El asesinato-suicidio, especialmente en parejas de edad avanzada, es un fenómeno trágico y complejo que ha generado creciente preocupación en diversas sociedades. Estos actos, a menudo impulsados por una combinación de desesperanza, aislamiento, problemas de salud crónicos y la abrumadora carga del cuidado, representan el punto final de historias de vida marcadas por el amor y, lamentablemente, por el sufrimiento. En la edad geriátrica, es el acto de quitarse deliberadamente la propia vida.
Un trágico hecho reciente se registró en la comuna de Valparaíso, donde un adulto mayor de 76 años dio muerte a su esposa postrada, de 71 años, utilizando una pistola legalmente inscrita, y luego se quitó la vida con la misma arma. El suceso fue descubierto por familiares. Según el fiscal de turno, la principal hipótesis se relaciona con la enfermedad invalidante que sufría la mujer, y no existían denuncias previas de violencia intrafamiliar.
Casos Emblemáticos y sus Contextos
El Caso de Jorge y Elsa en Conchalí, Chile
A las 16:15 horas de un sábado 21 de julio, Jorge Olivares Castro, de 84 años, tomó su revólver Smith & Wesson calibre 38 y apuntó en la sien izquierda de quien fue su esposa durante 55 años, Elsa Ayala Castro, de 89 años. Apretó el gatillo. Elsa quedó tendida sobre su cama, agonizante. Segundos después, Jorge disparó nuevamente su arma y se suicidó.
Pedro Rodríguez Noreña, de 57 años, a metros del lugar, escuchó esos dos estallidos casi simultáneos y revisó la aspiradora con la que limpia autos en el taller Pericles, pensando que la máquina había tenido un desperfecto. Poco después, observó movimiento en la casa colindante, en Teniente Mery 2030, en Conchalí, y vio llegar ambulancias. No le llamó la atención, ya que sus vecinos, cada cierto tiempo, eran atendidos a domicilio por personal del Centro de Salud Familiar Lucas Sierra. Solo abandonó su rutina cuando vehículos de Carabineros se instalaron en la cuadra. Entonces, dejó de limpiar el Hyundai Accent que lo tenía ensimismado y entendió que lo que había oído era el fin de una historia. "Eso fue por amor", sentenció.
Historia de una Vida Juntos
Jorge y Elsa se conocieron cerca del Hipódromo a fines de los años 50. Él era taxista y ella trabajaba de asesora del hogar. En 1963 se casaron y arrendaron una casa a pasos de Avenida Independencia. Luego compraron una vivienda en el mismo barrio, que poco a poco se fue colmando de talleres de reparación de vehículos. En medio de la modernización, el hogar de Jorge y Elsa mantuvo el estilo de antaño, con paredes pintadas de un amarillo mostaza y un patio interno con campanas de viento y cardenales plantados.
No tuvieron hijos. Elsa a veces rememoraba una gestación fallida y hablaba de su "niño muerto", pero no daba detalles. Jorge nunca tocó el tema. Lo que sí tenían eran muchos sobrinos, pero solo uno de ellos, Alan Sanhueza Ayala, de 54 años, los visitaba con cierta regularidad. La ausencia de familiares les pesaba. A veces, Elsa le preguntaba a Jorge si la había llamado alguien, y él le mentía: "Sí, mi amor, pero estabas durmiendo y no quise despertarte". Estaban solos. Viejos. Adoloridos. Cansados.
El Deterioro de la Salud y la Carga del Cuidado
Elsa llevaba más de dos años postrada. Padecía un cáncer de colon ramificado y úlceras varicosas en las piernas. Además, había iniciado la primera etapa de demencia senil y desde hacía unos meses usaba pañales. Jorge enfrentaba una hernia lumbar que lo mantenía encorvado y estaba aquejado de una neumonía que se prolongaba por semanas.
Los últimos meses, la situación se había tornado cada vez más compleja. Elsa sufría ataques de dolor que los calmantes recetados no atenuaban, y Jorge casi no dormía en las noches atendiendo a su mujer. Para ese fin de semana, su sobrino Alan había definido que ella fuera internada en un asilo. Se cotizaron dos lugares, y Jorge había calculado que, sumando las pensiones de ambos, podría pagar la residencia de su compañera, que bordeaba los $500.000 mensuales. Él, mientras tanto, buscaría una forma de vender la casa y sustentar sus propios gastos. El traslado se programó para el día viernes, pero Jorge pidió tiempo, un día más para arreglar una maleta. El viaje de Elsa nunca se concretó.
"Yo creo que mi tío no quiso que lo separaran de su mujer y por eso hizo lo que hizo", reflexionó Alan.

