El proceso de envejecimiento demográfico es una realidad que ya ha caracterizado a gran parte de las poblaciones del mundo, adquiriendo particular relevancia en América Latina y el Caribe. En el último siglo, el mundo ha experimentado un incremento inédito de la población de personas mayores, a tal punto que en ningún otro momento de la historia las poblaciones han estado tan envejecidas como ahora.
Actualmente, las personas que superan los 60 años constituyen más del 12% de la población mundial, cifra que superará el 21% a mediados de este siglo. Para entonces, el número de personas mayores de 60 años será mayor que el número de personas menores de 15 años, y a las primeras se deberá la mitad del aumento de la población mundial en las próximas décadas (Naciones Unidas, 2017; UNFPA, 2012; Magnus, 2012). Los países desarrollados se encuentran, en su mayoría, en un estadio avanzado del envejecimiento demográfico.

Envejecimiento Demográfico en América Latina y Uruguay
En América Latina y el Caribe, la realidad es diversa y heterogénea de acuerdo con los procesos de transición demográfica vividos por cada país. A diferencia del resto de los países de la región, Uruguay no se enfrenta a este proceso de manera rápida y sorpresiva. Ya a mediados del siglo pasado, Solari comenzó a escribir en el país sobre este fenómeno (Solari, 1957). Medio siglo después, aquellas apreciaciones mantienen su vigencia, dado que el envejecimiento poblacional, proceso que se inició hace ya bastante tiempo, es un tema claramente instalado en el país.
El efecto de una transición demográfica temprana, caracterizada por tasas de fecundidad que se situaban en alrededor de tres hijos por mujer a mediados del siglo XX, y por una esperanza de vida comparativamente alta desde finales del siglo XIX, se combina con el efecto prolongado de la emigración en el país, cuyos puntos máximos se registraron durante la dictadura militar (1973-1985) y durante la crisis económica de 2002 (Pellegrino, 2008 y 2010). Uruguay es hoy en día uno de los países más envejecidos del contexto latinoamericano (Chackiel, 2000; Paredes, Ciarniello y Brunet, 2010), lo que refleja tanto procesos históricos de larga data que han caracterizado al país, como la coyuntura actual.

Este proceso será alcanzado en mayor o en menor medida por todos los países de la región en las primeras décadas del siglo XXI. Además, en América Latina y el Caribe el proceso de envejecimiento poblacional adquiere características diferenciales respecto de las que ha asumido en otras regiones del mundo -en particular en el continente europeo-, dado que se producirá de manera más rápida y más intensa. Entre 2020 y 2025, la tasa de crecimiento de la población adulta mayor asumirá en América Latina niveles inéditos, cercanos al 3% anual, y la población adulta mayor triplicará su tamaño (Huenchuan, 2009; Brenes-Camacho, 2009).
Análisis del Proceso de Envejecimiento en Uruguay
El propósito de este artículo es repasar el proceso de envejecimiento que se ha producido en Uruguay en las últimas décadas. Se utilizan como fuentes de datos los últimos cuatro censos (1975, 1985, 1996 y 2011) y, cuando ello es posible, se incorpora también el conteo censal realizado en 2004. Este artículo se ha elaborado en el marco del Programa de Población de la Facultad de Ciencias Sociales y del Núcleo Interdisciplinario de Estudios sobre Vejez y Envejecimiento (NIEVE) de la Universidad de la República, en Uruguay.
Uruguay es un país que atraviesa un proceso de envejecimiento demográfico desde hace ya varias décadas. Sin embargo, recientemente este proceso se ha acentuado, de manera que la población de edad avanzada se ha incrementado y las personas mayores de 60 años constituyen hoy el 19,1% de la población total. Este aumento porcentual es inédito en la región y, por cierto, en el país, que se sitúa cerca de los valores que presentan las regiones más desarrolladas del mundo (23,8%) (Naciones Unidas, 2017).
