma no presencial. Iniciativas como el servicio de teleasistencia, la inteligencia artificial y los asistentes de voz (como Alexa) ofrecen respuesta inmediata, seguimiento individualizado y oportunidades de ocio, información y comunicación. Es vital reducir la brecha digital, la desigualdad en el acceso, uso e impacto de las tecnologías de la información. Proyectos como ‘Mayores Digitales’ de Cruz Roja enseñan destrezas tecnológicas prácticas para el día a día, como el uso de videollamadas, banca digital, compras online y gestión de citas médicas.
Modelos de Vivienda y Cuidado
Para la mayoría de las personas mayores, la preferencia es envejecer en casa (82% según la OCU). En los casos en que esto es posible, la asistencia a domicilio resulta un apoyo valioso. Asistir a un centro de día favorece la socialización y ofrece actividades que contribuyen al envejecimiento saludable, como la estimulación cognitiva o la gerontogimnasia.
Cuando residir con la familia no es posible, los centros residenciales son una alternativa, aunque en ocasiones no favorecen la independencia ni crean un sentimiento de hogar. Sin embargo, se están implementando nuevos modelos, inspirados en el estilo nórdico, que consisten en pequeñas unidades de convivencia (15-20 personas con dependencias similares) con espacios comunes compartidos y sin horarios de visita restringidos, buscando recrear el hogar y fomentar la libertad y autonomía.
Otra alternativa en auge es el senior cohousing, un modelo de convivencia en comunidad en viviendas independientes, donde los residentes se autogestionan y toman decisiones en grupo, aunque sus costos económicos pueden ser elevados.
Hacia un Nuevo Modelo de Cuidados y Conciencia Social
El maltrato a personas mayores es un problema silenciado a nivel global: según la OMS, una de cada seis personas mayores de 60 años en el mundo sufre malos tratos, y un 33% de los ancianos en residencias es víctima de abusos. Estas cifras, lamentablemente, podrían aumentar.
Profesionalización y Respeto a la Dignidad
Este problema puede minimizarse con una mayor y mejor profesionalización del sector asistencial y con campañas de concienciación. Respetar la dignidad de una persona implica respetar sus derechos básicos en el ámbito de la tercera edad: privacidad, autodeterminación, elección, satisfacción, realización personal, protección, conocimiento y defensa de sus propios derechos. Es fundamental aplicar principios éticos como la autonomía, la justicia, la beneficencia y la no maleficencia.
El Modelo de Atención Centrado en la Persona (ACP)
Históricamente, el cuidado ha evolucionado desde el modelo asilar hasta el sanitario y, más recientemente, al de calidad de gestión. Sin embargo, este último a menudo presenta centros altamente institucionalizados que se asemejan más a hoteles que a hogares, con deficiencias para satisfacer las necesidades integrales de las personas cuidadas. Esto puede derivar en un modelo paternalista y sobreprotector, donde los profesionales toman decisiones por las personas, sin tener en cuenta sus deseos, historia de vida, personalidad y gustos, especialmente en casos de demencia o discapacidad avanzada.
Por ello, el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de la Unión Europea promueve activamente el Modelo de Atención Centrado en la Persona (ACP) en todos los servicios sociosanitarios, con un cuidado personalizado e individualizado. Este modelo tiene en cuenta la dimensión del bienestar emocional del usuario y busca potenciar las capacidades de las personas asistidas, en lugar de centrarse en lo que no pueden hacer. Los fondos Next Generation de la UE están destinando subvenciones para ayudar a las instituciones a realizar esta transición, así como para la adquisición de equipamiento técnico y tecnológico que impulse la innovación y la desinstitucionalización del cuidado.
El Rol Fundamental de la Familia
La familia es clave para un mejor trato hacia las personas mayores. Este rol apunta a la comprensión e inclusión de los adultos mayores como individuos activos que siguen aportando a la sociedad. Es una responsabilidad evitar la infantilización y promover su autonomía e independencia. Afortunadamente, se observa un cambio cultural paulatino hacia una mayor proyección de las personas mayores tras la jubilación, reconociendo el valioso recurso que representan para el conjunto de la sociedad, tanto en sus aportaciones personales como en la sabiduría y experiencia de vida acumulada. La mala salud no tiene por qué ser una característica predominante de la edad avanzada.
Es imperativo que desde todos los sectores sociales -públicos, privados y particulares- se apoye un estilo de vida más saludable y autónomo para las personas mayores, menos dependiente de la atención institucional, para que la vejez pueda resultar una etapa vital más satisfactoria y fructífera.
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