El Rol Fundamental de Denisse Gallardo Rojas
Denisse Gallardo Rojas, de 33 años, paramédico del Cesfam de Conchalí, conoció a la pareja en agosto de 2017, acudiendo a ayudar a Elsa en el marco del Programa Postrados. En esa primera visita, le impactó la claridad de Jorge sobre su destino y el de su esposa: "Cuando ya no la pueda cuidar, será hora de que partamos los dos", comentó él. Denisse se hizo cargo de las asistencias clínicas y se convirtió en el principal soporte de los ancianos, dándoles su número de teléfono particular y acudiendo a cada llamada que le hacía Jorge para cambiar a su esposa, hacerle curaciones o comprar víveres.
Denisse recorría veloz las cuadras que separaban su casa de la de los "tatas" y llegaba dispuesta a colaborar, teniendo su propia llave de ingreso. Elsa la recibía contenta, pero siempre le hacía la misma advertencia: "No detenga su vida por un par de viejos". Con Denisse, la pareja conversaba, le mostraban fotos de décadas atrás, le contaban que él fue taxista y chofer, y que tuvieron que vender el auto por estrechez económica. Le ofrecían disculpas por ser "un cacho" y le recordaban que ya habían vivido lo suficiente, tanto así que en 2002 ya habían hecho los trámites para la cremación de ambos en el Cementerio General. "No vamos a seguir molestando después de muertos", repetía Elsa.
Denisse se empeñaba en traerlos a la vida. Los ayudó a conseguir una asesora, coordinó con una vecina para el pan diario, pasó las Fiestas Patrias con ellos y en Navidad determinó que la oscura casa de los tatas necesitaba un árbol con luces y una cena. Jorge aceptó a regañadientes los adornos navideños. Hubo risas, anécdotas, regalos. Denisse prometió llevarlos a la playa, y Jorge se emocionó. "Hija, siga con sus cosas, no puede pasar pendiente de nosotros", le dijo.
La mañana del suicidio, Jorge llamó a Denisse muy temprano y le pidió que fuera a desayunar. Denisse fue, como siempre. Jorge le habló de lo que cotidianamente conversaban: las alegrías antiguas, los dolores presentes y el ritual ya establecido si él o Elsa morían. A la una de la tarde, Alan, el sobrino, fue a almorzar con ellos. Retornó a la casa cerca de las 17 horas y llamó a Denisse con la voz entrecortada, diciendo que la abuela se había caído. Denisse concurrió con su hija mayor y entraron al dormitorio, donde vieron un charco de sangre, Elsa sobre la cama aún respirando y Jorge en el suelo, ya muerto. Alan le contó a Denisse lo que Jorge le había pedido: que los cremaran, sin misa ni funeral. "Me gustaría que nuestras cenizas quedaran en los cerros de Colina", le había dicho Jorge a su sobrino.
La Perspectiva del Enfermero Nicolás Orellana
Nicolás Orellana Mardones, enfermero de 25 años, hizo su práctica en 2017 en el Cesfam Lucas Sierra y allí conoció a Denisse, y en su primera salida a terreno, a Jorge y Elsa. Le remeció, asegura, la ternura con que se trataban y la soledad de aquel caserón poco iluminado y frío. No había miseria, pero lo que faltaba, cree, era "una razón para seguir". "Me duele lo que pasó, porque la vida no es injusta. El ser humano es injusto. Llegar a una situación así, estar abandonados. Por un acto de amor, por no separarse, hicieron esto", contó Nicolás.
El joven se comprometió con la pareja, y durante los tres meses que estuvo en el Cesfam, dividió sus tardes poslaborales entre su abuela biológica y los "tatas" que había adoptado. Cuando terminó su internado, siguió visitándolos. Dos semanas antes del suicidio, fue a tomar té con el matrimonio. Vio a Jorge cansado y a Elsa aún más deteriorada. A él le pesaba hacerse cargo de su esposa y no tener la energía de antaño. Se quejaba de la dificultad para buscar su cheque de pensión en el centro de Santiago y del desprecio de la gente ante su paso lento. Estaba harto de dar lástima.
La conversación fue premonitoria. Elsa reafirmó en la sobremesa la decisión de irse juntos "cuando llegara el momento". Durante aquella tarde, Nicolás puso música en su teléfono, boleros y tangos, e insistió en que escucharan canciones de Silvio Rodríguez. Recordó que, un día, haciendo aseo con Denisse, había encontrado el arma de Jorge en un velador y tuvo el instinto de esconderla, pero no lo hizo, ya que Jorge siempre le advirtió que un matrimonio de viejos necesitaba tener algo a mano para defenderse. En realidad, no se sintió con derecho a "quitarles su puerta de salida". El parte policial sobre el crimen consignó que no hubo signos de violencia ni la intervención de terceros.