Las tasas de crecimiento de la población uruguaya, que ascienden a un 0,2% anual (INE, 2011), contrastan con el crecimiento diferencial que se ha dado en los diferentes grupos de edad. En lo que respecta a la población de personas mayores, la tasa de crecimiento del último período intercensal (2004-2011) asciende a 0,93, un valor bastante más elevado que el correspondiente a la población total, que registra un crecimiento casi nulo (0,19). Por lo tanto, si bien en Uruguay el número de personas mayores es relativamente alto con relación a la historia del país, ese crecimiento no se ha producido de forma repentina ni exorbitante, sino que expresa el lento pero paulatino proceso que ha seguido allí la transición demográfica.
Diferencias por Sexo y Edad en el Envejecimiento
El proceso de envejecimiento poblacional adquiere características específicas entre las cuales se destacan las diferencias por sexo y por edad. El porcentaje de personas mayores en la población total se ha elevado más de cuatro puntos porcentuales, al pasar del 14,3% en 1975 al 18,7% según el último censo de población realizado en 2011. Si se comparan los datos correspondientes a varones y mujeres, se observa que el aumento no fue similar en ambas poblaciones, ya que las mujeres mayores constituyen más del 20% de la población femenina, y los varones mayores representan apenas más del 15% de la población de varones.
Este aumento tampoco fue homogéneo entre los distintos grupos quinquenales que componen la población de personas mayores. El aumento significativo de la proporción de personas mayores entre la población adulta mayor se observa en el período considerado a partir de la relación entre el número de personas de 75 años y más y el de la población adulta mayor que no supera esa edad. Esa relación, según datos correspondientes a 2011, asciende a 100 entre la población femenina, lo que significa que, por cada mujer menor de 75 años dentro de la población adulta mayor, hay una mujer mayor de esa edad entre ese grupo de población. La relación desciende a 70 entre los varones, pero de igual modo se mantiene la tendencia, aunque más suavizada, al aumento progresivo de los hombres de mayor edad entre la población de edad avanzada.

Implicaciones y Desafíos Demográficos
Las implicancias del aumento de la población de edad avanzada también deben ser puestas en relación con otros grupos etarios de la población. A tal fin se consideran los indicadores convencionales utilizados para ello, que son el índice de envejecimiento y la relación de dependencia.
- El índice de envejecimiento de la población uruguaya ha ido aumentando progresivamente, incrementándose desde 53 en 1975 hasta 86 en 2011, según datos del último censo. Esto significa que, mientras que en 1957 había prácticamente una persona mayor cada dos menores de 15 años, actualmente existe una relación más equivalente entre las poblaciones que constituyen los dos extremos de la escala etaria.
- La relación de dependencia adscribe a una concepción economicista y transversal de la población, según la cual se evalúa el supuesto “peso” de la población pasiva -esto es, de las personas menores de 15 años y mayores de 60 años- sobre la población en edad de trabajar.
La relación de dependencia total en Uruguay ha disminuido levemente en el período considerado, al pasar de 70,4 en 1975 a 68,0 en 2011. Si bien, según datos del censo realizado en 2011, hay dos personas dependientes por cada tres personas no dependientes, la composición de la relación de dependencia ha variado sustantivamente entre 1975 y 2011. Las dos poblaciones consideradas como dependientes tienden a emparejar su “peso” sobre la población económicamente activa (PEA), siendo en 2011 de 36,5 la relación de dependencia correspondiente a la población menor de 15 años y de 31,4 la relación de dependencia correspondiente a la población de edad avanzada.
El descenso de la relación de dependencia total en Uruguay expresa una tendencia que se revertirá en los próximos años. Así, Uruguay, debido al descenso temprano de la fecundidad y al hecho de que su población transita un proceso consolidado de envejecimiento, no atraviesa ni atravesó el denominado bono demográfico o ventana de oportunidades, que conlleva un descenso rápido de la fecundidad, como ha ocurrido en otros países de América Latina (Chackiel, 2000). Esta realidad enfrenta a Uruguay a desafíos muy diferentes en materia de políticas sociales y desarrollo económico.
