Envejecimiento y Vejez: Diferencias entre el Adulto Mayor Activo y el Adulto Mayor con Dependencia

Comprender el Envejecimiento: Un Proceso Multifacético

El envejecimiento, como proceso natural, forma parte del ciclo de vida y comprende un amplio conjunto de procesos biológicos, psicológicos y sociales. Desde una perspectiva biológica, la Organización Mundial de la Salud (OMS) describe el envejecimiento como la acumulación de una gran variedad de daños moleculares y celulares a lo largo del tiempo, lo que lleva a un descenso gradual de las funciones físicas y cognitivas, aumentando la probabilidad de adquirir enfermedades y, en última instancia, la muerte.

El envejecimiento es uno de los mayores retos del siglo XXI, dado que el descenso de la tasa de natalidad y el aumento de la esperanza de vida son una realidad en la mayoría de los países, produciendo una inversión en la pirámide poblacional. Mundialmente, la proporción de la población de 60 años y más se duplicará entre 2000 y 2050, pasando del 11% al 22%. Se espera que el número total de personas de 60 años o más aumente de 900 millones en 2015 a 1400 millones para 2030 y a 2100 millones para 2050.

Es fundamental distinguir entre vejez y envejecimiento. La vejez es la etapa final del ciclo vital del ser humano, una condición específica que se asocia generalmente con el paso del tiempo y el deterioro gradual de las funciones del organismo, terminando con la muerte. Por otro lado, el envejecimiento es un proceso continuo que ocurre desde el nacimiento y conlleva cambios psicológicos, biológicos y sociales a lo largo de toda la vida.

Edades del Envejecimiento

No existe una edad concreta que determine el inicio de la vejez, y la forma en que esta se manifiesta varía de persona a persona. Se suelen considerar tres criterios principales para su determinación:

  • Edad cronológica: Se fundamenta únicamente en el paso del tiempo, expresada en años. Aunque tiene poco sentido en términos de salud, se emplea en el campo legal y económico debido a que la probabilidad de desarrollar problemas de salud aumenta con ella. Tradicionalmente, los 65 años se consideran el comienzo de la vejez, una convención histórica más que biológica.
  • Edad biológica: Se refiere a las modificaciones que experimenta el organismo y que se presentan, generalmente, con el paso de los años. Estos cambios afectan a algunas personas antes que a otras, por lo que la edad biológica puede variar significativamente entre individuos de la misma edad cronológica. Factores como el estilo de vida, la genética, la salud mental, la nutrición y la actividad física influyen en ella.
  • Edad psicológica: Concierne a cómo las personas se comportan y se sienten. Una persona puede sentirse y actuar más joven o más vieja de lo que su edad cronológica sugiere, influenciada por su salud mental, manejo del estrés, experiencias de vida y relaciones interpersonales.
Esquema de las tres edades del envejecimiento: cronológica, biológica y psicológica

Tipos de Envejecimiento: Del Éxito a la Patología

En el envejecimiento se reconocen diferentes tipos, entre los cuales sobresalen el envejecimiento poblacional y el envejecimiento individual, cada uno con sus propias características e implicaciones.

Envejecimiento Óptimo, Saludable y Activo: El Adulto Mayor Moderno

El envejecimiento óptimo o ideal es el tipo de envejecimiento deseado, caracterizado por una buena salud física y mental, alta calidad de vida y capacidad completa para realizar actividades básicas y significativas. Las personas con este tipo de envejecimiento no tienen enfermedades crónicas diagnosticadas ni signos de deterioro cognitivo, y mantienen un estilo de vida saludable, incluyendo actividad física regular.

El envejecimiento exitoso se define como la habilidad de la persona de mantenerse en mínima probabilidad de enfermar, en medio de practicar altos niveles de actividad física, mental, mantenimiento de relaciones interpersonales y participación en actividades significativas y vitales.

El envejecimiento saludable, según la OMS, es un proceso que fomenta y mantiene la capacidad funcional del adulto mayor en pro del bienestar en la vejez. Por lo tanto, envejecer de manera saludable no es sinónimo de envejecer sin enfermedades. Este proceso implica fortalecer estilos de vida que permitan lograr el máximo de bienestar, salud y calidad de vida por medio del autocuidado, ayuda mutua y autogestión, incluyendo alimentación adecuada, ejercicio físico periódico, higiene personal, sueño reparador, recreación y alta autoestima.

La OMS también promueve el envejecimiento activo como el proceso que optimiza las oportunidades de salud, participación y seguridad a fin de mejorar la calidad de vida de las personas a medida que envejecen. Se han identificado seis determinantes del envejecimiento activo: económicos, conductuales, personales, sociales, relacionados con los sistemas sanitarios y sociales, y los relacionados con el entorno físico. El envejecimiento activo es también una forma de evitar el sedentarismo, reducir la soledad y prevenir consecuencias más graves, como la depresión.