El Asesinato-Suicidio de Richard y Ellen Hoyle en EE. UU.
Richard y Ellen Hoyle, una pareja octogenaria que había pasado décadas juntos, falleció en un caso de asesinato-suicidio el 26 de abril en Estados Unidos. Según documentos judiciales citados por The Wall Street Journal, Richard, de 89 años, disparó a Ellen, de 85, en su hogar antes de llamar al 911 para reportar el hecho y quitarse la vida. La policía los encontró acostados en la cama, mientras que en la mesa de la cocina reposaban sus testamentos y una lista de contactos bajo el título "PERSONAS A NOTIFICAR DE MI MUERTE".
La Sobrecarga del Cuidado como Factor Recurrente
Este caso ha generado preocupación entre expertos en envejecimiento, quienes advierten que la sobrecarga del cuidado es un factor recurrente en estos hechos. Aunque no está claro si Ellen expresó su deseo de morir, conocidos de la pareja sostienen que su deterioro físico y la incapacidad de Richard para seguir cuidándola pudieron haber motivado la tragedia. El asesinato-suicidio en parejas de edad avanzada, aunque poco común, ha ido en aumento en los últimos años. Según el Violence Policy Center, en Estados Unidos el 10% de estos casos en 2021 involucró a una persona de 65 años o más, un incremento respecto al 8,9% registrado en 2019. Entre los mayores de 80 años, la incidencia casi se triplicó en el mismo período, pasando del 1,43% al 4,26%.

Estudios han identificado que estos crímenes suelen ocurrir en contextos donde uno de los cónyuges actúa como cuidador del otro. Donna Cohen, profesora retirada de psiquiatría y experta en el tema, ha encontrado que en el 50% de los asesinatos-suicidios de adultos mayores, el esposo es quien cuida de su esposa. Factores como el costo creciente de la atención médica, el aislamiento y la desesperanza pueden contribuir a la decisión fatal. En aproximadamente el 20% de los casos, ambos miembros de la pareja han expresado anteriormente un deseo de morir, aunque sin evidencia de un pacto suicida explícito.
Una Vida Discreta y el Deterioro Final
Sheryl Chatfield, profesora en la Universidad Estatal de Kent, ha señalado que muchas de estas tragedias ocurren cuando el cuidador sufre un problema de salud que le impide seguir atendiendo a su pareja. "A menudo hay un evento precipitante", afirma. En el caso de los Hoyle, Richard había experimentado dolores crecientes en los días previos, lo que podría haberle llevado a concluir que no podrían seguir viviendo de manera independiente. Richard y Ellen Hoyle eran descritos por amigos como una pareja tranquila y discreta. Richard, conocido también como Dick, creció en Waynesville y, tras estudiar ingeniería, trabajó en proyectos de construcción en el extranjero, donde conoció y se casó con Ellen, quien tenía una hija de un matrimonio anterior y a quien Richard adoptó.
A lo largo de los años, la pareja residió en distintas ciudades, pero siempre mantuvo vínculos con Waynesville. Tras jubilarse, decidieron establecerse definitivamente en su ciudad natal. Manuel Hooper, excompañero de escuela de Richard, recuerda que solían reunirse con otro amigo, quien falleció el año pasado. "De los 150 compañeros de nuestra promoción, solo quedan unos 15", comentó. En la comunidad, la pareja tenía una rutina sencilla. Alex McKay, un historiador local, solía compartir conversaciones con Richard, quien lo invitó a su casa en varias ocasiones. "El hogar era modesto pero impecable", relató McKay, agregando que Richard guardaba cuidadosamente documentos de su familia. "Me dijo: 'Te doy estas cosas porque no tengo a quién dejárselas que las aprecie'". McKay desconocía la existencia de la hija de Ellen.

La Dependencia de Chad Setzer y las Últimas Conversaciones
En 2022, los Hoyle pusieron su casa en venta, pero retiraron la oferta a principios de 2023. En una de sus últimas conversaciones con McKay, Richard le expresó su preocupación por la salud de Ellen y la incertidumbre sobre su futuro. "Me dijo que estaban tratando de decidir qué hacer con sus últimos años, si mudarse a un centro de asistencia, pero no sabía si podrían estar juntos", recordó McKay. Con el tiempo, los Hoyle se volvieron más dependientes de Chad Setzer, un vecino que los ayudaba con tareas domésticas y mantenimiento del jardín. Setzer, un padre soltero, les hacía visitas semanales, a veces llevándoles comida. En 2023, la pareja redactó sus testamentos, nombrándolo beneficiario de su hogar y bienes, aunque él nunca fue informado de ello.
