La natación, un deporte que desafía los límites del cuerpo y la mente, ha visto emerger a mujeres extraordinarias que, lejos de la jubilación tradicional, han redefinido lo que significa envejecer activamente. Estas nadadoras, a menudo superando los 70, 80 e incluso 90 años, no solo se mantienen en forma, sino que compiten y ganan títulos mundiales, inspirando a generaciones. Sus historias son testimonios de pasión, constancia y la creencia inquebrantable de que la edad es solo un número cuando se trata de perseguir los sueños.

Celia Luna Olmos: La Nadadora de Aguas Frías a los 70 Años
A sus 70 años, Celia Luna Olmos desafía las preconcepciones sobre el envejecimiento. "Todavía algunos piensan que una señora de 70 años es una jubilada que solo puede dedicarse al crochet y cuidar a los nietos. Yo nunca aprendí a tejer y prefiero nadar en aguas frías, en lo posible a menos de cinco grados", le dice Celia a LA NACION. Su hazaña más reciente incluye ganar en su categoría el Campeonato Mundial de Natación de Invierno, celebrado en El Calafate, frente al Glaciar Perito Moreno.
Un Descubrimiento Tardío, una Pasión Arrolladora
Celia se encontró con la natación a los 44 años, cuando un médico traumatólogo le recomendó practicar yoga o natación para combatir una dolencia en las vértebras cervicales. "Preferí comenzar a nadar porque me pareció más divertido, a pesar de que apenas flotaba", recuerda. En poco tiempo, tuvo un gran progreso, y a los cinco meses ya estaba participando en competencias de categoría máster para el Club Universitario de La Plata, incentivada por un profesor que vio potencial en ella.
Por sugerencia de su entrenador, la nadadora se enfocó en el estilo mariposa, una elección acertada que pronto la llevó a destacarse. Ganó competencias, primero en los 50 metros, luego en 100 y finalmente en 200 metros en estilo mariposa, conocida como "la prueba de los valientes" por su exigencia. Su evolución fue vertiginosa, y dos años después participó en el Campeonato Sudamericano de Vitoria, en Brasil, donde obtuvo una medalla de bronce, su primera experiencia en un torneo internacional.

La Natación como Espacio Personal y Desafío Familiar
La irrupción de la natación representó un cambio de 180 grados en la vida de esta bioquímica, quien dividía su tiempo entre su trabajo en el Hospital Naval, la crianza de sus tres hijos y la responsabilidad del hogar. "Fue muy fuerte porque descubrí una actividad nueva, algo que me apasionaba y que era solo para mí", cuenta Celia. Tuvo que enfrentar conflictos familiares para equilibrar sus responsabilidades con su nueva pasión. Se entrenaba de lunes a sábados, con tres días de doble turno, y nunca dejó de trabajar, contando siempre con el apoyo de su mamá y su ex marido.
A pesar de algunos reproches de su hija mayor por no estar presente en todos sus cumpleaños, Celia aprendió a repartirse y a no culparse. Participó en 12 campeonatos sudamericanos y una infinidad de competencias que implicaban viajar y estar fuera de casa. Para ella, la natación fue una ventana a un mundo más grande, abrazando su pasión para viajar y conocer diversos países y competencias máster en Argentina, incluyendo aguas abiertas en ríos y lagunas.
El Nuevo Desafío: Aguas Frías
Celia se lamenta por no haber comenzado de joven, pero su curiosidad la empujó a un nuevo desafío: la natación en aguas frías. "Me sorprendió lo contentos que salían del agua y me propuse intentarlo", relata. En febrero de 2017, comenzó a nadar en aguas a 20 grados y en julio ya lo hacía a diez. El 2017 fue un año intenso, sumergiéndose en las aguas heladas de Viedma, el Nahuel Huapi, el río Correntoso y el Canal de Beagle, donde se graduó como nadadora de aguas frías, a pesar de la preocupación de sus hijos.
Hoy, su hija cardióloga le extiende los certificados de aptitud física, no sin una advertencia: "Mamá, no se te ocurra morirte en el agua". Celia valora la conexión con la naturaleza que ofrece la natación en aguas abiertas. "A diferencia de una pileta, en la que vas por tu andarivel y ves poco y nada, solo ruido alrededor y gente cuando salís del agua, en la naturaleza tenemos la oportunidad de sentir el lugar en donde estamos. Eso es impagable", afirma.

