El Rol del Adulto Mayor en la Política

En el comienzo de un nuevo milenio, la humanidad experimenta una serie de acontecimientos globales y un ritmo acelerado de cambios que desafían la comprensión humana. Particularmente en América Latina, se observan enormes desigualdades, con altos índices de pobreza y una marcada concentración de la riqueza, fenómenos exacerbados por políticas económicas neoliberales en el contexto de la globalización. Esta situación ha profundizado la brecha entre ricos y pobres, llevando a la precarización laboral, el desempleo y deficiencias en la atención de la salud y la educación.

Si bien la globalización ofrece la posibilidad de una comunidad mundial solidaria que reconoce la dignidad humana, la realidad de la región se enfrenta a la erosión del concepto de familia cohesionada y a la necesidad de proyectos solidarios para revertir la situación. En este panorama, los Adultos Mayores son destinatarios de políticas, estereotipos y conductas generales que suscitan un debate considerable.

El Envejecimiento Poblacional: Una Realidad Global y sus Implicaciones

Uno de los logros más significativos de la humanidad es la prolongación de la vida. Hoy, una vida larga no es un privilegio de pocos, sino el destino de la mayoría. El desafío reside en superar los estereotipos adversos a la vejez que persisten tanto en la sociedad como a nivel individual. La no aceptación de la vejez como una etapa natural de la vida sigue siendo común entre profesionales y amplios sectores de la población, lo que lleva al uso de numerosos eufemismos aplicados a los mayores.

El mundo está experimentando un proceso de envejecimiento poblacional a un ritmo vertiginoso. Según datos de Naciones Unidas, para el año 2050, el número de personas mayores de 65 años se triplicará a nivel global, pasando de 524 millones a 1.510 millones. Este fenómeno es visible en todas las regiones del planeta, aunque con diferentes intensidades; África es el continente menos envejecido, seguido de Asia, América Latina y Oceanía, mientras que América del Norte y Europa muestran las tasas de envejecimiento más pronunciadas.

Gráfico de barras mostrando la proyección del envejecimiento poblacional global por continentes para 2050

El Caso de México y España

En países como México, la población ha experimentado importantes transformaciones demográficas, resultado del descenso de la mortalidad y la fecundidad. Entre 1990 y 2010, el número de adultos mayores pasó de cinco a diez millones, representando un incremento del 6.2% al 9% del total de la población. La esperanza de vida al nacer ha aumentado significativamente, proyectándose que para 2050 alcance los ochenta años, similar a las cifras de países desarrollados. Este envejecimiento poblacional en naciones no desarrolladas ocurre con mayor velocidad, añadiendo nuevos desafíos a problemas sociales ya crónicos y urgiendo al Estado a planificar políticas públicas pertinentes.

Las proyecciones del CONAPO (Consejo Nacional de Población) para México indican que en 2020 la población de adultos mayores alcanzará su tasa máxima de crecimiento (14 millones de individuos, 12.1% de la población total), y para 2050 se prevé que haya cerca de 34 millones de adultos mayores, constituyendo el 27.7% de la población total. Estos cambios no son solo cuantitativos, sino que implican profundas modificaciones cualitativas que impactarán las instituciones, la economía y los servicios. Por ejemplo, se necesitarán menos fábricas de productos infantiles y más unidades orientadas a las necesidades domésticas, nutricionales y de movilidad de los adultos mayores, así como un aumento en el número de geriatras y especialistas en enfermedades crónico-degenerativas.

Similarmente, España es uno de los países con mayores tasas de población mayor, con un 18.2% de personas mayores de 65 años en 2014, y proyecciones que alcanzan el 36.4% para 2050, posicionándose como el tercer país más envejecido del mundo. Desde 1999, hay más personas mayores de 65 años que menores de 15 años en el país.

Desafíos Sociales y la Necesidad de Políticas Inclusivas

La salud, la educación, la nutrición, el agua, el saneamiento y la viabilidad ambiental no son gastos que puedan reducirse en un presupuesto, ni lujos que puedan aplazarse. La base de la desigualdad en América Latina es la exclusión del sistema educativo, y la estabilidad política, los logros democráticos y el bienestar económico no se sostendrán sin un acceso creciente de la población a la educación.

Las Políticas Sociales deben formularse no solo en función de los mayores y sus necesidades específicas, sino también dentro de un contexto intergeneracional. Existe un consenso universal de que los programas destinados a las personas de edad deben estar basados en la familia y la comunidad. Una política responsable exige la defensa de los Derechos Humanos y prestar especial atención a este sector de la población.

“Pedagogía de la esperanza”, la película sobre la educación de adultos

Objetivos Mundiales y Promoción de Derechos

Para una mejor comprensión de esta problemática, es fundamental considerar los objetivos mundiales relativos al Envejecimiento establecidos para el año 2001. La Asamblea General de las Naciones Unidas recomendó un conjunto de ocho objetivos pragmáticos para acelerar la ejecución del Plan de Acción Internacional sobre el Envejecimiento. Entre ellos se destaca el objetivo de establecer una red Mundial de voluntarios de mayor edad en pro del desarrollo social y económico, junto con la promoción de:

  • Derechos humanos, económicos, sociales y culturales.
  • Erradicación de la pobreza y la vulnerabilidad social.
  • Acceso a la educación.
  • Atención a la mujer mayor y su problemática específica.
  • Alternativas a la institucionalización.
  • Acceso y continuidad en el empleo.

La promoción y protección de todos los derechos humanos y libertades fundamentales es esencial para crear una sociedad incluyente para todas las edades, donde las personas mayores participen plenamente, sin discriminación y en condiciones de igualdad. La lucha contra la discriminación por motivos de edad y la promoción de la dignidad de estas personas son fundamentales para asegurar el respeto que merecen.