A comienzos de 2024, conocidos de la pareja notaron que su estado físico empeoraba. La última vez que los primos de Richard, Mike y Brenda Sutton, los vieron fue en un supermercado, donde caminaban agarrados, apoyándose el uno en el otro. En las semanas previas al suceso, Richard dejó de caminar debido a un intenso dolor en el coxis, posiblemente por una lesión usando su bicicleta estática. Se negó a buscar atención médica, lo que preocupó a Setzer, quien comenzó a visitarlo diariamente para ayudarlo a vestirse y moverse. Días antes del crimen, Richard le comentó: "No pensé que esto terminaría así". Setzer interpretó la frase como una referencia al envejecimiento y las dificultades físicas, sin imaginar lo que sucedería.
La noche anterior, Richard habló con Manuel Hooper por teléfono. Durante la conversación, lamentaron no poder jugar golf como en el pasado. Hooper tuvo la impresión de que su amigo quería decirle algo más. "Después de un rato, dijo: 'Alguien va a salir bien beneficiado cuando muramos'. “Ha ocurrido un asesinato-suicidio”, declaró. Cuando el operador preguntó cómo lo sabía, respondió: “Porque yo soy el que lo hizo”. En la grabación, el operador intenta seguir la conversación, pero Richard solo agrega: “Voy a terminar esta llamada”, antes de colgar. El caso sigue causando conmoción. McKay expresó su tristeza en redes sociales, y Setzer, aún en shock, expresó su incredulidad: "Nunca pensé que haría algo así. Eran la pareja más enamorada que he visto". Hooper, por su parte, lamenta no haber detectado señales en su última conversación.
Causas y Factores de Riesgo del Suicidio en Adultos Mayores
El Suicidio en la Tercera Edad: Una Problemática Silenciada
En Chile, los adultos mayores son el grupo etario que más se suicida. Una investigación realizada en 2017 por la psicóloga Ana Paula Vieira, del Centro UC de Estudios de Vejez y Envejecimiento, consigna que la tasa es de 13,6 casos por cada 100 mil habitantes, la más alta del continente. Entre quienes toman la determinación de partir, predominan los mayores de 80 años. La decisión, en el 88% de los casos, la adoptan hombres y son altamente efectivos: uno de cada cuatro intentos de suicidio termina en una muerte, a diferencia de los jóvenes, donde solo uno de cada 200. Pese a lo asombroso de las cifras, aún no hay un análisis profundo sobre por qué los ancianos se quitan la vida.
En su trabajo clínico, la experta ha detectado factores comunes: la desesperanza, la soledad, el sentirse una carga y el no valerse por sí mismos. Vieira lo define así: "El mayor miedo de los adultos mayores no es morir, ellos saben que eso es una circunstancia. Les tienen miedo a otras cosas: perder su identidad, ser invisibles, no ser escuchados, tener una vida poco digna". Es importante señalar que las consecuencias negativas para los cuidadores de familiares con demencia son bien conocidas, y existe preocupación por la violencia familiar que implica a cuidadores (habitualmente esposos) que matan al paciente y, en ocasiones, después se suicidan o lo intentan. El 32% de las muertes por suicidio son de mayores de 65 años, y los intentos de suicidio en esta edad suelen tener similitudes clínicas con los de personas que fallecen por suicidio consumado; de hecho, es frecuente que los hombres mayores de 60 años fallezcan por suicidio consumado en el primer intento.

Factores de Riesgo Específicos
Las personas que intentan suicidarse con frecuencia están tratando de alejarse de una situación de la vida que parece imposible de manejar. Muchos de los que cometen intento de suicidio están buscando alivio a:
- Sentirse avergonzados, culpables o una carga para los demás.
- Sentirse como víctimas.
- Sentimientos de rechazo, pérdida o soledad.
Los comportamientos suicidas pueden ocurrir por una situación o hecho que la persona ve como abrumador, tales como:
- El envejecimiento (los adultos mayores tienen la tasa más alta de suicidio).
- La muerte de un ser querido.
- El consumo de drogas o alcohol.
- Un trauma emocional.
- Enfermedades físicas graves o dolor.
- El desempleo o los problemas financieros.
- La depresión es uno de los factores de riesgo más importantes, cuyos síntomas varían en esta etapa de la vida.
- La pérdida de interés o abandono de actividades.