La tendencia al envejecimiento demográfico es más acentuada entre la población femenina, que presenta un porcentaje más alto de personas mayores y un índice de envejecimiento según el cual en la actualidad la cantidad de mujeres mayores es igual a la cantidad de niñas. Paralelamente, este proceso refleja el denominado “envejecimiento de la vejez”, caracterizado por la presencia de crecientes porcentajes de personas mayores entre la población de edad avanzada.
Características Sociodemográficas y de Salud
En el año 2014, casi la mitad de las personas adultas mayores en Uruguay estaban casadas (45,2%), un tercio (32%) era viuda y el 23% restante se repartía entre solteras, divorciadas y en unión libre.
Educación y Situación Económica
Entre las personas mayores, se constata que 4 de cada 10 tienen entre 4 y 6 años de instrucción formal, a lo que se suma un 5% que no tiene instrucción y un 15% que tiene entre 1 y 3 años de ella. Las mujeres se insertan en empleos de menor valoración social y económica y, además, enfrentan mayores dificultades para articular responsabilidades familiares y actividad laboral. Asimismo, suelen abandonar parcial o totalmente el trabajo remunerado por la crianza de hijos/as, lo que no sucede con los varones.
La cantidad de mujeres que cobra pensión es muy superior a la de los varones, cuyo porcentaje es menor al 8%. En general, las personas mayores ocupan una mejor posición económica en relación con el resto de los grupos etarios: hay una baja proporción de ellas que son pobres (2%). No obstante, la desigual distribución familiar de los ingresos suele perjudicar a las mujeres, por su menor poder de decisión sobre los ingresos del hogar.
Salud y Bienestar
La incidencia de enfermedades infecciosas se redujo, siendo las crónicas no transmisibles la mayor causa de muerte en el país. Además de representar un riesgo de muerte en algunos casos, estas enfermedades menoscaban el estado de las personas, generando limitaciones a nivel cognitivo y funcional. Las limitaciones para ver y caminar son las más frecuentes y afectan en mayor proporción a las mujeres. El deterioro de la función neurocognitiva afecta la capacidad de vivir en forma independiente y productiva.
La prevalencia de enfermedades mentales aumenta con la edad, incluyendo trastornos afectivos, demencias, psicosis y abuso de sustancias; también inciden en la salud mental el abuso, maltrato y/o negligencia en los cuidados.
Vivienda y Redes Sociales
Siete de cada 10 personas adultas mayores son propietarias de la vivienda en la que residen, pero hay otros factores que pueden lesionar ese derecho, como la calidad de los materiales de la vivienda, hacinamiento, acceso a servicios básicos o satisfacción con las actividades que permite la vivienda, entre otros. Aproximadamente en uno de cada 3 hogares vive una persona de 65 años o más y en uno de cada 10 una persona de 80 años y más. Más de la mitad de ellos vive en hogares nucleares (55,3%), pero eso ocurre con menos de un cuarto de las mujeres (23,6%). Hay una alta proporción de hogares con personas mayores como jefe o jefa de hogar (37,6%).
Se denominan redes sociales al conjunto de relaciones interpersonales que integran a una persona con su entorno social y le permiten mantener o mejorar su bienestar material, físico y emocional. Casi un tercio vive con un hijo en el hogar, sobre todo las mujeres. El contacto con personas fuera de la familia se manifiesta respecto de vecinos en un tercio del total de personas adultas mayores. Más de la mitad de personas que participan en organizaciones de la sociedad civil (23,4%) lo hace con fines recreativos, sobre todo las mujeres.

Dependencia y Cuidados
Con frecuencia, las personas mayores desempeñan funciones en las familias y en la comunidad en cuidados brindados a sus miembros, trabajo productivo de subsistencia, mantenimiento de los hogares y realización de actividades voluntarias. En Uruguay, un 11,5% de las personas mayores de 64 años se encuentra en situación de dependencia, 3,2% de ellas con dependencia severa, que demanda ayuda para realizar cuatro o más actividades básicas. La dependencia impacta en mayor medida en las mujeres.
