Con el envejecimiento, diversas enfermedades hacen su aparición, y entre ellas, el trastorno de ansiedad generalizada (TAG) es una de las más frecuentes, aunque a menudo no reciba la misma atención que otras patologías físicas propias de esta etapa. Si bien la vejez se asocia comúnmente con problemas físicos como dificultades en la movilidad o dolores óseos, es crucial considerar los problemas psicológicos que sufren las personas mayores para poder brindarles el apoyo necesario, ya que estos trastornos pueden generar un profundo malestar.
Aunque existen muchos trastornos psicológicos que las personas de edad avanzada pueden padecer, el TAG, junto con las fobias específicas, es uno de los más prevalentes en esta franja de edad. Sentir ansiedad en algún momento no debe ser motivo de alarma, pues se trata de una reacción habitual del organismo ante situaciones estresantes, con la función de advertir y activar al individuo ante lo que percibe como riesgo. Sin embargo, el trastorno de ansiedad generalizada se manifiesta cuando la preocupación y otros síntomas de ansiedad persisten en el tiempo o cuando las situaciones consideradas amenazantes son percibidas con una intensidad desproporcionada. En ambos casos, el desarrollo normal de las actividades diarias se ve afectado, y la persona experimenta malestar físico y emocional.
Epidemiología y Prevalencia de la Ansiedad en la Vejez
La población mundial está envejeciendo rápidamente. En 2023, 1100 millones de personas tenían 60 años o más, y se proyecta que esta cifra casi se duplique a 2100 millones en 2050, representando aproximadamente una quinta parte de la población global. A finales de la década de 2060, el número de personas de 60 años o más alcanzará los 2500 millones, superando al de menores de 18 años a escala mundial. Se prevé que el número de personas de 80 años o más se triplique con creces entre 2023 y 2060, hasta llegar a los 545 millones.
Si bien la mayoría de los adultos mayores goza de buena salud, muchos corren el riesgo de presentar afecciones de salud mental como depresión y trastornos de ansiedad. Aproximadamente el 14 % de los adultos de 70 años o más tienen un trastorno mental, siendo la depresión y la ansiedad las afecciones más frecuentes. Estas condiciones representan el 6,8 % del total de años vividos con discapacidad en este grupo etario. A nivel mundial, alrededor de una sexta parte de las muertes por suicidio (16,6 %) se producen en personas de 70 años o más. Las afecciones de salud mental en las personas mayores a menudo se infravaloran y se tratan de manera insuficiente, y el estigma asociado puede llevar a que las personas sean reacias a buscar ayuda.

El Trastorno de Ansiedad Generalizada y Otros Trastornos de Ansiedad
El Trastorno de Ansiedad Generalizada se caracteriza por una preocupación excesiva y casi continua que persiste durante al menos seis meses, manifestándose con síntomas como inquietud, irritabilidad, dificultad para dormir, problemas de concentración y rigidez muscular.
Sin embargo, la ansiedad puede presentarse de diversas formas:
- Ataques de pánico: Son sentimientos repentinos de terror que surgen sin un peligro real. Se acompañan de síntomas físicos intensos como taquicardia, dolor de pecho, dificultad para respirar, temblores o mareos, que pueden confundirse con un ataque al corazón.
- Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC): Implica un impulso abrumador de repetir ciertas conductas (compulsiones) o pensamientos persistentes e intrusivos (obsesiones) que pueden interferir con la vida diaria. Este trastorno suele tener un componente hereditario.
- Fobias: Se definen como un miedo intenso, desproporcionado e irracional a situaciones u objetos específicos. Las personas con fobias pueden experimentar ansiedad inmediata ante aquello que temen, incluso si no representa un peligro real. Algunas fobias comunes incluyen la aviatofobia (aviones), claustrofobia (espacios limitados) o acrofobia (alturas), así como el temor a situaciones sociales o a ciertos animales.
- Trastorno de estrés postraumático (TEPT): Surge después de haber vivido una experiencia traumática, llevando a la persona a revivir involuntariamente estos acontecimientos a través de recuerdos intrusivos.