Mientras que los hombres son más propensos que las mujeres a morir por suicidio, las mujeres son dos veces más propensas a intentar suicidarse. Los hombres tienen mayor probabilidad de escoger métodos violentos, como dispararse, lo que aumenta la probabilidad de que sus intentos terminen en muerte. Los parientes de personas que intentan o cometen suicidio a menudo se culpan o se enojan mucho, pudiendo ver el intento como egoísta. Sin embargo, las personas que intentan cometer suicidio con frecuencia creen erróneamente que les están haciendo un favor a sus amigos y parientes al irse de este mundo.
Señales de Alerta y Comportamientos Suicidas
A menudo, pero no siempre, una persona puede mostrar ciertos síntomas y comportamientos antes de un intento de suicidio, entre ellos:
- Tener dificultad para concentrarse o pensar claramente.
- Regalar las pertenencias.
- Hablar acerca de marcharse o la necesidad de "dejar todos mis asuntos en orden".
- Cambio repentino en el comportamiento, sobre todo calma después de un período de ansiedad.
- Pérdida de interés en actividades que solía disfrutar.
- Tener comportamientos autodestructivos, como tomar alcohol en exceso, consumir drogas ilícitas o hacerse cortaduras en el cuerpo.
- Alejarse de los amigos o no querer salir.
- Tener problemas repentinos en el colegio o el trabajo.
- Hablar acerca de la muerte o el suicidio o incluso declarar el deseo de hacerse daño.
- Hablar acerca de sentirse sin esperanza o culpable.
- Cambiar los hábitos alimentarios o de sueño.
- Preparar maneras de quitarse su propia vida (como comprar un arma o muchas pastillas).
Barreras para Buscar Ayuda
Es posible que las personas que están en riesgo de comportamiento suicida no busquen tratamiento por muchas razones, incluso:
- Creen que nada va a ayudar.
- No desean contarle a nadie que tienen problemas.
- Piensan que buscar ayuda es un signo de debilidad.
- No saben adónde acudir por ayuda.
- Creen que sus seres queridos estarían mejor sin ellos.
Prevención y Manejo del Riesgo Suicida en la Tercera Edad
Siempre tome en serio los intentos y amenazas de suicidio. Si usted o alguien que usted conoce está pensando en el suicidio, llame o envíe un mensaje de texto al 988 o chatee en 988lifeline.org. La Línea de Vida para Crisis y Suicidio 988 proporciona ayuda gratuita y confidencial las 24 horas del día, los 7 días de la semana, en cualquier momento del día o de la noche. También puede llamar al 911 o al número local de emergencias o ir a la sala de emergencias del hospital. NO se demore. Si alguien que usted conoce ha intentado suicidarse, llame de inmediato al 911 o al número local de emergencias. NO deje a la persona sola, ni siquiera después de haber pedido ayuda. El 10% y el 20% de las personas que amenazan o intentan quitarse la vida acaban suicidándose. Comuníquese con un proveedor de atención médica de inmediato si usted o alguien que conoce tiene pensamientos suicidas. La persona necesita atención de salud mental inmediata. NO piense que la persona solo está tratando de llamar la atención.
Una persona puede necesitar tratamiento de emergencia después de un intento de suicidio, lo que podría incluir primeros auxilios, reanimación cardiopulmonar o tratamientos más intensivos. La hospitalización puede ser necesaria para tratar y reducir el riesgo de futuros intentos. La terapia es una de las partes más importantes del tratamiento. Se debe evaluar y tratar cualquier trastorno de salud mental que pueda haber llevado al intento de suicidio. Esto incluye trastornos como la depresión mayor, trastorno bipolar, trastorno límite de la personalidad, dependencia del alcohol o las drogas, esquizofrenia y trastorno de estrés postraumático (TEPT).
Trastorno Depresivo Mayor
El hecho de evitar el alcohol y las drogas (diferentes a los medicamentos recetados) puede reducir el riesgo de suicidio. En hogares con niños o adolescentes, es crucial almacenar todos los medicamentos recetados en un lugar alto y bajo llave, no guardar alcohol o mantenerlo bajo llave, y no guardar armas de fuego en la casa, o si se tienen, guardarlas bajo llave con las balas en un lugar separado. En adultos mayores, es vital investigar a profundidad los sentimientos de desesperanza, de ser una carga y de no pertenecer. Muchas personas que tratan de suicidarse hablan del tema antes de hacer el intento. Algunas veces, simplemente hablar con alguien a quien le importe y que no haga juicios es suficiente para reducir el riesgo de suicidio. Sin embargo, si usted es un amigo, miembro de la familia o conoce a alguien que cree que puede intentar suicidarse, nunca trate de manejar el problema por su cuenta.