El envejecimiento fisiológico, parte del envejecimiento normal o habitual, presenta un proceso lento de deterioro o disminución funcional equilibrado en varios órganos y sistemas de manera coordinada. Estos cambios, aunque no deseados, se consideran normales y esperados, como la presbicia o un deterioro leve de la capacidad mental (dificultad para aprender cosas nuevas, reducción del intervalo de atención, pérdidas de memoria más frecuentes sin afectar las actividades cotidianas).

Infografía sobre hábitos para un envejecimiento activo y saludable

Envejecimiento Patológico: El Adulto Mayor Enfermo

Por el contrario, el envejecimiento patológico (también llamado envejecimiento secundario) se produce a partir de un proceso de envejecimiento prematuro, generalmente específico de un tejido por enfermedades crónicas. Se explica por cambios producidos como consecuencia de enfermedades añadidas al proceso de envejecimiento normal que interfieren con el funcionamiento social y laboral de la persona, llegando incluso a generar discapacidad. En este tipo de envejecimiento, el deterioro cognitivo es muy significativo y provoca demencias o estados en los que la autonomía funcional de la persona se ve afectada.

La distinción entre el declive cognitivo normal y un deterioro cognitivo de origen neuropatológico es crucial. Mientras que en el envejecimiento normal se pueden extraviar cosas u olvidar detalles, las personas que padecen demencia olvidan acontecimientos enteros y tienen dificultades para realizar actividades cotidianas (conducir, cocinar, manejar sus finanzas) y ubicarse en su entorno (saber qué año es y dónde se encuentran). La demencia se considera un trastorno, frecuente en las etapas tardías de la vida, con diferencias claras incluso en el tejido cerebral de quienes la padecen, como en la enfermedad de Alzheimer.

Las personas con envejecimiento patológico suelen padecer enfermedades crónicas y su estado de salud es deficitario, independientemente de los hábitos o el nivel de actividad, tendiendo a ser dependientes. Factores emocionales, como traumas, alteraciones de comportamiento o depresión, pueden contribuir a este tipo de envejecimiento. El adulto mayor enfermo deja de moverse y de tomar sus propias decisiones, volviéndose dependiente y requiriendo mayor atención y gastos.

Diagrama comparativo de cerebro sano y cerebro con deterioro neurodegenerativo

La Discapacidad y la Dependencia en la Vejez

La discapacidad es un término genérico que comprende las deficiencias en las funciones y estructuras corporales, las limitaciones en la capacidad de llevar a cabo actividades y las restricciones en la participación social de una persona con una condición de salud. El envejecimiento mundial está modificando la prevalencia de la discapacidad, ya que el riesgo de adquirir una deficiencia permanente que potencialmente genere discapacidad aumenta progresivamente con los años. Mundialmente, la prevalencia de discapacidad es cercana al 15%, explicada por el envejecimiento de la población y el incremento de las enfermedades crónicas no transmisibles, entre las cuales sobresalen las neurológicas.

La discapacidad en los adultos mayores tiene como consecuencia una mayor acumulación de riesgos para la salud. Debe asumirse como un fenómeno complejo ligado a la funcionalidad y al establecimiento de relaciones y oportunidades por la sociedad. El aumento de patologías a edades avanzadas, junto con otros factores como barreras ambientales, situaciones de abandono o maltrato, generan situaciones de dependencia y discapacidad, provocando estados carenciales y de necesidad.

La funcionalidad se define como la capacidad para efectuar las actividades de la vida cotidiana. Un adulto mayor sano, desde una perspectiva funcional, es aquel capaz de enfrentar el proceso de cambio a un nivel adecuado de adaptabilidad funcional y satisfacción personal. La capacidad funcional del adulto mayor es el conjunto de habilidades físicas, mentales y sociales que le permiten realizar las actividades que exige su medio y entorno.

El deterioro funcional es común en el adulto mayor. Aunque los cambios relacionados con la edad pueden contribuir, las patologías presentes son la causa principal de la disminución de la capacidad funcional. Cerca del 25% de los adultos mayores de 65 años requieren ayuda para actividades básicas de la vida diaria (ABVD), como bañarse, vestirse o alimentarse, y para actividades instrumentales (AIVD), como transporte o manejo del dinero. El 50% de los mayores de 85 años necesitan ayuda para las ABVD.

Factores que Limitan la Autonomía

La autonomía del adulto mayor puede verse limitada por una combinación de factores:

  • Factores internos: Incluyen lesiones cerebrales o neurológicas por traumas, enfermedad cerebrovascular, trastornos metabólicos o circulatorios, demencia senil, enfermedad de Alzheimer y trastornos psiquiátricos como neurosis o psicosis.
  • Factores externos: Están relacionados con el medio socioeconómico en que el individuo se desarrolla. Aunque la persona esté apta psíquica y físicamente, el entorno puede ser determinante, con barreras que generan discapacidad o facilitadores que potencian el funcionamiento.
Ilustración de barreras arquitectónicas que limitan la movilidad del adulto mayor

El Cuidado Integral y el Rol de los Centros de Día

El cuidado ha sido una actividad humana fundamental, con un componente no profesional, y una responsabilidad significativa hacia el adulto mayor que implica paciencia, respeto y compromiso. Al llegar a esta edad, el autocuidado se convierte en una variable importante, asociada a niveles de autonomía, independencia y responsabilidad personal.