La ayuda es provista fundamentalmente por familiares convivientes, a razón de 4 horas como mínimo por día. Las mujeres representan el 93% de las personas ocupadas en el cuidado; en general tienen bajo nivel de escolarización y pocas opciones de ingreso al mercado laboral.
Servicios de Apoyo y Prevención

Servicio de Atención a Víctimas de Violencia Intrafamiliar (Inmayores)
A partir de julio de 2013, el Inmayores gestiona el Servicio de Atención a personas mayores víctimas de violencia intrafamiliar. Mediante este servicio se puede denunciar situaciones de violencia, abuso y maltrato a la vejez. Cuenta con asistencia psicológica, social y jurídica, brindada desde un enfoque de derechos humanos.
Desde el inicio de este servicio, en octubre de 2023, se han atendido varios casos de muy diferentes características y se ha transformado sustancialmente la forma de intervención en este tipo de situaciones. Se incorporó una nueva dinámica con diversas estrategias de abordaje con tiempos más prolongados.
El servicio cuenta con:
- Escucha activa y contención afectiva, fundamental para poder desnaturalizar la situación de violencia.
- Visibilización y articulación de recursos propios y estatales preexistentes.
- Articulación interinstitucional, derivación responsable y orientación interdisciplinaria.
- Coordinación de intervenciones sanitarias.
- Asesoramiento, orientación y acompañamiento legal.
- Intervenciones en territorio psicosocial y legal.
- Asesoramiento y articulación con profesionales intervinientes de otras instituciones.
- Intervenciones familiares y con el entorno.
El servicio se brinda de forma presencial, de lunes a viernes, de 10:00 a 16:00 h, a excepción de los días feriados no laborables. Desde 2014 a la actualidad, 89 personas consultaron al servicio y a julio de 2015 estaban siendo atendidas 57.
Quienes ejercen maltrato sobre las personas mayores suelen ser conocidos por ellas y lo más frecuente es que suceda dentro del contexto familiar o el ámbito en el cual se proveen los cuidados. El maltrato incluye infantilización, despersonalización, deshumanización y victimización.
Movimiento Nacional Por El Bienestar del Anciano
Somos el Movimiento Nacional Por El Bienestar del Anciano, una organización sin fines de lucro que se fundó el 19 de setiembre de 1958 y cuenta con personería jurídica desde 1959. Nuestra ideóloga y fundadora es la Dra.
Miembros Directivos (Mesa Directiva Honoraria)
- PRESIDENTE AD HONOREM: Sra.
- Presidente: Lic.
- Vice Presidente: Sr.
- Vice Presidente: Sr.
- Sra. Vice Presidente: Mtra.
- Secretaria General: Esc.
- 1er Pro Secretaria: Prof.
- 2da Pro Secretaria: Lic.
- 3er Pro Secretaria: Sra.
- Tesorero: Mtro.
- 1er Pro Tesorera: Sra.
- 2da Pro Tesorera: Sra.
- 3er Tesorera: Esc.
- Presidente de la Comisión Fiscal: Lic. Guzmán G.
- Pte. de la Comisión Dir. Suplente: Sra.
- Sra.
- Esc.
- Sra.
- Prof.
- Sra.
- Lic. Guzmán G.
- Dra.
- Esc.
- Esc.
- Dra.
- Lic.
- Dra.
- Arch.
Colaboración y Donaciones
El Movimiento colabora con donaciones materiales de toda índole, para el equipamiento integral de establecimientos de larga estadía para personas mayores sin fines de lucro de todo el país. Dada la imperiosa necesidad de este recurso, se ha establecido un Plan destinado en exclusividad a la dotación de pañales geriátricos a todos los centros geriátricos del país y a personas particulares en situación de vulnerabilidad. También aceptan todo tipo de DONACIONES que se encuentren en condiciones adecuadas.