Causas de la Ansiedad en el Adulto Mayor
La aparición y el mantenimiento de la ansiedad en la vejez están influenciados por una combinación compleja de factores, incluyendo variables biológicas, predisposición genética, experiencias de vida, capacidad de afrontamiento, actitud ante la vida, educación y resiliencia. En definitiva, la historia de vida de cada persona, condicionada tanto por el ambiente como por la biología, juega un papel fundamental. Debido a esta diversidad, es crucial abordar cada caso de manera individualizada.
Cambios Vitales y Psicológicos
La tercera edad conlleva una serie de cambios vitales que pueden ser fuentes significativas de estrés y ansiedad:
- Cambios bruscos en el estilo de vida: La jubilación, por ejemplo, puede generar ansiedad en algunas personas al disponer de demasiado tiempo libre y tener que aprender a ocuparlo.
- Descenso de la autonomía: La disminución de la movilidad, la pérdida de reflejos o de fuerza, y el mayor tiempo requerido para realizar actividades cotidianas pueden hacer que la persona necesite ayuda en situaciones que antes no lo hacía, afectando su sentido de independencia.
- Proximidad a la muerte: El pensamiento de que el final de la vida está cerca puede generar altos niveles de ansiedad, llegando a ocasionar tanatofobia en casos donde la obsesión por la muerte domina el pensamiento.
- Incomprensión familiar: Sentirse incomprendido por los seres queridos puede traducirse en angustia, frustración, inquietud y malestar emocional.
- Deterioro cognitivo: La presencia de deterioro cognitivo también se asocia significativamente con una peor percepción de la calidad de vida y, por ende, puede exacerbar la ansiedad.
Factores Sociales y Económicos
El entorno social y las circunstancias económicas son determinantes en la salud mental del adulto mayor:
- Problemas económicos: Disponer de una cantidad de dinero menor a la obtenida durante la adultez es una fuente de estrés considerable para muchas personas.
- Aislamiento social y soledad: La suma de diferentes circunstancias problemáticas puede conducir al deterioro del estado de ánimo, llevando a las personas a no querer salir de casa ni relacionarse. La pérdida de amigos, familiares o parejas sentimentales, o sentirse distanciado de los seres queridos, son situaciones que provocan la falta de compañía. Estos factores son cruciales para el desarrollo de afecciones de salud mental en etapas posteriores de la vida.
- Maltrato a las personas de edad: El maltrato, que incluye cualquier tipo de abuso físico, verbal, psicológico, sexual o económico, así como la desatención, es un factor de riesgo significativo. Uno de cada seis adultos mayores sufre malos tratos, a menudo por parte de sus propios cuidadores, lo cual tiene graves consecuencias y puede provocar depresión y ansiedad.
- Discriminación por motivos de edad (edadismo): A pesar de sus muchas contribuciones a la sociedad, muchos adultos mayores sufren discriminación, lo que puede afectar gravemente su salud mental.
Deterioro de la Salud y Discapacidad Física
El estado de salud física es un factor interconectado con la salud mental:
- Deterioro del estado de salud e incapacidad física: Con el envejecimiento, además del deterioro visible, las funciones físicas y cognitivas también se ven afectadas, ocasionando en algunas situaciones una incapacidad que priva a algunas personas del desarrollo de su ritmo de vida.
- Padecimiento de otra enfermedad: Sufrir otras enfermedades crónicas como la hipertensión, la artrosis o la depresión es un motivo adicional que puede desencadenar síntomas de ansiedad.

Componentes de la Ansiedad: Fisiológico, Cognitivo y Conductual
Al abordar el trastorno de ansiedad generalizada en pacientes, es esencial considerar los tres componentes implicados en el mismo:
Componente Fisiológico
Se refiere a los cambios que ocurren en el organismo como respuesta a la ansiedad, es decir, la modificación del sistema nervioso. Estos incluyen sudoración, sequedad de boca, mareos, hiperventilación, palpitaciones, taquicardias, entre otros síntomas físicos.