Educación y Alternativas a la Institucionalización

La IV Conferencia Internacional sobre la Educación de Adultos (Viena, 1985, patrocinada por la UNESCO) ya destacó la importancia de promover actividades educativas y culturales a favor de los ancianos, para que estos logren asumir adecuadamente su propio envejecimiento, garantizarles mejores condiciones de vida y permitir que las sociedades se beneficien de su larga experiencia.

Sin embargo, las estructuras de la educación tradicional no suelen incluir la problemática de la vejez en sus programas curriculares. Es recomendable que los gobiernos incluyan nociones de Gerontología en los programas educativos de ciclo primario y secundario. La atención integral y adecuada de los ancianos solo se puede lograr con su incorporación en todas las actividades de la vida comunitaria, fortaleciendo los vínculos intergeneracionales y las acciones intersectoriales.

En este sentido, se recomienda enfáticamente la instrumentación de las llamadas "alternativas a la institucionalización", tales como Centros de Día, Hospital de Día, Internación Domiciliaria y Atención Gerontológica Domiciliaria, entre otras.

La Influencia Política y Electoral del Adulto Mayor

Los estudios sobre comportamiento electoral evidencian que los adultos mayores constituyen uno de los segmentos de la población que más participan en los procesos electorales. Esta progresiva ciudadanización contrasta con factores sociales, culturales y políticos que históricamente han mantenido a este grupo en un estado crónico de desciudadanización.

Los cambios en la estructura demográfica impactan directamente el comportamiento electoral. A pesar de una tendencia general a la baja en la participación electoral desde principios de los años noventa en muchos países, los adultos mayores muestran una tendencia al incremento en su concurrencia a las urnas. Investigaciones como "Who votes?" (Wolfinger y Rosenstone, 1980) sostienen que, después de la educación, la edad es la variable más asociada con la participación, indicando que la propensión a votar se incrementa sustancialmente conforme la edad aumenta.

Fotografía de un grupo de adultos mayores votando en una mesa electoral

Poder Electoral Creciente y la Paradoja de la Atención Política

En el contexto internacional, el peso electoral de los adultos mayores es cada vez más palpable. En España, por ejemplo, los electores de más de 65 años pasaron del 20.09% del censo total en 1996 al 23.49% en 2011, proyectándose hasta un 45% para 2050. Esto significa que casi la mitad de los electores españoles podrían ser mayores. Este poder cuantitativo se ve reforzado por una mayor fidelidad al voto y altos índices de participación en comparación con otros grupos de edad, lo que les otorga una influencia decisiva en los resultados electorales.

Paradójicamente, a pesar de este creciente poder, el voto de las personas mayores concita mucha menos atención por parte de académicos y profesionales de la comunicación política que el de otros segmentos de la población (como el voto inmigrante, femenino o joven). Los propios mayores advierten que los políticos solo se acuerdan de ellos durante las elecciones, sin una comunicación permanente y sintiéndose olvidados y marginados, lo que los hace más descreídos y críticos con la política.

“Pedagogía de la esperanza”, la película sobre la educación de adultos

Estereotipos y la No Homogeneidad de la Vejez

Formalmente, la presencia de personas mayores de 65 años en las listas de partidos, estructuras de mando y parlamentos es casi nula, una realidad que contrasta con épocas pasadas donde la experiencia de los ancianos era valorada en "consejos de sabios". La jubilación no implica el decaimiento del compromiso político y social. Sin embargo, la edad se percibe a menudo como un inconveniente para el desempeño político, obligando a candidatos mayores a justificar su estado de salud antes que su experiencia.

Además, los políticos y los medios de comunicación frecuentemente tratan a los mayores desde una óptica estereotipada, utilizando clichés como promesas sobre pensiones o asumiendo un sesgo conservador. Estas visiones ignoran que las personas mayores no son un grupo homogéneo; no piensan ni se comportan igual ante la política. El concepto de "envejecimiento del envejecimiento" destaca que no existe solo una tercera edad, sino una cuarta y hasta una quinta, con grandes diferencias entre ellas.

Un ejemplo claro de estereotipo es la supuesta "brecha digital" en personas mayores, a menudo utilizada como excusa para subestimar el uso de Internet y redes sociales en este colectivo. Sin embargo, en Estados Unidos, casi el 80% de los mayores de entre 65 y 70 años acceden diariamente a Internet, cifras muy similares a las del conjunto de la población. Este es un reto crucial para la comunicación política: comprender y abordar la diversidad de este colectivo creciente.

Integración y Participación Activa en la Sociedad

Para integrar efectivamente a las personas de edad en la sociedad, es imprescindible no verlas como "las otras", sino como lo que seremos nosotros mismos con el paso de los años. Un cuadro realista de estas personas en cualquier sociedad reflejaría su capacidad para servir de puente entre las generaciones, uniéndolas a través de sus recuerdos, su acervo de conocimientos y su vasta experiencia. Son personas que aportan a la sociedad una contribución irremplazable.

La integración de las personas de edad en la vida de la sociedad debería constituir una prioridad. El concepto de "una sociedad para todos" carecerá de sentido si las personas de todas las edades no desempeñan una parte activa en la sociedad en todas las formas posibles.

Se trata de proponer políticas compatibles con la ética de la solidaridad y, por ende, con el rescate de los valores. La elaboración de planes nacionales debe articular programas y proyectos que incluyan tanto el área pública como las Organizaciones de la Sociedad Civil, integradas por los propios destinatarios (Asociaciones y Redes de Adultos Mayores) con una participación activa e indispensable.

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