Campeonato Mundial y Apoyo Familiar Inesperado
En 2018, viajó a las Islas Malvinas para una experiencia "hermosa y muy movilizante". La pandemia detuvo su recorrido, pero en 2022, con la suspensión del Campeonato Mundial de Invierno en Rusia, surgió la oportunidad en El Calafate. "Fue una gran alegría y una enorme expectativa, porque nadar frente al Perito Moreno es algo que no estaba en mis planes", comenta. Lo más emocionante fue que, por primera vez en 25 años compitiendo alrededor del mundo, toda su familia estuvo presente. Su hija Jazmín organizó la sorpresa, reuniendo a sus tres hijos, dos nietas, nuera y el padre de sus hijos, quienes la acompañaron en una competencia cargada de emoción y una ovación por ser la nadadora de mayor edad.
Elena Placci: Doble Campeona Mundial a los 90 Años
A sus 90 años, Elena Placci, oriunda de la provincia de Córdoba, Argentina, se consagró doble campeona de oro en natación en el World Aquatics Masters Championships. Su camino en la natación comenzó después de jubilarse como docente de inglés, a los 64 años, retomando una actividad que había practicado de niña.
Un Impulso Inspirador y una Rutina Disciplinada
Elena se inspiró al ver un programa de televisión sobre un hombre de más de 80 años que participaba en un máster de natación en Canadá, quien afirmaba que cualquier persona que quisiera nadar podía hacerlo. "Ahí nomás busqué la malla, me la puse y me fui, sin decirle a nadie", relata. Inicialmente, su técnica necesitaba pulirse, por lo que contrató clases privadas y comenzó a entrenar una hora, tres veces por semana. Con un objetivo claro de competir, Elena intensificó su entrenamiento, llegando a nadar todos los días. "Hay que tener constancia y no sentirse mal porque uno se equivoca. Uno puede aprender y corregirlo", reflexiona.
En Singapur, Elena obtuvo medallas de oro en 100 y 200 metros libres, además de finalizar cuarta en otras pruebas. Ha disputado 104 torneos y obtenido 500 medallas. Más allá de la pileta, Elena mantiene una agenda colmada: aprendió italiano, vivió en Italia y Estados Unidos, y continúa formándose en literatura comparada, talleres de memoria y cine. La natación, además, le permitió bajar de peso sin esfuerzo y mantenerlo durante años.

Jane Asher: La Incansable Nadadora Británica a los 95
A sus 95 años, la británica Jane Asher no es una abuela convencional. Además de cuidar a sus cuatro hijos y once nietos, practicar taichí, pilates y pintar, no para de acumular medallas y galardones en natación. "Este deporte simplemente te hace sentir bien y te mantiene saludable", afirmó a la BBC. En marzo, consiguió su quinto récord mundial en las piscinas, y no parece tener intención de colgar la toalla, incluso después de haberse sometido a cirugías de reemplazo de ambas caderas. "Voy a seguir nadando todo el tiempo que pueda", dijo a Marathon Swims.
Una Carrera Sorprendente y un Amor por el Agua Fría
La carrera deportiva de Asher es sorprendente, ya que no nadó hasta los 7 años, debido a que nació en Rodesia del Norte (actual Zambia), donde los ríos estaban llenos de cocodrilos e hipopótamos. Su primer contacto con una piscina fue en Johannesburgo, Sudáfrica. El amor por el agua, especialmente la fría, lo lleva en la sangre, heredado de su madre y abuela, quienes nadaban en el mar de Cornualles.
A los 22 años, se mudó a Reino Unido, donde formó parte del equipo de natación de la Universidad de Mánchester. Sin embargo, no compitió profesionalmente hasta la década de 1990, después del fallecimiento de su esposo. Él la animó a seguir su pasión: "Ahora sí vas a poder hacer lo que te gusta". Poco después, Asher batió su primer récord máster en Estados Unidos. Desde entonces, ha acumulado galardones, incluyendo preseas de oro en campeonatos nacionales de Reino Unido, Francia y Países Bajos, y ha establecido 52 récords mundiales en cuatro categorías de edad diferentes.
A pesar de sus logros, Asher asegura que no nada por las medallas. "No es por las medallas, ya no las colecciono porque no tengo dónde guardarlas", declaró. Espera que otros adultos mayores sigan sus pasos y vean que nunca es tarde para comenzar. "La natación es un mundo maravilloso. Los nadadores formamos una gran familia", explica. Es parte del Salón de la Fama Internacional de la Natación y ha recibido la Medalla del Imperio Británico.