Componente Cognitivo
Implica los problemas relacionados con los procesos mentales. Abarca la preocupación excesiva, la sensación de agobio, problemas de memoria, anticipaciones amenazantes, pensamientos intrusivos, una evaluación distorsionada del riesgo y obsesiones. Estos aspectos reflejan el impacto de la ansiedad en la función cerebral y la percepción de la realidad.
Componente Conductual (Actitudinal)
Hace alusión a las alteraciones que aparecen en la conducta y las actitudes. Puede manifestarse como agresividad, evitación de situaciones que provocan el malestar asociado a la ansiedad, hipoactividad o hiperactividad. La actitud de la persona ante la vida, su capacidad para enfrentar las contrariedades y su resiliencia también influyen en este componente.
Aunque en cada persona algunos componentes pueden manifestarse en mayor grado que otros y actuar con cierta independencia, es fundamental atender a los tres tipos para una intervención completa y un tratamiento efectivo. En pacientes de la tercera edad, se ha observado que a menudo se preocupan más por los síntomas somáticos que por los cognitivos. Esto puede ser un inconveniente para la mejora, ya que en ausencia de somatizaciones evidentes, los ancianos pueden no buscar ayuda, descuidando las alteraciones cognitivas y empeorando su salud. Por esta razón, es vital que profesionales y familiares estén atentos a todos los síntomas de la ansiedad y no los confundan o desatiendan, especialmente si coexiste otra enfermedad, para asegurar que el paciente reciba la atención necesaria y mejore su calidad de vida.

Impacto y Desafíos Diagnósticos
La ansiedad en personas mayores suele tener un carácter perdurable, es decir, de larga duración. Como en otras enfermedades, las consecuencias son mayores cuanto más tiempo transcurra sin un tratamiento adecuado. Por todo esto, los trastornos de ansiedad pueden llegar a ser un problema clínicamente significativo. Generalmente, muchos de los síntomas de la ansiedad pueden confundirse con los de otras enfermedades crónicas comunes en la tercera edad, lo que dificulta su diagnóstico temprano.
Estrategias de Prevención y Promoción de la Salud Mental
Las estrategias de promoción y prevención en salud mental dirigidas a los adultos mayores se centran en apoyar un envejecimiento saludable. Esto implica fomentar entornos físicos y sociales que faciliten el bienestar y permitan a las personas realizar actividades importantes para ellas, a pesar de la pérdida de facultades.
Medidas Individuales
Para prevenir la aparición de la ansiedad y mejorar la calidad de vida, se sugieren las siguientes pautas:
- Ejercicio físico: Caminar, practicar gimnasia para mayores o estiramientos pueden prevenir la aparición de la ansiedad.
- Descanso adecuado: Es beneficioso tomar periodos de descanso y no esperar a sentirse agotado para detener la actividad que se esté realizando.
- Orden de prioridades: Dada la mayor lentitud en la realización de actividades en la vejez, es importante establecer un orden de prioridades, atendiendo primero a lo más importante.
- Practicar o descubrir aficiones: Dedicar tiempo a actividades lúdicas o pasatiempos que generen disfrute y ocupen la mente de manera positiva.
- Ser autónomo: Conservar la autonomía el mayor tiempo posible, no rindiéndose ante los primeros signos de cambio, lo que afectará positivamente la autoestima. No obstante, es fundamental pedir ayuda cuando se necesite.
- Evitar la autoexigencia: Los altos niveles de autoexigencia pueden ser una fuente de ansiedad, provocando insatisfacción y autocrítica. Conviene no exigirse demasiado.
- Practicar técnicas específicas de relajación: El entrenamiento y la práctica de técnicas de relajación, como la relajación muscular progresiva de Jacobson, pueden disminuir los problemas de ansiedad.
- Dieta saludable: Comer sano, evitar comidas copiosas y no abusar del alcohol contribuye a un mejor funcionamiento del organismo.