Los centros de día, también llamados estancias diurnas, son una opción para brindar cuidado integral a los adultos mayores. Constituyen una alternativa intermedia entre conservar su ambiente habitual/familiar y los casos de institucionalización, buscando incrementar y mantener el mejor nivel posible de autonomía personal, además de apoyar a las familias o cuidadores.

Centros de Día para el Adulto Mayor Activo e Independiente

Para el adulto mayor sano y activo (el "adulto mayor moderno"), los centros de día son una opción de actividad, recreación y dignificación. Existen organizaciones que se han enfocado en crear viviendas especializadas para adultos mayores activos e independientes, las cuales cuentan con restaurante, cafetería, gimnasio, espacios de esparcimiento y enfermería 24 horas. Estos modelos de carácter social, como ayuda social a domicilio, teleasistencia, clubes de ancianos, centros de día y residencias asistidas, tienen el objetivo de favorecer la convivencia y mantener un buen nivel de autonomía.

Centros de Día para el Adulto Mayor con Condiciones de Salud

Para los adultos mayores con condiciones de salud, fragilidad, dependencia o discapacidad (el "adulto mayor enfermo"), los centros de día ofrecen un modelo especializado que requiere infraestructura y personal calificado para atender sus necesidades particulares. Los objetivos específicos para esta población incluyen:

  • Terapias de estimulación para retrasar el avance de procesos neurodegenerativos.
  • Fomentar la autonomía personal.
  • Potenciar las capacidades físicas, cognitivas y funcionales.
  • Estimular y entrenar las actividades de la vida diaria.
  • Fortalecer relaciones sociales para evitar el aislamiento y la progresión de cuadros demenciales.
  • Prestar apoyo por parte de un equipo multidisciplinario (médicos, psicólogos, fisiatras, entre otros).

Una modalidad de asistencia continua implica que las personas asisten al centro todos los días en horario completo, enfocándose en el apoyo a los cuidadores para evitar el cansancio y el estrés. El cuidado en estos centros va más allá de la atención médica, cubriendo necesidades personales básicas, terapéuticas y sociales. El tema de los centros de día es un tópico que continúa en desarrollo y puede ser parte fundamental de la respuesta para cubrir las necesidades de cuidado, dignificación e integración de la población adulta mayor, con o sin discapacidad o condiciones de salud.

¿Sabés qué son los centros para 𝘈𝘥𝘶𝘭𝘵𝘰𝘴 𝙈𝙖𝙮𝙤𝙧𝙚𝙨?

Bioética en la Atención al Adulto Mayor

La bioética médica surge como consecuencia del avance científico y tecnológico, estableciéndose como el estudio sistemático de la conducta humana en las ciencias de la vida y la salud, examinada a partir de principios y valores morales. Los principios fundamentales incluyen la beneficencia (actuar para prevenir o suprimir el daño, promoviendo el bien), la no maleficencia (no infligir daño), y la justicia (individual y particular).

Un principio crucial es la autonomía, que implica tratar al paciente como un ser moralmente responsable y libre para tomar decisiones, materializándose en la práctica a través del consentimiento informado. El médico debe informar al paciente de todas las circunstancias que puedan incidir en su decisión final, incluyendo los medios y el fin del tratamiento.

Sin embargo, el proceso de envejecimiento hace que el adulto mayor sea menos adaptable a cualquier tipo de cambio. Al analizar la relación del anciano con los trabajadores de la salud, considerando al paciente como un individuo vulnerable, surgen aspectos legales y éticos particulares. La autonomía del adulto mayor no debe privarse bajo una tergiversada idea de protección en aquellos casos en que sus condiciones lo permitan.

Lamentablemente, en muchas ocasiones se viola el principio de autonomía en la atención a los adultos mayores. La información limitada o distorsionada priva al enfermo de ejercer plena autonomía en la toma de decisiones. En presencia de ciertas condiciones, como deterioro cognitivo o limitación física, la autonomía puede verse restringida, lo que implica la intervención de la familia, órganos de seguridad social y el sistema de salud, además del paciente y el profesional.

Las mayores dificultades para el cumplimiento de este principio, especialmente en pacientes ancianos con enfermedades crónicas o de pronóstico sombrío, se establecen fundamentalmente en la omisión de información necesaria. La relación médico-paciente en el adulto mayor reviste características particulares que demandan del personal médico esfuerzo, dedicación y una adecuada preparación científica y bioética para preservar y promover el bienestar del paciente, teniendo en cuenta sus perspectivas y aspiraciones.

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