Eliana Busch: La "Digna Representante de los Adultos Mayores Chilenos"
A sus 89 años, la chilena Eliana Busch, originaria de Valdivia, es una fuerza imparable en el agua. "No me gusta perder. Hago lo posible por ganar", afirma. En el Campeonato Mundial Master de Natación en Doha, Catar, obtuvo cuatro oros en los 100 y 200 metros libre, 50 metros pecho y 50 metros espalda, rompiendo un récord mundial en esta última prueba. Su desafío no es solo contra otras nadadoras, sino también contra sí misma.
Una Vida Dedicada al Deporte y la Superación
Eliana lleva el deporte en la sangre. Comenzó a nadar a los 9 años y a los 13 ya era campeona nacional. En los años cincuenta, aparecía en portadas de periódicos y revistas. A los 20, dejó la natación por la equitación, donde también fue campeona nacional. Sin embargo, a los 78 años, un accidente equino la llevó de regreso a las piscinas, esta vez para competir. Se fracturó el antebrazo, la clavícula y algunas costillas. Sus hijos la animaron a volver a la natación, y desde entonces no ha parado de ganar campeonatos master, incluyendo sudamericanos, panamericanos y mundiales.
A pesar de haber sufrido un ataque al corazón hace siete años y competir con marcapasos, Eliana es capaz de nadar hasta 1.500 metros. Entrena al menos cuatro veces por semana y da clases de natación, conduciendo su propio auto. Su mensaje para los adultos mayores es claro: "La vida se vive hasta el último minuto. Que eso se manda mucho con la mente. Hagan algo, no tienen por qué ser nadadores, pero no se queden en la casa echados". Su energía y disciplina son una inspiración para sus alumnos y para todos los que la conocen. "Espero traer cinco medallas para ser una digna representante de los adultos mayores chilenos", concluye Eliana.

Elizabeth Flores: Un Milagro de la Natación contra la Artritis
Elizabeth Flores sintió con pena su diagnóstico de artritis grave, pero, lejos de la depresión, esto la impulsó a encontrar en la natación una salida. Cuando los médicos le auguraban una vida en silla de ruedas, Elizabeth comenzó a caminar por la orilla del mar, luego a chapotear y finalmente a nadar. Gracias a la escuela Patas de Rana, aprendió técnicas, distancia y resistencia, incluso natación mar adentro.
De Paciente a Instructora y Salvavidas
A finales de 2018, Jaime Flores, director de Patas de Rana (una academia gratuita), la invitó a ser instructora. Elizabeth, quien sentía que la natación le había devuelto la vida y la había sacado de una condición de "discapacitada" debido a la artritis, encontró en la enseñanza una forma de retribuir ese "milagro", especialmente a chicos con alguna discapacidad. Destaca que enseñar a chicos invidentes es a veces más fácil, ya que "no ven el peligro, solo se dejan guiar".
Domina varios estilos, incluyendo crol, mariposa, pecho, espalda y sidescrot (natación de combate). Ha recorrido hasta trece kilómetros nadando, incluyendo la vuelta completa a la Isla Panteón, y ganó un premio por sumar cincuenta kilómetros en solo trece días. Ha encontrado delfines, tortugas gigantes y lobos marinos en sus trayectos, y ha actuado como salvavidas en varias ocasiones, rescatando a personas de la hipotermia. Elizabeth ha participado en más de 80 competencias, ganando una impresionante cantidad de medallas. Su mensaje es inspirador: "Mientras haya vida, hay esperanza y oportunidad para todo. El mar es milagroso, terapéutico, cura el cuerpo y también el alma."

Nicole Frank: El Legado Olímpico a través de Generaciones
La historia de Nicole Frank, nadadora uruguaya de 16 años, es un testimonio de cómo la pasión por la natación puede trascender generaciones, conectándola con el sueño olímpico de su abuela, Angelika Rädche.
Un Sueño Olímpico Retrasado por la Guerra
Angelika Rädche, nacida en Uruguay pero residente en Alemania, fue campeona de Alemania y Europa y estaba clasificada para los Juegos Olímpicos de Helsinki de 1940. Sin embargo, la II Guerra Mundial canceló los juegos y Angelika fue enviada al conflicto. Nicole, al igual que su abuela, ha estado "enamorada del agua" desde pequeña. En su familia, la natación es una tradición, con su abuela, tías, padres y hermano involucrados en el deporte. Nicole no siente presión, sino la "motivación de seguir los pasos de ella. De cumplir no solamente mi sueño, sino el sueño que tenía ella".
Nicole, quien también practicaba gimnasia artística, optó por la natación porque no podía estar fuera del agua. Su madre, ex gimnasta de alto nivel y profesora de Educación Física, es una guía fundamental en su mejora constante. Para Nicole, la piscina es su "espacio", un lugar para desahogarse, disfrutar, aprender y compartir con amigos. A pesar de los desafíos, como los meses sin contacto con el agua debido a la pandemia, la alegría de volver a nadar y la motivación de pensar en los Juegos Olímpicos la impulsan. Su abuela, quien vivía en el mismo terreno en Uruguay, le contaba que nadaba libre, 400 y 800 metros, y que "siempre quiso ir a los Juegos pero que no pudo por la guerra". Nicole Frank busca ahora hacer realidad ese sueño familiar.