- Enfrentarse a los problemas: Expresar y comunicar las situaciones problemáticas a una persona de confianza es una forma de prevenir su agravamiento.
Ejercicios para RELAJARSE y aliviar el ESTRÉS y la ANSIEDAD | Adultos Mayores | Mariana Quevedo
Intervenciones Comunitarias y Sociales
A nivel social, la conexión es vital para reducir el aislamiento y la soledad:
- Apoyo social: Relacionarse con familiares y amigos es fundamental. Para quienes están solos, fomentar nuevas amistades a través de centros, viajes programados o grupos comunitarios es crucial.
- Reducción de la inseguridad financiera y la desigualdad: Medidas que mejoren la estabilidad económica de los adultos mayores.
- Viviendas y transportes accesibles: Garantizar entornos físicos que faciliten la movilidad y la participación social.
- Protección contra el edadismo y el maltrato: Intervenciones como políticas y leyes contra la discriminación, programas educativos y actividades intergeneracionales. Es esencial también apoyar a los cuidadores para prevenir el maltrato.
- Programas de salud y sociales: Dirigidos a grupos vulnerables como personas que viven solas o con afecciones crónicas.
Tratamiento y Atención de la Ansiedad en Adultos Mayores
Es esencial reconocer y tratar con prontitud las afecciones de salud mental en los adultos mayores. Para ello, deben seguirse las normas para la atención integrada de las personas mayores, de base comunitaria y centradas tanto en los cuidados a largo plazo de aquellos con afecciones de salud mental y deterioro de la capacidad intrínseca, como en la educación, la formación y el apoyo a los cuidadores. Suele recomendarse una combinación de intervenciones de salud mental, junto con otros apoyos, para abordar las necesidades de salud, los cuidados personales y las necesidades sociales de las personas.
La demencia es una preocupación importante, ya que afecta la salud mental de las personas, desencadenando síntomas de psicosis y depresión, y requiere acceso a una atención de salud mental de calidad. También es fundamental responder al maltrato de los adultos mayores; las intervenciones prometedoras incluyen la notificación obligatoria de los malos tratos, grupos de apoyo, teléfonos de asistencia, alojamientos de emergencia, programas psicológicos para maltratadores y formación de proveedores de atención sanitaria.
Contexto Global y Respuesta de la OMS
La Organización Mundial de la Salud (OMS) colabora con diversos asociados en estrategias, programas y herramientas para ayudar a los gobiernos a responder a las necesidades de salud mental de los adultos mayores. Ejemplos de estas iniciativas incluyen la Década del Envejecimiento Saludable (2021-2030) y el Plan de Acción Integral sobre Salud Mental 2013-2030, que promueven la mejora de la salud mental y la atención sanitaria para todos los grupos de población, incluidos los adultos mayores.
El Programa de Acción para Superar las Brechas en Salud Mental (mhGAP) de la OMS proporciona protocolos clínicos basados en la evidencia para la evaluación, gestión y seguimiento de afecciones mentales, neurológicas y por consumo de sustancias en entornos no especializados. Durante la pandemia de COVID-19, la OMS elaboró el conjunto de herramientas "Adaptarse a los tiempos", con carteles ilustrados para ayudar a los adultos mayores a mantener una buena salud mental y bienestar. Otras actividades incluyen la elaboración de intervenciones psicológicas ampliables para tratar la depresión y la ansiedad, investigaciones sobre la reducción del aislamiento social y la soledad, y soluciones costoeficaces para prevenir el maltrato de los adultos mayores.
Estudios y Hallazgos Relevantes en el Adulto Mayor
Diversas investigaciones resaltan la importancia de la salud mental en la vejez. Un estudio descriptivo transversal en la Casa de Abuelos "Alegre Juventud" en Los Palacios, Cuba, realizado de junio de 2017 a marzo de 2018 con 19 ancianos, mostró que, con respecto a la ansiedad como estado, el 57,9 % de la población presentó niveles altos, mientras que el 100 % reportó depresión como estado. En cuanto a la ansiedad como rasgo, el 100 % de la población la manifestó, y la depresión como rasgo predominó en el 52,6 % de la muestra.
Los resultados del Inventario de Ansiedad Rasgo-Estado (IDARE) indicaron que más del 50 % de la muestra mantuvo niveles medios y uno elevado de ansiedad al momento del examen, manifestado en sentirse poco calmados, preocupados, alterados por posibles contratiempos, no relajados o satisfechos. En relación con la ansiedad como rasgo, las dificultades principales incluyeron la indecisión, pensamientos intrusivos, la tendencia a tomarse las cosas muy a pecho y la alteración ante asuntos pendientes. Estos problemas a menudo se relacionaron con la vivienda, la edad, adicciones, problemas económicos, familiares-intergeneracionales y la soledad.
Un estudio en Antioquia, Colombia, con 4248 adultos mayores en 2012, reveló que los hombres que percibían su calidad de vida como mala tenían una prevalencia de 1.27 veces mayor. Factores como la dependencia severa (un exceso de 0.9 veces mayor de percepción de mala calidad de vida en comparación con adultos mayores independientes) y el deterioro cognitivo severo (6.86 veces más probabilidad de mala calidad de vida) mostraron una asociación estadísticamente significativa con una peor calidad de vida. En contraste, pertenecer a un grupo religioso se identificó como un factor protector para la mala calidad de vida. El estudio también destacó que el 86.6 % de los adultos mayores contaría con ayuda en caso de enfermedad o incapacidad, principalmente de hijas (33.9 %) e hijos (14.8 %), pero un 8.4 % consideraba que nadie los ayudaría.
La Calidad de Vida en la Vejez y su Relación con la Ansiedad
El envejecimiento de la población es un éxito de las políticas de salud pública, pero también representa un desafío para la adaptación y mejora continua de la salud, la capacidad funcional, la participación social y la seguridad de los adultos mayores. La calidad de vida, un concepto con un gran componente de subjetividad, se vincula con el bienestar, la satisfacción derivada del disfrute de los recursos y la valoración global que cada persona realiza según sus propios criterios.
Este bienestar subjetivo se puede analizar desde tres aspectos:
- Evaluativo: Se refiere a la satisfacción con la vida en general.
- Hedónico: Relacionado con emociones como la felicidad, tristeza, ira, estrés y dolor.
- Eudaimónico: Abarca la autorrealización, el desarrollo personal, el crecimiento y el significado de la vida.
El análisis de la calidad de vida en la vejez implica considerar aspectos del ciclo vital, ya que simultáneamente se enfrenta el envejecimiento cronológico y funcional, es decir, la disminución de capacidades físicas, psicológicas y sociales. Esto afecta el desempeño de las actividades diarias y puede impedir "estar bien" y "envejecer bien". El término "calidad de vida" es amplio y depende tanto de elementos subjetivos (personalidad) como objetivos (determinantes sociales, de salud y el nivel de desarrollo de la sociedad).
El envejecimiento se acompaña de cambios fisiológicos y funcionales que pueden alterar la capacidad para realizar actividades de la vida diaria, originando estados de dependencia. La funcionalidad se convierte en uno de los factores más influyentes en el adulto mayor al valorar su calidad de vida, principalmente por la limitación para realizar actividades deseadas.
A pesar de que las personas mayores tienden a desear y esperar ser cuidadas por sus hijos, las transformaciones sociales, económicas y culturales han modificado estas expectativas en las nuevas generaciones. Como consecuencia, se observa un aumento de personas mayores en instituciones geriátricas que a menudo carecen de infraestructura y personal especializado, repercutiendo negativamente en su salud y calidad de vida. En Antioquia, el 71.4 % de los adultos mayores está satisfecho con su salud, lo que influye positivamente en la percepción de calidad de vida, a menudo más por el autoconcepto que por el estado real de salud. Sin embargo, en centros urbanos, la percepción desfavorable de la atención en salud, junto con la crisis del sistema de salud, puede afectar negativamente la calidad de vida de los adultos mayores.